Por Jorge Ibar, Licenciado en Teología Dogmática
de la Universidad Gregoriana
UNIDAD Y ESPERANZA EN SAN
VICENTE PALLOTTI
-
La
eclesiología y la espiritualidad de comunión como marco del
camino de unidad:
A partir del Concilio Vaticano II, y cada vez
más fuertemente, los cambios en la vida y obra de la Iglesia
tienen como denominador común una espiritualidad y una
eclesiología de comunión. Este espíritu que anima e impulsa los
cambios, y esta manera de comprender y comprenderse como Iglesia,
son iluminados desde la más genuina experiencia de SVP y de sus
hijos e hijas. Y, a su vez, echan nueva luz sobre el tema de la
unidad y la esperanza en SVP.
La comprensión de
la Iglesia como comunión y la espiritualidad de comunión, son
frutos de la acción vivificante del Espíritu Santo.
-
A fines del siglo
XIX en la Iglesia Ortodoxa Rusa se comienza a hablar de
SOBORNOST palabra de difícil traducción, y que intentaremos
castellanizar con la palabreja “comunionalidad”. La Iglesia,
dirá un teólogo ruso, es “comunionalidad”. No usa la palabra
“comunión” que tiene un contexto preciso de espiritualidad.
Tampoco utiliza la palabra “comunidad” ya que indica una
institucionalización determinada. Sino que habla de “comunionalidad”.
El teólogo en cuestión, será excomulgado por la jerarquía de esa
época. Pero la idea hizo escuela, y está presente en teólogos de
renombre del siglo XX (como Eudokimov).
-
También en el
siglo XIX se vive una situación particular en las Iglesias
Protestantes. La tarea misionera de esas iglesias en África, se
ve obstaculizada por las diferencias particulares de cada una de
ellas. Los nativos no entendían las diferencias europeas entre,
por ejemplo, metodistas y luteranos. Por otro lado los pastores
y agentes de misión europeos competían entre sí de una manera
tal que se daba escándalo. La reflexión de estas comunidades se
plasmó en un Congreso Misionero que posteriormente dará origen a
lo que hoy se conoce como Consejo o Concilio Mundial de las
Iglesias Cristianas. Este organismo está en la base de todo el
movimiento ecuménico del siglo XX.
-
En la Iglesia
Católica, durante el siglo XIX se da también el fenómeno de
entender a la Iglesia de forma diferente a la definición de San
Roberto Bellarmino (la Iglesia es la comunidad de creyentes cuya
cabeza es el Papa), que Trento consagró y que en la discusión
con los protestantes, la teología de la contrarreforma
absolutizó hasta el punto de que la Iglesia se entendía desde su
vértice. Tímidamente, durante el siglo XIX, más decididamente en
la primera mitad del siglo XX, y finalmente consagrada en el
Concilio Vaticano II, se va abriendo paso esta idea de Iglesia
como comunión. Es interesante que el Concilio Vaticano II no
define la Iglesia como comunión (habla de la Iglesia como nuevo
pueblo de Dios y de la Iglesia como sacramento de unidad) pero
esto es entendido en esta clave. El cambio de mentalidad
resultante es doble, por un lado, la Iglesia abandona una imagen
de sí misma como pirámide por la de un círculo. Por otro lado el
Vaticano II consagra la ubicación que León XIII a fines del
siglo XIX con su encíclica Rerum Novarum recuperó para la
Iglesia. Esta ya se enfrenta al mundo moderno (demonizándolo),
sino que está en diálogo con él.
El hecho de que
tanto católicos como protestantes y ortodoxos lleguemos en forma
paralela a una reflexión común puede y debe ser visto como un
signo de los tiempos, como una acción del Espíritu Santo. Es
también significativo que al mismo tiempo en que se habla de la
Iglesia como comunión crece la participación en un camino de
unidad, al que conocemos por ecumenismo.
Aunque resulte un
concepto moderno, la eclesialidad de comunión no deja de tener una
profunda raigambre en el más antiguo y auténtico mensaje
cristiano.
-
Encuadre
actual del concepto de Unidad
Si bien la unidad está suficientemente
afirmada como valor entre nosotros no podemos dejar de subrayar
ciertos aspectos que dificultan o interfieren en su realización.
Infectando el sentido de la unidad con valores no cristianos.
-
El espejismo
de la mismidad
En nuestras
comunidades hablamos con frecuencia de pluralidad, pero no hemos
sido educados/as en ella y nos resulta muy difícil hacerla viable.
Si revisamos nuestra historia caemos en la cuenta que la
uniformidad consume muchas energías. Estas energías se
desperdician buscando un control de la realidad que implica una
represión que mantiene el conflicto de lo que es distinto
escondido y sin solución.
La comunión
habitualmente no se rige por máximos, sino por mínimos
consensuados muy sólidos y básicos, los que son
discernidos y acordados en común. La comunión por máximos,
practicada normalmente en todos los ámbitos de nuestra Iglesia,
suprime la diferencia (a la que considera una amenaza) con
consecuencias demasiado duras para las personas e instituciones.
