NUESTRO APOSTOLADO HOY

 

1-    EL CARISMA DE SAN VICENTE PALLOTTI Y SU FUNDACIÓN

 

1-1-EL  CARISMA DE LAS  COMINIDADES RELIGIOSAS EN GENERAL

 

Siempre que en documentos eclesiásticos se habla del servicio de las comunidades religiosas en la Iglesia, se acentúa el que ese servicio se ha realizado correspondiendo a su propio carisma. (cfr.LG44;CD33;35,1y2; Eccl.Sanctae II,16.3; Evang.Testificatio 11).

 

Esto se dice claramente en los “Criterios directivos de las relaciones mutuas entre los obispos y los religiosos en la Iglesia” (1978). Aquí se describe el carisma del fundador como “una cierta experiencia del Espíritu..., que ha sido transmitida a los propios discípulos, para que vivan según ella, la custodien, profundicen, y desarrolle continuamente en sintonía con el Cuerpo de Cristo, que está en perenne crecimiento” (núm.11)

 

Además se dice que “la Iglesia protege y promueve el carácter propio de los diferentes institutos religiosos”, y que “este carácter propio comporta también un estilo especial de santificación y de apostolado”, y se indica “el peligro de una forma de vida no suficientemente definida, de modo que los religiosos sin la debida consideración del singular estilo de su propia acción en su instituto, están insertos en la vida de la Iglesia solo de un modo vago y ambiguo” (Ib).

 

Con ello, somos exhortados a reflexionar siempre de nuevo sobre el carisma de nuestro Fundador y de nuestra comunidad, para comprender a qué servicio especial en la Iglesia hemos sido llamados por Dios.

 

1-2-EL CARISMA DE SAN VICENTE PALLOTTI

 

El carisma de San Vicente Pallotti puede ser descrito bajo un triple aspecto:

-como una experiencia interior de fe

-como una experiencia de la voluntad de Dios en los signos de los tiempos

-como un impulso del Espíritu Santo a la acción.

 

1-2-1- Si consideramos la vida espiritual de S. Vicente Pallotti, nos parece que Dios le dio una experiencia especialmente profunda de su amor infinito y de su infinita misericordia . El los vio en la obra de la creación del mundo y, sobre todo, del hombre según su imagen y semejanza; pero d un modo especial, en la salvación por Jesucristo del hombre hecho pecador (cfr.Dios, el amor infinito; tambien L.Münz, Pallottin Spirituality in ASAC IX, 1,pag.162ss.)

 

En Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, vio Pallotti la encarnación del amor misericordioso de Dios hacia el hombre caído. El Evangelio, que él siempre lleva consigo y hacia el que él orientaba a sus compañeros como a su regla propia y original, le era el manual intuitivo de este amor (cfr.”33 puntos”). El amor con el que el Padre envió a su Hijo al mundo, que impulsó a Jesús a ser nuestro Redentor y que dete4minó el camino terrenal de su vida hasta su entrega total en la cruz, conmovía también a Vicente Pallotti y le impulsaba al más perfecto seguimiento de la vida de Jesús, el Apóstol del Eterno Padre . El fugo del amor que Jesús trajo al mundo y del que quería que ardiese, deseaba él encenderlo en los corazones d todos los hombres (OO CC III, 175-177).

 

1-2-2-Pero, al mismo tiempo, Pallotti tenía un mirada abierta a la situación de la Iglesia de su tiempo. Él reconoció sus necesidades en un tiempo de progresiva disolución de la unidad de la cristiandad occidental, de desmoronamiento de las estructuras sociales existentes hasta entonces y de un proceso correlativo de secularización y pérdida de fe. Pero él no se quedó en inútiles lamentos y no lloraba cosas pasadas. Él miraba al futuro y vio también las nuevas posibilidades que se abrían a la Iglesia para la extensión de la fe y para el cumplimiento de su misión salvadora (OO CC IV, 126ss.). Con esta segura intuición reconoció él la voz de Dios en los signos de los tiempos.

 

1-2-3-Estas dos experiencias operadas por el Espíritu le impulsaban a Pallotti a la acción. Claramente sentía el impulso del Espíritu en una profunda experiencia que le fue concedida el 9 de enero de 1835. Se sentía impulsado a la fundación de una obra apostólica universal para renovar y profundizar la fe y el amor entre todos los católicos y extender ambos por todo el mundo (cfr. OO CC X, 1988-200).

 

Pallotti siguió el impulso del Espíritu no solo en su propio trabajo apostólico personal e inalcanzable, sino sobre todo en la fundación de la “PÍa Socitá dell Apostolato Católico” o –como nosotros decimos hoy- de la “Unión del Apostolado Católico”. Por medio de esta Unión, que estaba abierta a los creyentes de cualquier rango y estado, él quería despertar en tods los creyentes la conciencia de su vocación apostólica, encender en ellos el espíritu del amor apostólico, moverlos a esfuerzos en el apostolado para que, lo más pronto posible, se realice la visión escatológica de la Iglesia según la cual no habrá más que un solo rebaño bajo un solo pastor.

 

Que Pallotti interpretó correctamente la llamada de Dios en los signos de los tiempos con la idea del “apostolado católico”, es decir universal, la Iglesia lo ha confirmado mientras repetidamente tanto en los procesos de beatificación  y canonización como, sobre todo, por las en enseñanzas del Concilio Vaticano II.

