UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO

 

MEMORIA Y PROFECÍA

DE LA UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO

 

 

Bicentenario

del nacimiento de San Vicente Pallotti

1795 - 21 de abril - 1995

 

 

ROMA 1993

 

 

COMPOSICIÓN DEL DOCUMENTO

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

INTRODUCCIÓN

 

I. ESTAMOS LLAMADOS A LA UNIDAD

 

II. VIVIMOS UNA VOCACIÓN APOSTÓLICA

 

III.ANIMADOS POR UN SOLO ESPÍRITU

 

IV. REALIZAMOS UNA MISIÓN APOSTÓLICA COMÚN

 

V. FORMAMOS UN VERDADERO CUERPO

 

VI. CAMINAMOS Y SERVIMOS JUNTOS

 

VII. RESPONDEMOS A LOS DESFÍOS DEL 2000

 

CONCLUSIÓN

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

A TODOS LOS MIEMBROS Y ASOCIADOS

DE LA UNIÓN DEL APOSTOLADO CATÓLICO

 

 

 

Queridos hermanos en Jesucristo,

 

El tiempo es oportunidad. Y, sin embargo, aunque tengamos "la conciencia del trascurrir del tiempo no somos capaces de abarcar del principio al fin, toda la obra de Dios". Lo que sabemos es que "hay un tiempo para cada cosa. Un tiempo para na­cer,...un tiempo para reu­nir,...un tiem­po para buscar" (Cf.: Qo 3). Además, creemos que, por la vida y la en­señanza de Jesu­cristo, aprendemos a "interpretar el tiempo pre­sente" (Cf.: Lc 12,56).

 

Celebrar en 1995 el Bicentenario del nacimiento de nuestro Fundador San Vicente Pallotti, será para todos nosotros una oportunidad para reunirnos, el tiempo de conmemorar a un santo que trató de vivir per­manentemente bajo el impulso del amor de Cristo, que trató de ser la vida misma de Cristo. Su manera de ser cristia­no, es una fuente especial de inspira­ción para quie­nes es­tamos lla­mados a partici­par del don del Espíritu San­to que he­mos recibi­do por medio de él.

 

Éste es el tie­mpo de con­tribuir a la evan­gelización de nue­stra época según la san­tidad de nuestros orí­genes. Es la oportunidad de buscar la ple­nitud de vida en nuestro carisma y de dar tes­timo­nio de esa vi­da. Estamos lla­ma­dos a co­laborar en el re­des­cubri­miento de n­uestros orígenes. Es un tiempo de memo­ria y profecía.

 


San Vicente Pallotti le pide al Señor en una oración que, por obra de Jesucristo, lo liberara de toda desviación innata o adquirida (Cf.: OO CC X, 339-340). Hoy podríamos repe­tir esa oración, para que el Señor nos libre de los enquista­mientos y las defor­maciones que adquirimos en el curso de nues­tra his­to­ria por no haber sido fieles a los dones de la gra­cia.

 

 

Si nos abr­imos a las mociones del Espíritu, en fi­de­li­dad al don que nos trasmitió San Vicente Pal­lot­ti, podemos a­brir­nos camino para revelar la nove­dad del Evangelio y res­ponder a las necesidades del hombre contemporá­neo.

 

El documento que les presentamos ahora es, deliberadamen­te, más memoria que profecía.

 

En un primer momento se había pensado publicar un docu­men­to definitivo que inter­pre­tase nuestro ca­risma para los t­iempos y los desafíos que hoy, en el seno de la fami­lia paloti­na. En cambio ahora, para acom­pañar y guiar nuestras celebra­ciones de 1995, el Concilio Inter­nacional publica este do­cumen­to como "ins­tru­mento de tra­bajo". Es un documento "ad intra" con la in­ten­ción de hacer algunas re­flexiones sobre n­uestras tradi­cio­nes y orí­ge­nes.

 

El objetivo de las celbraciones propuestas es ayudarnos a todos a seguir a Jesucristo en el espíritu de San Vicente Pal­lotti. Por eso queremos que el momento presente sea un tiem­po de renovación espiritual y de conversión, y una oportunidad para comprender más en profundidad el contenido espiritual y apos­tólico del carisma.

 

Se ha pensado publicar al final de las celebraciones de 1995 un documento definitivo, que será más "ad extra" y que re­saltará los aspectos proféticos del rol y de la naturaleza de nuestra fundación en la Iglesia y en el mundo actual. Queremos estar abiertos a los signos de los tiempos. Es un desafío para la Unión del Apostolado Católico pero con la concersión conti­nua del evangelizador esperamos dar plenitud a una misión efi­caz.

 

Desde un punto de vista práctico, queremos darles prio­ri­dad a las espectativas que surgirán del uso y del estudio de este documento. El proceso de renovación, en el que estuvimos in­volucrados en estos últimos años, comenzó con la propuesta del Concilio Vaticano II a todos los Institutos Religiosos para que se renovaran y volvieran a las inspiraciones originales de los fundadores. Para nosotros este proceso comenzó con las A­sam­bleas Extraordinarias de los distintos Institutos de la fa­milia palotina.

 

Al redescubrir los orígenes, se le dio importancia parti­cular al hecho de que Vicente Pallotti había subrayado el lla­mado de todos al apostolado. Que había puesto como tarea se su fundación la de despertar la conciencia a todos los fieles, y de evidenciar la necesidad de la colaboración constante y efi­caz (Cf,: OO CC I,4-5).

 

La idea clave es, por tanto, "traba­jar juntos", que no es lo mismo que "trabajar para". Las Asambleas Generales para la renovación, no llegaron a propuestas específicas sobre el modo de alcanzar y estructurar esa "solidaridad apos­tólica". Se li­mitaron a recomendar a las distintas Provincias y Regiones a buscar las oportunidades de hacer experiencias de distintas "mo­dalidades organizativas y directivas", de modo que, en su momen­to, se pudiese encontrar soluciones concretas y apropia­das.

 


Todavía estamos esperando ese momento. En los tiempos de las Asambleas para la renovación, cada Instituto deliberó en forma autónoma y no se hizo mucho en términos de colaboración y "solidaridad".

 

Hoy la situación ha cambiado totalmente. En los últimos veinticinco años se han dado muchos pasos y ha habido un desa­rrollo notable de la conciencia de las potencialidades, de la naturaleza y de la importancia de la Unión del Apostolado Cató­lico en la realidad contemporánea.

 

Hay que reconocer, sin embargo, que las expresiones perma­nentes de "colaboración" y de "solidaridad" no son tan numero­sas como quisiéramos. Por otra parte tenemos que reconocer que el éxito y la decadencia de muchas iniciativas de colaboración en el apostolado han estado vinculados al traslado de una per­sona, que ha faltado conti­nuidad y que se han mantenido muchas veces en un clima de incertidumbre.

 

Con este do­cumento queremos remover esos facto­res y darles un real­ce espe­cial a los siguientes puntos:

 

Primero. Queremos darle prioridad a la formación y a la conversión. Este documento será una oportunidad para inves­tiga­r y profundizar nuestra conciencia sobre ­el ca­risma, en un porce­so que tiene que hacer uso del Manual de Formación "Llamados por Nombre" con la moda­li­dad que se de­cida en cada lugar.

 

Segundo. Por medio de este documento deseamos promover un debate crítico. A todos les encomendamos clari­ficar nuestra "identidad auténtica" para que se convierta en la afirma­ción misionera de nuestro rol en la Iglesia y en el mundo de hoy.

 

Tercero. Vemos la necesiad de una mayor comunión entre todos los que se sienten llamados a participar de la vida y el desarrollo de nuestro carisma. Vemos que se necesitan oportuni­dades periódicas de fraternidad, de formación, de mesas redon­das para deiscernir las iniciativas apostólicas. Que se necesi­ta desarrollar todos los aspectos posibles de nue­stra igualdad como cristianos y como miembros de la Unión del Apostolado Ca­tólico.

 

En este documento se llama "­Centro de Coor­dina­c­ión" al instrumento que promueve la comunión. Tal vez podamos en­con­trar una expresión mejor, como, por ejemplo, un "Forum", un encuen­tro de reflexión según el Espíri­tu de nuestro ca­risma, "ti­empo juntos" (Cf. Hch 2,46). Tales en­cuen­tros contín­uos nos ayudarán a todos a crecer en la conciencia del carisma, lo que será útil cuando llegue el momento de reflexionar sobre los aspectos más estru­cturales de la Unión del Apostolado Católico.

 

Estamos convencidos de que exiten espectativas, a veces difusas, por realizar tales "centros". Creemos que pue­den lle­gar a ser auténticos centros de discernimiento para el desa­rrollo futuro y para la eficacia apostólica y espiritual de la Unión.

 

No hay que entenderlos como estructuras jurídicas. Se los pro­pone como ejemplo de relación entre todas las expresio­nes de la Unión del Apostolado Católico, entre todos los lla­mados a ser cristianos según la vida espiritual y ecle­sial de nuestro carisma.

 


En nuestros debates tenemos claro de que un "forum" de diá­logo y de intercambio puede ser un punto vital de creci­miento para el futuro desarrollo local, nacio­nal e inter­nacio­nal. Puede abarcar, de un modo creativo, todas las expe­riencias contemporáneas de comunión, sin interferir en el esti­lo de vida interno ni en el compromiso de cada grupo, comunidad o institu­to. A las personas interesadas, a los jefes de grupos y a los superiores de las comunidades de la Unión del Apostolado Cató­lico, les recomendamos que se reúnan y co­miencen a darle vida a esos centros. El grupo reunido llevará a los hechos toda dipo­sición adecuada a las exigencias y a los objetivos locales y al llamado que contiene este documento (Cf.: nn. 38-42). Los cen­tros podrían llevar a cabo el compromiso de organizar las cele­braciones del Año Jubilar en el plano local.