Las personas pierden la libertad y por lo tanto las instituciones
pierden la creatividad y adaptabilidad y se anquilosan.
Nuestros discursos
hablan de pluralidad, pero en la práctica nuestras instituciones
no saben realmente qué hacer con ella y cómo gestionarla. Una
muestra de esto es la gran dificultad que tienen ciertos grupos,
instituciones eclesiales y hasta congregaciones religiosas de
aceptar nuevos miembros, no me refiero aquí al número de
vocaciones sino al hecho que lo único que producen (y aceptan) son
clones.
La lógica imperante
es esta: La unidad de medida es "lo mismo”, por lo
tanto "lo otro" será considerado siempre como lo erróneo, el
reverso, la sombra o lo negativo. "Lo mismo” se impone
finalmente como "lo único”, e impide "lo otro”, y,
por lo tanto, expulsa lo plural.
Se deberá construir en el seno de las
comunidades una lógica que desafíe la reiteración de lo mismo,
para ello las diferencias deberán ser entendidas como algo
positivo.
Unos de los
desafíos que tenemos es la construcción de una comunión que no se
angustie con lo plural y lo diverso. Para ello se deberá prestar
especial atención a ciertas espiritualidades y teologías que bajo
el disfraz de la comunión, permiten prácticas ajenas a la comunión
evangélica, porque no concuerdan con su espíritu de libertad.
' Para una
profundización de la "episteme de lo mismo" cfr. Mercedes
Navarro Puerto, Una eclesiología de comunión, Relat 279,
2/1 1 /0 1.
-
Unidad y
globalización
La propuesta de
inserción en una economía globalizada por parte de los sectores
dominantes enmascara una nueva manera de imponer la cultura de
lo mismo.
Esta tendencia ya
estaba presente en el mundo moderno como lo muestra la novela
Il gattopardo.
En ella se cambia únicamente para que nada cambie.
Pero en el mundo
globalizado de la post modernidad esta imposición de lo mismo es
tan fuerte que lo distinto es rechazado de plano y colocado al
margen, fuera, de la realidad social. Es por ello que, en el
capitalismo salvaje de los ’90, ya no se puede hablar de pobres
como de quienes disponen de menos o son carentes, sino que se debe
hablar de marginados, gentes, clases sociales, países y regiones
del mundo que se cayeron del sistema, están fuera. Y el estar
fuera en un mundo marcado por la presencia virtual significa ya no
estar. Ya fuimos.
La opción que se
presenta, entonces, es o, por un lado, renunciar a lo que tenemos
de distinto y adaptarnos, domesticarnos o someternos, como se
prefiera decir, o desaparecer, caer fuera, quedar out.
Si este proyecto
hegemónico, se consigue imponer mundialmente, logrará llevar a
cabo la supresión de lo distinto. ¿Quién hubiera dicho, en los
años ’50 y ’60, que las democracias occidentales terminarían
produciendo lo que no consiguieron hacer ni el nacionalsocialismo
ni el comunismo?
-
Unidad y
fragmentación
Con la
imposibilidad de vivir la propia diferencia en un mundo
masificante, con la propia identidad diluida en el nirvana del
mundo globalizado, se produce la paradoja de que la unidad real,
la unidad interior que permite hablar de nación, de Sociedad, de
institución y de comunidad, esta unidad real no existe más. Se ha
despedazado en miles de fragmentos.
La sociedad se ha
tribalizado, los países se han regionalizado. El ser humano, un
número más de la masa oficial en lo exterior, se ha desterrado a
la esfera de lo privado, de lo individual. No hablamos aquí de lo
interior ni de lo personal sino de una realidad de limbo.
La adhesión a la
tribu es exterior y pasajera. Hay un constante ir y venir.
(Coelho
habla de
peregrinar). El ser humano está siendo expuesto a la soledad más
absoluta.
La esperanza
Hablar de la esperanza es hablar de la
certeza que tenemos en la realización de lo prometido por el
Señor. En la realización de lo que anuncia el Evangelio. En la
realización del Reino anunciado, predicado, celebrado y, en cierta
forma, anticipado por la Iglesia.
3.1
La esperanza y la
realización escatológica de la evangelización
a)
la nueva
evangelización
Hoy hablamos de esperanza en el contexto de una
nueva evangelización. Cuando hablamos de una nueva evangelización,
debemos darnos cuenta que estamos hablando de una cuestión
teológica.
Por otra parte, la expresión nueva
evangelización responde a una exigencia que nace de la
constatación, sobre todo en el mundo occidental, del abandono por
parte de la sociedad al discurso cristiano. Asistimos en Occidente
a una fuga en masa de las iglesias y de la práctica religiosa.
Todo esto exige un esfuerzo nuevo.
