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¿De qué me sirve ser parte de la UAC?

 

Un aporte sobre una cuestión muchas veces murmurada, pero pocas veces conversada en profundidad

 

Cuando desembarcás en un colegio o Parroquia, y empezás a hablar de tal o cual encuentro, o Consejo de Coordinación, o reunión en alguna comunidad lejana, no siempre despertás alegría y entusiasmo.

Aceptemos que la UAC es una realidad lejana al sentimiento de mucha gente de nuestras realidades palotinas. De todas. Hay desigual conocimiento y sentido de pertenencia en la gente de nuestras comunidades.

 

Un problema grande que tenemos es que a mucha de nuestra gente le surge esta pregunta: ¿Para qué “me sirve” formar parte de la UAC, perder tiempo en los encuentros, y esas cosas? Si yo estoy haciendo cosas en mi parroquia, o en mi colegio o movimiento. ¿Para que sirve estar además en la UAC?

 

Quienes así piensan y sienten, seguramente no tendrán inconvenientes en participar de una celebración como la del último 3 de septiembre de 2006, o de un encuentro anual, o incluso de un encuentro continental. Pero son reacios a comprometerse en nuevas obligaciones, y especialmente a aumentar su cronograma de reuniones. Porque no encuentran, hay que decirlo, la utilidad concreta de esta inversión de tiempo y trabajo. No le encuentran una utilidad concreta a la UAC.

Ojo: estamos hablando de gente que se halla plenamente comprometida en la pastoral de la Iglesia. A veces hasta con trabajo de más. Hablo de la gente de las parroquias o los colegios, de los movimientos y realidades pastorales diversas.
Para ellas, la UAC puede presentarse, en muchos casos, como un incordio, con abundancia de reuniones que por lo general se hacen en comunidades lejanas.

Esto mismo les pasa con suma generalidad a los párrocos, desbordados de trabajo, cansados, golpeados y muchas veces demasiado solos. Y para quienes la UAC es más el entusiasmo de algunos de los curas que una cosa que sirva para algo y fundamentalmente que les sirva a ellos en sus parroquias.

 

Y bien: ¿sirve para algo la UAC?

 

A todos nosotros, (colegios como IVP, IAC, Munro; Castelar; Parroquias y capillas; realidades pastorales como RC, Concordia, etc) nos une una cosa muy concreta: todos estamos conectados a San Vicente Pallotti, a su carisma y a las comunidades religiosas directamente fundadas por él: los padres y hermanos palotinos, por un lado, y las hermanas palotinas por otro.

 

Hemos heredado, unos más y otros menos, una Espiritualidad común, y una Teología del Apostolado común.

 

Nos sentimos parte, unos mas y otros menos, de la Gran Familia Palotina, entendiendo lamentablemente a esta familia, muchas veces, como la multitud de todos los que tienen relación con curas, hermanos o hermanas palotinas. En esta visión reductiva y empobrecedora, la gran familia palotina es la suma de las ovejitas de los distintos pastores, que son los  “palotinos en serio”: curas, hermanos y hermanas.

 

Pero la realidad es bien distinta, y mucho más desafiante y apasionante.

Los palotinos somos los integrantes de una comunidad que fundó Pallotti en 1835: la Unión del Apostolado Católico, comunidad formada por gentes de distinta condición: sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos.

 

Luego, Pallotti fundó otras comunidades: la SAC, la CAC, etc. Yo, laico de una parroquia, colegio, movimiento, o lo que fuere,  no soy parte de la SAC ni de la CAC. Pero soy palotino. Como son palotinos los curas y las hermanas/os. Ellos son palotinos consagrados a través del vínculo de su pertenencia a una comunidad religiosa. Yo soy palotino por mi pertenencia a la primera realidad que fundó Pallotti, la UAC, y por mi identificación con la Espiritualidad y la Teología del Apostolado de Pallotti, lo que llamamos “el carisma”. Que es patrimonio común de toda la Unión, y no solo propiedad de las congregaciones o la Sociedad. El problema es que esto es difícil de ver en las Parroquias, porque las parroquias dependen mucho de sus párrocos, y en los colegios, porque son propiedad de las congregaciones. Tal vez pueda llegar a ser más evidente en las realidades pastorales autónomas, como Reina de los Apóstoles, Amor Divino o Respuesta Cristiana.

 

La UAC es la heredera del carisma del fundador. Y cada comunidad directamente fundada por Pallotti es heredera, además, de la misión que Pallotti les encomendara a ellas específicamente. Me refiero a la Sociedad del Apostolado Católico y a las dos comunidades de hermanas. Pallotti las fundó para algo. Ellos son responsables de ser fieles a ese algo.

 

Pero el carisma es patrimonio de toda la UAC, no solo de las congregaciones y de la SAC. Y el carisma crece en el seno de la UAC en su conjunto.

 

El problema de la UAC es que su “hacer” común no es tan claro como en otras familias carismáticas. Los paulinos se dedican a los medios. Los dominicos a la predicación. Los camilos a la salud, los maristas a la educación.

 

Nosotros no tenemos un único “hacer común”. Lo que tenemos es una Tarea común, que se superpone siempre y en todo momento a nuestra tarea de cristianos. Y esta tarea común es la de concientizar a todos los bautizados de su corresponsabilidad en el apostolado de la Iglesia, en Unidad en la caridad y poniendo al servicio de la expansión del Reino los propios talentos personales.