 

Estamos gustosamen­te dispuestos a acompañar el desa­rro­llo de los centros con consejos y suge­rencias sobre su compo­si­ción, y res­pon­diendo a todas las pregun­tas que nos hagan.

 

Confiamos en que el proceso que ini­ciamos nos haga crecer espiritual y apostólicamente. Animamos a todos los miem­bros y asociados de la Unión del Apostolado Católico a que se dejen involucrar en los desafíos, revigorizados por la toma de con­ciencia de la promesa que hizo Dios a San Vicen­te Pallot­ti.

 

Como Consejo Internacional de la Unión nos senti­remos fe­lices en responder a todas vuestras sugerencias y c­uestiona­mientos. Las comunicaciones se pueden dirigir al Secreta­riado UAC, Piazza San Vincenzo Pallotti 204, 00186 Roma, Ita­lia, o al Superior respectivo.

 

Pidiendo la intercesión de María, Reina de los Apóstoles, rogamos que, gracias a una colaboración eficaz, podamos respon­der con éxito a los designios y a los desafíos del amor cris­tiano, dando cada uno de nosotros, como apóstoles de Jesucris­to, nuestra contribución personal e insustituíble, sobre todo por medio de la oración (Cf.: OO CC I,3). Rogamos que el Año Jubilar 1995 sea un año de gracia para todos los miembros y asociados de la Unión del Apostolado Católico. Rogamos sin in­terrupción unos por otros.

Roma, abril 21 de 1993

 

Por el Consejo Internacional:

 

P. Seamus Freeman SAC

Rector General de la Sociedad del Apostolado Católico

 

Hna. Lilia Capretti

Superiora General de las Hermanas del Apostolado Católico

 

Hna. María Knaus

Superiora General de las Hermanas Misioneras del Apostolado Católico

 

 

 

Llamado a la unidad

 

 

 

Yo, que estoy preso por el Señor,

los exorto a comportarse de una manera digna

de la vocación que han recibido.

Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia,

sopórtense mutuamente por amor.

Traten de conservar la unidad del Espíritu

mediante el vínculo de la paz.

 

Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu

así como hay una misma esperanza

a la que ustedes han sido llamados

de acuerdo con la vocación recibida.

 

Hay un solo Señor, una sola fe y un solo bautismo.

Hay un solo Dios y Padre de todos

que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos.

 

Sin embargo,

cada uno de nosotros ha recibido su propio don

en la medida que Cristo los ha distribuido.

Él comunicó a unos el don de ser apóstoles,

a otros profetas y a otros predicadores del Evangelio,

a otros pastores o maestros.

Así organizó a los santos para la obra del ministerio

en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo

hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe

y del conocimiento del Hijo de Dios,

al estado de hombre perfecto

y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.

 

Así dejaremos de ser niños sacudidos por las olas

y arrastrados por el viento de cualquier doctrina

a merced de la mlicia de los hombres

y de su astucia para enseñar el error.

 

Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor

crezcamos plenamente, unidos a Cristo.

Él es la Cabeza

y de él todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión

gracias a los ligamentos que lo vivifican

y a la acción armoniosa de todos los miembros.

Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor.

 

Efesios 4, 1-7 y 11-16

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

"Antes de dar comienzo a las obras

debemos considerar cuáles serían, en ese caso,

los pensamientos de nuestrro Señor Jesucristo...

en una palabra, tenemos que imaginarnos

ver en todo a nuestro Señor Jesucristo ... nuestro modelo"

OO CC III, 36

 

 

Unión del Apostolado Católico

 

1.       San Vicente Pallotti (1785-1850) intuyó que para vivir la vecación cristiana y participar en la misión salvífica de la Iglesia en el mundo, es esencial la unión de todos los miembros de la Iglesia y su colaboración en la realización de un objeti­vo común.

 

Para esto fundó la Unión del Apostolado Católico a la que "le confió la tarea de despertar en todos los católicos una profun­da conciencia de su vocación al apostolado y de reavivar en ellos la cari­dad para llevarla a pleno cumplimiento".(1)

 

Constituida desde sus comienzos por s­acer­do­tes, religiosos y seglares laicos, la Unión está a­bierta a todos los miem­bros del Pueblo de Dios y reúne a los que se inspiran en los ideales del Funda­dor en todo el mundo. Institutos fun­dados por el mismo San Vi­cente Pallotti, los que surgieron pos­teriormente y un gran núme­ro de seglares laicos comprometidos individual­mente u orga­niza­dos en grupos o comunidades.

 

Para hacer resplandecer y actualizar la inspiración origi­naria de San Vicente Pallotti, la Unión del Apostolado Católico propone iniciati­vas que favo­recen el desarrollo de la mi­sión confiada a la obra palotina en la Iglesia, y que evi­den­cian los puntos centrales que hay que con­ser­var y promover.

 

Bicentenario 1995


2.       A las puertas del Bicentenario del nacimiento de San Vi­cente Pallotti que toda la familia palotina celebrará en 1995, quere­mos aprovechar la ocasión para reflexionar sobre su caris­ma, herencia de la Unión del Apostolado Católico(2).

 

Las celebraciones no deberán ser apenas un recuer­do del pasado ni la mera organización de actos y manifestacio­nes, sino una re­novación espiritual de la vida en el seguimien­to de Jesu­cristo a ejemplo de San Vicente Pallotti. Un impulso para hacer nacer nuevas iniciativas tendientes a difundir la fe y reencen­der la caridad del modo más apropiado para nuestro tie­mpo.

 

Objeto del documento

 

3.       En ese sentido, este documento se propone motivar la re­fleción sobre los puntos so­bresalientes del ca­risma. "Memo­ria y Profecía" significa con­frontar el pensa­miento de San Vi­cente Pal­lotti con la situa­ción actual y proyectar el futuro. La me­moria del carisma de nuestro Fundador alimentará la profe­cía del mensaje. La "me­mo­ria" se hará "pro­fecía" para todos.

 

Este documento de trabajo es una guía para que el camino da la familia pa­lotina hacia las celebraciones del Bicentena­rio lleven a una comprensión más profunda del carisma, y que cada uno se haga un verdadero "mensaje".

 

No es un documento definitivo. Más bien es una invitación a todos los que se inspiran en el ideal apostólico de San Vi­cente Pallotti. Una invitación a evaluar los contenidos de estas páginas y a perfeccionarlos y enriquecerlos con las res­puestas a los desa­fíos que cada uno vive, de modo que al final del Año Bicentena­rio poda­mos pu­bli­car un doc­umento definitivo.

 

A partir de este documento de trabajo "ad intra" de la Unión, esperamos llegar al final de las celebraciones de 1995, con la re­dacción final del mensaje "ad extra" para toda la Ig­lesia de Je­suc­risto. Esta esperanza se ali­menta de la certe­za de que estamos dispuestos a unir todas nues­tras energías apos­tó­licas y espiri­tuales a los de todos los fieles para asumir los desafíos de la Evan­ge­lización del 2000.

 

Destinatarios del documento

 

4.       Este mensaje, por tanto, se dirige en primer lugar a toda la familia palotina dispersa por el mundo, como interpelación a todas las personas, comunidades y grupos que, atraidos por el ide­al apos­tólico de San Vicente Pallotti, se empeñan en ha­cerlo vida al servicio de la Iglesia en el mundo de hoy.

 

También será muy importante hacerlo llegar y resonar en los ambientes ecle­siales donde viven y trabajan los miembros de la UAC.


 

I

 

 

ESTAMOS LLAMADOS A LA UNIDAD

 

 

"La razón y la experiencia demuestran

que, ordinariamente, el bien que se hace en forma aislada

es escaso, incierto y de poca duración

y que los esfuerzos más generosos de los individuos

no pueden salir bien, más que en cuanto estén unidos

y ordenados a un fin común"(OOCC IV, 122)

 

 

El mundo en busqueda de unidad

 

5.       Impulsada por la experiencia de los distintos pueblos y con toda la Iglesia peregrina en el mundo, la familia palotina siente el compromiso de ser solidaria con el hombre en la bús­queda de la verdadera unidad.

 

La humanidad entera manifiesta siempre grandes aspiracio­nes en el camino del desarrollo historia. Cada pueblo y nación ­está en la búsqueda de la unidad y de la identidad pro­pias y del territorio donde vivenciarlas. Conciente de que la verdade­ra unidad no se puede alcanzar facilmente, el espíritu humano está siempre dispuesto a enfrentar todas las dificultades de incom­prensión y muchas veces de tensiones que aparecen frente a esta búsqueda.

 

En los últimos tiempos, hubo quienes anunciaron "el fin de la historia" y la llegada de otra en la que se iba a garantizar una paz duradera. Los acontecimientos recientes muestran que la unidad perfecta no se ha alcanzado y, una vez más, que hay que buscarlda y protegerla continuamente, incluso con una fuerza que no es de este mun­do.

 

Es por eso que el desafío de marchar hacia el tiempo en que "todos sean uno" (Jn 17,21a), es, para los cristianos, cada vez mayor. El anuncio y el testimonio del Evangelio son las gran­des prio­rida­des "para que el mundo crea" (Jn 17,21d).

 


Toda la familia palotina encuentra expresiones de este di­lema en todos los países en los que servimos y, aunque nos im­pulsa el deseo de la verdadera unidad, estamos todavía muy le­jos de esa rea­lidad.

 

Pueblo de Dios unido

 

6.       El testimonio de unidad de los cristianos es necesario para encaminar los esfuerzos de los "hombres de buena vo­luntad" que luchan por superar las dificultades que les salen al en­cuentro en sus deseos de unidad de todo el género humano. Pero un Pubelo de Dios plenamente unido también es un objetivo toda­vía lejano.