Frente al problema de la nueva evangelización
debemos notar que toda evangelización es de por sí nueva, porque
está llamada a llevar el anuncio de Cristo a una situación
diversa. Por otra parte también es cierto que, si bien toda
evangelización es nueva, toda evangelización es antigua, porque
presenta de modo nuevo el mismo contenido. Sin embargo, hoy la
evangelización debe ser nueva de una manera del todo particular
respecto al pasado. Y esto porque la diversidad del hoy es
totalmente nueva respecto a la diversidad del pasado.
b)
Una época de
finales
La diversidad consiste en que estamos en el
final de una época y en una época de finales.
En el pasado reciente se ha abusado de esta
expresión, revistiéndola de tonos apocalípticos que subrayaban del
modo más burdo, y quizás también superficial, la aproximación del
milenio. Bueno, el nuevo milenio ya vino y de forma no
apocalíptica. Pero sigue siendo una época de finales.
Ya Heidegger hablaba del final de la filosofía.
Máximo Cacciari habla del ocaso de Europa como fruto de la
historia. Del ocaso de Europa habla también otro filósofo
italiano, Emanuele Severino.
Estas expresiones muestran la conciencia de
estar frente a una novedad, la novedad del ocaso, del final. Si
bien la visión de estos filósofos es bastante euro céntrica, no
podemos dejar de notar que está terminando una forma de pensar al
hombre y a la sociedad cuyo mayor icono era justamente la Europa.
Entonces cuando hoy se habla de una nueva
evangelización, es justo hacerlo frente a esta novedad. Jamás se
había hablado del final de Occidente, de Europa. La historia y
nuestra cultura nos han conducido aquí. Entonces, la nueva
evangelización deviene la evangelización del ocaso.
En el ocaso la única buena nueva que cabe es el
anuncio de la aurora - no la ya pasada, sino de la que está
presente de algún modo en el misterio. Esta aurora que permanece
en la esperanza es la que puede anunciar la nueva evangelización.
Entendemos entonces, por qué el discurso que queremos hacer debe
colorearse de una prospectiva escatológica: anunciar la aurora en
la esperanza significa anunciar el misterio de lo futuro, en una
palabra al eschaton. Si bien el sentido propio de este
término (eschaton) se explicará más tarde vale anticipar
ahora que se refiere a Jesucristo como realidad última de la
historia.
Este anuncio transforma la situación de final
que estamos viviendo en una situación de frontera. Le da a la
situación de final en la que estamos lo que el Adviento procura
vivir en la liturgia. El tiempo de Adviento es el que mejor
muestra nuestro presente, el Adviento de nuestra liturgia, no el
del AT. Porque es el tiempo que se abre al futuro de la esperanza
que emerge en nombre del Señor Jesús dentro de una situación de
final.
c)
El anuncio de la fe
y el ocaso e la razón
Hoy la racionalidad occidental parece estar en
su ocaso. Ocaso quiere decir que esta racionalidad todavía existe,
es sólo que ha asumido otros tonos, se ha debilitado. Y nosotros
nos encontramos justo dentro de este tiempo de racionalidad
debilitada, y no podemos regresar a un pasado ya decadente. No se
trata de restaurar lo que se viene abajo como algunos en la
Sociedad y en la Iglesia parecieran estar tratando de hacer.
Todos estamos de acuerdo sobre que la fe tiene
racionalidad. No se trata de demostrar la racionalidad de la fe
como se trató de hacer en el siglo XIX y en gran parte del XX. La
cuestión pasa a ser ahora, ¿qué quiere decir racionalidad? Si
queremos anunciar el Evangelio a nuestros contemporáneos, debemos
preguntarnos: ¿qué quiere decir hoy racionalidad? Es inútil
responder con los términos antiguos. Colocarse esta pregunta no
significa tomar posición a favor o en contra de un cierto tipo de
racionalidad.
Aquí lo que está en juego es la
comprensibilidad del anuncio, es decir, su capacidad de
encarnarse. El anuncio debe ser formulado en un lenguaje que la
gente entienda. Se trata entonces de tomar en serio la historia,
la historicidad del hombre, la historicidad de su existencia y no
partir de un pasado sino de donde estamos. Así los pasos que
daremos serán nuestros pasos, y no los pasos del hombre medieval o
del moderno, o incluso los de un hombre abstractamente entendido,
que no existe. Dar un paso sucesivo significa hacerse cargo de
nuestra historia y no renegar de ella escapando a otro lugar.
Partir de donde estamos no es otra cosa que hablar la lengua que
tenemos hoy, incluso si no la queremos, y en esta lengua anunciar
el Evangelio. Esto es la nueva evangelización.
La cuestión de si la razón post moderna es
débil y si la razón debe ser débil o fuerte, es una cuestión
abstracta. Tomar posición a favor de la razón débil o de la razón
fuerte es una posición académica. El problema es tratar de
entender dónde estamos, cuál es nuestra razón y con esta razón
reformular el mensaje.