 

1-3-EL CARISMA DEL FUNDADOR COMO HERENCIA DE SU FUNDADOR

 

Nuestra legislación se reconoce por el carisma de su Fundador como la herencia espiritual obligatoria que hemos recibido de él (cfr. preámbulo e; LF 1; LC 3)

 

Tanto la “Unión del Apostolado Católico”, en todo su contexto como también la “Sociedad del Apostolado Católico” en particular se saben movidas por la experiencia del amor y de la misericordia de Dios, que también movía a nuestro Fundador (cfr. LF10-14; Preámbulo j; Doc. Elementos de nuestra espiritualidad). “El espíritu, del cual viven todos los miembros de la Sociedad, arde incesantemente de la caridad que Cristo trajo a la tierra” (LF 10).

 

Como Pallotti, nos sabemos llamados a “reavivar la fe e inflamar de nuevo la caridad n todos los miembros del Pueblo de Dios y propagarlas por el mundo a fin de que haya pronto un solo rebaño bajo un solo pastor (Jn 10, 16).

 

Por esto, nos esforzamos en “despertar y profundizar en todos los fieles la vocación apostólica, inspirarles a la acción de la misma y ayudarles a ser idóneos y a estar dispuestos para cooperar con otros en las obras de apostolado” (LF 2; cfr. Preámbulo e; LC 1).

 

Finalmente reconocemos la necesidad de desarrollar el carisma del Fundador según las exigencias de la Iglesia, a cuyo servicio nos sabemos llamados (cfr. Preámbulo f; LF 1 y 3; LC 16).

 

1-4-FIN DEL DOCUMENTO

 

Fin de las siguientes reflexiones es el definir más claramente, partiendo del carisma del Fundador y de nuestra comunidad y con miras a la situación y a las especiales necesidades de la Iglesia en el mundo de hoy, qué servicio espera Dios particularmente de nosotros y, por tanto, a qué misión hemos de prestar nuestra especial atención. Estas reflexiones deben aportar a que nosotros vivamos y trabajemos más concientemente desde el carisma de S. Vicente Pallotti, que él ha transmitido a nuestra sociedad, y deben mostrarnos ciertos criterios directivos para nuestro trabajo apostólico.

Más, como las consideraciones tienen que valer para toda la sociedad, han de reclamar una cierta validez general. Su aplicación a la s situaciones concretas de cada una de las provincias y regiones, compete a las mismas.

 

2-LAS TAREAS ESPECIALES DE LA IGLESIS EN EL MUNDO DE HOY

 

Antes De que nos preguntemos con qué aportación especial puede y quiere contribuir nuestra sociedad al apostolado de la Iglesia, hemos de nombrar brevemente aquellas tareas especiales que s presentan a la Iglesia hoy en el cumplimiento de su misión salvadora. Esas tareas resultan, sobre todo, de la nueva imagen de la Iglesia y de la nueva perspectiva de su relación con el mundo que nos ha ofrecido el Concilio Vaticano II.

 

2-1-LA IGLESIA COMO NUEVO PUEBLO DE DIOS

 

2-1-1-En su descripción en el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha resaltado un aspecto esencial de su ser que, ciertamente, siempre ha estado presente, pero que halló hasta ahora poca atención. Ella se reconoce como el nuevo Pueblo mesiánico de Dios que, después de la preparación del camino a  través del Antiguo Testamento con el pueblo de Israel, el mismo Dios se ha constituido llamando a hombres de entre los judíos y gentiles, en la plenitud de los tiempos.

 

A través de este pueblo, que tiene a Cristo por Cabeza, que esta marcado por la dignidad y libertad de los hijos de Dios, a quien Cristo dio como su ley el nuevo mandamiento de amar como Él mismo nos ha amado (cfr. LG 9), Dios actúa en la historia de la humanidad para cumplir su plan de salvación. A este pueblo dio Él “la misión  de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos” (LG 5); sí, este pueblo “constituye en la tierra el germen y el principio de este reino” (Ib).

 

2-1-2-“Este pueblo mesiánico, por consiguiente, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación” (LG 9). Según el plan del Hijo y del Espíritu Santo (cfr.AG. 2; LG 17), y “tiene...como fin, el dilatar más y más el reino de Dios” (LG 9).

 

Con esto la Iglesia es, por su naturaleza, apostólica y misionera, esto es, como enviada en camino (cfr.AG 2). “Este mandato de evangelizar a todos los hombres constutuye la misón esencial de la Iglesia” (Evang.Nunt. 14) ; es  “deber fundamental del Pueblo de Dios” (AG 35; cfr Evang.Nunt. 59).  Y “el deber de la Iglesia de propagar la fe y la salvación de Cristo” proviene a la misma Iglesia “de una parte, en virtud del mandato expreso de que los apóstoles heredó el Orden de los Obispos...juntamente con el sucesor de Pedro, Sumo Pastor de la Iglesia; de otra parte, en virtud de la vida que a sus miembros infunde Cristo” (AG 5).

 

De todo esto se deriva claramente que la Iglesia en su totalidad participa de la misión salvadora de Cristo y, por tanto, es apostólica y misionera. “A todos los cristianos se impone la gloriosa tarea de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado en todas partes por todos los hombres” (AA 3) y “la vocación cristiana es, por su misma naturaleza, vocación también al apostolado” (AA 2).

 

2-1-3-A través de esta misma imagen propia de la Iglesia como Pueblo de Dios, los seglares son integrados, ante todo, más plenamente a la vida y a la misión de la Iglesia.

