|
Palabras
del Presidente del Pontificio Consejo para Laicos, Su Excelencia
Reverendísima Mons. Stanisław Ryłko, en la entrega del Decreto de
erección de la Unión del Apostolado Católico
y de
aprobación del Estatuto General, el 14 de noviembre de 2003
Deseo dirigir, ante todo,
mi cordial bienvenida al Reverendo Padre Séamus Freeman, S.A.C.,
Presidente del Consejo de Coordinación General de la Unión del
Apostolado Católico, y a todos ustedes, miembros de la familia
palotina, aquí convocados esta mañana.
La entrega del decreto de
erección canónica de una asociación internacional de fieles y la
aprobación de su estatuto constituye un momento muy importante
tanto para la vida de cada agregación eclesial como para el
Pontificio Consejo para Laicos. Con este acto, la Sede Apostólica
certifica la autenticidad eclesial de una agregación de fieles que
tiene como objeto la santificación de sus mismos miembros y la
edificación de la Iglesia. Al mismo tiempo, los fieles ven
confirmado por la Santa Sede su derecho a asociarse para promover
una vida cristiana más perfecta y ejercer la misma actividad de
evangelización en todo el mundo.
Como hijos espirituales de
San Vicente Pallotti, sé bien el cariño que ustedes tienen por el
trecho del evangelio de san Juan que acabamos de escuchar. Con
estas palabras, pronunciadas durante la larga conversación que el
Señor tuvo con los apóstoles en el cenáculo de Jerusalén poco
antes de su Pasión, Jesús confió la suprema ley del amor a sus
discípulos hasta al final de los tiempos. El Señor, en efecto, es
el primero en llevar a cabo el “mandamiento nuevo”, dando su vida
por todos nosotros en la Cruz.
Con la fuerza de la
vocación que hemos recibido con los sacramentos del bautismo y la
confirmación, los cristianos estamos llamados a convertirnos en
amigos de Dios, además de llevar a la amistad con Dios a las
personas que encontramos por motivos familiares, de trabajo, de
vecindad, etcétera.
Estos sentimientos
resonaron con fuerza en la vida de Vicente Pallotti, santo
sacerdote romano que fue un apóstol incansable del amor
misericordioso de Dios. Fortalecida por la experiencia del amor
divino, la dedicación pastoral de San Vicente Pallotti se
comprometió en desarrollar la unión de los laicos, los sacerdotes
y los religiosos en la búsqueda común de la santidad y en la
difusión del evangelio. Él se dedicó con gran celo a que todo
cristiano tomara conciencia de estar llamado a hacerse discípulo
y, al mismo tiempo, apóstol de Cristo.
El Pontificio Consejo para
Laicos se siente feliz de dar a la Unión del Apostolado Católico
la forma institucional más adecuada al carisma que San Vicente
Pallotti recibió, lo que permite la colaboración de todos los
miembros de la Iglesia para llevar a cabo el proyecto común de
progresar continuamente en el camino a la santidad, y de hacer
conocer y amar a Dios.
La historia casi
bicentenaria de esta asociación ha llevado a la Iglesia copiosos
frutos de santidad y de apostolado. Con el acto de hoy, el Santa
Sede quiere expresar una nueva manifestación de confianza a la
Unión del Apostolado Católico, que pueda al mismo tiempo ser
incentivo para vuestro compromiso eclesial hacia el futuro.
El decreto de erección de
la Unión del Apostolado Católico lleva fecha del 28 de octubre de
2003, día en que la Iglesia celebra la fiesta de los santos
apóstoles Simón y Judas Tadeo. El estatuto general que regirá la
vida de la asociación es aprobado por un período inicial ad
experimentum de cinco años. Transcurrido este período, con la
experiencia adquirida, solicitaréis al dicasterio la aprobación
definitiva.
El 20 de enero pasado se
han cumplido cuarenta años de la canonización de San Vicente
Pallotti. Mientras damos gracias al Señor por el don de este santo
a su Iglesia, nos encomendamos a la intercesión de vuestro
fundador, cuyos restos se veneran bajo el altar mayor de la
iglesia de San Salvatore in Onda, cerca del Ponte Sisto, a pocos
minutos de aquí.
Estoy seguro de que en
vuestro camino nunca les faltará el sostén de la Virgen Maria,
Reina de los Apóstoles, el más perfecto modelo del apostolado de
todos los fieles. ¡Qué Dios los bendiga!
Palabras del P. Seamus Freeman,
Presidente del Consejo de Coordinación
General de la Unión del Apostolado Católico.
Excelencia
Reverendísima, Presidente del Pontificio Consejo para Laicos,
gentiles Colaboradores
de Su Excelencia,
Hermanos y Hermanas de
la Unión del Apostolado Católico,
La primera palabra que me
surge de lo profundo del corazón por este día es gracias.
Gracias ante todo a Dios;
gracias a la Santa Sede; gracias a Su Eminencia el Cardenal James
Francis Stafford, que ha seguido con interés nuestra solicitud. Y
que ahora ha sido llamado a un nuevo servicio a la Iglesia y a
quien todos nosotros le deseamos un sereno y provechoso trabajo.
Un agradecimiento de todo
corazón se lo dirigimos sobre todo a Ud., Excelencia
Reverendísima, que ha seguido siempre con paciencia y con amor la
tramitación de nuestro Estatuto; gracias por las sugerencias, en
particular por el diálogo que el Pontificio Consejo para Laico ha
mantenido con nosotros.
También le presentamos
nuestros más afectuosos deseos de felicidad por su nombramiento
como Presidente de este Pontificio Consejo para Laicos.
