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Los Cenáculos en la vida de la UAC

Esquema del presente trabajo

 

  • Proemio

 

  • Qué son los Cenáculos de Vida Apostólica

 

  • Primera parte: consideraciones teológicas y doctrinales

    • El Cenáculo en la Escritura

    • En el Concilio Vaticano II

    • En San Vicente Pallotti

    • El Cenáculo en otros escritos de autores palotinos

 

  • Segunda parte: aspectos prácticos. Los Cenáculos en la vida de la UAC

    • Cuando y cómo formar un Cenáculo

    • Características propias de los Cenáculos

    • ¿Debe tener un nombre cada Cenáculo individual?

    • Qué implica pertenecer a un Cenáculo

    • Los Cenáculos y la oración

    • Los Cenáculos y la formación de sus miembros

    • Los Cenáculos y la revisión de vida

    • Los Cenáculos y el envío apostólico

    • Los encuentros en el ámbito de los Cenáculos

    • Los Cenáculos y su relación con la UAC

    • ¿Deben tener los Cenáculos estatutos o reglamentos?

    • Reconocimiento de los Cenáculos por parte de la UAC

    • El Compromiso Apostólico y los Cenáculos

 

  • Tercera parte: Espiritualidad en los Cenáculos

    • La UAC y su vida espiritual

    • Espiritualidad de los grupos apostólicos

    • Espiritualidad de Cenáculo

      • Los cenáculos y el discipulado

      • El Espíritu Santo en la espiritualidad de Cenáculo

      • Con María en el Cenáculo

      • Los Cenáculos y la Eucaristía

 

  • Conclusión: es momento de poner en marcha esta idea, que irá perfeccionándose con el correr del tiempo

 

  • Algunas plegarias para rezar en los Cenáculos

 

Proemio

 

En los últimos tiempos comenzó a abrirse paso entre nosotros una idea que ya ha encontrado ecos positivos y realizaciones concretas en diversos grupos que comparten el carisma y la espiritualidad de San Vicente Pallotti y la Unión del Apostolado Católico. Me refiero a los “Cenáculos de Vida Apostólica”.

El Consejo Argentino de Coordinación ha enviado recientemente a las distintas comunidades y personas que adhieren a la UAC una carta en la que se invita a todos a recibir esta idea y hacerla propia y operante. Transcribo el comienzo de esta carta:

“Con alegría comprobamos que el Espíritu Santo está derramando sobre nuestra Unión del Apostolado Católico gracia tras gracia. La vida fluye y se extiende en tantos hermanos, como vos y como nosotros que, entusiasmados con el carisma apostólico, estamos unidos de distintas maneras en la misma obra de Pallotti.

Los miembros del Consejo Argentino de Coordinación entendemos que estas realidades nos ponen en el compromiso de dar respuestas concretas a la generosidad de Dios, y por eso te acercamos una inquietud que surgió de algunos que, como vos, se reúnen para comprometerse en distintas realidades, con el mismo espíritu de vida apostólica. Lo que a nosotros nos entusiasma profundamente es la iniciativa de integrarse en comunidades que son verdaderos cenáculos en comunión con toda la UAC”.

De esta forma ha hecho su aparición esta nueva realidad en la vida de la UAC. A pocos días del lanzamiento de la idea, ya había un Cenáculo funcionando: el Cenáculo “Grupo Misionero IVP”. Y hay varias pequeñas comunidades que están evaluando la conformación de otros más.

Los cenáculos están naciendo. Quizá se abran paso en la vida de la UAC. Quizá lleguen a tener una particular importancia en la vivencia comunitaria del carisma apostólico y de la espiritualidad de San Vicente Pallotti. Por eso intentaré, en este breve trabajo, mostrar todas las posibilidades que los Cenáculos nos brindan; los alcances que puede tener su expansión y las consecuencias positivas que es de esperar que se sigan de su difusión.

Algunos de los conceptos que figuran aquí son extraídos de la mencionada carta de invitación  del Consejo Argentino de Coordinación, por lo cual son conceptos “oficiales”. Se indica en cada caso. El resto es un desarrollo personal, son mis pensamientos. Expresan lo que personalmente creo que los Cenáculos pueden llegar a ser. Por lo mismo, son ideas perfectibles y que de hecho se irán perfeccionando en el tiempo con el aporte de todos.

Pido a Dios que, por la intercesión de María, Reina de los Apóstoles, y de nuestro padre San Vicente Pallotti, nos envíe su Espíritu Santo movilizador para que todos los miembros, colaboradores y amigos de la UAC nos sintamos impulsados a multiplicar estos espacios comunitarios de comunión.

 

Raúl Francisco Llusá

Turdera, julio de 2009

 

Qué son los Cenáculos de vida apostólica

 

Con la ayuda de Dios, la UAC crece y se desarrolla permanentemente. La presencia de tantas personas que experimentan en su vida cotidiana y eclesial una viva comunión con la obra de Vicente Pallotti, ha motivado a lo largo del tiempo la aparición de diversas comunidades y grupos que desarrollan distintas iniciativas de apostolado, espiritualidad y oración en el carisma palotino que nos es propio.

Últimamente ha surgido la idea de promover el nacimiento de pequeñas comunidades de vida que integren y animen a quienes compartimos el carisma, en células vivas  que a la vez puedan irradiar la vida apostólica y la espiritualidad palotina. Estas comunidades toman el nombre de Cenáculos, y quieren vivir en fidelidad a la espiritualidad de nuestro fundador y de toda la UAC.

En la práctica, los Cenáculos de Vida Apostólica son grupos de personas que, unidos por su adhesión al carisma de San Vicente Pallotti, se agrupan espontáneamente en pequeñas comunidades que se reúnen con frecuencia para orar juntos, experimentar  la comunión eclesial y su adhesión a la Unión del Apostolado Católico, seguir un itinerario de formación comunitaria, revisar y promover las tareas apostólicas de sus miembros y vivir una experiencia fuertemente fraterna en la que se comparten todas las dimensiones de la vida, el discipulado y la misión.

Los Cenáculos no son instituciones ni comunidades jurídicamente constituidas, sino simplemente grupos de personas que se reconocen unidas por el vínculo de la caridad, y que comparten la fe y la esperanza animados por la adhesión a la espiritualidad y la identidad apostólica[1] de la Unión. De esta manera, son una de las formas posibles que facilitan  la vivencia de la particular manera de ser Iglesia que caracteriza a la familia palotina[2], y no reemplazan a ninguna de las realidades actualmente vivas en la UAC, sino que buscan fortalecerlas y complementarlas.

Cada Cenáculo debe estar integrado por una cantidad de miembros que le permita la intimidad y el conocimiento recíproco profundo necesarios para la consecución de sus fines. Por lo mismo, quizá convenga que tuviese entre cuatro y dieciséis integrantes.