 

Para asumir con esperanza de éxito este renovado empeño que exige nuestro tiempo, no sólo se necesita de la unidad de la I­glesia, sino de la de todo el Pueblo de Dios, de todos los bau­tizados, de la colaboración de todas las confesiones cris­tia­nas. El diálogo entre las distintas confesiones y religiones exige abrir nuevos caminos y superar las dificultades y tensio­nes que provienen de actitudes fundamentalistas.

 

Por otra parte tenemos viva conciencia de que la bendi­ción de la evangelización del mundo se realizó con graves defe­ctos en la manera de llevarla a cabo. Damos gracias por la en­carna­ción de la Buena Nueva en todo el mundo pero, al mismo tie­mpo, vemos la necesi­dad de recuperar todo lo que se perdió en las culturas locales a causa de una concepción de inculturación en América, África, Australia y Asia, bastante lejana de los cri­terios eva­ngélicos de respeto a los pueblos.

 

Juntos para evangelizar

 

7.       Desde esta perspectiva histórica del mundo y de la Igle­sia, se propone la Nueva Evangelización que, según la expresión programática de Juan Pablo II, es "nueva en el ardor, nueva en los métodos y nueva en la expresión"(3).

 

Llena de esperanzas y espacios inéditos para el anuncio de un modo nuevo del único Evangelio, la Nueva Evangelización in­dica que la Iglesia de los siglos XX y XXI quiere hacerse más idónea para servir al hombre de hoy según su misión de siempre. En continuidad con la primera evangelización de cada continen­te, aportará al bien común de todos los pueblos con el úncio tesoro que tenemos los cristianos: el Evangelio de Jesucri­sto(4).

 

 

Juntos en la Unión del Apostolado Católico

 

8.       En la Unión se siente cada vez más la exigencia de armoni­zar todos los esfuerzos y las experiencias de los últimos años. Por eso, el llamado a la unidad del Apóstol (Ef 4, 1-7 y 11-16) es una fuente de inspiración que nos ilumina para interpretar todos estos anhe­los del mundo de hoy, verdaderos "signos de los tiempos". Sólo podemos darles una respuesta calificada y deci­siva si conser­vamos y vi­vimos la unidad del Espíritu mediante el vín­culo de la paz, y nos com­portamos de una manera digna de la voc­a­ción a la que hemos si­do llamados.

 


Marchar con espíritu de unidad nos puede revelar las nue­vas energías que nos permitan profundizar el conocimiento del Hijo de Dios, crecer en la caridad y colaborar en la edifica­ción del Cuerpo de Cristo (Cf.: Ef 4,1.3.12s).

 

)Promovemos verdaderamente la unión y la solidaridad de todos los cristianos y de todas las fuerzas apostó­licas de la Igl­esia a fin de hacer más eficaz su misión(5)?

 

)Somos verdaderamente una sola cosa en Dios para que el mundo crea que Jesucristo fue enviado para nuestra salvación? (Cf.: Jn 17,20s). La respuesta la dará el compromiso común de los miembros de la Unión del Apostolado Católico.

 

Para animarnos traemos a la memoria el "Llamado de Mayo de 1835" de nuestro Fundador. El mundo está dispuesto a reco­ger el mensaje de unidad. Los obreros son pocos. Roguemos al Señor que mande mensajeros de unidad al mundo de hoy. La razón y la expe­riencia muestran que los cristianos responsables, uni­dos y co­ordinados a un fin común pueden alcanzar los mejores y más du­rables resultados(6).


 

 

 

II

 

VIVIMOS UNA VOCACIÓN APOSTÓLICA

 

 

"Nuestro deber es trabajar para el Evangelio

según la fuerza de Dios que nos ha redimido

y nos ha llamado con vocación santa

no por nuestras obras, sino por su gran misericordia

y por la gracia que nos ha sido dada en Jesucristo".

(Epist. Latinæ, p. 23-24)

 

 

Vocación y Comunión

 

9.       En todo camino espiritual la voación tiene un rol central y unificante. La Biblia, sobre todo el Nuevo Testamento, insis­te en la iniciativa de la persona que es origen de toda vo­ca­ción. El que llama es Dios. También indica sus característi­cas fundamentales: es una elección de Dios, un acto de amor cre­ati­vo, personal y único, una realidad dinámica y un don para la misión(7).

 

La vocación es una llamada de Dios y una relación personal con Él en el amor. La llamada proviene del Padre y se expresa por la mediación de Cristo. É les comunica a los creyentes el Espíritu Santo, que los hace capaces de corresponder plena­men­te al lla­mado divino. Así, la vocación cristiana es partici­par en la comunión de amor de la Santísima Trinidad(8) y se puede, por tanto, describir como elección de Dios, rea­lizada en Jesucristo por la fuerza del Espíritu Santo, con el fin de actuali­zar y difundir la presencia del amor tri­nita­rio en la vida de los hombres.

 

Para ubicar mejor la vocación cristiana en la vida de la Iglesia hay que encuadrarla en la eclesiología de comunión que indica el Vaticano II y se desarrolló en el período posconci­liar(9). Pero, )qué se entiende por "comunión"?  El informe final del Sínodo de Obispos de 1985 dice que "se trata funda­mental­mente de la unión a Dios por Jesucristo en el Espíritu Santo y se realiza por la Palabra de Dios y los sacramentos. El Bau­tis­mo es la puerta y el fundamento de la comunión de la I­gle­sia. La Eu­caristía es la fuente y la culminación de la vida cristia­na. "La comunión en el Cuerpo eucarístico de Cristo sig­nifica, produce y edifica la comunión íntima entre todos los fieles en en Cuer­po de Cristo que es la Iglesia"(10).

 


"La comunión eclesial se configura más precisamente como una comunión "orgánica" análoga a la de un cuerpo vivo y ope­rante. Se identifica por la diversidad y la complementaridad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, los carismas y las responsabilidades"(11).

 

De esta perspectiva de comunión eclesial emergen con fuer­za todas las características propias y comunes del pueblo de Dios: filiación divina, fraternidad cristiana, dignidad bautis­mal, sacerdocio común, seguimiento de Jesús, pertenencia a la Iglesia, responsabilidad por la misión, etc. Las distinciones en­tre sacerdote y laico y entre hermana y hermano religiosos y seglar, no indican más que distintos modos complementarios de vivir el mismo llamado.

 

Comunión y Misión

 

10.     La perspectiva de la comunión muestra claramente la rela­ción entre fe y misión. "La comunión y la misión están profun­damente unidas entre sí, se compenentran y se implican mutua­mente de modo que la comunión representa tanto la fuente como en fruto de la misión. La comunión es misionera y la misión es para la comunión"(12).

 

La vocación en su novedad cristiana es el fundamento y el título de igualdad de todos los bautizados en Cristo, de todos los miembros del Pueblo de Dios. "Es común la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneración en Cristo; común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salva­ción, unica la esperanza y e indivisa la cari­dad"(13).

 

Debido a la común dignidad bautismal, todos los fieles son responsables de la misión de la Iglesia(14). El apóstol San Pablo explicita los distintos modos de ejercitar esta corresponsabi­lidad: "Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelelio, a otros pasto­res y maestros. Así organizó a los santos para la obra del mi­nisterio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo" (Ef 4, 11s). En este pensamiento paulino encontramos plenamente el concepto de Iglesia como comunión.

 

Vocación en la Unión

 

11.     La Unión del Apostolado Católico se propone como una rea­lidad de comunón eclesial, en la que la vocación cristiana, en la diver­sidad de sus expresiones, se vive individual o comuni­ta­riamen­te. "La Unión está abierta a todos los miembros del pue­blo de Dios: clero, institutos de vida consagrada y laica­do"(15). De he­cho, apunta a la manera original y siempre válida de ser cris­tianos como realización de la propia vocación.

 

El Fundador no se cansa de repetir que nadie puede ser ex­cluido de la obra del Apostolado Católico. En sus escritos so­bre la fundación encuentramos indicaciones concretas sobre cómo se puede vivir la única vocación cristiana en distintas expre­siones: la vocación del sacerdote y la del laico; la de la her­mana y del hermano religiosos y la del seglar.

 

A esto, San Vicente Pallotti le agrega la llamada a todos al apostolado, con el deber que tienen todos los cristianos a vivir la comunidad y la unidad. De hecho, en la Unión del Apos­tolado Católico, es decir, en la unión apostólico espiritual de sacerdotes y laicos, religiosos y seglares, en su aspiración y acción comunes, se desarrolla con más fuerza la misión apostó­lica propia de cada vocación individual y de grupo(16).


 

 

III

 

ANIMADOS POR UN SOLO ESPÍRITU

 

 

 

"La caridad de nuestro Señor Jesucristo

mueva a cada uno a las obras del apostolado

para ser honrado con el nombre de apóstol,

para tener el mérito y gozar de la gloria,

por intercesión de la Reina de los Apóstoles".

(OOCC III, 143)

 

 

 

Experiencia de Dios, amor y misericordia

 

12.     Vicente Pallotti nos enseña que nuestro camino espiritual y comunitario no tienen sentido ni eficiencia sin una verdadera experiencia de Dios.

 

Toda su vida y sus escritos dan testimonio de su propia experien­cia de Dios, viva y profunda, en una íntima unión con Dios en Je­sucristo. Es continuo su empeño en participar de la vida divina, vida de comunión con la Santísima Trinidad.

 

Para Pallotti, Dios está en todo y está siempre presen­te(17). Dios, en Jesucristo y en la fuerza del Espíritu Santo, comunica toda su vida y su amor a todas las creaturas(18). La pri­mera medi­tación de "Dios, Amor infinito"(19), presenta estas ex­pe­riencia de Dios:

 

"Dios, feliz en sí mismo, movido por su amor infinito y su in­finita misericordia, lleva a cabo la obra de la Creación para comu­nicarse totalmente a sus creaturas"(20).

