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Mensaje final del Congreso General de la Unión
del Apostolado Católico
del 22 al 27 de Agosto, Konstancin, Polonia.
¡Los saludamos Hermanos y Hermanas de la Unión! Escribimos este
mensaje desde todos los continentes, de veinte y cuatro países y
de culturas numerosas. Nos hemos reunidos hablando siete idiomas
principales e inicialmente teníamos una sola palabra en común:
“Pallotti”. Ahora partimos de aquí con las palabras
“unidad” y “amor”.
El Consejo de Coordinación General convocó al Congreso. A la vez
fuimos llamados en el espíritu de nuestro Fundador, San Vicente
Pallotti. Estuvimos reunidos en vuestra representación, a fin
de que toda UAC pueda discernir cómo reencender la caridad en
nosotros y en los otros. Este Congreso, el primero después
de recibir la aprobación de la Santa Sede, fue un
acontecimiento de caridad, como fue también un acontecimiento
de Amor la experiencia de los apóstoles y de nuestra Madre María
en el Cenáculo, – un amor que salva, un amor que está en el
corazón de Dios, fuente y el origen de la vida, de la
espiritualidad y de nuestro apostolado – un amor encarnado.
Una comunión encarnada en nosotros, en nuestros cenáculos y en
nuestras obras apostólicas.
Este amor, don gratuito de Dios nuestro Padre, ha sido la luz que
iluminó la visión de nuestro fundador. No obstante, como un
regalo, requiere una correspondencia: la donación total de sí a la
voluntad del Padre, al seguimiento de Jesús.
Aquí nos hemos reunido para discernir cómo podemos
responder al desafío de nuestro fundador de “reavivar la fe y
reencender la caridad”. Un desafío que nuestro amado Papa Juan
Pablo II ha hecho eco, “Es la hora de una nueva ‘imaginación’ de
la caridad” (NMI, 50), y en cuya patria fuimos cordialmente
recibidos. Este desafío vincula nuestro pasado a nuestro presente;
la respuesta a este desafío será nuestro futuro.
Pedimos la guía del Espíritu Santo, de nuestra Santa Madre
María, y de nuestro Fundador. Fuimos desafiados a pensar
los modos para responder a las diversas y enormes necesidades del
mundo. Nos dimos cuenta que la manera más eficaz es amar a las
personas como Pallotti las amaba. Es amando al pueblo de Dios
que encontraremos sus necesidades y conoceremos la forma de
responder a ellas.
Al compartir nuestras experiencias apostólicas, el
Congreso recibió sus dones más grandes. Al compartir, nos
entregamos el uno al otro con la presencia de Dios que se
encuentra presente en nuestras obras apostólicas. Este
compartir ha creado un espíritu de esperanza y ha generado nuevas
ideas. El compartir de nuestra cultura fue expresado de modo
especial en las celebraciones litúrgicas; el carisma palotino fue
evidente y fuimos todos enriquecidos.
En una comunidad globalizada no podemos actuar más de modo
individualista. Nos hemos reunido como Unión, unidos por el
carisma de San Vicente Pallotti y guiados por el Estatuto General.
Hemos iniciado la discusión sobre cómo llevar esta visión a
su realización pero apenas empezamos una verdadera comunicación.
Regresamos con un dialogo que no ha terminado, que será
profundizado con ustedes, y que podrá ser concluido cuando todos
hablemos el mismo idioma: el de la comunión, el del respeto
recíproco, y uno que es más importante todavía, el de la caridad.
Partimos inflamados con un fuego que les llevamos. Este no
es un fuego nuevo, es vuestro fuego, el fuego que trajimos con
nosotros, el fuego que Jesús ha encendido en nuestros corazones
pero ahora es más fuerte por nuestra común-unión. Este fuego unido
con las llamas que están en ustedes, nos guiará para ver juntos
nuevos modos de dar vida al carisma de San Vicente, nuevas formas
de ser apóstoles y nuevos modos de instaurar el Reino de Dios,
porque como hermanos y hermanas en la UAC, somos llamados a ser
amor y misericordia, sin temor.
Comisión para el mensaje final: P. Zygmunt Falcyncki, SAC,
Beate Weis, Mushi Passian e Stephanie Roberts.
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