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El ISEP
constituye, desde hace ya muchos años, un espacio de formación
y de encuentro, de compartir vivencias y la puesta en obra de
nuestro carisma. Mucha de nuestra gente ha vivido esta
experiencia marcadora, y hoy es el turno de Mariano Alvarez,
un talentoso y promisorio joven egresado del Instituto del
Apostolado Católico, de Turdera, quien comparte con nosotros
sus sentimientos al volver de la edición 2007 del ISEP.
¡Gracias, Mariano, y adelante! ¡La Iglesia necesita de jóvenes
como vos! |
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Participar del ISEP fue una de las experiencias mas lindas
de mi vida, desde que pones el primer pie en la puerta
hasta que te vas no paras de nutrir al espíritu. El lugar
es hermoso: está ubicado en medio de varias montañas con
mucho verde, se respira un aire muy puro, y la ciudad,
Santa María, es muy limpia y verdaderamente da gusto
pasear por ahí. |
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Metiéndome en lo que es el
Colegio Máximo Palotino vale la pena destacar que es muy
grande: tiene cuatro pisos, terraza, un comedor muy grande,
cocina, muchas habitaciones donde dormíamos de a uno, dos o
tres, tiene una mesa de pool que obviamente se puede usar sin
pagar, sala de estar, sala de estudios, dos capillas muy
lindas, lavadero, cancha de volley, fútbol y básquet, y otra
de fútbol pero de once, todo muy cuidado y a plena
disposición. |
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Como dije al principio fue una
experiencia muy linda: fui con un chico y dos chicas de
Castelar que había conocido hacía tres meses en un encuentro
palotino. La recepción fue muy formal, por eso pensamos que
iba a ser medio aburrido y esa noche fuimos a la terraza y los
compañeros nos invitaron a conocer la ciudad desde ese lugar y
así comenzó el difícil diálogo con los brasileros que fue,
solo en ese momento, motivo para volverse y decir “me vuelvo a
mi país, acá no se entiende nada”, pero esa noche misma me di
cuenta de que hablando de a dos y tranquilos se entendía todo
y disfrute mucho ese intercambio constante de idiomas. |
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Al otro día
empezó todo: desayuno súper completo, oración, clase, recreo
con comida incluida, estudio devuelta, a las doce el almuerzo,
un rato libre, que yo usaba mayormente para jugar al pool o
mejor dicho para aprender las reglas raras que tienen para
jugar, algunos se dormían una linda siesta otros lavaban la
ropa en fin cada uno hacía lo que quería. |
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A las dos y
cuarto se retomaba la clase había luego otro recreo donde se
podía comer una espectacular sandía, se volvía a la sala de
estudios, a las seis una misa y la cena a las siete, si, es
muy temprano pero te acostumbras a partir del momento que
terminabas la comida tenias toda la noche libre la mayoría nos
íbamos a la terraza a tomar algo y a bailar chamamé.
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Eso se hacía en un día
“estándar” pero en realidad tuvimos varias excursiones, con
pileta incluida, conocimos el lugar donde habitaron los
primeros padres palotinos, sus tumbas, no eran ningunos tontos
para elegir, tambien visitamos el patronato que es un lugar
muy lindo donde hay un museo, la FAPAS (facultad palotina),
fabrican cajas, tienen también un lugar donde hacen esculturas
y enseñan a tocar distintos instrumentos de percusión, la
última salida fue a una chacra donde comimos un asado que
estaba muy bueno. |
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Lo mas importante de todos modos
para mi, además de haber conocido gente muy buena, fue saber
mucho mas sobre la vida de Pallotti, ya que el material que te
brindan en el curso es de lo mejor que hay en Latinoamérica, y
gracias a esto y a las tantas actividades de reflexión que
realizamos marcar, y esto no lo digo yo solo, algo así como un
antes y un después del ISEP, a mi me lo contaron muchas
personas y nunca me imaginé que iba a vivir algo semejante: se
pasa por todas las emociones habidas y por haber. Tal es así
que al momento de la despedida, nadie se salva de las
lágrimas.
En definitiva es una experiencia
sensacional que si se tiene la oportunidad de realizar no
merece ser dejada de lado y nunca se va a olvidar porque queda
en la memoria del corazón de cada uno que la realiza…
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