Este mensaje es siempre crítico porque siempre
es juicio. El Evangelio siempre ha sido el juicio y la salvación
al mismo tiempo. Por otra parte anunciar el Evangelio en situación
de debilidad no asusta los cristianos, porque el corazón del
Evangelio es el anuncio de la muerte y de la resurrección del
Señor, y por lo tanto, de la vida en y a través de la debilidad de
la cruz.
d)
La historicidad del
hombre
La pregunta decisiva es: ¿cómo estructurar la
nueva evangelización en una época débil teniendo que lidiar con
una razón débil? Pero una razón débil que es la razón de todos y
no sólo de algunos.
Partimos de la historicidad del hombre. Y desde
aquí iniciamos un diálogo que lentamente nos dará medios para
reformular el discurso antropológico. La contribución decisiva del
existencialismo fue el haber mostrado que el hombre es un ser
histórico. La hermenéutica contemporánea considera esta como una
conquista irrenunciable. Por eso podemos aceptar la invitación que
nos hace e ir a dónde quiere llevarnos nuestra época post moderna.
La historicidad del hombre significa que él es
un ser que vive en el tiempo y con el tiempo. Él es ese ser que
vive sin solución de continuidad en relación con lo que fue y lo
que será. Es por lo tanto, ese ser en el que el presente proviene
del pasado y se abre al futuro. El hombre es un ser en devenir,
esta es su naturaleza. Le pertenece de esa manera la tensión entre
pasado y futuro, donde la conciencia que tiene de sí mismo,
incluye tanto la mirada memoriosa de lo que fue como la mirada
premonitoria de lo que será, de modo que el hombre mirando al
pasado se abre al futuro. Algún hombre puede también actuar como
si no existiera el tiempo, puede vivir totalmente encerrado en su
presente, pero será siempre un ser que proviene del pasado y se
abre al futuro.
En el hombre, por lo tanto, pasado, presente y
futuro se entretejen. El hombre es la profundidad del tiempo
vivido que Bergson distingue del tiempo pensado. En el tiempo
pensado que para él es el de la ciencia, no hay unidad entre
pasado, presente y futuro, porque en último análisis para la
ciencia existe sólo el presente. El tiempo vivido, por el
contrario, engloba en una profunda unidad al pasado, al presente y
al futuro. Esta afirmación inicial de la historicidad del hombre
exige una profundización.
e)
El hombre es un ser
abierto al futuro
Si el hombre es desde algo (pasado) y para algo
(futuro), esto para nosotros tiene un doble significado: en primer
lugar, significa que el pasado está realmente contenido en el
presente y no sólo como memoria. De hecho sin una real presencia
del pasado en el presente, no habría ese yo que vive su
presente. En segundo lugar está la cuestión del futuro.
Este provenir de algo y estar abierto a algo
distinto significa que el hombre es un ser dinámico, para el que
ciertamente el pasado vive en el presente, pero pasado y presente
están abiertos, viven en función del futuro. Bloch, el filósofo de
la esperanza, dice que nada es más humano que superar lo que se
es. Nada, por lo tanto, es más humano que estar abiertos al
futuro, que querer ir más allá. El hombre se confunde con su
proyecto, el hombre es un proyecto, es una apertura.
Esta apertura al futuro, que es la naturaleza
más íntima del hombre, reclama un paso posterior que daremos
dejándonos guiar por Karl Rahner. Para Rahner a la pregunta: ¿qué
es el futuro, se le puede dar dos respuestas. Para él se puede
hablar del futuro en dos modos, como si hubiera dos futuros.
f)
El futuro como
fruto de la acción del hombre
Primer modo: por futuro se entiende
genéricamente, y sobre todo nosotros entendemos, el resultado de
la acción humana, es decir lo que hoy prevemos y mañana
realizaremos disponiendo de planos precisos y medios eficaces;
planos y medios que nos permitirán convertir en realidad lo
previsto. El futuro aquí se presenta como el paso posterior que
damos respecto al pasado y al presente. Futuro es aquí lo que
deriva del pasado y del presente.
Este tipo de futuro que deriva del pasado y del
presente y representa el desarrollo es precisamente lo que
llamamos futuro. Nosotros generalmente cuando hablamos del futuro,
lo entendemos de esa manera. Rahner a este futuro lo llama
intrahistórico, porque es una porción de nuestra historia, está
dentro de la historia, es un momento entre los tantos de la
historia. Quiere decir que tendrá las características de todo otro
momento de la historia, por lo tanto, tendrá las mismas
características del presente y del pasado, es decir, será
limitado. Y la única diferencia entre este momento futuro y los
otros momentos presentes o pasados es que este momento futuro debe
todavía suceder, pero una vez sucedido, este momento será
precisamente igual al presente y al pasado.
En la mentalidad común el futuro no es otra
cosa que el fruto, la consecuencia, de una serie de sucesos que se
encuentran dentro del sistema de causa y efecto que vemos en el
mundo. Y porque este futuro se puede prever y proyectar es que el
hombre puede trabajar para el futuro. Todo el esfuerzo humano está
aquí: trabajar para el futuro, hacer de modo que el futuro sea
éste y no otro, que tenga ciertas características y responda a
nuestros deseos y esperanzas. Este futuro intrahistórico es nuevo,
porque todavía no ha sucedido, por otra parte no será jamás para
nosotros totalmente nuevo, porque es como si estuviera ya escrito
en el presente y en el pasado, no representará jamás una novedad
radical. Lo que el desarrollo es, en algún modo, ya está escrito
en el pasado y en el presente.