 

El Concilio acentúa la unidad de todo el Pueblo de Dios a pesar de la diversidad de las vocaciones y de los ministerios. “Aún cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituido doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica  igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo” (LG 32)

Apostolado ya no es más privilegio de la jerarquía, sino los seglares que están “incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos partícipes, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, ejercen n la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde” (LG 31) Su apostolado es real “participación en la misma misión salvífica de la Iglesia”, y “están destinados por el señor mismo en virtud del bautismo y de la confirmación” (LG 33).

 

Sin los seglares y sin su participación de la vida y de la misión de la Iglesa, esta es imperfecta. “La Iglesia no esta verdaderamente formada, no vive plenamente, no es señal perfecta de Cristo entre los hombres, en tanto no exista y trabaje con la Jerarquía un laicado propiamente dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajo d un pueblo sin la presencia activa de los seglares” (AG 21).

 

La Iglesia ve “la acción manifiesta del Espíritu Santo”, en “que da hoy a los seglares una conciencia cada día más clara de su propia responsabilidad y los impulsa por todas partes al servicio de Cristo y la Iglesia” (AA 1). Es. Por tanto, un deber de hoy especialmente urgente “el impulsar a los seglares a la plena participación de la vida y de la misión de la Iglesia” (Pablo VI. Apostolatus peragendi, 1976).

 

2-2-LA RELACIÓN DE LA IGLESIA CON EL MUNDO

 

2-2-1-Junto con la nueva imagen de la Iglesia, notamos desde el Concilio Vaticano II, también una postura transformada de la Iglesia hacia el mundo que, sobre todo, se expresa en la Constitución pastoral “sobre la Iglesia n el mundo hoy”, así como en muchas declaraciones de los Papas Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II.

 

La postura de la Iglesia ante el mundo ya no es más triunfalista ni mira de arriba hacia abajo magistral ó condenatoriamente como antes aparentaba a menudo. Ella acepta la autonomía y el propio valor de las cosas terrenas y del orden temporal. Ve también su propia misión menos espiritualísticamente y solo orientada hacia la salvación escatológica del hombre, sino que reconoce que el Reino de Dios comienza ya en el tiempo presente. (cfr. AA 5).

 

Por eso, ella ofrece, partiendo de su unión con toda la familia humana y de su responsabilidad por la salvación de todos los hombres, a todo el género humano su sincera colaboración para la salvación de la sociedad humana (cfr. GS 3). “Bajo la luz de Cristo, imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación, (la Iglesia) habla a todos para esclarecer el misterio del hombre y para cooperar en el hallazgo de soluciones que respondan a principales problemas de nuestra época” (GS 10).

 

“Evangelizar”, que es la auténtica tarea y la misión esencial de la Iglesia (cfr.Evang. Nunt. 14), quiere decir para la Iglesia el llevar la Buena Nueva a todos los ámbitos de la humanidad y, por medio de esta influencia, el cambiarlos desde su propio interior y el renovar la misma humanidad (Evang. Nunt. 18) Esta promoción de los hombres (promotio humana) esta inseparablemente unida a su misión.

 

En el cumplimiento d esta misión la iglesia hace valer su interés especial por los pobres, por los necesitados de todo tipo, por los menos afortunados de la sociedad humana, por los humildes y sencillos que frecuentemente tienen que vivir en condiciones indignas. Ella intenta contribuir “a retirar las desigualdades, a combatir las proscripciones, a liberar al hombre de sus esclavitudes y a hacerle capaz de ser él mismo responsable de su bienestar material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual.” (Pablo VI, Populorum Progresio, 34). Ella quiere “ser la voz de aquellos que no saben hablar por sí mismos o que están obligados al silencio, para ser la conciencia de la conciencia” (Juan Pablo II, Alocución a los campesinos, 1979; cfr. Alocución de Pablo VI para la apertura de la seg. Etapa conciliar, Nº191).

 

La preocupación de la Iglesia por el hombre y por el ordenamiento de la realidad temporal más conforme a la dignidad de la persona humana es uno de los temas que continuamente vuelven en los documentos eclesiásticos después del Concilo (cfr. Juan Pablo II, Redemptor hominis).

 

2-2-2-En esta nueva perspectiva d la misión de la Iglesia ante el mundo corresponde a los seglares una importancia especial. Ya que el seglar “ es al mismo tiempo fiel y ciudadano” de este mundo, ejerce “su propio apostolado tanto en la Iglesia como en el mundo, lo mismo en el orden espiritual que en el temporal”(AA 5).

 

Debido a su doble ciudadanía en la comunidad eclesial y civil le corresponde al seglar un importante papel de intermediario. El es “hombre de la Iglesia en medio del mundo en medio de la Iglesia” (“Un uomo della Chiesa nel cuore del mondo e un uomo del mondo nel cuore della Chiesa”- Msgr. Neves).

 

a)                          “Como hombres y mujeres del mundo en medio de la Iglesia”, es misión de los seglares el procurar que “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo” (GS 1) pertenece a la Iglesia y que los pastores de la Iglesia deben conocer a fondo la situación de los hombres y sus problemas, así como sus esfuerzos para conseguir un orden mejor y más humano de las cosas temporales.

 

La Iglesia espera de los seglares que le manifiesten sus necesidades y sus deseos con aquella libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tiene la facultad, más aún, a veces el deber de exponer su parecer a cerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia (LG 37). Y ella exhorta a los pastores a que “reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia” y “recurran gustosamente a su prudente consejo” (LG 37).

