Asamblea General Extraordinaria de la Unión del Apostolado Católico

Grottaferrata, Roma del 14 al 16 de Mayo de 2007.

 

Mensaje de Clausura

“El Espíritu de verdad los guiará a la plena verdad” (Jn. 16, 13).

 

Todos nosotros miembros del Consejo de Coordinación general de la U.A.C. y quienes participamos de la Asamblea Extraordinaria de la U.A.C., a termino de nuestros trabajos, queremos dar un gran saludo de afecto y fraternidad a todos los hermanos y hermanas de la Unión.

Al mismo tiempo queremos agradecer de todo corazón a Dios y a nuestra Madre Maria Reina de los Apóstoles, por todo lo que nos han dado en estos días, principalmente la alegría de estar juntos, en el trabajo y en la comunión.

 

En estos días de mucho trabajo nos hemos dedicado de modo particular a la revisión del Estatuto de la Unión, que como todos recordaran fue aprobado “ad experimentum” por cinco años, por el Pontificio Consejo para los Laicos en 2003. Ahora hemos reescrito alguna de sus partes para presentarlo a la Iglesia en 2008 para su aprobación definitiva. Ha sido un trabajo en el que hemos puesto mucho empeño y en el que experimentamos la escucha reciproca y la riqueza de nuestras diferencias.

 

Si, pues venimos de muchos países diferentes, desde el Camerún al Brasil, desde Australia a Polonia, del Uruguay a Tanzania, desde los Estados Unidos a Irlanda y Sud África, y de otras muchos lugares, y por eso tenemos culturas diferentes, distintos idiomas y las más diversas experiencias de vida. Todo este tesoro hemos tratado de ponerlo unos al servicio de los otros, para descubrir aquello que el Espíritu Santo quisiera inspirarnos. Eso fue lo que pedimos desde la Celebración de apertura, en la que el Presidente de la Unión, P. Seamus Freeman, invito a todos a pedir al Espíritu para que no se realizara nuestra voluntad sino la Suya, para el bien de todos.

 

Hubo muchos momentos de trabajo intenso y muchos momentos de espiritualidad profunda, fuente de la que extraíamos la fuerza para servir a nuestra familia común.

Sabíamos que muchos en todo el mundo nos sostenían a la distancia con su oración y con su vida cristiana vivida en unidad con nosotros. Nosotros éramos solo la expresión de esta gran comunión.

 

Al final de los trabajos, en la Santa Misa de clausura hemos vivido otra experiencia de universalidad y de caridad. En la homilía el P. Fritz Kretz, Rector General de nuestros sacerdotes y hermanos, y guía y consejero espiritual de la Unión, nos recordó que el Estatuto, las leyes, sirven para proteger el carisma, mostrar el camino; pero la vida es siempre mas importante. La vida vivida, el carisma concretado día a día, es lo que nos hace lo que somos hoy: un Cenáculo vivo entorno a Maria, en camino hacia metas que desconocemos todavía, pero que Dios conoce.

En todos nosotros ha madurado lentamente la conciencia de ser familia, verdadera familia reunida en el nombre de Jesús Apóstol del Eterno Padre, para reavivar la fe y reencender la caridad dondequiera y por todos los medios, una verdad antigua pero siempre nueva para redescubrir.

 

El Consejo de Coordinación General y toda la Asamblea quieren estar al servicio de todos ustedes, para que  en cada uno de nuestros actos se encuentre frente a nosotros vuestra imagen y la Imagen de Dios. Cada cosa pues se hace al servicio de la Iglesia toda, buscando responder a sus exigencias de evangelización, y del mundo entero, que tiene tanta necesidad del testimonio auténticamente cristiano y de nuestra espiritualidad apostólica.

 

Cada cosa en estos días se desarrolló en la simplicidad y en el servicio; cada uno, sacerdote, hermana o laico, se puso al servicio de todos. Nos hemos conocido, nos contamos muchas experiencias, nos hemos despedido con el compromiso de permanecer unidos en la fraternidad y en nuestro carisma. Invitamos a todos a revivir esto donde vivimos, en las comunidades, en las familias, en las misiones.

 

Regresamos cada uno a su casa y a los que viven con nosotros con la certeza de haber dado otro paso adelante en la historia de nuestra Unión, no solo por el trabajo realizado, sino por Obra del Espíritu Santo.

 

Gracias a todos quienes nos hospedaron y un profundo agradecimiento a Dios por los dones recibidos que procuraremos trasmitir a todos, a la Madre Celestial por habernos asistido y a San Vicente Pallotti por habernos acompañado.

 

Hasta pronto!

Ad Infinitam Dei  Gloriam.