Este futuro intrahistórico es un futuro
transitorio, un futuro que pasa, el penúltimo que tendrá frente a
sí otro futuro, que también será nuevo por poco tiempo. A este
discurso sobre el futuro lo llamamos futurología, es el discurso
sobre el futuro proyectado. Pero aquí encontramos una dificultad:
aunque el futuro intrahistórico está siempre contenido en el
presente no tenemos, sin embargo, la certidumbre de este futuro
intrahistórico. Permanece un resto siempre parcialmente
desconocido al que podemos calificar como temible porque puede
suceder pero puede también suceder en modo diverso. Este futuro
puede generar tanto esperanza como temor, porque no hay
certidumbre.
Dos son los motivos de esta duda. El primero es
que ciertamente el futuro intrahistórico es el desarrollo del
presente, de las potencialidades del presente, pero a pesar de
nuestros conocimientos del presente, hay siempre algún elemento
que se nos escapa, alguna potencialidad que no conseguimos tomar
en cuenta. El hecho de que no consigamos conocer el presente
perfectamente, hace que su desarrollo sea para nosotros
desconocido.
El segundo motivo: en este desarrollo del
presente en el futuro entra en juego el hombre, y el hombre es
libre. Esta libertad es el elemento imprevisible. El hombre a
pesar de todo es creativo y esta creatividad no puede ser
prevista.
La imposibilidad de una total predeterminación
nos indica que este futuro intrahistórico nunca es sólo
desarrollo, crecimiento del pasado y del presente, sino que
siempre es también algo distinto, o mejor, que se abre siempre a
algo distinto. El hombre al estar abierto a este futuro, está
abierto también a algo distinto. En la apertura a este futuro se
insinúa la sombra de algo distinto que aparece en el horizonte de
nuestro futuro y por eso, aparece en el horizonte de nuestra
historia y de la historia de la humanidad. ¿Qué es esto distinto?
g)
El eschaton
como futuro del hombre
Hay una forma distinta de futuro, es decir, hay
una forma distinta de lo que no ha sucedido todavía, pero
sucederá. Rahner dice que este futuro es exactamente, lo contrario
de lo que nosotros llamamos normalmente futuro porque es lo
no-evolutivo, lo no-proyectado, lo no-disponible con la
incomprensibilidad y la infinitud que comportan estas nociones.
Entonces si este futuro es lo no-proyectable
quiere decir que es la novedad verdadera. No es un desarrollo de
lo ya conocido. Rahner a este futuro lo llama futuro absoluto,
libre del presente, no condicionado por el presente ni por el
pasado. Es lo que permanece siempre como futuro a pesar de toda
realización del hombre. Este futuro no es transitorio, no pasa,
está siempre más allá de todo momento incluso del último.
Es, por lo tanto, lo no-superable, lo último en
sentido radical. Para denominar este último futuro no usamos una
palabra de origen latina sino griega y es la palabra eschaton
- lo que es último, pero no penúltimo. Este eschaton justo
porque es lo último y no es superable, no puede ser obra humana.
Toda obra humana está destinada a convertirse en pasado.
El eschaton es el horizonte que permite
la posibilidad de toda obra humana, porque siendo lo último en
sentido absoluto, es lo que permite que haya historia, lo que
permite la proyectabilidad humana dejando espacio al futuro
intrahistórico. Este futuro si no puede ser una obra humana, debe
ser radicalmente don.
Si futurum es lo que viene de nosotros
saliendo de nosotros por nuestro presente, eschaton es lo
que viene a nosotros, hacia nosotros. El proyecto es lo que sale
de nosotros, el don es lo que viene a nosotros. Entonces este
eschaton no es futurum sino que es adventus -
llegar, alcanzar, lo que nos viene al encuentro y de esa manera
nos abre el camino para nuestro futuro. Pero nos lo abre porque
ofrece una posibilidad posterior a todas nuestras realizaciones.
Podemos decir entonces que este eschaton /
adventus es el ápice de la historia, lo que da sentido a la
historia, a nuestro futuro, y, por lo tanto, también a nuestro
presente y a nuestro pasado. El hombre en cuanto ser histórico y
abierto al futuro se encuentra yendo al encuentro de este
eschaton como condición de posibilidad de su misma existencia
que está siempre en tensión entre pasado y futuro. El discurso
sobre este futuro absoluto no es la futurología sino que es la
escatología.
3.2
La esperanza, fruto
del encuentro con Dios
Frente a este futuro
absoluto, no-proyectable y sorprendente, aparece un interrogante
sumamente preocupante: si este futuro absoluto es lo que está más
allá de todo nuestro futuro, lo que no viene de nosotros sino a
nosotros, entonces, ¿cómo podemos expresarlo? ¿Qué podemos hacer
además de afirmarlo? Si este eschaton es lo que adviene, lo
que viene a, viene hacia nosotros, y en este sentido es lo
trascendente, debe provenir también más allá de nuestro
conocimiento. No podemos conocerlo con nuestros medios. Sin
embargo no podemos tampoco no conocerlo.