 

b)                         “Como hombres y mujeres de la Iglesia en medio del mundo, sucede especialmente a través de los seglares que la Iglesia introduce su misión salvadora en el mundo y en las realidades temporales.

 

“A los seglares, a quienes “el carácter secular es propio”, “corresponde, por propia vocación, a tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios.” Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde dentro, a modo de fermento.  Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que están estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (LG 31).

 

            Todo esto hace comprender la urgente necesidad de que los seglares se preparen para su misión cristiana, si la Iglesia quiere cumplir su misión salvadora en el mundo. Pues su colaboración, el apostolado de los pastores no puede alcanzar su plena eficacia (cfr.AA 10).

3-NUESTRA APORTACIÓN AL APOSTOLADO DE LA IGLESIA

 

Partiendo del carisma de S. Vicente Pallotti y de su fundación y de las necesidades especiales que se presentan a la Iglesia como sus tareas en el mundo actual, nos preguntamos que aportación especial queremos y podemos ofrecer como Sociedad del Apostolado Católico hoy y en un futuro más cercano al apostolado de la Iglesia. La respuesta a esta preguntaes una aplicación del fin de nuestra Sociedad a nuestra situación actual. De ella deben resultar ciertos criterios directivos para la orientación y elección de nuestros trabajos apostólicos, cuya posterior concretización ha de suceder en cada una de las provincias y regiones.

 

3-1-1- El aspecto más relevante de la idea que le movió a S. Vicente Pallotti en su fundación del “Apostolado Católico”, era que él reconoció claramente el carácter apostólico-misionero de todo el Pueblo de Dios. Él liberó el concepto de apostolado de la estrechez jerárquica que había experimentado a lo largo de la historia y le devolvió su amplitud original y anunció la vocación de todos los creyentes al apostolado.

 

A través de la fundación de la obra del “Apostolado Católico” –es decir, “universal”-, él quería despertar en todos los miembros de la Iglesia la conciencia de su vocación al apostolado, llenarlos d su amor y celo apostólicos y conducirlos a la percepción de su vocación apostólica.

Nuestra Sociedad reconoce esto como su fin primario y original (L F 2).

Desde comienzo de este siglo y, sobretodo, desde el Concilio Vaticano II toda la Iglesia se ha vuelto conciente, con más claridad que nunca, del carácter apostólico y misionero de todo el pueblo de Dios, y llama a la conciencia de todos sus miembros según su propia responsabilidad al cumplimiento de la misión salvadora en el mundo.

 

Con esto queda plenamente confirmada la idea del apostolado universal, que S.Vicente Pallotti tuvo que defender contra muchas incomprensiones y oposiciones.

 

3-1-2- A través de la confirmación de la idea fundamental de S. Vicente Pallotti por el Magisterio de la Iglesia como Sociedad del Apostolado Católico, nos sabemos de nuevo llamados por Dios y puestos a su servicio. Hoy ya no se trata, como en el tempo de Pallotti, de la defensa de la idea del apostolado universal, sino de traducirla a toda la vida de toda la Iglesia.

 

Pallotti mismo describió el fin de su Fundación en la Iglesia Católica del siguiente modo: Ella quiere “ser para siempre en la Iglesia de Jesucristo como un trombón del Evangelio que llama a todos, y a todos invita, que despierta el celo y la caridad en todos los creyentes de cualquier grado y condición, para que todos...respeten y veneren al “Apostolado Católico” como Cristo lo instituyó en su Iglesia, y colaboren...eficaz y constantemente correspondiendo a las necesidades de la Iglesia de Jesucristo en todos los tiempos presentes y futuros...en todas las empresas evangélicas del “Apostolado Católico” (OO CC I, 4—5).

Con esto Pallotti ve la contribución que, tanto la Unión como la Sociedad del Apostolado Católico, han de aportar al apostolado general de la Iglesia y que consiste en “ser como la conciencia apostólico-misionera de la Iglesiaque no deja nunca que en sus miembros duerma la conciencia de la responsabilidad por la misión salvadora de la Iglesia, sino que la mantiene viva.

 

3-1-3- Pallotti realizó su idea del apostolado universal no tanto enseñándola, sino quela vivió con los demás. Ya, como joven sacerdote, él era centro de un círculo de amigos de sacerdotes, religiosos y seglares, de cuya común entrega apostólica surgió la Unión del Apostolado Católico, con sus diversas comunidades y formas de pertenencia. De todos los que de algún modo querían servir a las obras del Apostolado Católico, exigió el espíritu del servicio amoroso, mientras que consideraba el espíritu de dominio como la peste de la Sociedad (cfr.OO CC I, 105-107).

 

De este modo, nuestra Sociedad será capaz de cumplir su fin, ser conciencia apostólico-misionera de la Iglesia, no tanto por el adoctrinamiento de los demás, sino más bien a través de impregnarse de otros en el proceso de la vida, en el que se despierta y profundiza la conciencia de la vocación y responsabilidad apostólicas y se ejerce la colaboración en la misión salvadora de la Iglesia, según las posibilidades dadas. En todas nuestras actividades apostólicas hemos de perseguir este fin. A nuestra entrega apostólica, en cuanto que es también expresión de nuestro espíritu apostólico personal, le faltaría el carácter específico palotino si no estuviera orientado a ganar a otros para colaborar en el apostolado.

 

3-1-4- La raíz del espíritu y celo apostólicos son una fe viva y un amor que impulsa a la acción (cfr.AA 8). Esto también nos lo enseña la vida de S. Vicente Pallotti, cuya incansable actividad apostólica e igualmente universal idea, en el fondo radican en su profunda experiencia de Dios (cfr. Sección 1.2) .