Gracias, de modo
particular al P. Miguel Delgado Galindo por sus oportunos consejos
y su profundo interés por S. Vicente Pallotti.
Hoy es un día de alegría
para la Unión del Apostolado Católico; un día esperado desde
cuando toda la fundación palotina decidió volver a las fuentes
para hallar, recorriendo su historia, las raíces del carisma.
Hoy con este Decreto y
este Estatuto la misión y las modalidades que inspiraron a S.
Vicente el 9 de enero de 1835 entran oficialmente en la vida de la
Iglesia actual, y se convierten en “patrimonio espiritual de
toda la Iglesia”.
S. Vicente Pallotti en su
visión propició una movilización general de la evangelización;
deseó ardientemente que los cristianos fueran auténticos
apóstoles; todo, en todas partes, siempre y con todos los medios
posibles para realizar el apostolado de Jesús Cristo “para la
mayor gloria de Dios y la salvación eterna de nuestro prójimo”.
Oigamos sus palabras, tan
actuales: “instituir una pía Unión que sea perpetuamente en la
Iglesia de Jesucristo como una trompeta evangélica, que llama a
todos, que invita a todos, que despierta el celo y la caridad de
todos los fieles de todo estado, grado y condición, para que
todos, …in proporción a las varias necesidades de la misma Iglesia
de Jesucristo, en todos los tiempos, …sin objeto de interés o de
ambición, con los medios temporales de cualquiera especie, o al
menos con las oraciones, cooperen eficazmente y constantemente con
todos los emprendimientos evangélicos y con el crecimiento,
defensa y propagación de la caridad y la fe católica” (cfr.
OOCC I, 4-5).
El alma, el motor y lo “constitutivo
sustancial” (OOCC III, 137-138) de todos los agentes
apostólicos y de sus iniciativas ha de ser “el verdadero
espíritu de la más perfecta caridad” (OOCC I, 106) del
capítulo 13 de la carta a los Corintios. Pallotti, en efecto,
escribe: “en los corazones en los que no está bien formada la
caridad, no se encuentra a Jesucristo”(OOCC I, 121).
S. Vicente presentó no
sólo como un nuevo modelo operativo, sino a la Iglesia entendida
como “casa y escuela de comunión”, para la cual, sin embargo, iban
a faltar las líneas teológicas y jurídicas hasta el Concilio
Vaticano II. Pallotti, los compañeros y la familia palotina en
todos estos tiempos se han empeñado en realizar el carisma. Aunque
una serie de acontecimientos históricos eclesiales les han
limitado o impedido su realización, nunca se perdió la memoria
sino que han sido numerosas las iniciativas por realizarlo.
La actual aprobación del
Estatuto, ad experimentum por cinco años, por una parte le
ofrece a la familia palotina la recuperación, el reconocimiento y
la apropiación plena de la herencia del Fundador, y esto es un
punto de llegada; por otra parte, como ocurre con todo don de
Dios, también señala el comienzo de un desafío, el ardua desafío
de dar plenitud de vida a los artículos que lo componen. Desde hoy
empieza para la familia palotina un tiempo de trabajo, de
experiencias y también de sacrificios, y este tiempo tenemos
usarlo sabiamnete.
Somos conscientes de que
la Unión ya no es una obra facultativa sino la plenitud del
carisma, la modalidad fundamental y primaria concreta del proyecto
carismático de S. Vicente. Ahora estamos llamados a “promover,
con continuidad, la colaboración de todos los fieles en la
abertura a nuevas formas de evangelización” (Estatuto, art.
12). Quienquiera que actúe según los ideales y la espiritualidad
de S. Vicente Pallotti, a partir de hoy tiene que sentirse y
actuar como apóstol, estar en comunión y colaborar inmediatamente
con fe profunda, con quienes viven, trabajan o se inspiran en el
Fundador, no sólo en nuevas experiencias sino también en las obras
ya existentes.
«Sean perfectos como es
perfecto el Padre que está en el cielo» (Mt 5,48): Jesús nos
exhorta y nos indicado el crecimiento sin límites a la medida de
Dios. También para S. Vicente: “Todos los que están y estarán
en la pía Unión… para vivir siempre en la más perfecta
imitación de la vida de Nuestro Dios a Jesucristo…è necesario
que en todo el curso de su vida atiendan en serio, y con todo
el fervor posible, el ejercicio más perfecto de todas
las virtudes”; que tengan “…entre sus características la
de ir siempre adelante y de crecer siempre en la
santidad y en la perfección evangélica”(cfr. OOCC II, 57).
“La imitación más
perfecta, todo el fervor posible, el ejercicio más perfecto,
siempre ir adelante y siempre crecer”: son expresiones que
exigen a los hijos de S. Vicente que no quedarse con los talentos
recibidos de Dios, sino que los pongan al provecho de sí y de los
hermanos, en nombre del mandamiento de la caridad.
zxc
Nosotros aquí presentes,
representantes de diez países, en nombre de los miembros de la
Unión del Apostolado Católico de más de cuarenta países, acogemos
el Decreto de erección y el Estatuto aprobados por la Iglesia con
espíritu agradecido. Estamos felices y deseosos de poner a su
servicio y en sintonía con sus prioridades, con mayor empeño
nuestro carisma.
Maria, Reina de los
Apóstoles, nuestro fundador S. Vicente Pallotti y los beatos
mártires palotinos bendigan nuestros esfuerzos y nos asistan en la
obra que nos espera.
Gracias.
P. Séamus Freeman, S.A.C.
Presidente del Consejo de
Coordinación General
de la Unión del Apostolado
Católico
|