Si el eschaton
es el sentido de nuestra vida, la meta de nuestra apertura, si es
lo que representa la condición de posibilidad de lo que nosotros
podemos proyectar, no podemos no conocerlo aunque sea de algún
modo, porque es decisivo para nosotros.
Es aquí donde la
filosofía deja paso a la teología. La reflexión del hombre sobre
su futuro, se entiende desde su condición de ser abierto al futuro
absoluto. Pero ya no tiene más medios para seguir adelante después
de la afirmación de este futuro absoluto. Para conocer este futuro
absoluto que afirma, necesita dar un paso más. El conocimiento de
futuro absoluto no es más una cuestión filosófica, sino una
cuestión teológica.
Este es el punto
donde nuestra época post moderna se abre al anuncio del Evangelio.
La nueva evangelización debe apoyarse en esta apertura y pasaje de
la filosofía escatológica a la teología escatológica. El nuevo
evangelizador ya no es solamente el que está animado por una buena
voluntad y una gran fe, sino además el que ha pensado en donde
está, y ha pensado la articulación en dónde nuestra cultura se
abre al anuncio, al don.
Como el conocimiento
del eschaton no puede provenir de nosotros, sino que viene
hacia nosotros, entonces el conocimiento del eschaton debe
provenir del mismo eschaton, debe ser una revelación.
El conocimiento del
eschaton que viene a nosotros debe ser inicialmente y
radicalmente escucha de una palabra de revelación. Barth tiene
razón: la teología comienza por el Deus dixit (Dios dice).
El hombre, dice Rahner, es el oyente de la Palabra.
Si queremos conocer
este eschaton debemos volcarnos a la fuente, es decir a la
palabra de Dios. La reflexión filosófica, por más profunda y
analítica que sea, nos ha llevado a la afirmación de este
eschaton, pero no a su conocimiento. Para saber qué es Él,
quién es Él, debemos abrir los oídos y escuchar la palabra de
Dios.
3.3
La esperanza en el
propio Apostolado de Jesucristo
Vamos a hacer un repaso de lo visto hasta
ahora.
a)
Partimos de la afirmación de que el tema de la unidad y la
esperanza en San Vicente Pallotti tiene como marco la concepción
de la Iglesia como comunidad. Vimos que esto es una voz fuerte del
espíritu. Un signo de los tiempos.
Seguidamente vimos
que el tema de la unidad tiene el peligro de suprimir la
diferencia, y por lo tanto, de suprimir al otro. Vimos también que
ese peligro se hace mayor con el proyecto de globalización que se
nos impone desde los centros de poder. Y que como reacción a ello
surge la fragmentación que puede destruir totalmente la unidad.
Frente a esto se
afirma la esperanza como la certeza de la realización del Reino
prometido por Jesús. Esta esperanza se cristaliza en la nueva
evangelización que propone la Iglesia desde la última parte del
siglo próximo pasado. Esta nueva evangelización tiene como novedad
el hecho de ser anuncio en un proceso de finales y de ocasos. Por
lo que es anuncio de una nueva aurora, de un futuro.
No podemos
evangelizar al hombre de hoy partiendo desde valores eternos, como
la verdad, que son exteriores al hombre. Y esto porque este tiempo
de ocaso es el ocaso de la afirmación de la capacidad racional del
hombre.
Partimos entonces
del hombre tal como se entiende hoy. Esto es, del hombre como ser
histórico. Pero si el hombre es un ser histórico es un ser abierto
al futuro.
Podemos distinguir
dos clases de futuros. Hay un futuro que es fruto del esfuerzo del
hombre, es decir, que hay un futuro que es hijo del presente. Pero
hay también un futuro que irrumpe, que es novedad, que es lo
último.
Ese futuro que es
adviento se puede afirmar desde la filosofía, desde la sabiduría
que es fruto de la acción del hombre. Pero sólo se puede conocer
desde una profunda experiencia de Dios. Porque su conocimiento es
revelación.
b)
La
experiencia de Pallotti
Vicente Pallotti
tiene una profunda experiencia de la misericordia de Dios, esa
experiencia es por un lado el descubrimiento de la locura del amor
de Dios por Pallotti mismo. El encuentro entre lo infinito de Dios
y la nada de Pallotti, entre la misericordia de Dios y el pecado
de Pallotti. Este encuentro con la misericordia de Dios es el
encuentro con Jesucristo, misericordia del Padre para todos
nosotros. Y es el encuentro con Jesucristo como Apóstol del
eterno Padre, como el enviado del Padre para Pallotti y para todos
los hombres.
Este encuentro con
Cristo cala tan hondo en Pallotti que lo transforma radicalmente.