 

Esa imagen de Dios comunicándose a sí mismo en el amor, la en­contramos frecuentemente en los escritos palotianos como co­muni­ca­ción de la vida de Jesús(21) y de sus méritos, de la Ma­dre de Dios, de todos los Santos y de toda la Iglesia(22). En el si­guien­te texto vemos cuán compenetrado y convencido estaba Vi­cente Pallotti de esta comunicación de Dios:

 

"Dios mío, misericordia mía infinita,...infinitamente co­munica­ble en todo momento,... tú, Bondad infinita, amas comunicarte infinitamente. Y donde hay mayor miseria, ahí encuentras mayor capacidad para comunicarte"(23).

 


13.     Esta experiencia de Dios como amor y misericordia es el don del Espíritu Santo que Vicente Pallotti descubre en la fe. Don que le fue concedido para hacerlo participar de la ple­nitud de la vida divina. Don recibido para poder experimen­tar en la vida propia la comunión con Dios, y para poder vivir­la en la comunión con los hermanos.

 

Dado que este don, por su naturaleza, es amor comunicable, y el Santo lo ha recibido como miembro del Cuerpo Místico que es la Iglesia, se constituye en una realidad eclesial para des­per­tar y renovar la comunión con Dios en Jesucristo, en la co­mu­nión eclesial.

 

Seguimiento de Jesucristo, Apóstol del Padre

 

14.     Para realizar la vida cristiana en la comunión de Dios, el centro debe ser Jesucristo, "modelo divino para todo el género huma­no"(24). Como "Apóstol del eterno Padre(25), cum­ple el man­da­to, sobre todo, en la obra de amor y misericor­dia. Él les re­vela a todos los hombres el amor y la misericordia del Padre. Esta es la característica esencial de la personali­dad de Jesu­cristo: *... yo conozco al Padre y doy mi vida por la ovejas.+ (Jn 10, ­15)"(26)­. Él cumple su obra en la comunión de amor y mise­ri­cordia del Padre y en la comunión con todos los hombres que viene a sal­var, haciéndose en todo igual a ellos y dando la vi­da por e­llos.

 

En su "Llamado de Mayo" de 1835(27), Pallotti describe, con palabras impresionantes, los sentimientos de Jesús como Apóstol del Padre. Esa nota característica de Cristo es la fue­nte y el motivo principal para propiciar una nueva forma de vida en la Iglesia.

 

15.     "Siguiendo (a Jesús) -dice el Papa- los miembros de la Unión del Apostolado Católico, especialmente los laicos, deben llevar su mensaje al mundo. Ser mandados al mundo, ser após­to­les para el mundo, se arraiga en la invencible esperanza de que Cristo venció al mundo (Cf. Jn 16,33).

 

Por eso, el cristiano vive en el mundo en dos dimensiones. Se dirige al Señor unido a toda la Iglesia orante, y en ella y con ella recibe la fuerza para ir a la humanidad. Del mismo mo­do, San Vicente Pallotti deseaba que sus hijos apoyasen su vida apostólica en una profunda comunión con Dios para poder dar un  testimonio cristiano más auténtico al mundo.

 

Él estaba absolutamente convencido de que la eficacia de este testimonio depende de la medida en que la vida de Jesu­cristo, Apóstol del eterno Padre, se fefleje en los miembros de la Unión del Apostolado Católico"(28).

 

16.     El seguimiento de Jesucristo, Apóstol del eterno Padre, implica una vida cristiana según el modelo de Cristo-Enviado por el Padre y le confiere a la espiritualidad palotina una marcada característica apostólica y una fuerte dinámica. Esta forma de vida es el don del Espíritu Santo que le fue otorgado a la Unión por medio del Fundador, para realizar su vocación a­postólica y para contruir la Iglesia.

 

Para realizar esta espiritualidad de Cristo-Enviado se pueden indicar cinco puntos que caracterizan a Jesús como Após­tol del Padre:

 

Jesús tiene conciencia de la misión, y la actitud del que es enviado.

 


El mandato proviene de alguien no lejano, sino siempre pre­sente y en contínua comunicación.

 

No es sólo una escucha sino también una contemplación, un mirar al que envía.

 

No es sólo escucha y contemplación sino también acción. Acción que depende del que envía.

 

Es también imitación. Hacer lo que se le hace ver en el que lo envía(29).

 

 

 

 

Ejemplaridad de María, Reina de los Apóstoles

 

17.     Estrechamente unida a Jesucristo, María es testigo y mode­lo de apóstol para todos los cristianos. Su testimonio proviene de su comunión con Dios y con todos los hombres. Como su Hijo, es instrumento de manifestación y de realización de la miseri­cordia de Dios para con el hombre. Por eso se la reconoce como Reina de los Apóstoles.

 

Su comunión con Dios la manifiesta en la obediencia y en la aceptación total para cumplir su voluntad. Jesús es el mismo apostolado. María es quien, por obediencia al Padre, trae a Cris­to al mundo.

 

Al pie de la cruz de Jesús la contemplamos en su comunión con Dios y en el testimonio de su fe. Aún viendo morir la única esperanza del cumplimiento de la promesa de Dios, no perdió la confianza en que la Palabra de Dios se cumpliría. "A tal punto se entregó a las obras de la mayor gloria de Dios y de la sal­vación de las almas"(30). Participó en el sacrificio de la re­den­ción de su Hijo, dispuesta a ofrecerse también ella a la muerte con Él(31).

 

Después de la resurrección María da testimonio cuando "por encima de los Apóstoles, sin potestad ni jurisdicción eclesiás­tica, contribuyó, en su condición, a propagar la Santa Fe y a di­latar el Reino de Jesucristo"(32).

 

En el Cenáculo, unida a los Apóstoles en la oración, espe­ra la venida del Espíritu Santo(33). La presencia y el rol de Ma­ría en la difusión del Evangelio muestran su condición de Reina de los Apóstoles.

 

18.     María -según Pallotti- es la mujer llamada a amar, y su vida se realiza plenamente en el amor. Vive el amor de Dios ofreciendo el Salvador del hombre al mundo y colaborando con Él en la obra de la salvación. Está unida intimamente a su Hijo en el amor de Dios y, con la fuerza del Espíritu Santo, conduce a to­dos los hombres a su Hijo.

 

San Vicente Pallotti da testimonio vivo de esto cuando, al des­cribir su desponsorio místico con María, dice que Ella le hace conocer su divino Hijo y se ocupa de que todo sea total­mente transformado en el Espíritu Santo(34).

 


Es así que el aspecto mariano en la comunión de los cre­yentes con Dios aparece claramente en el pensamiento palotiano. Es un llamado a la comunión eclesial, y constituye la nota ca­racterística de todo apostolado que se propone la comunión con Dios y con los demás(35).

 

Amor como fuerza que mueve

 

19.     La espiritualidad palotina alcanza el punto culminante en el amor. Amor trinitario, amor de Cristo enviado para la salva­ción del hombre y amor materno de María, Madre de la Iglesia.

 

"Dios es caridad por esencia"(36) y creó al hombre a su ima­gen y semejanza y es por ello que el hombre encuentra el senti­do de la vida sólo si permanece en el amor (Cf. 1 Jn 4,1­6), en el ejercicio constante del amor a Dios y al prójimo.

 

Del mismo modo se manifestó el amor salvador de Jesús. To­do lo que Jesús realizó en su vida terrenal proviene del amor al Padre y del amor redentor a los hombres. Vino a encender la chispa del amor de Dios en los hombres porque el amor de Dios es la fuente de toda vida apostólica(37).

 

La fuerza del apostolado universal es la Caridad de Cristo (Cf. 2Co 5,14) que quiere salvar a todos los hombres, y lle­var a los bautizados a hacerse responsables de muchos o, más bien, de todos.

 

Todos estamos llamados a "alcanzar cada día nuevos grados de caridad con las características que la hecen perfecta, como la describe el Apóstol San Pablo (en 1Co 13, 4-7)"(38). La ca­ri­dad perfecta es emulatriz, no busca su propio interés, supera las ambiciones, promueve el espíritu de servicio y hace desapa­recer toda división entre los hombres.

 

La caridad perfecta es capaz de construir una verdadera co­munidad apostólica, porque puede superar todas las barreras que impiden la comunión de las personas y su dedicación al a­posto­lado(39).

 

De este amor que "ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo" (Rm 5,5) tenemos que dar testimonio por­que es el don más preciado que Jesús trasmitió al Pueblo de Dios y a toda la humanidad. También este amor anima el compro­miso de misión en el mundo. "Al misionero lo impulsa el celo por las almas y lo inspira la caridad de Cristo, hecha de aten­ción, cariño, compasión, acogida, disponibilidad e interés por los problemas de la gente"(40).

 

Espiritualidad Apostólica

 

 

20.     La experiencia que San Vicente Pallotti nos dejó como he­rencia espiritual, del Dios amor y mi­se­ricordia, de la imagen de Cristo como Apóstol del eterno Pa­dre y del ejemplo de María como Rei­na de los Apóstoles, conti­tuye un fundamento teo­lógi­co para una espiritualidad apostólica, y para la realización de la vocación apostólica de todos los tiempos.

 


El Concilio Vaticano II y el desarrollo posconciliar con­firman este pensamiento de Pallotti. El Concilio fundamenta el apostolado de todos los fieles sobre el bautismo, por el que participan en la misión real, sacerdotal y profética de Cristo, sobre el mandato misionero que Jesucristo ha recibido del Padre y que transmitió a los discípulos para obrar en el Espíri­tu(41).

