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Reflexiones sobre el santuario

¡Feliz de ti que en este lugar has bebido de la gracia y ahora te la llevas para siempre contigo, a los tuyos, a tu tierra!

 

Devoción universal

 

De larga tradición, la devoción a S. Vicente Pallotti en todo el mundo se concreta, entre otras cosas, en los lazos de unión de los fieles con la iglesia S. Salvatore in Onda y el altar mayor donde se conserva el cuerpo intacto de Pallotti.

Testimonios de hermanos, reliquias, una amplia iconografía, estampas del cuerpo de Pallotti y de la iglesia, como la del Papa orando ante el altar o la de los zapatos del Pallotti en el adoquinado romano, y muchos otros símbolos a mano de los fieles, devotos y amigos de los palotinos, silenciosa y humildemente han promovido esa devoción.

Desde los tiempos de la Pía obra de los cooperadores palotinos, después con la beatificación y la canonización de Pallotti y, más recientemente, después del Concilio Vaticano II, con la vuelta a la idea original de la Unión, fieles de todo el mundo se vuelven a S. Salvatore in Onda con oraciones y ofrendas espirituales, en mística comunión con este centro de irradiación del don carisma apostólico, confiando en participar de los méritos del Apostolado de Jesucristo[1].

 

Lugar de peregrinación

 

Son una mínima parte, pero aún así son muchos los devotos que, además de admirar las inagotables riquezas artísticas y espirituales de Roma, vienen como peregrinos a S. Salvatore in Onda. Tal vez hace años que conocen a Pallotti, y por fin tienen la oportunidad –a veces, única en la vida– de venir a orar ante su altar, y seguir sus rastros en las calles romanas que él recorrió, o en el pequeño museo.

 

La dinámica de la peregrinación.

 

La peregrinación puede consistir en un largo camino para llegar al santuario, a algo que desde hace tiempo se guarda en el corazón. Alguna vez el peregrino recibió una primera invitación, una inspiración que bien pudo ser el punto de partida. Al “llegar”, él vuelve a aquellos sentimientos de devoción y ternura que cultivó en los “años de espera”.

Ese “camino” de peregrino estuvo jalonado de ilusiones, cansancio, entusiasmo, abandono y lucha, incertidumbres y angustias, sintiendo por momentos que reflorecía la esperanza hasta que amaneció el día de la llegada. ¡Quiénes habrán sido los compañeros de viaje! ¡Cuántos peligros a lo largo del camino, pero también cuántos amigos del alma lo acompañaron!

Otros vienen por otro camino: los que no conocían a Pallotti, los que, dando una vuelta por Roma, encontraron casualmente la iglesia o los habían oído hablar y vinieron por mera curiosidad, pero para quien está abierto a la gracia de Dios, esos también son caminos del Señor que hace del “turista” un peregrino que de ese modo “llega” adonde no esperaba.

Se “llega” a una fuente de gracia donde se encuentra sobre todo con la gran oportunidad de una celebración del sacramento de la reconciliación que llega a las fibras más profundas de la persona, y de vivir con emoción, plena y gozosamente la eucaristía.¡Qué grande es el misterio personal de cada peregrino!

 

El santuario

 

El santuario es un lugar adonde se vuelve, aunque nunca se había estado antes. No es un lugar desconocido, sino la casa paterna que el peregrino identifica con lo que traía en el corazón, lazos que lo mantuvieron unido a lo que ha sido para él canal de la gracia de Dios. Muchas veces es la experiencia del hijo pródigo que se reencuentra con el padre misericordioso. Es una manifestación concreta y tangible del don del carisma.

Además del santuario, el peregrino anhela reconocer, en esos rostros nuevos que lo reciben, a los hermanos que fielmente han cuidado la casa paterna y mantienen encendido el fuego de la espiritualidad.

 

P. Sergio Mario Schawb


 


[1]   “…todo católico de la Iglesia de Jesucristo, sea Sacerdote o Laico, Religioso o Secular, que con sus talentos, ciencia, erudición,… y con las Santas Oraciones, hará cuanto pueda, para que se reavive la Fe de JC, y se reavive la caridad entre católicos, y se propague en todo el Mundo, adquirirá el mérito del apostolado… Soberanos y Súbditos: Adultos y Párvulos, Aristócratas y Plebeyos… pueden ejercer de alguna manera, y siempre con mérito, el apostolado de Jesucristo. (Cfr. OOCC IV, P. 181-182) … en la guerra que la piadosa Sociedad declara al vicio y al error es necesario que haya Misioneros, Apóstoles, Instructores,… y además es necesario, que haya quienes, que con la oración, como Moisés sobre el monte, hagan fecundas sus esfuerzos, y aseguren el éxito de los emprendimientos Apostólicos. (Cfr. OOCC IV, P. 455-456)