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Mensaje final del Congreso General de la UAC, en Polonia, Agosto de 2005.

Mensaje final del Congreso General de la Unión del Apostolado Católico

del 22 al 27 de Agosto, Konstancin, Polonia.

 

¡Los saludamos Hermanos y Hermanas de la Unión! Escribimos este mensaje desde todos los continentes, de veinte y cuatro países y de culturas numerosas. Nos hemos reunidos hablando siete idiomas principales e inicialmente teníamos una sola palabra en común: “Pallotti”. Ahora partimos de aquí con las palabras “unidad” y “amor”.

 

El Consejo de Coordinación General convocó al Congreso.  A la vez fuimos llamados en el espíritu de nuestro Fundador, San Vicente Pallotti.  Estuvimos reunidos en vuestra representación, a fin de que toda UAC pueda discernir cómo reencender la caridad en nosotros y en los otros. Este Congreso, el primero después de recibir la aprobación de la Santa Sede, fue un acontecimiento de caridad, como fue también un acontecimiento de Amor la experiencia de los apóstoles y de nuestra Madre María en el Cenáculo,  – un amor que salva, un amor que está en el corazón de Dios, fuente y el origen de la vida, de la espiritualidad y de nuestro apostolado – un amor encarnado. Una comunión encarnada en nosotros, en nuestros cenáculos y en nuestras obras apostólicas.

 

Este amor, don gratuito de Dios nuestro Padre, ha sido la luz que iluminó la visión de nuestro fundador. No obstante, como un regalo, requiere una correspondencia: la donación total de sí a la voluntad del Padre, al seguimiento de Jesús.

 

Aquí nos hemos reunido para discernir cómo podemos responder al desafío de nuestro fundador de “reavivar la fe y reencender la caridad”. Un desafío que nuestro amado Papa Juan Pablo II ha hecho eco, “Es la hora de una nueva ‘imaginación’ de la caridad” (NMI, 50), y en cuya patria fuimos cordialmente recibidos. Este desafío vincula nuestro pasado a nuestro presente; la respuesta a este desafío será nuestro futuro.

 

Pedimos la guía del Espíritu Santo, de nuestra Santa Madre María, y de nuestro Fundador. Fuimos desafiados a pensar los modos para responder a las diversas y enormes necesidades del mundo. Nos dimos cuenta que la manera más eficaz es amar a las personas como Pallotti las amaba. Es amando al pueblo de Dios que encontraremos sus necesidades y conoceremos la forma de responder a ellas.

 

Al compartir nuestras experiencias apostólicas, el Congreso recibió sus dones más grandes.  Al compartir, nos entregamos el uno al otro con la presencia de Dios que se encuentra presente en nuestras obras apostólicas. Este compartir ha creado un espíritu de esperanza y ha generado nuevas ideas. El compartir de nuestra cultura fue expresado de modo especial en las celebraciones litúrgicas; el carisma palotino fue evidente y fuimos todos enriquecidos.

 

En una comunidad globalizada no podemos actuar más de modo individualista. Nos hemos reunido como Unión, unidos por el carisma de San Vicente Pallotti y guiados por el Estatuto General. Hemos iniciado la discusión sobre cómo llevar esta visión a su realización pero apenas empezamos una verdadera comunicación. Regresamos con un dialogo que no ha terminado, que será profundizado con ustedes, y que podrá ser concluido cuando todos hablemos el mismo idioma: el de la comunión, el del respeto recíproco, y uno que es más importante todavía, el de la caridad.

 

Partimos inflamados con un fuego que les llevamos. Este no es un fuego nuevo, es vuestro fuego, el fuego que trajimos con nosotros, el fuego que Jesús ha encendido en nuestros corazones pero ahora es más fuerte por nuestra común-unión. Este fuego unido con las llamas que están en ustedes, nos guiará para ver juntos nuevos modos de dar vida al carisma de San Vicente, nuevas formas de ser apóstoles y nuevos modos de instaurar el Reino de Dios, porque como hermanos y hermanas en la UAC, somos llamados a ser amor y misericordia, sin temor.

 

Comisión para el mensaje final: P. Zygmunt Falcyncki, SAC, Beate Weis, Mushi Passian e Stephanie Roberts.