 

El pensamiento palotiano sobre la caridad como fuerza que mueve al apostolado, aparece en el Decreto sobre el A­pos­tolado de los Laicos. "El precepto de la caridad, que es el mandamien­to máximo del Señor, urge a todos los cristianos a procurar la gloria de Dios por el advenimiento de su reino y la vida eterna para todos los hombres, a fin de que conozcan al único Dios verda­dero y a su enviado Jesucristo (Cf. Jn 17,3)"(42). To­dos los cris­tianos alcanzan el sentido de su existencia apostó­lico mi­sione­ra en la estrecha y vital comunión con Cristo, enviado del Pa­dre, de la que proviene la fecundidad del apostola­do.


 

 

 

IV

 

REALIZAMOS UNA MISIÓN APOSTÓLICA COMÚN

 

 

 

"(Ah, no es posible que se pierda

el que ha colaborado

a salvar a los otros!"

(OOCC IV, 133)

 

 

Misión Apostólica Común

 

21.     San Vicente Pallotti fue impulsado a traducir en obras concretas la experiencia de Dios, amor infinito y misericordia infinita. En el apostolado de Jesucristo, Apóstol del eterno Padre, y en la vida de María, Reina de los Apóstoles, encuentra la imagen espiritual que el cristiano debe seguir.

 

Las obras que todo cristiano debe emprender se orientan a la realización de la comunión con el Padre, el Hijo y el Espí­ritu Santo. Las actividades apostólicas de Pallotti, sus empe­ños y toda su obra, tuvieron ese fin. Dios, amor infinito debe ser conocido y amado cada vez más. Por eso, tanto sus tare­as apostólicas como las previstas para su obra, se orientan prin­cipalmente a reavivar la fe en el Dios Uno y Trino, y reen­cen­der el amor de Dios en todos los hombres y en todo el mundo.

 

Para realizar tal misión, todos los cristianos deben unir­se en el apostolado universal que consiste en hacer "todo lo que cada uno puede y debe hacer para la mayor gloria de Dios para su propia salvación y la de los demás"(43). Por medio de tal apostolado, San Vicente Pallotti quiere despertar y reavi­var la comunión de cada cristiano con Dios y expresarla en la misión apostólica común.

 

El fin espiritual y apostolico

 

22.     En este contexto, debemos decir que no se puede entender la Unión del Apostola­do Católico como un conjunto socioes­pi­ri­tual de personas. El Santo fundó un modo de vida eclesial con el fin de encontrarse con Dios, Amor y Misericordia. Por tanto la Unión se considera lugar y ayuda para vivir y realizar la comunión con Dios y con los otros. "El fin de esta asociación es exclusivamente la santificación de los que la componen y la propagación de la Fe Católica en todo el mundo"(44). La Unión es, por naturaleza, una obra espiritual y misionera.

 


Unión de todos en el compromiso

 

23.     Este fin impulsa a San Vicente Pallotti a la acción apos­tó­lica universal realizada en la Iglesia, en el seguimiento de C­risto Após­tol y en forma comunitaria. Sobre el carácter co­mu­nitario del compromiso apostólico, Pallotti escri­be en la peti­ción al Cardenal Vicario:

 

"...varios sacerdotes romanos y piadosos laicos seculares ... se han propuesto unirse en un vínculo de generosa ca­ridad c­ris­tiana para procurar medios espirituales y tempo­rales para pro­mover la propagación de la Santa Fe, desean­do juntos ver el momento deseado por todos los buenos y predicho por Jesús, el momento en que habrá un solo Rebaño y un solo Pastor"(45).

 

Este texto de Pallotti es significativo para la fundación palotina, por el hecho de que sacerdotes y laicos seculares  hayan dirigido juntos una solicitud a las autoridades eclesiás­ticas. En esto se expresa de manera especial la originalidad de la fundación de Pallotti, dado que sacerdotes y laicos, herma­nas y herma­nos religiosos y seculares se reunen como colabora­dores de una única asociaciónión para trabajar juntos en el cumplimien­to de la misión apostólica de la Iglesia en el Mundo.

 

Así, el espíritu de San Vicente Pallotti plasmado en la promoción de la unión de los cristianos, en el compromiso común o en su participación en las uniones ya existentes, partici­pa en el misterio de la Iglesia como comunión con Dios y con los hermanos.


 

 

 

 

 

V

 

FORMAMOS UN VERDADERO CUERPO

 

 

 

"La caridad ejercida como la describe el Apóstol

forma el constitutivo substancial de la pía Unión.

Si no la tuviera,

tampoco tendría el Apostolado Católico"

(OOCC III, 137-138)

 

Amor como fundamento

 

 

24.     Cuando Vicente Pallotti dice que el llamado a todos los cristianos al apostolado proviene del mandamiento del amor, cuando dice que el amor es el motivo principal y el fin de toda actividad apostólica, cuando invita a imitar el amor de Jesu­cristo en el cumplimiento del amor a Dios y al prójimo y cuando dice que el amor es "el constitutivo substancial de la pía Uni­ón"(46), anuncia y promueve el amor que se vive en la comunión di­vina, en solidaridad con todo el hombre y con todos los hom­b­res.

 

El amor que el Espíritu Santo transmite a toda la Iglesia es el motivo y el fundamento de la unión de los hombres con Dios y entre ellos. El amor de Cristo es el elemento esencial de la comunión eclesial y, "si no lo tuviera, tampoco tendría el Apostolado Católico"(47).

 

El amor será, entonces, el fundamento del cuerpo "del A­postolado Católico". "La Sociedad (= Unión) se funda e institu­ye en la Caridad para promover en todos los fieles ... el más perfecto y activo ejercicio de las obras de la caridad y de la misericordia para la mayor gloria de Dios, ... así todos tienen que estar siempre animados por el verdadero espíritu de la más perfecta caridad"(48). En este texto resuenan las palabras de San Pablo: "viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos ple­namen­te, unidos a Cristo. Él es la cabeza, y de él todo el cu­erpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivi­fican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor." (Ef 4, 15s).

 

Unión como cuerpo visible

 

25.     A partir de este concepto de Apostolado Católico, podemos ve­rificar la forma visible de la obra. Por naturale­za se cons­ti­tuye como "Pía Unión"(49), "Pía Socie­dad"(50), "Pía Aso­cia­ción"(51), "Pía Institución Apostóli­ca"(52), "Pía Sociedad Se­cu­lar de Fie­les"(53), "Clarín Evangéli­co"(54) y "Verdadero Cu­erpo Mo­ral"(55).

 


Estas denominaciones que Pallotti da a la Unión, la pre­sentan como un organismo de cará­cter apostó­lico con el fin de mover y unir todas las fuerzas apostólicas existentes en la Iglesia de Jesucristo. Organismo abierto a todos los fieles y que da la posibilidad de desarro­llar el apostolado en forma organizada en la Iglesia.

 

Unidad fundamental en la Unión

 

26.     La unidad de todos los miembros garanti­za el desarrollo del apostolado y la fecundidad de las obras apostólicas sobre la base de la igual­dad de todos los que se comprometen en el apostolado(56). Todos los miembros de la Unión tienen el dere­cho de realizar la acti­vidad apostólica con el mismo reconoci­miento de su apostolado:

 

"así (la Unión) les confiere a todos los individuos de toda Cla­se el perpetuo derecho al interés religioso a co­laborar ... en todos los fines santos y en todas las obras de ca­ridad y de celo de la pía Sociedad (= Unión) como si a cada individuo (!) se le confiara la realización e la eje­cución de las obras san­tas de la pía Sociedad que siem­pre espera, de los individuos de todas las Clases, el uso cons­tante, activo y eficaz de tal dere­cho conferido perpe­tua­mente a todos"(57).

 

Diversidad en la Unión

 

27.     En la fisonomía descripta por Pallotti, la Unión está a­bierta a todos los miembros de la Iglesia. Clérigos y laicos, religiosos y seculares. Individualmente o unidos en comunida­des. Esta apertura permite realizar la Iglesia-comunión en la que "los estados de vida están tan unidos entre sí que se orde­nan unos a otros. El sentido profundo es el mismo y el único para todos. Es una manera de vivir la igual dignidad cristiana y la vocación universal a la santidad en la perfección del amor. Las modalidades son distintas y complementarias de modo que cada una tiene su fisonomía original que no se puede con­fundir, pero que se relaciona con todas las otras y se pone a su servicio"(58).

 

Esta realidad se vive en la comunión eclesial, como lo confirman las experiencias de convivencia y coparticipación, no sólo de trabajo sino también, a veces, de oración y de mesa, en­tre sacerdotes, religiosos y laicos seculares.

 

La Unión del Apostolado Católico está en condiciones de abarcar distintas vocaciones, ministerios y carismas, y unirlos en la participación de la misión salvífica de la Iglesia. Así aparece la Unión en su visión fundamental como realidad ecle­sial, en la que el misterio de Cristo, Apóstol del eterno Pa­dre, se comunica y se experimenta en la vida y en la actividad de todos.

 

Al servicio de la Iglesia

 

28.     La amplitud universal, la fuerte motivación misionera y la elección de los medios apostólicos más eficientes habilitan a la Unión del Apostolado Católico a la participación en la mi­sión salvífica de la Iglesia para con todos los hombres. Ade­más, Pallotti agrega que la Unión, "como cuerpo auxiliar de la Iglesia"(59), quiere servirla y dedicarle todas sus fuerzas apos­tólicas, inteción que hoy se puede interpretar en el senti­do de la unidad con toda la realidad eclesial y de la auténtica cola­boración en el apostolado de la Iglesia.

 


29.     En el espíritu de universalidad y apertura, San Vicente Pallotti expresa también su pensamiento respecto a la perte­nen­cia de los miembros a la Unión del Apostolado Católico que se inicia mediante una consagración a Dios. En los escritos de Pallotti la consagración significa una ofrenda de sí mismo a Dios.

