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Consejo Pastoral de la
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
Boletín Oficial del
Arzobispado de Mérida Badajoz Vol. CXLV
No hay duda de que en una parte de sacerdotes y
religiosos no ha calado aún el espíritu del Concilio Vaticano II
en lo referente al papel de los laicos ; pero también es cierto
que sí ha calado y preocupa en las altas jerarquías de la Iglesia.
Basta leer los párrafos siguientes de los criterios antedichos:
pág. 375. ...superar los viejos planteamientos
discriminatorios de la condición laical y las concepciones que
definían al laico por lo que no es (el que no es clérigo ni
religioso). Los laicos no sólo están en la Iglesia, sino que son
Iglesia
pág. 376 “la formación de los laicos es una
prioridad de máxima urgencia para toda la Iglesia”
pág. 377. El laico...se inhibe, a veces, con
escasa capacidad de iniciativa; en parte, por falta de claridad en
su misión y, en parte, porque su inhibición es fruto de un cierto
protagonismo del clero
pág. 378. (Al laico) le parece que existen
bastantes dificultades prácticas para que los laicos sean tomados
en cuenta, como miembros activos de las comunidades parroquiales,
por una cierta autosuficiencia del clero. Así como a la mujer
laica, siendo numéricamente la más activa, no siempre se le
facilita el acceso a servicios de responsabilidad en la comunidad
(...) está surgiendo un nuevo laico, disponible, inquieto,
comprometido, con deseos de formación, y viviendo a fondo su
pertenencia eclesial
pág. 395.(2) Impulsar la aparición de un
laicado formado, corresponsable y comprometido, capaz de
evangelizar el medio en que vive. (17) La Iglesia no está
plenamente constituida si, junto a los Obispos, sacerdotes y
religiosos no existe un laicado adulto y corresponsable
En el Catecismo de la Iglesia Católica conviene
releer el tema “LOS FIELES LAICOS” números, 897 a 913. Entre ellos
el 907 nos recuerda que “ Tienen el derecho y a veces incluso el
deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y
prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre
aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a
los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las
costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la
unidad común y de la dignidad de las personas” (CIC can.212,3).
Está claro que todo cristiano tiene el “deber”
de llamar la atención a las autoridades eclesiásticas, con todo
respeto y reverencia, pero también con toda firmeza, sobre todo lo
que pueda producir daño a la Iglesia. Caso contrario, podríamos
hacernos cómplices con nuestro silencio por ayudar a perpetuar
situaciones , a veces graves, que inciden en la comunidad
cristiana.
Mérida , 8 de octubre de 1999
Parroquia de Santa María la Mayor
alefer@retemail.es
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