Y entonces, el que hasta ayer era nada y pecado se llena tanto de
la misericordia de Dios que se hace misericordia en la
Misericordia. Se transforma él mismo en misericordia de Dios.
Dicho de otra manera participa del ser de Jesucristo. Participa de
su Apostolado. Se hace apóstol.
c)
nuestra propia
experiencia
La experiencia del
Resucitado no es individual sino profundamente eclesial. Sólo
desde la socialización de esta experiencia es que la resurrección
del Señor se hace anuncio y la comunidad se hace comunidad de
testigos que vive y anuncia al Resucitado.
Esa experiencia del
Resucitado es una experiencia que se vive fuertemente desde lo
vincular, expresado fuertemente en el evangelio por un Cristo
resucitado que come con la comunidad testigo (Jn 21, 10-15; Lc
24,41-43).
El comer juntos es más
que compartir el alimento es una experiencia de socialización y de
personalización. Desde la época de las cavernas el compartir la
caza, era un rito que indicaba la pertenencia a la tribu y la
condición de la persona en la tribu (incluso la posición social).
Por eso, nosotros como
UAC debemos volver a aprender a comer junto con el pobre, a
hacerse familia, compañero de peregrinaje, a reconocerlo como
hermano y a conocernos a nosotros mismos a partir del pan
cotidiano. Desde allí toma luz nueva el compartir juntos el pan de
la palabra y especialmente el participar del pan único y partido
de la Eucaristía.
Por esta participación
en el Apostolado de Cristo, el futuro no deja de ser un don
recibido como novedad, pero se hace también proyecto de vida y de
acción comunes.
d)
Unidad y esperanza
en San Vicente Pallotti
No hay que ahondar mucho en los escritos de San
Vicente Pallotti para descubrir que los elementos mas fuertes de
su espiritualidad y su carisma son su anhelo de unidad de todos
los cristianos y la esperanza en la unidad total de todas la
criaturas con Dios.
Es notable la
cantidad de veces que aparecen las palabras unidad, unión, reunión
o términos equivalentes en sus escritos.
Por momentos se torna
reiterativo y abunda en detalles sobre el tema, especialmente en
los escritos sobre la Pía Unión y en los de la defensa de su
fundación .
También sus oraciones
y reflexiones están impregnadas de la fuerte vocación a la unidad
en Cristo por la que se siente urgido a partir de la certeza de
que Dios lo ama a pesar de ser el “nada y pecado” .
Pallotti y su tiempo
Es necesario para
comprender el mensaje que nos transmitió Vicente Pallotti, tener
en cuenta su aquí y ahora. Es decir en que momento de la historia
y en que lugar geográfico nació, vivió y desarrollo su tarea al
servicio de la Iglesia.
Pallotti nunca
abandonó su Roma natal, que por esos años formaba parte de los
Estados Pontificios, en un mundo impregnado de ateísmo,
fuertemente influenciado por los postulados de la revolución
francesa y el iluminismo, en medio de invasiones y peleas internas
a las que se sumarían mas tarde las tensiones y luchas por la
unidad italiana. Un momento donde se dio la espalda a la fe y se
perseguía a la Iglesia y al clero.
Es en ese ambiente
hostil, donde Pallotti, un místico, descubre que es amado
infinitamente por Dios y siente que ese amor lo impregna todo,
convencido de ello Pallotti no ve nada imposible.
Él tiene una visión
teológica de la historia: es el espacio donde se revela la
misericordia de Dios a la humanidad caída. Advierte en profundidad
la importancia del tiempo, en él realiza el hombre su salvación o
su condenación. Es en el tiempo donde los hombres pueden colaborar
con Dios para su propia salvación y la de los demás en todo
momento y por todos los medios convirtiéndose en verdaderos
apóstoles de Cristo.(Cfr. Chiamati per Nome – Introducción)
No ignora la realidad
de su tiempo y las dificultades que este presenta, en su Apello
de 1835 reflexiona: “Quien considera el estado actual del mundo
en relación con la religión, entiende claramente, que no obstante
los escándalos de todo genero que ha sido y aun es testigo nuestra
infeliz época...”
Vicente se siente
inspirado y urgido a actuar a la vista de su tiempo. Es un hombre
de oración y un místico, pero vive y actúa en el mundo, no se
aparta de el. Conoce a fundo las necesidades de su ciudad y la
gente.
En un contexto donde
no era fácil descubrir signos de esperanza Pallotti percibe
“una gran necesidad de fe y que, incluso, los pueblos no
cristianos están en la disposición mas oportuna para abrazar la
religión católica” ( Apelo de Mayo 1835).
Usando el lenguaje del Concilio podemos decir
que Pallotti supo leer los signos de los tiempos. Descubrir en
escandalosa e infeliz época, como el mismo la llama la luz de la
esperanza.
Unidad
... Pues la razón
y la experiencia muestran que de ordinario, el bien que se hace
aisladamente es escaso, incierto y de poca duración; y que los
esfuerzos mas generosos de los individuos no pueden llegar a nada
grande, tampoco en el orden moral y religioso, si no son reunidos
y ordenados hacia un fin común.( Apelación de Mayo 1835).