 

También vio Pallotti que era tarea de su obra el unir a todos los hombres por el vínculo de la caridad emulante, para que se entreguen con todas sus fuerzas a extender en todo el mundo el fuego del amor que Cristo trajo a la tierra (cfr. Lc 12,49; cfr.OO CC III. 175 ss.)

 

El camino que nos ha mostrado Vicente Pallotti para colaborar en la renovación del espíritu apostólico de la Iglesia consiste, pues, en que nosotros, como hombres impregnados totalmente del amor de Cristo, busquemos hacer experimentar a los demás ese amor, y les movamos a vivir su propia vida a partir de ese amor. El testimonio de una vida así renovada en la fe y en el amor, es un apostolado al que han sido llamados todos los cristianos y que a todos les s posible ejercer (cfr. Evang. Nunt. 21). Cualquier otra forma de actividad apostólica especial ha de estar construida en él, y por él adquiere primordialmente su fuerza persuasora.

 

3-2-EL APOSTOLADO DE LOS SEGLARES

 

Ya que todos los miembros del Pueblo de Dios están llamados a la participación de la misión salvífica de la Iglesia, es de urgente importancia el promover la “participación de los seglares en la vida y en la misión de la Iglesia” (cfr. Apostolatus Peragendi, 1976). Para ello no basta el traerles siempre a la conciencia su vocación y obligación al apostolado, sino que se necesita tanto la preparación espiritual e intelectual de los seglares para que, también ellos, puedan ejercer su apostolado, como igualmente se necesita de un cambio de mentalidad por parte del clero para que reconozca la importancia del apostolado de los seglares y le den el correspondiente espacio.

 

Consideramos como una tarea urgente y apropiada al tiempo actual por parte de la Sociedad del Apostolado Católico, el servir a la Iglesia en la formación y en la preparación de los seglares para el apostolado y el dar un ejemplo de colaboración con los mismos.

 

La preparación de los seglares para el apostolado se refiere sobre todo

-         a la introducción a una fe madura y viva,

-         a la formación de una vida animada por l verdadero espíritu cristiano, y

-         al conocimiento de la función específica de los seglares en la Iglesia y de la múltiple posibilidad de apostolado.

 

3-2-1- En el tiempo actual, notamos entre los cristianos, de una parte, un creciente desconocimiento del mensaje del Evangelio, de su reto al hombre. Incluso, las familias cristianas, en las que la generación joven con toda naturalidad crece en la fe y enla vida cristiana animada por la fe, va disminuyendo.

 

Por otra parte, observamos que el secularismo, el materialismo y una postura de vida instalada sobre el consumo dejan insatisfecho al hombre que busca un sentido más profundo en su vida. En esta búsqueda del sentido de la vida muchos, en especial los jóvenes, se vuelven a doctrinas de salvación exóticas, porque el mensaje cristiano les es extraño y desconocido.

 

Por eso, la Iglesia urge mucho la necesidad de una catequesis que sea apropiada, corresponda a las exigencias de nuestro tiempo y a los diferentes grupos de edad y población, así como las culturas (cfr. Sínodo de los Obispos 1977; Juan Pablo II “Catechesis tradendae).  Una tal catequesis ha de conducir al conocimiento y a la comprensión de la Palabra de Dios como se contiene en las Sagradas Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia, a la vida de la fe en medio de una comunidad de creyentes con la participación de los sacramentos y el testimonio de la vida cotidiana (cfr. Mensaje del Sínodo de los obispos 1997 al pueblo de Dios).

 

Nuestra Sociedad se esforzará por dar la catequesis y a la instrucción de la fe en sus diferentes campos de acción la debida atención y por animar y capacitar a seglares apropiados para el servicio catequético.

 

Especial atención daremos a la formación y a la promoción de verdaderas familias cristianas a las cuales, como “ecclesiolae”, les corresponde una parte importante e insustituible en la introducción de la nueva generación a la fe y a la práctica de la vida cristiana (cfr. E.N.71)

 

Otro tanto vale, donde esto parece oportuno, para la formación en la Iglesia de comunidades de base que están unidas por la fe en Cristo, que se encuentran para la oración común, para escuchar y proclamar la Palabra de Dios en la celebración de la Eucaristía, y en la que se experimenta cercanía y solidaridad humanas y fraternidad verdadera (cfr. Los obispos de Zambia, “La comunidad cristiana de Base”, L´Osservatore Romano, 5.7.1979).

 

3-2-2- La participación de los seglares en la misión salvífica de la Iglesia presupone en ellos una vida espiritual y cristiana conforme a su estado. Solo aquel creyente cristiano es capaz de asumir el papel que le corresponde en la Iglesia y en el mundo que también participa de la vida interior de la Iglesia, es decir, que es consciente de su participación de la vida de la Iglesia por el Bautismo y la Confirmación y que vive por su vocación sacerdotal, profética y real en comunidad y unión vivas con la Iglesia. A tal fin, se necesita del intensivo cuidado de una espiritualidad apropiada al seglar. Pues, éste espera con todo derecho del sacerdote y de los miembros de las comunidades religiosas, el servicio espiritual del desarrollo de una tal espiritualidad y de la ayuda a una vida a partir de la misma (cfr. Sínodo de las diócesis alemanas sobre órdenes y comunidades religiosas).

