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¡Feliz de ti que en este lugar has bebido de la
gracia y ahora te la llevas para siempre contigo, a los tuyos, a
tu tierra!
Devoción universal
De larga tradición,
la devoción a S. Vicente Pallotti en todo el mundo se concreta,
entre otras cosas, en los lazos de unión de los fieles con la
iglesia S. Salvatore in Onda y el altar mayor donde se conserva el
cuerpo intacto de Pallotti.
Testimonios de
hermanos, reliquias, una amplia iconografía, estampas del cuerpo
de Pallotti y de la iglesia, como la del Papa orando ante el altar
o la de los zapatos del Pallotti en el adoquinado romano, y muchos
otros símbolos a mano de los fieles, devotos y amigos de los
palotinos, silenciosa y humildemente han promovido esa devoción.
Desde los tiempos
de la Pía obra de los cooperadores palotinos, después con la
beatificación y la canonización de Pallotti y, más recientemente,
después del Concilio Vaticano II, con la vuelta a la idea original
de la Unión, fieles de todo el mundo se vuelven a S. Salvatore in
Onda con oraciones y ofrendas espirituales, en mística comunión
con este centro de irradiación del don carisma apostólico,
confiando en participar de los méritos del Apostolado de
Jesucristo.
Lugar de peregrinación
Son una mínima
parte, pero aún así son muchos los devotos que, además de admirar
las inagotables riquezas artísticas y espirituales de Roma, vienen
como peregrinos a S. Salvatore in Onda. Tal vez hace años que
conocen a Pallotti, y por fin tienen la oportunidad –a veces,
única en la vida– de venir a orar ante su altar, y seguir sus
rastros en las calles romanas que él recorrió, o en el pequeño
museo.
La dinámica de
la peregrinación.
La peregrinación
puede consistir en un largo camino para llegar al santuario, a
algo que desde hace tiempo se guarda en el corazón. Alguna vez el
peregrino recibió una primera invitación, una inspiración que bien
pudo ser el punto de partida. Al “llegar”, él vuelve a aquellos
sentimientos de devoción y ternura que cultivó en los “años de
espera”.
Ese “camino” de
peregrino estuvo jalonado de ilusiones, cansancio, entusiasmo,
abandono y lucha, incertidumbres y angustias, sintiendo por
momentos que reflorecía la esperanza hasta que amaneció el día de
la llegada. ¡Quiénes habrán sido los compañeros de viaje! ¡Cuántos
peligros a lo largo del camino, pero también cuántos amigos del
alma lo acompañaron!
Otros vienen por
otro camino: los que no conocían a Pallotti, los que, dando una
vuelta por Roma, encontraron casualmente la iglesia o los habían
oído hablar y vinieron por mera curiosidad, pero para quien está
abierto a la gracia de Dios, esos también son caminos del Señor
que hace del “turista” un peregrino que de ese modo “llega” adonde
no esperaba.
Se “llega” a una
fuente de gracia donde se encuentra sobre todo con la gran
oportunidad de una celebración del sacramento de la reconciliación
que llega a las fibras más profundas de la persona, y de vivir con
emoción, plena y gozosamente la eucaristía.¡Qué grande es el
misterio personal de cada peregrino!
El santuario
El santuario es un
lugar adonde se vuelve, aunque nunca se había estado antes. No es
un lugar desconocido, sino la casa paterna que el peregrino
identifica con lo que traía en el corazón, lazos que lo
mantuvieron unido a lo que ha sido para él canal de la gracia de
Dios. Muchas veces es la experiencia del hijo pródigo que se
reencuentra con el padre misericordioso. Es una manifestación
concreta y tangible del don del carisma.
Además del
santuario, el peregrino anhela reconocer, en esos rostros nuevos
que lo reciben, a los hermanos que fielmente han cuidado la casa
paterna y mantienen encendido el fuego de la espiritualidad.
P. Sergio Mario Schawb
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