No queda duda alguna
cual es la actitud de Pallotti, para él no hay otra posibilidad,
solamente en unidad se logran frutos concretos y duraderos.
Mas adelante en el
mismo escrito aclara que tipo de unidad es la que el anhela. No es
la unidad de la masa informe y homogénea, fácilmente maleable. Él
pretende la unidad en la que cada uno, según su estado y
condición puede colaborar “con las obras personales de su
artesanía, profesión u oficio y con las ofrendas voluntarias. Y
todos puedan cooperar con el medio infalible de la oración”
Pallotti hace una verdadera teología de la
comunión. Todos están llamados a participar y cooperar sin tener
que dejar sus individualidades, solo se deben poner estas al
servicio para lograr el bien común cooperando con los designios ,
con las intenciones y con los deseos misericordiosos de Dios para
la salvación de los hombres. (Cfr. ES p.46)
No es la uniformidad
lo que quiere lograr sino la unidad en la comunión, todos reunidos
haciendo cada uno. Pallotti usa frecuentemente los términos “ciascuno”
y “ognuno” lo que hace al llamado personal para cada uno.
Y este llamado a la unidad pero siempre en la
diversidad lo reitera numerosas veces a lo largo de sus escritos.
En el opúsculo de
1838 retoma Pallotti el tema de la unidad, destaca que la Unión se
encuentra bajo la absoluta e inmediata dependencia del Sumo
Pontífice, vicario de Cristo, cabeza de la Iglesia y signo de
unidad para todos los cristianos.(No1)
Destacando otra vez en el mismo escrito la diversidad de dones y
que el Apostolado Católico no esta restringido a condición alguna
de lugar o personas y que admite a formar parte de él a seglares
de cada edad, de cada condición y de cada sexo. (No
5)
Unidad y esperanza
Resulta imposible en
el abordaje de la espiritualidad y el carisma palotinos presentar
ambos términos por separado.
Pallotti llega a conocer el proyecto que Dios
tenia para él a través de una intensa vida contemplativa, es el
fruto de su profunda comunión con Dios, Amor Infinito, y
compartida con todos los demás. De allí nace su necesidad de
llevar a todos los hombres a la vida del Amor de Dios que se
difunde y contagia a toda la creación.
En la vivencia del
Amor Infinito de Dios, amor que arde en su corazón , Pallotti se
encuentra dispuesto a recibir le inspiración del Espíritu para
convocar a todos para que, a la luz de la fe, se encienda la
caridad que lleve a todos a amar a Dios.
Para Vicente Pallotti,
la esperanza radica en la unidad escatológica de todas las
creaturas. En sus escritos espirituales muchas veces dice que
cuando ora se figura encontrarse en el Cenáculo, unido a María
Santísima y a todas las creaturas, pasadas, presentes y futuras.
La inspiración que
recibe es para promover “una obra universal para reencender la
fe y reavivar la caridad entre los cristianos y propagar la fe en
Jesucristo entre los no cristianos; para que cuanto antes llegue
el momento tan anhelado que haya un solo rebaño, bajo el báculo
del único Pastor”.
Acuciado por su fuego interior se propone
despertar en todos los bautizados el anhelo apostólico y
comprometerlos de un modo concreto para alcanzar el fin último de
que Dios sea conocido y amado por todos los hombres.
Así como para Jesucristo la misión es cumplir
la voluntad del Padre, esto es, su apostolado. Para San Vicente
la salvación consiste en reunir a todos en una única Iglesia que
continúe el apostolado de Jesucristo y en esta participación en el
apostolado de Jesús, es donde todos hallan su lugar, de acuerdo a
su estado y condición, es donde se concreta la esperanza en la
Unidad final de todas las criaturas.
San Vicente Pallotti intenta convocar a cada
hombre y mujer a cooperar con la Iglesia, para la salvación de
toda la humanidad para gloria de Dios en el encuentro con Cristo.
Llama a todos a participar del Apostolado de
Jesucristo encontrándose con Él, rumbo al encuentro final donde
todos se hallen reunidos.
En ese encuentro con Jesús hay lugar para
todos, nadie esta excluido. Pero Pallotti percibe que no puede
haber un actuar aislado e independiente. La esperanza en él es
unidad.
Como cierre y para confirmar la visión
profética de Vicente Pallotti, podemos citar las palabras de los
Padres Conciliares en Lumen Gentium 1 :
“Cristo es la luz de los pueblos. Por esto
este sacrosanto Sínodo, reunido en el
espíritu Santo,
desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el
Evangelio a toda creatura con la claridad de Cristo que
resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y por que la Iglesia es en
Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión
intima con Dios y de la unidad de todo el genero humano, ella se
propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor
precisión su naturaleza y su misión universal, abundando en la
doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra
época hacen mas urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que
todos los hombres, que hoy están mas íntimamente unidos por
múltiples vínculos sociales, técnicos y culturales, consigan
también la unidad completa”.
|