 

La naturaleza y el espíritu de esta consagración, como explica Pallotti(60), se expresan como reconocimiento de la obli­gación de todos los fieles -eclesiásticos y laicos- de vi­vir siempre en Dios y de comprometer sus fuerzas en la propia san­tificación y en el deber apostólico. Esta obligación deriva de la perfecta observancia del mandamiento de la caridad que im­pulsa a consagrarse totalmente a Dios y al prójimo dando te­sti­monio vivo de la fe y la caridad a la que todos están llama­dos.

A este testimonio, Pallotti lo llama un "reclamo público" que impulsa al miembro de las comunidades de la Unión a mante­ner siemre vivas las obligaciones inherentes a su condición de bautizado y al mandamiento de la vida perfecta en Jesucri­sto(61).

 

Animación de la Unión

 

30.     La idea de tener un grupo integrante o núcleo de animación y coordinación de toda la fundación estuvo presente desde el principio en el pen­samiento de Pallotti. La ex­presión aparece por primera vez en los Estatutos de la Socie­dad(62). Siguiendo su pensamiento se puede decir que este núcleo se com­pone de los miembros (eclesiásticos y laica­les) que se dedican a la reali­zación de los fines de la Socie­dad (= Unión)(63).

 

Su finalidad principal es promover, soste­ner y acompañar las obras apostólicas de la Sociedad(64). No pre­tende ser un orga­nismo directivo(65), sino más bien un grupo de colaboración recí­proca para promover toda la vida y las activi­dades apostó­licas "como el alma que debe mantener vivo a todo el cuer­po"(66), es de­cir la Sociedad (= Unión).

 

31.     Actualmente, los institutos fundados por San Vicente Pal­lotti, los surgidos posteriormente en distintas épocas, los grupos organizados y los particulares pertenecientes a la Unión(67) están llamados a formar, por medio de sus prepresen­tan­tes, el grupo de animación, coordinación y conducción de toda la Unión del Apostolado Católico.

 

Estos grupos, en el nivel general, el Consejo Internacio­nal de la Unión(68), y en los nive­les locales, los Centros de Co­ordina­ción(69) continentales, nacio­na­les o parro­quiales, están en vías de formación para ser ex­presión de uni­dad de to­dos los miembros de la Unión . Se ocupan de pro­mover la cola­boración entre todos para que la Unión en su conjunto sea efi­ciente el cumplimiento sus deberes apostólicos.  El Con­sejo Internacio­nal no pretende ser un orga­nismo directivo sino más bien un grupo de inspira­ción y de guía profética.


 

 

 

 

 

VI

 

CAMINAMOS Y SERVIMOS JUNTOS

 

 

 

"Todas las partes deben estar conectadas de tal manera

que cada una vigile a las otras y las tenga en movimiento

para que ninguna caiga en la arbitrariedad,

en la disminución del celo apostólico

ni el la cesación de las obras"

(OOCC III, 156-157)

 

Coraje de caminar juntos

 

32.     El giro eclesiológico del Concilio Vaticano II consistió en pasar de una Iglesia jerarquizada, donde los sacerdotes se consideraban los únicos protagonistas del apostolado, a una Iglesia comu­nión, nuevo pueblo de Dios, donde cada bautizado es un sujeto activo y co­rresponsable en la evangelización.

 

La misma Iglesia-comunión nos muestra el camino para pasar a esa mentalidad. Hay que hacer juntos la experiencia de comu­nión eclesial en el contexto de nuestra vida y de nuestros tra­bajos. Actuando y marchando juntos, realizamos al Iglesia com­prometi­da en la Nueva Evangelización.

 

33.     Si para participar en el compromiso evangelizador de la Iglesia con nuestro patrimonio espiritual palotino, quisiéramos actuar solos, como simples comunidades de la Unión, nos arries­garíamos a vivir una realidad palotina y eclesial imperfecta.

 

Quiere decir que la Unión no podrá considerarse realmente constituída, no vivirá plenamente ni será lugar de concientiza­ción de los fieles a su vocación, si no estamos unidos en Cris­to a toda la Iglesia ni colaboramos en el cumplimiento de su misión apostólica.

 

Estamos y trabajamos en una Iglesia que es comunidad de nacionalidades, de lenguas y de culturas. Como miembros, grupos y comunidades de la Unión debemos estar abiertos unos a otros y a los demás grupos apostólicos, movimientos eclesiales y aso­ciaciones de Iglesia.

 

El intercambiar experiencias de vida espiritual y de orga­ni­zación con otros grupos es un enriquecimiento y un estímulo. Colaborar en proyectos apostólicos nos mueve a iniciativas nue­vas.

 

Autonomía de las comunidades y de los grupos

 


34.     Al caminar y servir juntos hay que respetar la autonomía de cada comunidad y cada grupo de la Unión del Apostolado Cató­li­co, con sus propios regímenes y reglas de vida. Por otro lado en el ámbito de la Unión, y en la línea del Preámbulo, hay que coordinar las activi­dades, las iniciativas y los compromisos, como deber principal a favor de la Unión.

 

El Preámbulo dice que "la coordinación de las iniciativas para promover el espíritu común, y la colaboración en las tare­as apostólicas, la realizan los supe­riores competentes de mutuo acuerdo, en el pleno respeto de la autonomía de cada una de las par­tes"(70).

 

Para pormover eficazmente la coordinación y abarcar todas las expresiones de la Unión se están consitutyendo los Centros de Coordinación, y ya está actuando, aunque todavía no plena­mente representativo, el Consejo Internacional de la Unión del Apostolado Católico.

 

La conducción de cada instituto o grupo queda a cargo de su respectivo Consejo o responsables. En el caso de grupos no organizados formalmente, se hace cargo el pastor del lugar.

 

Objetivos propuestos para un camino común

 

35.     En los últimos años se promovieron iniciativas para refor­zar y actualizar en un solo espíritu, los compromisos de los miembros de al Unión(71). Sobre todo, las celebraciones de Año Ju­bilar Palotino de 1985 en todo el mundo, y las dos peregrina­ciones internacionales a Roma, han sucitado gran interés y vida en toda la Unión del Apostolado Católico. Se ve claro que de pequeñas iniciativas, fruto de la comunión de todas las expre­siones de la Unión, puede surgir mucha vida. Hemos comprobado que al "caminar y servir juntos" se nos aclaran las dudas y se nos manifiestan verdades ocultas.

 

Al acercarse el Bicentenario del 95 y el Año Jubilar Cri­s­tiano del 2000, queremos reavivar el espíritu de comunión en las distintas expresiones del carisma palotino y retomar los pasos hacia el desarrollo del la Unión del Apostolado Católico. Comunión de personas y de comunidades que, según el carisma de San Vicente Pallotti, promueven la corresponsabilidad de todos los bautizados para reavivar la fe y reencender la caridad en la Iglesia y en el mundo y llevar a todos a la unidad en Cris­to.

 

Formación

 

36.     La formación de los miembros de la Unión del Apostolado Católico es una tarea esencial para el futuro. En este campo se deben empeñar activamente todas las comunidades, grupos y per­sonas de la Unión. La invitación es para todos los que patici­pan de distintas maneras en la vida de la Unión del Apostolado Católico. Nos referimos a personas de cualquier edad, estado y condición, involucradas en el proceso siempre actual y proféti­camente abierto a los signos de los tiempos, que asumen el ca­risma de San Vicente Pallotti. Carisma que, como don del Es­pír­itu Santo anima la familia palotina y constituye su perenne heredad.

 

La formación cristiana que lleva a "la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado del hombre perfec­to y a la madurez que corres­ponde a la plenitud de Cristo. Así deja­remos de ser niños a­rrastrados por el viento de cualquier doc­trina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error" (Ef 4, 13s).

 


Se trata de una formación cristiana apostólcia que abarca toda la persona y se refleja en la vida de un verdadero apóstol de hoy. La formación inicial y la permanente se orientan a la santidad y a la capacitación para la misión y para realizar la comunión.

 

La exhortación apostólica "Christifideles laici" subraya la importancia de promover, en la formación, la cultura local y vivir una fe plenamente asumida. Una formación que se torne cultura iluminada por el Evangelio, con una presen­cia incisiva en la sociedad y en la vida pública, parti­cular­mente en la pro­moción de la justicia y del diálogo entre la gente y entre las naciones(72).

 

El mejor ámbito para la formación es una comunidad de sa­cerdotes y laicos, religiosos y secula­res. Es la expresión vi­si­ble de la experiencia particular de vida eclesial, y se fun­da en la comunión con un fuerte impulso del Espíritu Santo para rea­vivar la fe, reencen­der la caridad y difundir el Evangelio de Jesús en el mundo.

 

Es muy importante que participen todos los miembros de la Unión y que colaboren en el proceso de formación de una comuni­dad en la que todos sientan la necesidad de "formarse juntos".

 

37.     Para las exigencias de formación en la Unión se recomienda usar el Manual "Llamados por nombre"(73), y que sea prioritaria para los Centros de Coordinación que se están desa­rrollando en los dis­tintos países.

 

Centros de Coordinación de la Unión

 

38.     Estos centros(74) son expresión concreta de comunión en el espíritu de San Vicente Pallotti. Expresan la vitalidad del carisma y favorecen su desarrollo y difusión. Nacen de la nece­sidad de tomar conciencia de que el camisma se apoya en la co­laboración radical y concreta de los distintos componentes de la familia palotina, y se realiza en contextos definidos como parroquias, comunidad eclesiales, grupos de trabajo, etc.

 

Hay que promover estos centros en los niveles regionales, nacionales y continentales. En cada nivel hay que buscar la modalidad de realizar encuentros frecuentes y promover la for­ma­ción, la unidad y la eficiencia apostólica de toda la Unión.

