HACIA LAS CUMBRESa

QUÉ ES HACIA LAS CUMBRES

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TEMAS DESTACADOS

Fotos de Cas, Seju,  Ivp  y más Lanín: datos útiles para llegar a la cumbre Ripios  patagónicos y  norteños Nuevo: La zona del Punta Negra, en Bariloche Nuevo: Los Cenáculos en la  vida   de la UAC

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Al Borde Nº 160

 

Incendios forestales en nuestros Parques Nacionales

Un aporte a la reflexión sobre un problema urgente que debe ser abordado con realismo y decisión. (leer más).

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Manteros de la calle Florida

El tema de los manteros de la calle Florida es un tema complejo, en el sentido de que tiene varios costados, varias cosas a tener en cuenta.

En primer término tenemos la composición de ese colectivo. Hay algunos de sus miembros que son realmente personas necesitadas, excluidas del sistema, y que han encontrado en este tipo de comercio informal y no registrado ni tributalizado una forma de subsistir. A ellos hay que agregarle otros que se sumaron no por necesidad sino como una forma de trabajo que tiene la ventaja (en este caso específico) de exponer la mercancía en la arteria de más alto tránsito de Buenos Aires sin pago de impuestos, alquiler de local, controles, pago de servicios, etc. con lo que se obtienen muy buenos márgenes de ganancia. (leer más).

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Boletín Nº 36 del Centro Cultural Argentino de Montaña

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Información, ciencia y sabiduría

 

Comentario a un artículo del prestigioso Guillermo Jaim Etcheverry

 

Este ensayo del sociólogo español Emilio Lamo de Espinosa profundiza el análisis de la diferencia entre estas tres realidades que tienen que ver con el conocimiento.

Para el pensador, la Información nos dice “qué hay” en el mundo. La Ciencia nos dice “cómo es” y “qué puedo hacer” con lo que hay (aunque yo creo que esta última pregunta es la pregunta propia de la Tecnología); y la sabiduría contesta “qué debo hacer” con lo que hay y puedo hacer.

La información es hoy masiva a través de muchas plataformas. Tal vez la más visible y formidable sea Internet, la web, donde podemos adquirir al momento todo tipo de datos sobre prácticamente cualquier tema, de manera especial si manejamos varios idiomas.

El problema, como sostiene en un artículo el pensador Guillermo Jaim Etcheverry, es que hay tanta información, que es preciso poder determinar cuál es la información relevante de la que no lo es. Y agrego yo: también es difícil, a veces, determinar cuál es la información que nos expone hechos ciertos, de la que no.

La Ciencia, por su parte, da un conocimiento elaborado que supone un trabajo de inducción y deducción, de comprobación y de experimento, que permite ahondar sobre la constitución intrínseca de lo que hay, y las posibilidades de su comprensión y eventual uso, dando paso en este último caso a la ciencia aplicada o tecnología. Nos dice qué se puede hacer con lo que hay.

Pero la Sabiduría, por fin, nos ayuda a decidir qué debemos hacer de todo lo que podemos hacer. Dice Lamo: “La sabiduría es una forma de saber que, superior a la ciencia, y por supuesto, a la información, trata de enseñarme a vivir y me muestra, de entre todo lo mucho que puedo hacer, lo que merece ser hecho. De modo que, sin la sabiduría, la ciencia no pasa de ser un archivo o panoplia de instrumentos que no sabría como utilizar”.

Para Jaim Etcheverry, así como el conocimiento científico ha aumentado exponencialmente a lo largo de la historia de la humanidad, la sabiduría de la que disponemos no supera en mucho a la que tenían Sócrates, Buda o Jesucristo. Yo diría: no la supera en absoluto. Y esto sucede, dice el pensador, porque no hemos podido descubrir cómo generarla. “Dado que la sabiduría ha variado poco con el transcurrir de los siglos, las grandes creaciones del pasado tienen tanto valor como cuando aparecieron: leemos aúna  Platón, Aristóteles o Kant. Por su parte, la ciencia progresa olvidando a los que fueron sus clásicos. Nadie la estudia en los tratados de los grandes científicos del pasado”.