Pequeños grupos de personas que ya realizan juntos una actividad apostólica (como es el caso de Grupos Misioneros, Equipos de Pastoral de colegios, Equipos de Catequistas o similares) pueden ahora establecerse también como Cenáculos de Vida Apostólica y ser  reconocidos como tales por el resto de las comunidades de la Unión.

Pero también pueden crearse Cenáculos nuevos, integrados por personas que tengan distintas tareas apostólicas en lugares o ámbitos diferentes, y que buscan en el Cenáculo una comunidad que los integre y anime, dándoles la posibilidad de vivir la fraternidad, la oración y la formación palotina.
Los cenáculos pueden surgir en ambientes eclesiales (Parroquias, Colegios, Instituciones, Movimientos) pero también en realidades seculares: Fábricas, Oficinas, Sindicatos, Organismos públicos, etc.

Si nacen en comunidades que ya forman parte de la Unión, o en realidades pastorales tales como Parroquias, Colegios o Movimientos, los Cenáculos facilitarán a sus integrantes encontrar espacios de oración y vivencia fraterna tal vez con mayor asiduidad e intimidad que en las comunidades primarias en las que surgen[3].

De esta forma, en cualquier realidad pastoral ya establecida podrían surgir uno o varios cenáculos, cuyos miembros, naturalmente, seguirán participando de la identidad y la acción apostólica de su comunidad primaria[4]. Dicho de otra manera: pueden crearse cenáculos (uno o varios) tanto en realidades UAC establecidas (SAC; CSAC; Reina de los Apóstoles; Comunidad Apostólica Respuesta Cristiana; Fundación Oxenford, etc) como en obras particulares pertenecientes a estas realidades (colegios de la SAC o la CSAC; Parroquias atendidas por la SAC; Instituciones de Respuesta Cristiana como Campamento Andino Saihueque, Seju, Adveniat, etc). Pero también, como hemos dicho, pueden surgir cenáculos fuera del ámbito de la UAC: en Colegios, Instituciones, Parroquias, Sindicatos, Empresas, etc. en donde haya grupos de personas atraídas por el carisma y la espiritualidad de la Unión del Apostolado Católico y de su fundador, Vicente Pallotti.
 

Primera parte: consideraciones teológicas y doctrinales

 

Por qué estas consideraciones

 

El término “Cenáculo” remite, en una primera mirada, a la imagen de la comunidad de los Apóstoles reunidos junto a la Virgen María, Madre de Jesús, los discípulos y las  mujeres en el Piso Alto de la casa de Jerusalén, el mismo lugar en el que Jesús celebró la Última Cena.  La resonancia primera de la palabra, en nuestra espiritualidad, está así motivada por el Hecho de Pentecostés.

Pentecostés, como hecho fundante, nos muestra a los discípulos de Jesús en oración perseverante y unánime, con la presencia de todos los miembros de la comunidad, en torno a María, y a punto de comenzar la Misión.

Todas y cada una de estas notas forman parte importante de la espiritualidad palotina: discipulado, presencia de todos, oración común unánime y perseverante y centralidad de María, a la que damos el título de Reina de los Apóstoles.

Por eso, antes de seguir con la tarea de analizar las posibilidades espirituales y pastorales de los Cenáculos, creo conveniente hacer un análisis de los antecedentes que encontramos en distintas fuentes sobre el hecho originante, esto es: el Cenáculo de Pentecostés.

 

El Cenáculo en la Escritura

 

Salvando el hecho, comúnmente aceptado por los escrituristas, de que no es producente buscar en los relatos del Nuevo Testamento concordancias de los acontecimientos históricos, ya que cada Escritor Sagrado tiene una intención teológica al redactar sus escritos, intentaremos exponer aquí lo que la escritura nos dice acerca del Cenáculo.

El relato del Cenáculo de Pentecostés, en el “piso o lugar alto”  de la casa, en donde los discípulos reunidos con María reciben el Espíritu Santo, lo tomamos del libro de los Hechos de los Apóstoles, que en realidad es la segunda parte de una obra más vasta, cuya primera parte es el Evangelio según San Lucas. Ambas obras son fruto del trabajo de un mismo autor.

Para la primera parte, el autor de Lucas toma como fuente el Evangelio según Marcos, que en opinión de la mayoría de los estudiosos es la base de los otros dos evangelios sinópticos (Mateo y Lucas). También es muy aceptado que haya existido un “protoevangelio de Marcos”, perdido para nosotros, que pudiese haber sido la base de los tres que conocemos como sinópticos[5].

Los noticias que Lucas toma de Marcos le servirán también para el relato del acontecimiento que nos ocupa y que leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Allí nos ofrece datos sobre el lugar y las circunstancias de la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad.

Comencemos por analizar los textos de que disponemos. En primer lugar, corresponde abordar una parte del capítulo 14 del Evangelio según Marcos, del versículo 12 al 16[6]:

“El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?» Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle  y allí donde entre, decid al dueño de la casa: `El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?'  Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.»  Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua”.

Aquí aparece la primera mención[7] del “piso alto” (eis to hyperon, en el original griego), lugar en donde se celebrará la Última Cena. Por ello al lugar se lo llama “cenáculo”. Esta es la fuente (el Evangelio de Marcos) de los datos que nos ofrece Lucas en su doble trabajo (Evangelio y Hechos).

En el capítulo 16 (versículos 14 a 16) del Evangelio de Marcos se menciona una aparición del Resucitado a los once “estando a la mesa”, aunque no indica el lugar, pero que podría ser el mismo. Sin embargo, hay que decir que el capítulo 16 de Marcos es un agregado posterior que no pertenece a la redacción original. Aquí el texto:

“Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará”.

Por su parte el evangelio según Mateo no habla del piso alto, pero su relato coincide con el de Lucas en que el Señor mandó a pedir una casa a un hombre determinado:

“El primer día de los Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?» Él les dijo: «Id a la ciudad, a un tal, y decidle: `El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.'» Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua”. (Mt. 26, 17-19)

Mateo no habla de las apariciones del Resucitado en Jerusalén, sino que menciona solamente una, que se produjo en Galilea (Cf. Mt. 28, 16-20)

El evangelista Juan, por su lado, no nos da indicios del lugar de la Cena. Para Juan, además, la efusión del Espíritu se produjo el día mismo de la Resurrección, “en el lugar en donde se encontraban” los discípulos:

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Jn. 20, 19-23

Queda en la obscuridad, en Juan, el dato del lugar “donde se encontraban” los discípulos. A Juan no le interesa dejarlo mencionado. El Nuevo Testamento Trilingue de Bover y O’Callaghan (BAC, Madrid, 1999) traduce al latín el versículo 19 en la frase que nos ocupa: “ubi erant discipuli”: donde estaban los discípulos. ¿Era un lugar de reunión, donde se producían sus encuentros? No podemos saberlo.