 

Constitución de los Centros de Coordinación

 

39.     Los Centros se componen de re­presentantes de los Institu­tos, Comunidades, Grupos o perso­nas individuales de toda condi­ción que viven el carisma de San Vicente Pallotti.

 

Se constituyen por iniciativa de las comuni­dades, grupos o personas de la Unión, pero siempre en coordina­ción con el Cen­tro de Coordinación nacional y por medio de él con el Consejo Internacional de la Unión.

 

Fines de los Centros de Coordinación

 

 


40.     Los Centros actualizan la vida y la misión originaria de la Unión. Son centros de comunión que promueven, en un único espíritu, el compromiso apostólico en un único cuerpo moral y con la eficiencia de los miembros.

 

Para esto usan todos los medios adecuados y oportunos para reavivar la fe y reencender la caridad en todos los bauti­zados, y concientizarlos de su vocación apostólica.

 

Representan un Cuerpo Central que desarrolla y favorece el llamado a todos a la santidad y al apostolado, y animan la for­mación de nuevos operarios apostólicos.

 

Deberes de los Centros de Coordinación

 

41.     Los Centros locales tienen como prioridad la forma­ción en un período de por lo menos seis meses, incluso con el uso del Manual de For­ma­ción "Llama­dos por Nombre"(75). Al final se hará la reno­vación de las promesas de bautismo y un "compro­miso apo­s­tóli­co" pronunciado solemnemente y realizado en la vi­da.

 

El objetivo principal de la formación es despertar en to­dos la conciencia de su vocación cristiana que, por naturaleza, es también vocación al apostolado(76), y preparar verdaderos apó­s­­toles para la misión en la Iglesia local.

 

Además, los Centros se comprometen a favorecer la comunión y la comunicación entre todas las expresiones de la Unión en la propia área na­cional o continental y con otros Centros.

 

Relación con el Consejo Internacional

 

42.     Los Centros se mantienen en contacto con el Consejo In­ter­nacional de la Unión, en Roma, por medio del in­tercambio de informaciones y experiencias y enviando al Consejo Internacio­nal sugerencias y pro­puestas.

 

El Consejo Internacional

 

43.     El Consejo Internacional de la Unión del Apostolado Cató­lico(77) es un organismo vital de inspiración, discernimiento y visión profética.

 

Se reune por lo menos una vez por año. Sus miembros son personas comprometidas en vivir la colaboración entre las dis­tintas vocaciones y experiencias eclesiales.

 

En virtud del mis­mo llamado al carisma, y sobre la base de la comunión, en el Consejo Internacional todos tienen los mis­mos derechos y la misma responsabilidad por salvaguardar y pro­mover el carisma, pero no tienen competencia en temas de las estructuras internas de los institutos, comunidades y gru­pos constituídos.

 

Finalidad

 

44.     El rol del Consejo Internacional es garantizar y promo­ver la unidad y la eficiencia apostólica de toda la Unión(78) e indi­vidualizar y desarrollar los impulsos espirituales y teoló­gicos del carisma.


Estos impulsos, nacidos de las formas concretas de actuar de la Unión en sus distintas expresiones, se asumen y se ponen a disposición de todos para que, adaptados a las realidades lo­ca­les, enriquezcan las demás comunidade que los puedan uti­li­zar.

 

Composición

 

45.     En el actual desarrollo se torna necesario buscar una com­posición más definida del Consejo Internacional de manera que cuente con representantes de todo el mundo, laicos y sacerdo­tes, religiosos y seculares, y que tal composición la determine la exigencia de la operatividad de las expresiones locales.

 

La Unión en la Iglesia local

 

46.     La comunidad local de los fieles es la expresión viva del Pueblo de Dios en las cirncunstancias concretas de la vida. "La comunión eclesial, a pesar de su dimensión universal, se expre­sa inmediata y visiblemente en la parroquia. Esa es la última localización de la Iglesia. Es la Iglesia misma que vive en me­dio de las casas de sus hijos"(79).

 

La parroquia se propone como lugar privilegiado para rea­lizar la misión de la Iglesia, mediante la participa­ción y la comunión en los deberes apostólicos y pastorales. Particu­lar­mente, en una parroquia se puede realizar, en forma evidente y concreta, la colaboración entre todos los componentes del a­pos­tolado, según el carisma de San Vicente Pallotti.

 

La colaboración en la caridad la dicta el mismo carisma. Es auspicioso que en las decisiones futuras de la pequeña Igle­sia local, se favorezca la presencia de distintos institutos de sa­cerdotes y hermanos y de herma­nas religiosas.

 

Por otro lado, la parroquia es el mejor lugar de encuentro de los fieles religiosos y seculares. La comunión que necesita la comunidad parroquial se impulsa con la realización del ca­risma palotino que, a su vez, gana en vitalidad y claridad.

 

Desde el grupo central que se reconoce precisamente palo­tino, se promueve la colaboración con las demás comunidades de la pa­rro­quia, religiosas o seculares, se asumen todos los ca­rismas, se los respeta y reanima, y se tienede a la unidad en la di­ver­sidad.

 

A partir de ahí también se abre el diálogo con otras rea­lidades, no específicamente cristianas, incluso arreli­giosas, caso activas en el territorio parroquial. Se trata de cre­ar la armonía entre todos los hombres de buena vo­luntad que buscan el bien y el progreso, por lo menos en el plano humani­tario.

 

Aunque en varios aspectos esta descripción pueda parecer lejana de la realidad actual, es el ideal al que estamos llama­dos. Su realización constituye una profecía para la Iglesia que tiende al ecumenismo y a la búsqueda de autenticidad y armonía de los variados carismas religiosos y seculares, y de los mi­nisterios laicales y sacerdotales.

 

Por lo demás, a partir del descubrimiento de los propios roles, no ya en teo­ría sino arraigados esencialmente en la co­tidia­nidad, las voca­ciones que ya existen reciben nueva savia y las nuevas en­cuentran el espacio y el estímulo que necesitan para nacer.


Servicio apostólico en el mundo

 

47.     Los miembros de la Unión reconocen en las situaciones de vida en el mundo los lugares del llamado de Dios a la santidad y a la misión. Se trata del lugar dinámico de la vida cotidia­na. Son los ámbitos del trabajo, de las relaciones profesiona­les, de las actividades sociales, etc., que en Jesu­cristo co­bran la pleni­tud de su significado.

 

La variedad de compromisos apostólicos que señala San Vi­cente Pal­lotti, muestran la exigencia de apertura a los signos de los tiempos y el compromiso a la dimensión secular.

 

El apostolado implica "las obras caritativas y so­ciales que alivian a los necesitados de toda clase y ayu­dan a todos a vivir con dignidad humana en la justicia y en la paz"(80). Tam­bién la promoción social y cultural adquiere su di­mensión más pro­funda como colaboración en el designio de Dios de recapitu­lar todas las cosas en Cristo.


 

 

 

 

VII

 

RESPONDEMOS A LOS DESAFÍOS DEL 2000

 

 

"La santa hilaridad y la alegría espiritual,

uno de los preciados frutos de los dones del Espíritu Santo,

es una de la características de los siervos del Señor...

Recuerden que si les falta esa característica

llevarán a Dios muy pocas almas, ya que de su trato

pocos se enamorarán del seguimiento de Jesucristo"

(OOCC II, 162 y 164)

 

Desafiar el carima palotino

 

48.     Si bien es cierto que, al organizar el Bicentenario de 1995 el abanico de ini­ciativas es muy variado, hay que dar pri­oridad a las que permitan avanzar en la actualiza­ción del ca­ris­ma paloti­no. Las miradas se vuelven a la Unión, para cuya rea­liza­ción se presentan hoy nuevas posibilidades.

 

Celebraciones de 1995

 

49.     Las celebraciones del Bicentenario desde la Epifanía del Señor del 95 hasta la fiesta de San Vicente Pallotti en el 96, son una etapa decisiva en el camino de renovación espiritual. Para celebrar la unidad encontrada y por encontrar tenemos que, desde ahora, caminar y servir juntos. Por esto, queremos propo­ner celebraciones locales e internacionales.

 

50.     Con la publicación de este documento de trabajo iniciamos la preparación de la celebración. Desde hoy hasta 1995 cada miembro, grupo y comunidad podrá usarlo como instrumento de meditación dentro del contexto de sus propios compromisos apos­tólicos, en la experiencia de comunión y en la formación. Este será el camino de preparación en lo local. De todas las expe­riencias surgirán los contenidos de las distintas formas de la Unión para enriquecer este documento, reelaborarlo y hacer que lleguemos a un mensaje para la Iglesia y al mundo.

 

Celebraciones en el plano internacional

 


51.     El Consejo Internacional de la Unión del Apostolado Cató­lico(81) propuso constituir en Roma una Comisión que prepare un programa de celebraciones para el 95. Se prevén varias incia­tivas que concretizarán los empeños de todas las expresiones de la Unión como, por ejemplo, un congreso internacional sobre la actualidad del carisma, y la peregrinación de jóvenes a Roma(82).

 

En el congreso participarán representaciones de todos los países donde está la UAC y contribuirán a redescubrir la perso­nalidad de San Vicente Pallotti y sus idelaes apostólicos, y a recoger los frutos de las experiencias hechas en todo el mundo.

 

La Comisión saldrá al encuentro de las necesidades de los que quieran hacer la peregrinación a Roma u organizar otras iniciativas.

 

En la Unión para evangelizar

 

52.     El primer deber de la Unión del Apostolado Católico es la Nueva Evangelización, que asegure el crecimiento de una fe lím­pida y profunda, hacer que la memoria de Pallotti sea una fuer­za que sucite la vida de la Unión.