Aquí se presenta un problema: la ciencia, hoy, se presenta a sí misma, muchas veces, como la única forma de saber válida. Stephen Hawkings decreta, en su último trabajo, “la muerte de la filosofía” en un arranque de soberbia profesional y de clase que contrasta fuertemente con su capacidad para la ciencia dura.

Pero la ciencia no puede responder a determinadas preguntas que escapan de su ámbito y de su  método.

La sabiduría (de la que se ocupa precisamente la filosofía, que se autodefine como “amor a la sabiduría”) deberá siempre acompañar a la Ciencia para ayudarla a encauzarse dentro de lo humano y dentro de lo ético.

Digamos también que el pensamiento simple con-funde estas tres realidades, y desprecia por ello la sabiduría del pasado como si fuese la ciencia del pasado.

Digamos primero que nadie puede despreciar la ciencia del pasado, porque cada época es una hilada de ladrillos del muro del saber presente. Y sería necio despreciar a aquello que constituye la base de lo actual.

Pero es un dislate mayor perder de vista que la sabiduría, que produce otro tipo de conocimiento mucho más estable, no responde a la categoría de lo transitorio o efímero. El “Conócete a ti mismo” de Sócrates, el “Haz a los demás lo que quisieras que los demás hagan por ti” de Jesucristo; el “El dolor es inevitable pero el sufrimiento no” de Buda, son pequeños ejemplos de cosas que se pensaron hace muchos, pero muchísimos años, pero no disminuyeron en nada en su verdad y actualidad.

 

Raúl Llusá

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Los maleducados

 

Antiguamente los “maleducados” provenían de determinados sectores en los que, por distintas causas, no habían recibido una educación en buenas maneras de interactuar.
Hoy día, lamentablemente, los maleducados se han extendido, como una pandemia, en toda la sociedad.
Los modales, la cortesía, constituyen normas no escritas que sirven para vivir más placenteramente en la comunidad social. Imagínese viviendo en un lugar en donde nadie se salude, en donde nadie pida las cosas por favor, en donde nadie agradezca los servicios recibidos, en donde nadie, en una palabra, reconozca la existencia y el valor del otro. Sería una vida invivible. Pues bien: es lo que estamos construyendo.
¿Por qué se da este fenómeno de la mala educación, hoy, también en sectores instruidos, en sectores sociales de los que cabría esperarse otra conducta? Quizá porque muchos de los que recibieron buena educación cayeron en cuenta de que si actuaban educadamente “estaban en desventaja” respecto de los maleducados, y abandonaron sus costumbres educadas. Y hoy se suman a las hordas que “primerean” continuamente, que suben a los trenes por las ventanillas para burlar las colas y conseguir un asiento; que se ponen en segunda o tercera fila, por la derecha o la izquierda, en los pasos a nivel para pasar primeros. Y así la sociedad se va degradando. ¿Qué se puede esperar de una sociedad en donde los que mayor educación reciben la abandonan porque no le encuentran utilidad? Así es: hay muchos que se olvidaron de los buenos modales, porque piensan que no sirven para nada. ¡Y sí que sirven!: sirven para vivir mejor, para hacer más agradable la vida social. Para que sea lindo vivir en comunidad. ¿A usted no le gusta que lo reconozcan, que lo respeten, que le sonrían, que tengan atenciones con usted? Seguramente que sí. Pues a los demás también. Por eso: no sea usted de los que van por la vida maltratando a la gente pegándole trompadas morales con sus caras de malestar, de dignidad ofendida y todo el cuento. ¡Son muchos los caracúlicos permanentes, que se escudan en el caraculismo para que los demás no los molesten, no se les acerquen, no les pidan nada y les tengan miedo! (Y no se vaya a creer, eh!: es gente bien comida, demasiado bien comida muchas veces; gente bien tratada por la vida. No hablo de desocupados, o enfermos, o marginados, gente que si tiene cara de culo es porque la vida que les ha tocado lo amerita! No: estos son, generalmente, gente a la que no le falta nada, salvo altura espiritual).
No sea tampoco de los que embisten para pasar primeros; no sea de los que molestan a los demás impidiéndoles circular, caminar, estar tranquilos. No sea de los que escuchan música a tal volumen que obligan a los que están en un radio de 100 metros a escucharla también. Recuerde: hay otros, en el mundo. Y usted no tiene más derechos que los demás. Tiene los mismos derechos. Y los mismos deberes. 
Tómese un segundo más: conteste las siguientes preguntas, en intimidad y con absoluta sinceridad.