Pasemos a los relatos de Lucas, que es, como hemos dicho, una fuente importante de los hechos de Pentecostés y sus antecedentes, para el tema que nos ocupa. En su Evangelio encontramos, en el capítulo 22, la sinopsis con Mc. 14, 12-16 y Mt. 26, 17-19:

“Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua;  y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.» Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?» Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa en que entre y diréis al dueño de la casa: `El Maestro te dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?' Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta; haced allí los preparativos.» Fueron y lo encontraron tal como les había dicho y prepararon la Pascua”. Lc. 22, 7-13

Allí se celebró la cena, según este relato:

“Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios.»” Lc. 22, 14-16

Más adelante, en el mismo Evangelio, encontramos que los discípulos del camino de Emaús, luego del encuentro con el Resucitado, vuelven a Jerusalén a referir esto a la comunidad. Lucas no lo dice expresamente, pero es sumamente probable que siguieran en la casa:

“Levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,  que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis? ¿Por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo.»” Lc. 24, 33-39

Luego, Jesús les recomienda que no se ausenten de Jerusalén:

«Mirad, yo voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre. Vosotros permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto.» Lc. 24, 49

No dice donde deben permanecer, pero se supone que es en la misma casa, por lo que se menciona después, en el libro de los Hechos (Hech. 1,13).

Luego Lucas narra la Ascensión y así termina la primera parte de su obra.

Al comienzo de Hechos (1,4) Lucas retoma el relato en la aparición de Lc. 24, 33-39:

“Mientras estaba comiendo con ellos, (Jesús) les ordenó: «No se vayan de Jerusalén, sino aguarden  la Promesa del Padre, que oyeron de mí: Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días.» (Hech. 1, 4-5).

Posteriormente Lucas vuelve a relatar la Ascensión del Señor, (Hech. 1, 6-11), y luego manifiesta expresamente que seguían viviendo en “el piso alto”, y nos da información sobre quiénes vivían allí:

“Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está próximo a Jerusalén, la distancia de un camino sabático. Y cuando llegaron, subieron a la estancia superior, donde vivían, Pedro y Juan; Santiago y Andrés; Felipe y Tomás; Bartolomé y Mateo; Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas de Santiago. Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos”. Hech. 1, 12-14

Luego de describir la sustitución de Judas por Matías (Hech. 1, 15.26), se narra la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés.

“El día de Pentecostés, estaban todos reunidos, y de repente vino del cielo como una ráfaga de viento que llenó toda la casa, y se les aparecieron como unas lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos. Todos se llenaron de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse”. (Hech. 2, 1-4)[8]

Si bien no figura expresamente en el relato del libro de los Hechos, creemos que en esa oportunidad estaban los apóstoles reunidos junto a María, la Madre del Señor, y varias mujeres y hombres de la comunidad, basándonos para esta convicción en Hechos 1,14, en donde se completa la descripción de la comunidad que vivía en el piso alto:
“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, y de María la madre de Jesús, y de sus hermanos”.

Todos estos datos nos permiten inferir que la comunidad apostólica vivía o al menos se reunía en el piso alto de la casa en donde Jesús instituyó al Eucaristía (de allí el nombre de Cenáculo que se le da a este sitio) y que en el mismo lugar hubieron algunas manifestaciones del Resucitado y se produjo la venida del Espíritu Santo, probablemente en la noche de Pentecostés, estando la comunidad reunida en oración con María, la madre del Señor.

El arte cristiano ha reproducido innumerables veces el acontecimiento de Pentecostés, mostrando a los apóstoles y discípulos en torno a María en actitud de oración profunda y recibiendo al Espíritu Santo que descendió sobre ellos en forma “como de lenguas de fuego” (Hech. 2,5).  En esta imagen se resume lo que sabemos de esta comunidad primera, por el contexto del libro de los Hechos que remarca que perseveraban en la oración comunitaria con un mismo espíritu, en el afecto profundo compartido, en la comunión de bienes, en la meditación sobre las enseñanzas de Jesús y en el apostolado  (Hech. 1, 14; 2, 1; 2, 42.44-45; 4, 32-35).

En este recorrido bíblico sobre el cenáculo, advertimos entonces un triple y riquísimo contenido en esta imagen del Cenáculo: la Cena del Señor, en la que se entrega sacramentalmente en Cuerpo y Sangre, Cena que está íntimamente ligada al sacerdocio y al servicio; Cenáculo que es lugar de vida y comunión de la Iglesia post-pascual, y Cenáculo donde en Pentecostés se derrama el Espíritu sobre la comunidad. Cada uno de estos contenidos está cargado de significado, pero para ilustrar esta nueva realidad palotina de los cenáculos comunitarios, detenemos nuestra mirada en la imagen del Cenáculo de Pentecostés. Éste se constituye el ícono de la comunidad ideal, modelo para el cristiano: unida en el amor, en oración constante, presidida por María, meditando sobre las enseñanzas del Maestro en actitud de discipulado, y pronta para el envío y la misión. Los palotinos veneramos con profundo amor la imagen inefable de la Virgen en medio de la comunidad, a la que damos el nombre de “Reina de los Apóstoles”, y queremos establecer, en nuestras propias comunidades, una vivencia similar.

 

El Cenáculo en el Concilio Vaticano II

 

El hecho de Pentecostés aparece mencionado también en los documentos del Concilio Vaticano II, que muestra a la Iglesia como sacramentum salutis, sacramento de la salvación humana, manifestado especialmente desde el día de Pentecostés. Un párrafo destacable es el siguiente:

“Queriendo Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los apóstoles antes del día de Pentecostés perseverar unánimemente en la oración, con las mujeres y María, la Madre de Jesús, y los hermanos de Él (Hech. 1,14), y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, el cual ya la había cubierto con su sombra en la anunciación”[9].

Los padres conciliares remarcan en este texto el ámbito en el cual se derrama el Espíritu sobre la comunidad: un ámbito en el que se destaca la perseverancia unánime en la oración, en la comunidad completa y con la presencia de María, la madre de Jesús. Y esto nos interpela especialmente a nosotros, los herederos de Vicente Pallotti. Porque para nuestro fundador la comunidad orante en torno a María es lugar privilegiado de manifestación del Espíritu[10]

El Espíritu, nos sigue diciendo el Concilio,  santifica a la Iglesia posibilitando la unión de los fieles al Padre por medio de Jesucristo: “Consumada la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que continuamente santificara a la Iglesia, y de esta forma los creyentes pudieran acercarse por Cristo al padre en un mismo Espíritu. El es el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna, por quien vivifica el Padre a todos los muertos por el pecado hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales. El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos”[11].

