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Hablar de palotinos, o de palotinas,
refiere de manera inmediata a los hermanos y sacerdotes
de la SAC y a las hermanas de las dos congregaciones.
Pero hay muchos laicos que se sienten
palotinos, o incluso que son conocidos con ese título:
integrantes de comunidades, grupos e instituciones que
nacieron impulsadas por el carisma; alumnos y egresados de
nuestros colegios; miembros activos de las parroquias
administradas por la SAC y muchos más.
Cabe entonces preguntarse: ¿se es palotino
por la pertenencia a una realidad integrante de la UAC, o es
menester además compartir el carisma, la teología del
apostolado, las ideas fundantes y la espiritualidad de Vicente
Pallotti y de sus seguidores?
Incluso, y para completar el
panorama, creemos que podría darse el caso de que hubiera
quienes, perteneciendo de manera formal a la UAC
individualmente o por integrar las Instituciones y familias
religiosas que la conforman, no compartieran plenamente el
carisma, como también, y de manera contraria, podría haber (y
de hecho los hay, y muchos) quienes sin formar parte de
ninguna realidad UAC hacen suyo el carisma y la espiritualidad
del fundador.
Nosotros creemos (y lo proponemos al debate
de los integrantes de la UAC) que al respecto del tema que nos
ocupa, puede decirse de alguien que es “palotino” de
tres maneras distintas.
En primer término es propio llamar
palotinos a los miembros de la Sociedad del Apostolado
Católico y de las dos congregaciones de hermanas, como de
hecho se los conoce de manera común (padres y hermanos
palotinos; hermanas palotinas).
En segundo lugar, se llaman palotinos con
justo derecho aquellos laicos que concientemente hacen suyo el
carisma, la espiritualidad y la teología del apostolado de San
Vicente Pallotti, conociéndolo y encarnándolo en el ámbito de
la UAC.
En tercer lugar también pueden ser llamados
palotinos los integrantes de comunidades, grupos e
instituciones miembros de la UAC, o al menos nacidas a la luz
del carisma de Vicente Pallotti, aunque en sentido amplio y no
tan propiamente.
Ser palotino reclama compartir lo que es
propio de nuestra familia, y que constituye una teología del
apostolado y una espiritualidad.
Nuestra teología del apostolado nos convoca
a una vivencia de la fe que trascienda la simple adhesión al
Evangelio y a sus exigencias morales, y aún que vaya más allá
de la vida cultual y sacramental que es propia del cristiano
católico.
Los palotinos nos sentimos llamados por
Cristo al apostolado de la Iglesia, como consecuencia y
responsabilidad del amor de Cristo, que nos impulsa, y de
nuestra dignidad bautismal.
Este apostolado consiste en anunciar y
hacer posible el anuncio del acontecimiento Cristo, el
advenimiento del Reino, la Salvación conseguida a través de la
Cruz, el surgimiento de la Iglesia y las exigencias proféticas
que emanan de la adhesión al Evangelio.
Para nosotros este apostolado le pertenece
a todos los bautizados, cada uno con su rol propio y
particular.
En este sentido el laico tiene un muy
amplio campo de acción en el apostolado de la Iglesia,
aprovechando lo propio de su vocación y condición de vida.
Al respecto, cabe destacar que a veces se
cayó en una lectura errónea del concepto de “sacerdocio común
de los bautizados” que surge de las enseñanzas del Concilio
Vaticano II,
con una tendencia a creer que aquello significaba una cierta
clericalización de los laicos.
De más está decir que no fue ése el sentido
que los Padres Conciliares dieron al sacerdocio común,
y que tampoco era la visión de Vicente Pallotti. Todos los
cristianos somos consagrados por el bautismo, en efecto, como
pueblo santo, real y sacerdotal, aunque algunos bautizados son
llamados además al sacerdocio ministerial querido por Cristo
para el pastoreo del rebaño y para actualizar su presencia
sacramental hasta su vuelta. Y esa vocación y ese rol son
propios de aquellos que son llamados por el Señor al
ministerio ordenado.
Lo que sí es universal es la vocación al
apostolado. No somos todos sacerdotes: somos todos apóstoles,
y esto es lo real. Porque precisamente, el aporte novedoso de
Vicente Pallotti es llamar la atención al respecto de que el
apostolado es una nota esencial del ser cristiano, y no una
consecuencia y rol a ser ejercido únicamente por aquellos que
recibieron el sacramento del Orden o que realizaron una
consagración en alguna familia religiosa.
Por eso, los palotinos nos sentimos
llamados a despertar en todos los bautizados la vocación
apostólica, animando a cada uno a poner de sí todo para la
construcción del Reino y la salvación de las almas.
Pero además, los palotinos creemos y
predicamos que cada uno debe realizar la tarea apostólica a la
que se siente llamado por su vocación personal y específica,
poniendo al servicio del Reino y para la mayor gloria de Dios
sus talentos personales, sus habilidades, sus dones y en
general todo lo que ha recibido de Dios.
Este apostolado, por último, debe ser
ejercido en unidad con la pastoral de la Iglesia, y en el seno
de una comunidad. Y esto último se entiende con relación a
nuestra espiritualidad palotina, ya que es aquí, en lo
comunitario, donde la teología del apostolado se encuentra de
manera plena con nuestra espiritualidad.
La espiritualidad palotina es una
espiritualidad atravesada por la imagen del cenáculo de
Pentecostés, en el que los apóstoles, los discípulos y las
mujeres (la primera comunidad cristiana) se encontraban en
oración junto a la Virgen María, la Madre del Señor, cuando
recibieron la efusión del Espíritu prometido por Jesucristo, y
se lanzaron sin más a la tarea de evangelizar a todos.
En esta imagen vemos la figura de la
Iglesia: todos los carismas, todos los ministerios, todas las
vocaciones reunidas en oración al Padre en presencia de María,
Reina de los Apóstoles, y con Jesucristo, quien dijo: “Donde
están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos” (Mt. 18,20). Y es en este ámbito eclesial en el que
se hace presente el Espíritu, que anima y vivifica, e impulsa
a los miembros del Cuerpo al apostolado.
Pero hay algo más, cuya importancia no es
en absoluto menor. Todo lo dicho dejaría incompleto nuestro
carisma y nuestra teología del apostolado, si no
puntualizáramos que es menester también trabajar para
despertar vocaciones palotinas; vocaciones de personas que se
entusiasmen con nuestro carisma, nuestra espiritualidad y
nuestra teología del apostolado, y que quieran formar parte de
la gran familia de la UAC como consagrados o como laicos,
individualmente o en cualquiera de las instituciones miembro,
ya que estamos convencidos de que la Iglesia de hoy necesita y
reclama de nuestro aporte particular, ya que las motivaciones
que impulsaron a Vicente Pallotti a urgir a todos a sumarse al
apostolado de la Iglesia no sólo no desaparecieron sino que,
antes bien, se hicieron más apremiantes.
Raúl Llusá (UAC)
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