Estamos convencidos que nosotros, partiendo de la espiritualidad de S. Vicente Pallotti que brota del centro del misterio de Cristo y de su redención, podemos y debemos ofrecer a los seglares este servicio espiritual. Los elementos esenciales de la espiritualidad palotina forman una base utilizable para el desarrollo de la espiritualidad apostólica de los seglares.

 

3-2-3- El lugar en el que se desarrolla el apostolado de los seglares es tanto el ámbito de la Iglesia cómo, sobre todo también, el mundo en que viven:

 

a)     Como miembros de pleno derecho del nuevo Pueblo de Dios que halla en la Iglesia su expresión visible, “los seglares tienen su parte activa en la vida y en la acción de la Iglesia. Su acción dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria, que sin ella el propio apostolado de los pastores no puede conseguir la mayoría de las veces plenamente su efecto” (AA 10).

      Allí donde sea posible aspiremos a preparar a los seglares para la participación en la vida de sus comunidades eclesiales y para la colaboración en las diferentes estructuras eclesiásticas: en los consejos a nivel parroquial y diocesano, en los ministerios laicales de la Iglesia o en los servicios eclesiásticos especializados a tiempo pleno.

 

Por otra parte, la colaboración de los seglares en la Iglesia presupone un correspondiente cambo de mentalidad por parte del clero para que aprecien y acepten los servicios de los seglares, despierten sus carismas y busquen coordinarlos para el bien de la comunidad cristiana. La promoción de la colaboración entre sacerdotes y seglares será, entonces, siempre un objetivo de nuestra comunidad.

 

b)    Pero, el lugar en que los seglares han de ejercer sobre todo su participación en la misión salvífica de la Iglesia, es el mundo y el orden temporal de las cosas, que han de orientar hacia Dios por Cristo guiados por el espíritu del Evangelio e impulsados por el amor cristiano (cfr.AA 7). “Y como lo propio del estado seglar es vivir en medio del mundo y de los negocios temporales, Dios llama a los seglares a que, con el fervor del espíritu cristiano, ejerzan su apostolado en el mundo a manera de fermento” (AA 2; cfr. También LG 31).

 

Preparar a los seglares para el apostolado exige, pues, ayudarles a adquirir una perspectiva cristiana del mundo y del hombre e inducirlos a realizar su misión en la familia, en la profesión y en la vida pública partiendo del espíritu del Evangelio y, a través de ello, a dar su aportación efectiva para la construcción de un mundo mejor y más humano en el que, al mismo tiempo, se manifiesta el reino de Dios en este tempo.

 

 

3-3- FERMENTO DE UNIDAD

 

3-3-1- Con la idea del Apostolado Católico, es decir, universal, S. Vicente Pallotti anticipó una imagen de la Iglesia que más tarde fue proclamada claramente por el Concilio Vaticano II: la imagen de la Iglesia como el Pueblo de Dios que en todo su contexto es apostólico y misionero, es decir, portador de la misión salvadora de Cristo y es el “sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG 1) y “para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación” (LG 9). La realización escatológica de esta imagen de la Iglesia la vio Pallotti en la promesa de Jesús de que pronto será “un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 10, 16).

 

Por medio de la fundación del Apostolado Católico, Vicente Pallotti quería servir a la prónta realización de toda la humanidad como Pueblo de Dios bajo el solo Pastor Jesucristo.

 

-         Por la insistencia en la vocación de todos los bautizados, disminuyó la fuerte separación entre jerarquía y seglares en la Iglesia sin, por ello, ignorar o menguar la especial importancia y función del ministerio jerárquico de la Iglesia.

-         Un objetivo especial de su fundación era coordinar todas las empresas apostólicas y misioneras en la Iglesia, evitar fricciones innecesarias por medio de la promoción de la colaboración de todas las fuerzas apostólicas y capacitar a los hombres para la cooperación en el apostolado.

-         A la Comunidad de sacerdotes y hermanos le asignó en particular una función de vínculo de unión entre el clero secular y regular. Ya que, por una parte, no están unidos por los votos, pero, por otra, se esfuerzan en el seguimiento de Jesús en comunidad por medio de su consagración a Dios y la obligación de los consejos evangélicos, tánto más deben estar capacitados a unirse juntamente el clero secular y regular por medio del vínculo del amor y celo apostólicos.

-         En la celebración de la octava de Epifanía, Pallotti dio expresión visible a su pensamiento ecuménico. Por encima de los diferentes ritos y e las comunidades eclesiales él quería demostrar la unidad a la universalidad de la Iglesia de Jesucristo.

-         Finalmente él aspiró, por una intensificación del trabajo misional de la Iglesia, a conducir a todos los pueblos a la unidad de la grey de Jesucristo.

 

3-3-2- De aquí resulta para nuestra comunidad el deber de ser un fermento de unidad y de colaboración don otros.

 

-         Nuestro apostolado será tanto más eficaz cuanto más coordinemos en el espíritu del amor desinteresado nuestras empresas apostólicas con las planificaciones pastorales de la Jerarquía y las apoyemos y, además, cuanto más cooperemos con otros en el apostolado y busquemos coordinar sus empresas y promoverlas (cfr. LF 2; LC 14; Doc. “La colaboración y coordinación en el apostolado”).

-         No favorecemos ninguna corriente interna de polarización eclesial, sino que procuramos, por medio del diálogo y de la comprensión mutua, retirar tensiones y promover la Unidad del Pueblo de Dios en obediencia ante sus pastores y en fidelidad al sucesor de Pedro.