También reconoce el Concilio el lugar especialísimo y único de María, en la comunidad reunida el día de Pentecostés, dándole el nombre con el que la Iglesia siempre la reconoció: “La Beata Virgen Maria, Reina de los Apóstoles, es el ejemplo perfecto de vida espiritual y apostólica. […] Ella estaba siempre íntimamente unida a su Hijo y cooperaba a la obra del Salvador a título absolutamente único”[12]

De los documentos conciliares se deduce con claridad que el Espíritu Santo ya ha sido dado a la Iglesia, y en ella permanece. Donde está la Iglesia está el Espíritu. Pero la Iglesia está llamada a renovar a cada instante aquél hecho fundante, en una recepción siempre nueva del Espíritu de Jesús. Por ello los cristianos somos convocados a mantener siempre vivo en nuestras comunidades el ámbito cenacular de oración perseverante y unánime en presencia de María. Pero es preciso tener en cuenta que Pentecostés no es un punto de llegada: es por el contrario un punto de partida, un acontecimiento santificador y posibilitante, en función de la misión. Pentecostés inaugura el tiempo de la Iglesia, y el tiempo de la Iglesia es un tiempo de marcha, de servicio, de promoción, de Misión, de Evangelización, de Apostolado. Al respecto dirá, tiempo después del Concilio, el recordado papa Pablo VI: “Solamente después de la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, los Apóstoles salen hacia todas las partes del mundo para comenzar la gran obra de Evangelización de la Iglesia, y Pedro explica el acontecimiento como la realización de la profecía de Joel: «Yo derramaré mi Espíritu».”[13]

 

En San Vicente Pallotti

 

San Vicente Pallotti amaba profundamente este acontecimiento que marcó el nacimiento de la Iglesia, acontecimiento en el cual los apóstoles, reunidos con María y otras mujeres y varones en el Cenáculo, recibieron la efusión del Espíritu Santo que les otorgó la fuerza, la valentía y la elocuencia para anunciar al mundo el Evangelio de Jesús. Así lo expresa nuestro fundador: “En cualquier lugar donde me encuentre, voy a renovar siempre el propósito de imaginarme que estoy con todas las criaturas en el Cenáculo de Jerusalén, donde los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo. Como los discípulos  que estaban aquél día con María Santísima, también yo quiero estar en todo momento con mi querida madre María y con Jesús. Ellos harán descender sobre mí y sobre los demás, la plenitud del Espíritu Santo”. [14]

Pallotti, pues, se consideraba “siempre presente” en el Cenáculo. ¿Por qué esta dilección de San Vicente? Con toda seguridad porque en el Cenáculo de Pentecostés estaba, en un lugar central, María, y también el mismo Jesús, ya que el mismo Señor lo había dicho: “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt. 18, 20), y “he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20b). Para Pallotti ellos (Jesús y su Madre) harán descender sobre él y sobre todos los demás el Espíritu Santo.

En Pallotti, por lo tanto, el cenáculo es un ámbito de gracia y encuentro con la Divinidad.

Un ámbito comunitario de recepción del Espíritu Santo. Pero en Pallotti el Cenáculo es un ámbito universal: él quiere imaginarse que está en el Cenáculo junto “con todas las criaturas”. Por lo mismo, en Pallotti el Cenáculo es un ámbito de comunión.

Desde esta perspectiva, cada Cenáculo palotino será como un lugar de comunión universal en un lugar específico y necesariamente acotado. El cenáculo realiza así, de alguna manera, la universalidad de la Iglesia. Cada Cenáculo se incorpora místicamente en todos y cada uno de los demás, y todos juntos forman parte del único Cenáculo, el que comenzando en Jerusalén la noche de Pentecostés se extiende a lo largo de los siglos sobre toda la Iglesia, reunida junto a María, y bajo la efusión del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo, el Fundador.

 

El Cenáculo en otros escritos de autores palotinos

 

La reflexión sobre el tema que nos ocupa es vasta en autores palotinos. Escapa de las posibilidades de este artículo abarcar toda la riqueza de los distintos aportes, que quizá puedan integrar un trabajo posterior. Propongo, sin embargo, extractos de artículos o conferencias del P. Casimiro Czulack, SAC, el Padre Ángel Fernández de Arangüiz, SAC, y la Hna Alicja Majgier, CSAC, que creo pueden iluminarnos.

 

El P. Czulack, en una intervención en una Asamblea de Superiores Mayores de la SAC, proponía que el concepto de Cenáculo se nutre de los tres grandes momentos en que ese ámbito de encuentro y gracia configuró de manera permanente a la naciente Iglesia: la Cena Pascual, las apariciones post-pascuales del resucitado y el hecho de Pentecostés. Y al respecto de este último momento, que a nosotros nos interesa particularmente en el marco de nuestra meditación, remarca la dimensión misionera-apostólica de la efusión del Espíritu y la importancia de la presencia orante de María:  “Con la venida del Espíritu Santo, la puerta del cenáculo se abre de par en par. Lo que entonces se hacía en secreto, “a puertas cerradas”, en el día de Pentecostés se revela al mundo exterior… El fuego divino “pone a ese grupo pequeño, cerrado y asustado, del  brazo del Poder que viene de lo alto. Salen a conquistar al mundo. El milagro de las lenguas trae entendimiento entre las personas, une los idiomas diferentes en la confesión de una misma fe. De esta manera, la Escritura da énfasis al contraste entre la torre de Babel y Pentecostés. Construyendo Babel, los que hablaban un mismo idioma no se entienden más. En Pentecostés, en cambio, aunque cada uno hable en su propio idioma, nos entendemos todos[15].  Es indispensable recordar algo más: en el “piso alto” estaba María, la Madre de Jesús, con quien todos permanecían unánimes en la oración. Ese hecho se inscribe también en el ser y el actuar de los palotinos” [16].

 

Hacia 1840 Pallotti encarga al artista Serafino Cesaretti realizar una representación pictórica del Cenáculo basándose en una pintura de Johann  Friedrich Overbeck, pintor romántico alemán: María reunida con los apóstoles, implora el Espíritu Santo. El P. Ángel Fernández de Arangüiz, analizando el cuadro, extrae algunas conclusiones teológicas que consideramos de importancia para nuestro tema. Dice el P. Fernández de Arangüiz:

“Considerándolo de cerca, reconocemos en el cuadro de la Reina de los Apóstoles abundancia de lazos hacia los acontecimientos importantes de la misión salvadora de Jesucristo. Como en un foco se encuentran en el cuadro los acontecimientos del misterio de la Redención y forman una unidad. Primeramente descubrimos en la imagen a la comunidad pentecostal junta y orando. Los discípulos reunidos alrededor de María, la Madre del Señor, esperan la venida del Espíritu Santo. El cuadro recuerda la promesa de Jesús de que el Padre enviará su Espíritu para recordar a los discípulos todo lo que Él hizo y dijo. María vive con el grupo de discípulos en oración, y reza confiadamente por la promesa del Señor. La imagen de la Reina de los Apóstoles muestra también el acontecimiento pentecostal mismo y su correspondiente comunidad, que recibe el Espíritu Santo. María, con la comunidad de los discípulos en el misterio de la emisión del Espíritu, se hace Iglesia; es decir: de aquella comunidad que es portadora en sí misma de la salvación donada por Jesús y que anuncia el mensaje al mundo. A partir de aquí, María obtiene su posición exclusivamente especial y única dentro de la Iglesia. Al mismo tiempo, arranca de ahí su singular relación hacia la comunidad entera de la Iglesia. En la «Protesta Generale» del año 1816, se refiere Vicente Pallotti a estas dos expresiones nucleares de la imagen de la Reina de los Apóstoles: él quiere unirse con ella y en comunión con los discípulos en oración e implorar la venida del Espíritu Santo”.