 

Este trabajo de concientizar es hoy más urgente que nunca, en una época en que los templos se vacían, las religiones retroceden ante las novelas como “el Código da Vinci”, en un tiempo en el que el individualismo triunfa, cuando la pobreza explota y los pudientes son cada vez más indiferentes. Cuando la familia desaparece, cuando la vida es despreciada; cuando el aborto es visto como algo natural.

 

Entonces podemos decir que ser parte de la UAC, y tener conciencia de ello, sirve para muchas cosas.

 

Sirve para sentirnos herederos de una misión: ser apóstoles del apostolado universal. Entendamos esto: no sólo ser evangelizadores, sino además ser fermento de evangelizadores. Hoy más que nunca. Y esta misión no la recibimos por "revelación privada", sino por haber tomado contacto con esta familia palotina, de la cual somos parte.

Por eso ser miembro de la UAC nos sirve para formar parte de una comunidad espiritual que tiene su centro en la Iglesia de San Salvatore in Onda, en la tumba de San Vicente Pallotti. Y al formar parte de esta familia nos beneficiamos con las gracias que el Espíritu Santo suscita en la UAC, y que tienen que ver con el carisma palotino.

 

Sirve para crecer juntos, en la formación común. Para intercambiar experiencias. Para darnos fuerzas. Para sentirnos parte de una realidad grande, que se extiende por todo el mundo, y que nos saca del saloncito parroquial o de nuestro despacho en el colegio, para lanzarnos a una realidad mucho más vasta.

 

No obstante, debemos ser prudentes

 

Sin embargo, sigue siendo real lo que indicábamos al principio en relación a la percepción que tiene la gente respecto de la UAC.

 

Al respecto caben dos cosas.

 

La primera: entender esta realidad incontestable. La falta de tiempo, la sobrecarga de trabajo, el problema de la saturación de los cronogramas en la gente que trabaja “en las trincheras”. Y es preciso, por lo mismo,  ser prudentes en la generación de nuevas cargas y obligaciones.

Es necesario ser prudentes, además, en la elección de la convocatoria de los candidatos de parroquias, colegios y movimientos para participar en las instancias de coordinación, en las instancias intercomunitarias. Lo más simple, lo más natural, lo que "nos sale" siempre, es intentar entusiasmar a los “pesos pesados”, los que están en muchas cosas en cada comunidad. Y les estamos poniendo una carga más, a veces un peso considerable. No es lógico ni justo. Hay mucha gente que podría entusiasmarse con la tarea. Hay que ejercer la creatividad pastoral también en esto de multiplicar la cantidad de gente que se ocupa de distintas funciones y de distintos roles.

 

La segunda: La UAC tiene que “ser útil” en la práctica, y no solo en la intención, y ese beneficio tiene que ser palpable, percibible por la gente de las comunidades.

 

  1. En la animación de la Espiritualidad palotina.

  2. En la Formación.

  3. Generando material que pueda ser enviado a las comunidades, y que sirva:

    1. Oracionales y devocionarios

    2. Catecismos

    3. Subsidios pastorales

    4. Cartelería

  4. Generando, tal vez, encuentros locales del Consejo de Coordinación Nacional con las realidades parroquiales, los movimientos, los colegios, yendo a ellos, para proponerles todo lo que tiene que ver con la UAC.

 

 

Se puede ser parte de la UAC en distintos roles

 

  • Hay gente que tiene que estar al servicio de la misma UAC. Gente cuyo principal trabajo pastoral pase por la animación de la UAC. O por las tareas de Secretaría. O por el ministerio de la formación. Algunos, incluso, pueden dedicarse de tiempo completo a este apostolado.

 

  • Hay otros que tienen que tener el carisma de la representación y el enlace. Gente   que represente a las parroquias, movimientos y colegios en los Consejos de Coordinación, y que a la vez lleve la voz de los Consejos a sus realidades de pertenencia.

 

  • Otros pueden poner sus particulares dones, talentos, potencias, conocimientos, etc. al servicio de la UAC en su conjunto: en Catequesis, Teología, Recursos, Espiritualidad y Oración, música, diseño audiovisual, etc.

 

  • Hay quienes pueden y deben tener una pertenencia de base, esto es: con plena conciencia de que pertenecen a la UAC, participar de los encuentros periódicos, la formación, la oración común, etc. y seguir además trabajando en la pastoral corriente en sus parroquias, colegios o movimientos.

 

 

La Uac, la unidad y la multiplicidad

 

La pastoral de la Iglesia es una y es múltiple.

  • Es una, porque es uno el único mandato de Cristo a Evangelizar.

  • Es múltiple porque es menester llegar a todos lados, a toda la gente, y de distintas maneras.

 

Lo mismo pasa en la UAC. En la UAC hay unidad en el carisma, en la Espiritualidad. Y también en la misión: ser apóstoles del apostolado universal.

Pero hay también multiplicidad en las tareas: colegios, pastoral juvenil, parroquias con toda su pastoral múltiple.

  • La unidad hace necesaria la coordinación del trabajo pastoral de las distintas realidades, el compartir, la formación común, el espíritu de familia.

  • La multiplicidad hace necesaria:

    • Una autonomía en el trabajo de cada realidad, "especializada" en un área concreta de apostolado

    • Un reconocimiento por parte de toda la Unión de las particularidades de cada realidad

 

Estas sencillas e incompletas reflexiones pretenden aportar un granito de arena a la cuestión de la UAC, como instancia nacional, sudamericana y mundial. Como siempre, espero sugerencias, comentarios, correcciones u opiniones.

Fraternalmente,

 

Raúl Llusá