¿Toma usted la iniciativa de saludar cuando entra en un lugar?
¿Da las gracias cuando hacen algo por usted, independientemente de que deban hacerlo? (como por en el caso de un acomodador, un mozo o un botones)
¿Pide las cosas por favor, incluso a sus familiares, amigos y subordinados?
¿Intenta tener una buena cara cuando interactúa con la gente?
¿Pide disculpas cuando involuntariamente molesta a alguien?
¿Mira a los ojos la persona que le habla?
¿Mira a la cara agradeciendo a la persona que le sirve en un bar o un restaurante?
¿Sonríe a menudo a los demás?
¿Trata bien a los empleados de una repartición cuando gestiona algo?
¿Evita hacer las cosas que están prohibidas, como fumar o hablar por teléfono celular en determinados lugares?
¿Evita hablar por celular en lugares públicos a los gritos?
¿Cede el paso, si es varón, a las damas, o en cualquier caso a la gente mayor?
¿Agradece cuando le ceden el paso o tienen con usted cualquier deferencia?
¿Cede su asiento a embarazadas, señoras mayores, ancianos?
¿Se preocupa de que lo que usted hace no cause molestias a los demás? (abrir una ventanilla del tren en invierno, sin preocuparse de si a los demás les molesta)
¿Respeta su turno en las colas?
¿Es puntual?
¿Devuelve en tiempo y forma lo que le han prestado, incluso películas, libros o discos?
¿Se preocupa por anotar sus compromisos y obligaciones para cumplirlos?

Cuantos más “no” haya cosechado, peor están sus modales. Si contestó “no” pocas o ninguna vez, entonces usted es de los que no se resignan a la degradación de las cosas buenas, como lo es, ciertamente, la buena educación. 
Lo lindo de esto es que siempre podemos mejorar. Siempre podemos modificar actitudes, si es necesario hacerlo. Y siempre podemos ayudar a los demás a cambiar, si lo necesitan.
Para bien de todos.
 

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La democracia republicana y las amenazas golpistas

 

La democracia republicana no es la panacea para todos los males, pero es el mejor sistema de gobierno, al menos mientras no ideemos algo superador.

Por eso cuando se atenta contra la democracia o contra la república, ninguna persona bienintencionada y sensata puede estar de acuerdo.

Y es preciso resistir activamente la acción de los golpistas. Los que golpean a la democracia o los que golpean a la república. Leer más...

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Enviado por Liliana Aimar a un matutino porteño, reproduzco para mostrar la clase de hombres que supo tener la Argentina:

 

En 1937, mientras demolían casas y manzanas enteras para abrir la avenida 9 de Julio, una cuadrilla de obreros se topó en una humilde pensión con un hombre mayor, en cama, enfermo. El hombre pidió unos días, hasta recuperarse, para abandonar la vivienda. Cuando dio su nombre, la demolición se detuvo de inmediato, a la espera de instrucciones. Se trataba de Elpidio González, que había sido vicepresidente de la Nación entre 1922 y 1928. A los pocos días el presidente Agustín P. Justo propuso al Congreso otorgar una pensión vitalicia a los ex presidentes y vicepresidentes, que fue aprobada por la ley 12.512. «González rechazó los beneficios de esa ley, que le estaba dedicada, y continuó vendiendo anilinas para ganarse el pan» ( Las mil y una curiosidades de Buenos Aires , de Diego Zigiotto - Editorial Norma).Cabe agregar que Elpidio González murió en 1951 en la más absoluta pobreza.

 

ALGUNAS PÁGINAS AMIGAS

Unión del Apostolado Católico (Uac) Brotes de Juventud (en construcción) Comunidad Respuesta Cristiana Adveniat Campamento Andino Saihueque