El P. Fernández muestra también la íntima relación entre María y la actividad apostólica y misionera de los discípulos de Jesús, en todas las épocas:

“Apóstol es aquél que, a su modo, se entrega por la extensión del Reino de Dios; y esto lo hizo María por su ardiente anhelo y amor que apresuraron la venida del Redentor. Además, ella imploró con los discípulos el Espíritu Santo con cuya venida comenzó todo apostolado de la Iglesia. Incluso mantuvo firme, por su íntima oración, la confianza de los apóstoles e hizo eficaces sus fatigas. Ahora también sostiene por su intercesión toda actividad apostólica…Claramente se ve a María como el «punto central» de la comunidad de Pentecostés. Ser punto central, sin poseer ningún «ministerio», puede serlo María ciertamente sólo porque ella está en una relación más profunda hacia Jesucristo y hacia el Espíritu Santo que todos los apóstoles. De aquí resulta, también, su especial posición en la Iglesia y su extraordinaria relación hacia la misma en todo su contexto. Estas deducciones dan al título de «Reina de los Apóstoles» nuevo peso específico y gran trascendencia”.

Más adelante el P. Fernández retoma la reflexión de Vicente Pallotti al mostrar que María es modelo del apostolado de todos: de seglares, de consagrados y de ministros ordenados:

“Pallotti fundamenta particularmente  el apostolado de los laicos desde un punto de partida «negativo»: María es el modelo ejemplar para ello, ya que para el apostolado no hace falta ningún poder jerárquico. Los doce discípulos son llamados apóstoles incluso antes de tener tales potestades. Por eso María puede ser, como signo para todos los seglares, apóstol en el verdadero sentido, aunque no haya tomado parte en la predicación y sin el ministerio sacerdotal. Pues apóstol es el que, cada quien  a su modo, se entrega por la extensión del Reino de Dios. A este punto de partida negativo se siguen en Pallotti los elementos positivos del apostolado de María. Pero, por la situación de su tiempo, estaba obligado a mostrar en María que el seglar está llamado al apostolado, incluso, sin ministerio eclesiástico y sin participación en la jerarquía”.

Basándose en aportes del teólogo alemán Kart Rahner, el P. Fernández va más allá, y muestra a María, en Pentecostés, como modelo de la unidad en el apostolado universal de la Iglesia:

“María puede ser resaltada más fuertemente que en el tiempo de Pallotti como modelo del apostolado universal. Por eso Kart Rahner pone sus reflexiones sobre las estructuras fundamentales del apostolado ante la imagen de María bajo el título: «la unidad del apostolado del clero y del seglar». Su fundamentación es muy instructiva. He aquí un resumen: El apostolado de María contiene primeramente la unidad del apostolado del clero y de los seglares. Aunque María es Reina de los Apóstoles, no pertenece al clero. Pues ella no es ningún sacerdote en el sentido ministerial. Pero no se le puede contra entre los «seglares». Pues ella ocupa entre los redimidos una posición sobresaliente. Su misión es, en cierto sentido, un «ministerio», si bajo ello se entiende su papel en la historia de la salvación. Se puede decir con razón: María es la unidad viva del apostolado del clero y de los seglares. Ella es, en cierto modo, la protesta viva contra todo exagerado clericalismo y seglarismo. En María es también rechazado el laicismo: aquella postura unilateral que rechaza el ministerio y se apoya en la libre acción del Espíritu. La presencia de María, Reina de los Apóstoles, como Madre de Jesús el apóstol del Eterno Padre, como madre de sus apóstoles y discípulos y como madre de todos los cristianos y nuestra, conlleva en nuestra comunidad una determinada y específica dedicación al Reino de Dios a través del apostolado, tomando fuerzas y energías desde la escena del Cenáculo y aceptando los criterios básicos de toda convocatoria cristiana como son los de comunidad y persona. Y concientes de que «cada uno que en su estado, según sus fuerzas y con confianza en la divina gracia, se dedica en cuanto puede a la propagación de la fe, puede merecer el nombre de apóstol. Y todo lo que haga a tal  fin, será su apostolado[17]”.

 
 

Segunda parte: aspectos prácticos

 

Los cenáculos en la vida de la UAC

 

Cada forma de Cenáculo es el lugar de la presencia

y de la tarea del Espíritu Santo, el Fuego Divino

P. Casimiro Czulak, SAC

 

Luego de haber realizado todo este recorrido introductorio, habremos de analizar a continuación las posibilidades reales que se le abren a la Unión del Apostolado Católico y a sus miembros a través de la implementación de los Cenáculos de Vida Apostólica como una realidad que puede enriquecer a las comunidades ya existentes.

La inspiración de los cenáculos como lugar de vida y apostolado no es nueva. Desde siempre los palotinos hemos visto al Cenáculo de Pentecostés como el modelo palotino por excelencia. Vicente Pallotti fue el primero que lo consideró de tal manera.  Porque el Cenáculo es en primer término un ámbito de comunión, un ámbito eclesial por naturaleza, donde están representadas todas las vocaciones en la unidad común de la oración y la unanimidad de fe y de corazón, desde donde surgen el apostolado y la misión. La implementación de los Cenáculos pretende, por lo tanto, sólo ordenar y universalizar esta forma de vivir en comunidades pequeñas, de manera de establecer criterios comunes para la UAC en Argentina.

 

 

Cuando y cómo formar un Cenáculo

 

Como ya hemos adelantado más arriba, son muchas y distintas las circunstancias y motivaciones que pueden dar lugar a la constitución de un Cenáculo.  Quizá la más frecuente es cuando en un ámbito de vida pastoral compartida (una Parroquia, una Capilla, un Colegio, una Institución) algunos de sus miembros quieren formar una comunidad más pequeña, no para segregarse del resto sino para intensificar su vida de oración, su itinerario de formación cristiana, su espiritualidad y sus tareas apostólicas.

La comunidad pequeña, en efecto, ofrece mejores posibilidades para esta tarea de profundización del propio compromiso. No obstante, nunca remarcaremos suficientemente que no deben aislarse de las comunidades más grandes que los contienen. Antes bien, cada Cenáculo ha de velar por que sus miembros se inserten de manera viva y activa en las comunidades madre.

El hecho de compartir una actividad apostólica concreta, cosa frecuente en Parroquias o Colegios, donde algunos se “especializan” en determinadas tareas (Catequesis; Ministerios Litúrgicos; Misión; Pastoral Juvenil; Atención a los enfermos, Ministerios de la Música, etc.) ofrece la ocasión para conformar un Cenáculo entre aquellos que realizan la misma tarea. Pero no es una condición determinante: también pueden constituir un Cenáculo los miembros de diferentes organizaciones y ministerios, tareas o carismas. La única condición necesaria es la voluntad de compartir más intensamente el propio crecimiento en la fe.