-         Nosotros apoyamos en cuanto sea posible los movimientos ecuménicos entre las diversas Iglesias cristianas, para que el testimonio evangélico de los cristianos, a través de la unidad, sea más convincente y fidedigno. Más, nos mantenemos lejos de experimentos imprudentes que no son autorizados por la autoridad de la Iglesia y que, en realidad, sólo encubren unidad sin superar desde dentro lo que divide.

-         Pero, ya que la Iglesia se abre obligada también ante el hombre y la comunidad humana a contribuir con su aportación por medio del Evangelio a la verdadera liberación del hombre y a la salva-guardia de su dignidad, así como a un ordenamiento temporal de la realidad humana más justo y más humano (cfr. GS; Juan Pablo II, Redemptor Homilis), y ya que el apostolado de los seglares que nosotros queremos inspirar, consiste sobre todo en la configuración del orden terreno partiendo del espíritu del Evangelio, hemos de tener conocimiento de los esfuerzos que hacen grupos y fuerzas no-eclesiales por crear un orden de cosas mejor y más justo y ofrecerles, donde sea posible, nuestra colaboración e impulsar a otros a la cooperación.

 

 

3-4- PARS MOTRIZ DE LA “UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO”.

 

Como un medio para reavivar el espíritu apostólico en la Iglesia, para mover a los hombres de cualquier estado y condición de vida a la colaboración en la misión salvadora de la Iglesia y para coordinar sus esfuerzos apostólicos, S Vicente Pallotti fundó la “Unión del Apostolado Católico” a la que pertenece nuestra comunidad de sacerdotes y hermanos como parte integrante (LF 1), y a la que él confió una especial responsabilidad por toda la Unión (cfr. Preámbulo i; LF 4; LC 4).

 

Esta unión, en la que sacerdotes, miembros de comunidades religiosas y seglares están unidos por el vínculo el amor y celo apostólicos en una corporación moral y que colaboran juntos en el servicio a la misión salvífica de Cristo y de su Iglesia, debe representar como modelo al Pueblo de Dios unido en el ejercicio de su misión apostólica.

 

Por eso, consideramos la difusión de la “Unión del Apostolado Católico” que esta abierta a todos los miembros del Pueblo de Dios (Preámbulo g), incluso hoy todavía como un medio excelente para el cumplimiento de la misión de nuestra Sociedad. En el ordenamiento concreto y en la organización de la Unión, que abarca desde grupos de personas sueltos e informales hasta grupos firmemente organizaos e, incluso, comunidades religiosas, nos adaptamos a las circunstancias y a la s exigencias de la correspondiente situación.

 

Como comunidad de sacerdotes y hermanos que S Vicente fundó como pars centralis el motriz de la “Unión del Apostolado Católico”, nos sentimos especialmente responsables de unir conjuntamente a todas la s comunidades y grupos existentes de la Unión a través del amor y celo apostólicos, inspirarles con el espíritu de S. Vicente y del amor a sus ideales y, en cuanto sea posible, conseguir nuevos miembros para la Unión.

 

4-  TAREAS CONCRETAS PARA NUESTRA COUNIDAD

 

 A continuación, de lo hasta ahora dicho sobre la orientación especial de nuestro apostolado, deben ser sacadas algunas consecuencias concretas para nuestra comunidad que merezcan nuestra especial atención. Más aún cuando se trata d cómo nuestra comunidad misma deba prepararse a cumplir su fin específico en la Iglesia de hoy.

 

4-1- Si queremos cumplir nuestra misión de despertar y avivar el espíritu apostólico y misionero de la Iglesia, es necesario que nuestros miembros se ocupen más celosamente de los correspondientes documentos y declaraciones de la Iglesia, los estudien y se dejen guiar e inspirar por ellos en sus tareas apostólicas.  No puede ser que mientras Pallotti en la enseñanza sobre el apostolado Universal de la Iglesia se hallara por delante de su tiempo, nosotros apenas tomamos parte en el desarrollo espiritual de la Iglesia de nuestros días.

 

Sobre todo nuestros seminarios y casas de formación deben dar alta prioridad al estudio de estas cuestiones, y ponerlo en el plan de estudios ordinarios para la formación de nuestros candidatos al sacerdocio y en los programas para la formación permanente de nuestros hermanos.

 

4-2- Nuestro apostolado no se desarrolla lejos del mundo y de los hombres. Por ello, necesitamos de una apertura crítica ante la situación del mundo y de los hombres, ante sus necesidades y peligros, pero, también ante sus esperanzas y ansiedades. Nosotros no podemos ni pasar ciegos ante el acontecer del mundo, ni tampoco dejarnos llevar sin crítica alguna ante las tendencias que predominan en él. Sino que nosotros hemos de aprender a aplicar a todo la medida del Evangelio. Incluso ocasionalmente, también necesita del valor para el testimonio profético contra las situaciones injustas en que viven los hombres.

 

4-3- Presupuesto fundamental para un apostolado eficaz es el testimonio de verdaderos discípulos de Cristo. Como comunidad, nosotros nos hemos obligado públicamente a las exigencias del Evangelio, y nos hemos puesto bajo un determinado orden de vida para poder seguir mejor en la responsabilidad y en el estímulo mutuos al impulso del Espíritu hacia una realización radical del mismo Evangelio. Como miembros de una comunidad apostólica se nos ha encomendado dar un testimonio común del seguimiento de Jesús, el Apóstol del Padre Eterno, y hacer visible, como discípulos de Jesús, “la imagen permanente de la Iglesia que, por medio de la enseñanza de los Apóstoles nace y se nutre continuamente de l Palabra del Señor y e la celebración Eucarística, y da testimonio de ello al mundo viviendo en el signo de la caridad (Juan Pablo II, Catechesi Traendae, nún. 10).