 

Urgen rever el nuestro tejido espiritual y el de nuestras comunidades para constituir una Unión madura, en la que la fe renovada y la caridad reencendida liberen y realicen el sig­ni­ficado original de adhesión a la persona de Cristo, Apóstol del eterno Padre(83).

 

En el 92 se dieron pasos importantes a este respecto. Nos referimos a la Asamblea General de las Hermanas Misioneras en enero y fe­brero que se desarrolló sobre el tema "Formación para la evangeli­zación", y a la Asamblea General Extraordinaria de la Comunidad de sacer­dotes y hermanos que se reunió con el lema "En la Unión para Evan­gelizar".

 

Esperamos que estos acontecimientos sean surgiente de ins­piraciones para toda la Unión del Apostolado Católico y animen a todas las comunidades y grupos a tomar el mismo camino.


 

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

 

53.     El prepararnos para que la Unión del Apostolado Católico sea portadora de esperanza para nuestro tiempo y para el futu­ro, como lo entindió Pallotti en su "Llamado al Pueblo", es un de­safío para todos nosotros.

 

Se necesita una manera nueva de pensar y actuar. Superar toda división entre nosotros y toda tensión que obstaculice la unidad. La Unión del Apostolado Catóilico nos ofrece a todos caminos nuevos para caminar y servir juntos e implica involu­crarnos y participar en las expresiones de la familia palotina. Tenemos que creecer juntos en la fe y en la caridad, y encami­nar juntos nuestras tareas, con toda la Unión del A­postolado Católico. Así viviremos la unidad y la responsabili­dad común en la realización del carisma, en la Iglesia y en el mundo de hoy.

 

Permanezcamos unánimes en la oración con María, Reina de los Apóstoles y Patrona de la Unión del Apostolado Católico, para que por su intercesión seamos colmados de los dones del Espíritu Santo para vivir la comunión con Dios y entre noso­tros.

 

 

 

NOTAS:

 

1. Preámbulo, c. "Preámbulo" es un documento que fue acepta­do y suscripto por institutos, comunidades y grupos perte­ne­cientes a la Unión del Apostolado Católico.

 

2. Cf. Preámbulo, e.

 

3. Discurso del Santo Padre en Haití a los Obispos del CE­LAM, 9.3.1983, en "Insegnamenti VI/1, p. 698. Ver también el discur­so inaugural de Juan Pablo II en Santo Domingo, 12.10.92

 

4. Cf.: "Christifideles laici", nn. 33 y 34.

 

5. Cf. Preámbulo, e.

 

6. Cf.: OO CC IV, 119-124.

 

7. Cf. CASTAGNETTI C.: "Nuevo Diccionario de Espiritualidad" (revisión de Stefano de Fiores y Tullo Goffi), Roma 1982, Voca­ción, p. 1694-1695.

 

8. Cf.: Lumen Gentium, 39-42 y Christifideles laici, 16.

 

9. Cf. ÁNTÓN, Angel: "Eclesiología posconciliar. Esperan­zas, resultados y perspectivas" presentado por René Latourelle en: "Vaticano II. Balance y perspectivas veinticinco años des­pués (1962-1987). Roma-Asís, 1987, p. 361-369.

 

10. II Asazmblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obi­spos, 1985. Informe final II C, 1. Cf. Christifidelis laici 19.

 

11. Christifideles laici 20.

 

12. Christifidelis laici 32. Cf. id. 17, donde dice que la voa­cación a la santidad está íntimamente unida a la misión.

 

13. Lumen Gentium 32.

 

14. Cf. Christifideles laici, 15.

 

15. Preámbulo, g.

 

16. Cf.: Sociedad del Apostolado Católico: El apostolado en la Sociedad, hoy. Desarrollo y desafíos. Roma, 1989. P. 6-7.

 

17. Cf. OO CC X, 131, 162, 165, 176, 232 y 737.

 

18. Cf. OO CC X, 366.


19. PALLOTTI, Vincenzo: Iddio, l'Amore infinito, recopilado por J. Hettenkofer. Roma, 1936.

 

20. Ibidem, p. 7.

 

21. Cf. OO CC X, 664 y 670.

 

22. Cf. OO CC X, 664 y 670.

 

23. Cf. OO CC X, 173, 317 y 318.

 

24. OO CC X, 363.

 

25. Cf. OO CC III,139.

 

26. OO CC IV, 126.

 

27. Cf. OO CC IV, 119-141.

 

28. Juan Pablo II, Permaneced unidos en el amor a la Iglesia en el camino de este tiempo nuestro. Discurso a los peregrinos de la UAC, el 2,11,85), Acta SAC XII, p. 137.

 

29. Cf. MARTINI, Carlo M. Jesús, Apóstol del Padre, en el Evan­gelio según Juan. Roma, 1981. p. 6.

 

30. OO CC I,7. Ver también OO CC III, 145; IV, 229 y 325 y VII, 7.

 

31. OO CC IV, 129-130

 

32. OO CC III, 141-142.

 

33. Cf. OO CC X, 86-87.

 

34. Cf. OO CC X, 195-196.

 

35. Cf. JURITSCH, Martín: María, modelo de la misión de los laicos. ACTAS SAC XIII, 356-359.

 

36. OO CC X, 455. Ver también OO CC X, 451-452.

 

37. Cf. OO CC III 175-178.

 

38. OO CC III, 137.

 

39. Cf. OO CC III, 134.138.

 

40. Redemptoris Missio, 89.

 

41. Cf. LG 17,31.


42. Apostolicam Actuositatem, 3.

 

43. OO CC III, 143.

 

44. OO CC IV, 143.

 

45. OO CC IV, 1-2.

 

46. OO CC III, 137-138.

 

47. OO CC III, 138.

 

48. OO CC I, 105-106.

 

49. Cf. OO CC IV, 3-4, 177, 189, 198, 207 y 245.

 

50. Cf. OO CC IV, 176, 270 y 355.

 

51. Cf. OO CC IV, 143 y 263.

 

52. Cf. OO CC X, 198.

 

53. Cf. OO CC IV, 263.

 

54. Cf. OO CC I, 4 y 5.

 

55. OO CC I, 2 y 3.

 

56. OO CC IV, 182.

 

57. OO CC I, 4.

 

58. Cristifideles laici, 55.

 

59. OO CC I, 6.

 

60. Cf. OO CC II, 290,

 

61. Cf. OO CC II, 304-305.

 

62. Cf. OO CC IV, 253 y 299.

 


63. Cf. OO CC IV, 270, 271, 399, 400, 436 y 437 y V, 47 y 48. Analizando los textos de Pallotti sobre los miembros del cuerpo central y motor, se ven los siguientes puntos: Pa llotti habla de miembros de la primera clase (eclesiásticos y laica­les), es decir, los que deben dedicarse plenamente a las obras de la Ssociedad (= Unión). Los que se distinguían por su acti­vidad apostólica y por la intensidad en el compromiso eran ele­gidos o presentados al cuerpo central. Por eso, el cuerpo cen­tral no aparece como un cuerpo autónomo sino inserto en la es­tructura de la Sociedad y, precisamente, como una parte de los trabaja­dores activos.

 

64. Vicente Pallotti explica que pertenecían al cuerpo cen­tral y motor los miembros de la Sociedad (= Unión) que debían tomar en sus manos la dirección del Coilegio para las Misiones Ex­tranjeras en Roma o fuera de Roma, como también los que te­nían que abrir y dirigir, en Roma o en otra parte, una nueva casa para laq Sociedad. Finalmente, todos los que tenían que tratar los asuntos más importantes de la Sociedad, cf. OO CC V, 260 y 261.

 

65. Sobre esto es importante el pensamiento de Pallotti so­bre el compromiso de los miembros del cuerpo central que, ade­más de "la propia perfección", deben desarrollar, guiar y coor­dinar toda obra apostólica. Pallotti los llama "reguladores del Apo­stolado Católico". Las obras dependen totalmente del cuerpo central porque, siendo la pía unión del Apostolado Católico compuesta de personas de distintos estados y condiciones, divi­didos en grupos, es necesario un regulador primario del que dependan los subalternos, cf. OO CC V, 47, 48, 59, 76 y 77.

 

66. OO CC I, 4. Ver también VII, 4.

 

67. Cf. Preámbulo, g.

 

68. El concepto de "Consejo Internacional de la Unión del Apo­stolado Católico" se formuló en las "Líneas Generales de Anima­ción, Coordinación y Guía de la Unión" aporbadas por los Conse­jos Generales de las tres Comunidades Palotinas durante el en­cuentro del 15 y 16 de febrero de 1989 y publicadas en la "Car­ta a todos los Miembros y Asociados de la Unión del Aposto­lado Católico" del 16 de junio. Sobre el Consejo Internacional, ver también los nn 42-45 de este documento.

 

69. Sobre los Centros de Coordinación ver la "Carta de los Su­periores Generales de los Institutos de la Unión" del 11 de junio de 1991, publicada por la Comissione'86. También en los nn. 38-42 de este documento.

 

70. Preámbulo "h".

 

71. Cf. Preámbulo "h".

 

72. Cf. Christifideles laici 59-62.

 

73. "Llamados por nombre", Manual de formación preparado por la Commissione'86 y publicado por el Consejo Internacional en Ro­ma, en 1989.

 

74. Ver nota 69.

 

75. Ver nota 73.

 

76. Cf. Apostolicam Actuositatem 2.

 

77. Ver nota 68.

 


78. Cf. Preámbulo, i.

 

79. Christifideles laici, 26.

 

80. Preámbulo, e.

 

81. Ver nota 68.

 

82. Iniciativas semejantes, en el Jubileo de los 150 años de la fundación de la UAC, en el 85, nos dieron impulsos nuevos y no serán dejadas de lado en el Bicentenario

 

83. Cf. Christifideles laici, 34.