Cuando un pequeño grupo descubre que tiene esta vocación, debería presentar el proyecto al Párroco o Asesor Espiritual para recibir de éste consejo y orientación. Y sin más, lanzarse a la tarea de comenzar a transitar este camino con todas las riquezas que ofrece. 

 

Características propias de los Cenáculos

 

Los Cenáculos deberían tener entre 4 y 16 integrantes, a fin de que no sean tan numerosos que se dificulte la vivencia comunitaria.

A medida que pase el tiempo, cada Cenáculo irá construyendo un perfil propio, de acuerdo a las personalidades de los miembros que lo integran, y a las características del lugar en que se encuentra y las opciones de la actividad apostólica que ejercen los integrantes.

En este sentido, la creatividad de los miembros facilitará la configuración propia del Cenáculo, la periodicidad y la estructura de sus reuniones, el propio estilo de oración, el esquema de la formación y de la revisión de vida. En este trabajo, más adelante, propondremos un esquema tentativo para las reuniones, pero sólo para orientar la tarea que debe realizar cada uno de los Cenáculos que se vaya constituyendo.

De la misma manera, cada Cenáculo deberá establecer la forma en que potencia la actividad apostólica de sus miembros. Incluso puede desarrollar (el Cenáculo) una actividad apostólica común, como lo diremos en el título respectivo.

Pero debe quedar claro que los Cenáculos pueden y deben poseer características propias que los identifiquen y los particularicen, y que no es necesaria, en este sentido, la uniformidad absoluta en la manera de vivir la experiencia de Cenáculo entre los distintos que se vayan creando.

 

¿Debe tener un nombre cada Cenáculo individual?

 

Si bien no es una condición indispensable, sugerimos que cada Cenáculo se identifique con el nombre de alguna persona (un santo, una personalidad de la Iglesia), con el de algún hecho histórico, con un lema, con una imagen, o con algo que refleje los propósitos y las aspiraciones de la vida que comparten sus miembros.

Esto facilitará la particularización  del Cenáculo y hacer referencia a cada uno de los mismos posibilitando su identificación.

 

Qué implica pertenecer a un Cenáculo

 

Pertenecer a un Cenáculo implica comprometerse con un camino común de oración, vida espiritual, formación, revisión de vida y apostolado.

Implica querer compartir con otros la propia fe, el propio crecimiento, las propias dificultades, y también los propios talentos, proyectos, sueños y entusiasmos.

Implica estar abiertos a la acción del Espíritu Santo que actúa de manera privilegiada en donde una comunidad comparte la oración profunda, como en Pentecostés.

Implica la disponibilidad personal para abrirse a los demás, para ayudar y dejarse ayudar, para escuchar y ser escuchado.

Pertenecer a un Cenáculo impulsa además a estar dispuesto a profundizar cada vez más en la teología del apostolado y en la Espiritualidad palotina, en el seno de la UAC. En tal sentido, todos los que integran los Cenáculos están llamados a participar de la vida de la Unión a través de las celebraciones comunitarias, los encuentros locales, nacionales y continentales, y todo lo que la UAC organice y realice para promover la comunión en este nuevo modo de ser Iglesia evangelizadora.

 

Los Cenáculos y la oración

 

Lo más inmediato y propio que surge de la contemplación de la imagen del Cenáculo de Pentecostés es el profundo clima de oración en el que se hallaban la Madre del Señor, los apóstoles, los discípulos y las mujeres. Es en este ámbito de oración en el que se hizo posible la efusión del Espíritu Santo. El Espíritu Santo se derramó en una comunidad de corazones abiertos a través de la oración. La oración es la fuente de toda experiencia cristiana, y vitaliza el caminar de los discípulos del Maestro.

Por lo mismo, creemos que también lo propio y fundamental de los Cenáculos palotinos ha de ser la intensa vida de oración que sus miembros realicen en comunidad, en el ámbito de las reuniones, y también en la soledad de su plegaria privada, que tendrá en cuenta, siempre, a los demás integrantes del Cenáculo, en sus necesidades, intenciones particulares y trabajos apostólicos.

Cada reunión de un Cenáculo debe entonces dejar un amplio espacio a la oración comunitaria. Ésta puede ser preparada por los distintos miembros, alternativamente, para obtener la riqueza de la creatividad particular de quien prepara la oración del día. Pero también se puede seguir un esquema parecido para todas las reuniones, o quizá seguir un itinerario de oración de los muchos que se ofrecen a la piedad de los cristianos. Cada Cenáculo habrá de decidir su propio estilo de oración. Lo importante es que la vida del Cenáculo se fundamente en una profunda y copiosa plegaria compartida, plegaria en la que permanentemente se rogará a Jesucristo, por la mediación de María, que envíe su Espíritu Santo sobre la Iglesia para moverla al apostolado.

 

Los Cenáculos y la formación de sus miembros

 

Como ya hemos dicho, los Cenáculos constituyen un lugar privilegiado para la formación de sus miembros. Nuestro Consejo Nacional de Coordinación de la UAC (Conarco), en la carta de presentación de los Cenáculos que envió a las comunidades, exhorta a cada Cenáculo a que asuma responsablemente su propio camino de formación con la orientación del Consejo Local de la UAC de la región a que pertenece.

Los Cenáculos están llamados, así, a recorrer el Plan de Formación tanto inicial como permanente que el Conarco propone para los miembros de la UAC argentina.

Los diferentes temas propuestos en el Plan de Formación pueden ser preparados por los distintos miembros del Cenáculo, pero también pueden ser invitadas otras personas idóneas para que a través de charlas, reflexiones o ejercicios espirituales ayuden a cada Cenáculo en su propia formación.

Existen asimismo (y se irán incrementando) otras herramientas de formación que pueden ser de utilidad: el manual “Llamados por nombre”; la colección de reflexiones y oración “Apóstoles Hoy”, un Manual de Formación de la UAC argentina que está en proceso de elaboración, y por supuesto las diferentes colecciones de textos de San Vicente Pallotti.

No obstante, la lectura orante de la Biblia sigue siendo la fuente inagotable de numerosas gracias, y es la base de toda formación cristiana.

Los Cenáculos pueden recurrir, también, a los numerosos documentos del magisterio de la Iglesia, y a distintos textos de autores palotinos para enriquecer los diferentes aspectos de la formación, siempre en el ámbito del Plan propuesto, que ordena y conduce el trabajo y la reflexión.

Sugerimos, por último, que cada Cenáculo cuente con un asesor espiritual entre cuyas tareas puede estar, precisamente, la de orientar el proceso de la formación de los miembros.