 

Por eso, hemos de esforzarnos en evitar decididamente el peligro o perdernos en un activismo externo en daño de la vida espiritual y común. Como discípulos de un maestro que nos enseñó a considerar toda la vida de Jesús como un apostolado (OO CC III, 142), y que nos dio la vida de Jesús como la regla fundamental de nuestra comunidad, ha de ser nuestro esfuerzo el superar desde su raíz una dicotomía entre la vida espiritual y común y la actividad apostólica.

 

Así, la vida según los consejos evangélicos (cfr. Doc. Nuestras Promesas) y la comunidad fraterna serán un testimonio elocuente que da fuerza de convicción a la Palabra de la predicación. Nuestras comunidades locales deben ser células vivas e inspiración y actividad palotinas (cfr .LF 75), que dejan sentir algo de aquello que animaba a la comunidad primitiva de Jerusalén, que llegó a convencer como comunidad, de modo que el Señor le agregaba diariamente nuevos miembros (cfr. Hch. 2, 42-47).

 

4-4- También “la fecundidad del apostolado seglar depende de la unión vital de los seglares con  Cristo (AA 4), que se renueva continuamente y profundiza por medio del encuentro con la Palabra de Dios en Sagrada Escritura y con el Cristo presente y operante en los sacramentos, sobre todo en la Sagrada Eucaristía.

 

Por eso, nuestra tarea debe ser el abrir a los seglares un acceso tal a la Sagrada Escritura, de modo que la Palabra de Dios se les vuelva alimento espiritual para su vida, y el invitarles a la participación activa de la Liturgia en la Iglesia. Así colaboraremos al desarrollo de una espiritualidad tal en los seglares, que “ni las preocupaciones familiares ni los demás negocios temporales deban ser ajenos a esta orientación espiritual de la vida” (AA 4).

 

Para poder guiar a otros por este camino, nosotros mismos hemos de ser capaces de sacar proveo espiritual de la Sagrada Escritura, para disponer nuestra vida partiendo del espíritu del Evangelio y para amar la Liturgia de la Iglesia y celebrarla dignamente y con íntima participación.

 

4-5- Las instituciones tienden a fortalecerse y hacerse inamovibles. Por tanto, si nos preguntamos por la aportación especial que nosotros hemos de dar al apostolado de la Iglesia como Sociedad del Apostolado Católico, entonces debemos continuar este interrogante en un examen crítico de nuestras actividades y campos apostólicos mantenidos hasta ahora:

 

-         ¿Hasta qué punto perseguimos consciente y consecuentemente en nuestros actuales campos de acción los fines y objetivos apostólicos nombrados en 3-1-1? ¿Cómo podemos realizarlos mejor y más efectivamente?

 

-         ¿Corresponde la entrega de nuestras fuerzas personales y de los medios para el apostolado a la selección de obras nombradas en LC 16 o en el Doc. “La colaboración y coordinación en el apostolado”, núm. 13, o bien necesita esta selección de una adaptación a las condiciones en cambio?

 

-         ¿Cómo podemos hacer más eficaz nuestro apostolado por medio de la colaboración entre nosotros y los demás?

 

Estas cuestiones y otras semejantes necesitan siempre nuevamente de una crítica reflexión en nuestras provincias y regiones y en cada una de las comunidades, pero no puede causar una inseguridad y un continuo cuestionar de nuestra razón de existencia. A través  de una reflexión tal, nosotros buscamos, siempre de nuevo, sintonizar con la voluntad de Dios como ella se muestra a través de las circunstancias concretas.

 

4-6- Como comunidad de sacerdotes y hermanos palotinos nos confió una especial responsabilidad por toda la Unión del Apostolado Católico. Por eso, debiéramos esforzarnos en nuestro correspondiente ámbito por profundizar los contactos con las comunidades y grupos de la Unión ya existentes, por promover la unidad entre ellos, por ayudarnos recíprocamente a custodiar el espíritu palotino y apostólico y, donde siempre sea posible, por colaborar en el apostolado.

 

Nosotros, también, nos esforzaremos por entusiasmar a otros hombres por los ideales de S. Vicente Pallotti y, en el espíritu del santo, por ganarle para una cooperación común en el apostolado. Las formas de colaboración y organización se han de adaptar a las correspondientes circunstancias.

 

Sin embargo, partiendo del espíritu de Pallotti, nosotros estamos dispuestos también a la colaboración con otros grupos apostólicos que no son de origen palotino. Estamos convencidos que nosotros también a ellos podemos ofrecerles un servicio espiritual con la universal espiritualidad de Pallotti, sin enajenarles de su propia identidad.

 

5-  FIN

 

Nosotros esperamos que estas expresiones sobre nuestro apostolado hoy ofrecen a todos una ayuda para comprender más claramente el carisma de nuestra comunidad y para reforzarnos en la conciencia de que estamos llamados por Dios.

 

Estas consideraciones quieren motivar a proseguir en reflexión ulterior, para que también nosotros veamos nuestras tareas apostólicas concretas a la luz del fin general de nuestra Sociedad y para que no nos perdamos en la multiplicidad de las actividades apostólicas, sino que tengamos siempre delante de los ojos el servicio especial al que Dios nos ha llamado por medio de S. Vicente Pallotti.

 

P. Ludwig Münz, SAC