 

Los Cenáculos y la revisión de vida

 

Otra dimensión posible para los Cenáculos es la revisión de vida, en la cual los miembros comparten, en intimidad y confianza, el devenir de su propia existencia, con sus gozos y esperanzas, angustias y preocupaciones, a fin de que la pequeña comunidad del Cenáculo pueda ayudar a cada uno a discernir las respuestas evangélicas y la voluntad de Dios en los distintos acontecimientos, problemas y desafíos que se le van presentando. El Cenáculo trasciende así la dicotomía “vida personal-vida cristiana”, integrándola en una unidad en la caridad. Para ello, en un ambiente de intimidad y plena confianza, y por supuesto bajo la condición del sigilo más absoluto, cada integrante del Cenáculo puede manifestar al resto los hechos significativos de su vida, no solo para informarlos, sino para invitarlos a que lo ayuden a discernir el camino evangélico a seguir.

También debe el Cenáculo interesarse por el progreso espiritual de cada uno de sus miembros, para lo cual, con creciente confianza, podrían destinarse espacios en los que los integrantes de la comunidad pudiesen expresar sus logros y dificultades, a fin de recibir el parecer, la ayuda y el consejo de los demás en este importante asunto.

 

Los Cenáculos y el envío apostólico

 

 

La Iglesia, incluida la UAC, recibe en el Cenáculo

 el envío apostólico por el camino pascual.

P. Casimiro Czulak, SAC

 

 

El estatuto de la Unión del Apostolado Católico, en el Nº 17, señala la íntima relación que existe entre el Cenáculo de Pentecostés y la actividad apostólica de los miembros de la UAC, al decir: En comu­nión con María, Reina de los Apósto­les, los miembros de la Unión se comprometen a preparar el camino de Cristo en el corazón de los hombres. Con ella se unen en oraci­ón, como­ en el Cenáculo, para pedir la fuerza del Espíritu San­to (cf. Hch 1, 13s)[18] que continuamente los hace capaces de reci­bir y dar el amor que renueva todas las cosas (cf. Sal 104, 30)”[19]. En efecto, no hay apostolado fecundo ni misión que no nazcan de una comunidad orante, como la del Cenáculo de Pentecostés. El Papa Benedicto XVI lo remarca cuando dice: “Algunos piensan, a veces, que la efectividad del misionero depende principalmente de la programación cuidadosa y su consiguiente aplicación inteligente a través de un compromiso concreto. El Señor pide, ciertamente, nuestra colaboración, pero antes de cualquier respuesta se necesita su iniciativa. El verdadero protagonista de la Iglesia es su Espíritu. Las raíces de nuestro ser y de nuestra acción están en el silencio sabio y providente de Dios”[20].

Vivir en clima de Cenáculo fortalece el apostolado. Porque es el Espíritu el que da la fuerza necesaria para la Misión. Es el Espíritu el que anima, levanta, fortalece, y en definitiva, envía. Y el espíritu se derrama allí donde hay una comunidad unida por el amor de Cristo, y por el mandamiento de Cristo del amor recíproco. ¡Es el amor de Cristo lo que nos mueve y nos urge a la tarea apostólica! Y el Cenáculo es un ámbito privilegiado para vivir ese amor, tal como lo consideró Vicente Pallotti, para quien el amor misericordioso, gratuito y eterno de Dios, resplandece en la Imagen de Dios que hay en todo hombre, de donde surge nuestra vocación fundante al amor y como consecuencia, nuestra vocación al apostolado universal[21].

En la práctica, los cenáculos no son primariamente grupos apostólicos, aunque sus miembros tengan un mismo apostolado. Los Cenáculos son más que eso, como hemos visto. Pero indudablemente posibilitan el apostolado de sus miembros, sea éste un apostolado individual o un apostolado común. Porque el Cenáculo es lugar de oración, de discernimiento, de inspiración, de renovar fuerzas, de compartir criterios. En cualquier sentido, el Cenáculo permite que se haga realidad aquello que decía San Vicente Pallotti: “La razón y la experiencia demuestran que el bien realizado en forma individual es ordinariamente escaso, incierto y de poca duración, y que los esfuerzos más generosos del hombre no pueden lograr nada grande en el orden espiritual o el físico, si no están orientados a un fin común”[22]. En efecto,  el bien  que surge de la comunión es más grande y duradero.

De todo esto se desprende que los Cenáculos palotinos se plenifican cuando de la vida cenacular surge el apostolado como consecuencia natural y necesaria.

 

Los encuentros en el ámbito de los Cenáculos

 

Con todo lo dicho hasta ahora, podemos tener una idea de la manera de organizar las reuniones o encuentros de cada Cenáculo, aunque esto depende de las características particulares de cada uno.

Quizá sea conveniente comenzar el encuentro con la Oración Comunitaria, a la cual le dedicaremos un tiempo generoso. Luego puede destinarse un espacio a la revisión de vida y al repaso de las novedades ocurridas en lo personal y comunitario desde el último encuentro. Posteriormente se puede recorrer la etapa correspondiente del itinerario de formación, dedicando la última parte del encuentro a compartir las propias vivencias del trabajo apostólico y a la planificación u organización, eventualmente, del apostolado de la comunidad. Luego de establecer fecha, horario y lugar del próximo encuentro, y de determinar los responsables de preparar la oración y la formación para el mismo, se concluye el encuentro con la oración final, en la que debería rezarse la Oración a la Reina de los Apóstoles, que figura al final de este trabajo, en el capítulo “Algunas plegarias para rezar en el Cenáculo”.

Estas recomendaciones son a título orientativo, ya que cada Cenáculo habrá de establecer la modalidad de sus reuniones, como así también la frecuencia de las mismas. Sugerimos, empero, que como mínimo se celebre un encuentro mensual.

 

Los Cenáculos y su relación con la UAC

 

Los cenáculos palotinos de vida apostólica nacen en el seno de la Unión del Apostolado Católico. Y son propuestos a los miembros, colaboradores y simpatizantes de la UAC.

Quizá sea procedente recordar algunas cuestiones que se desprenden del Estatuto de la Unión, aprobado recientemente por el Pontificio Consejo para los Laicos, que reconoce a la UAC como Asociación pública Internacional de Fieles de Derecho Pontificio.

El artículo 1º del Estatuto define a la UAC: “La Unión del Apostolado Católico (Unio Apostolatus Catholici: UAC), don del Espíritu Santo, es una comunión (communio) de fieles que, según el carisma de San Vicente Pa­llot­ti, promueven la corresponsabilidad de todos los bau­tizados por reavivar la fe y reencender la caridad en la Iglesia y en el mundo para llevar a todos a la unidad en Cristo”[23].

En el artículo 8º se establece su condición canónica: “La Unión del Apostolado Católico es una asociación públi­ca internacional de fieles de todo estado y condición y de derecho pontificio (cf. cc. 298-320 y 327-329)[24]. Es erigida por la Santa Sede y regulada según las normas del Código de De­rec­ho Canónico y los artículos del presente estatuto”.

A la vez el artículo 12 establece el fin de la UAC: “La misión de la Unión del Apostolado Católico es despertar la fe y la conciencia del llamado al apos­tolado y reencender la cari­dad de todos los miembros del pueblo de Dios para que estén unidos en el compromiso de difundir la caridad, para que cuanto antes haya un solo rebaño bajo un solo Pastor (cf. Jn 10, 16)[25]. Por eso la Unión, en comunión con los pastores competentes, promueve la colaboración entre todos los fieles en la apertura de nuevas formas de evangelización[26]”.

En la Unión del Apostolado Católico hay miembros y colaboradores. Son miembros de la UAC los integrantes[27] de las comunidades adheridas a la Unión (en nuestro país se encuentran: La Sociedad del Apostolado Católico; la Congregación de Hermanas del Apostolado católico; la Comunidad Reina de los Apóstoles; la Fundación Amor Divino; la Fundación Oxenford y la Comunidad Apostólica Respuesta Cristiana) y personas individuales que solicitan su incorporación al Consejo Nacional de Coordinación[28], y que realizan el pertinente Compromiso Apostólico.

En la UAC existen también los colaboradores, que son los fieles católicos que, sin asumir compromisos particulares, desean de alguna manera compartir su espíritu y participar en sus actividades[29], inclusive siendo fieles de iglesias o comunidades eclesiales cristianas no católicas, fieles de religiones no cristianas que comparten la fisonomía espiritual o alguna peculiar característica de la Unión o que se sienten unidos a ella y viven de alguna manera su espíritu, o personas de buena voluntad que no tienen una fe religiosa, pero que estiman la Unión por su espiritualidad o por alguna sus características, y que desean, en cuánto les es posible, compartir sus objetivos[30].

Los Cenáculos pueden, por lo tanto, estar integrados tanto por miembros como por colaboradores de la UAC. El Conarco (Consejo Nacional de Coordinación de la UAC argentina), en la carta de presentación de los Cenáculos fechada el 11 de octubre de 2008, al hablar de la constitución de estas nuevas comunidades, dice que: “El Consejo Nacional reconoce y tiene muy en cuenta a todas esas realidades apostólicas como verdaderos cenáculos, células vivas de la Unión en nuestro país, y te invita a vos y a todos los miembros y colaboradores de la UAC a que los promuevan y los animen”.

Es necesario destacar que, al menos por el momento, los Estatutos no reconocen a los Cenáculos como comunidades de la UAC, aunque sus integrantes sean miembros o colaboradores de aquella. Pero los incorpora a su ser y su actuar a través de los Consejos Locales que son las instancias que los reconocen a partir de una carta de presentación que el Cenáculo elabora. Así, los miembros del Cenáculo se integran al ámbito del Consejo Local de su diócesis, en el que participa un representante de cada Cenáculo.

Los cenáculos participan de la vida de la Unión tanto a nivel local como nacional o continental (en caso de que se realicen encuentros continentales abiertos). Asisten así a Encuentros, Asambleas, celebraciones comunitarias, etc., comparten los programas de formación y el carisma y la espiritualidad comunes a toda la UAC.

 

¿Deben tener los Cenáculos estatutos o reglamentos?

 

Los Cenáculos son antes que nada comunidades de vida, oración y formación, por lo que no necesitan tener estatutos o reglamentos propios. Creemos incluso que la estructuración desmedida sería un desmedro para lo que les es propio: compartir la vida de manera espontánea y fraterna. El Consejo Nacional de la UAC de Argentina propone en la carta ya mencionada algunas líneas orientativas sobre la constitución de los Cenáculos, pero no pretenden ser una normativa cerrada, quedando para la experiencia singular de cada uno las formas particulares de su organización y vida.

 

Reconocimiento de los Cenáculos por parte de la UAC

 

Como lo hemos adelantado más arriba, cuando se constituye un Cenáculo en alguna realidad de la UAC (Colegio, Parroquia, Institución, Fundación o Movimiento), el nuevo Cenáculo debe elaborar una carta de presentación al Consejo Local en la que notificará la constitución, los integrantes, y las particularidades propias del Cenáculo, solicitando su reconocimiento. El Consejo Local, basándose en el espíritu de los Estatutos General y Nacional, reconocerá al Nuevo Cenáculo notificando a éste del reconocimiento e invitándolo a nombrar a un representante en el Consejo Local. A la vez, notificará del establecimiento del Nuevo cenáculo al Consejo de Coordinación Nacional.

 

El Compromiso Apostólico y los Cenáculos

 

Los integrantes de un Cenáculo, cuando no son miembros de la Unión (ver más arriba el capítulo Los Cenáculos y su relación con la UAC), pueden, llegado el caso, convertirse en miembros plenos de la UAC a través de la realización del Compromiso Apostólico, luego de cumplir con el Plan de Formación Inicial que establece el Consejo de Coordinación Nacional. Así lo establece la mencionada carta de presentación del 11-10-08: “Cuando considere que uno o varios integrantes están en condiciones de asumir el compromiso apostólico palotino, el Cenáculo los presenta al Consejo Local, que evalúa su admisión para que sea miembro pleno de la Unión”.

 

Tercera parte: Espiritualidad en los Cenáculos

 

“Para rogar y esperar la realización de la promesa es que los apóstoles se reúnen en el Cenáculo, en un gran retiro espiritual, bajo la protección maternal de Maria. He aquí como empieza la Iglesia de Jesús. Recordamos que la Unión del Apostolado Católico también ha nacido en la oración. Es importante no olvidar esto[31]

San Vicente Pallotti

 

 

La UAC y su vida espiritual

 

La vida espiritual de la UAC se centra en la Caridad, que es la savia que nutre a todo el organismo. Así lo establece el estatuto General en su artículo 14: “La caridad, ejercida como la describe el Apóstol [Pablo] (cf. 1 Cor 13, 4-7 y 2 Cor 5, 14) forma todo lo constitutivo substancial de la Unión”[32] … “así, todos deben estar siempre animados por el verdadero espíritu de la más perfecta caridad”[33].

Esta caridad vivida por los miembros de la Unión se fundamenta en el amor intratrinitario, como leemos en el artículo 15 del estatuto: “La Unión se inserta en el proceso dinámico del amor misericordioso de la Santísima Trinidad. Dios se dona a sí mismo al hombre y a todas las creaturas para re­con­ci­liar todas las cosas consigo y entre sí, y para llevar toda la humani­dad y la crea­ción entera a la salvación y a la perfec­ción en Cris­to (cf. Ef 1, 10 y Col 1, 20). Como San Vicente Pallotti, los miembros, de todo cora­zón, se dejan impregnar por el amor infi­nito de Dios (cf. Mc 12, 30), se entregan al ser­vicio y al cumpli­miento de la voluntad de Dios que se les manifiesta sobre tod­o en la Sagrada Escritura, en las enseñanzas de la Iglesia y en los signos de los tiempos[34].

La espiritualidad de la UAC es una espiritualidad misionera que vive y promueve la unidad. Así lo expresa el estatuto en el artículo 19: “Los miembros viven la unidad fundada en el amor evangélico y, doquiera se encuentren forman grupos de espíritu misionero, abiertos a colaborar entre sí y con todos (cf. Jn 13, 34s; 15, 12 y 17, 21)[35]”.

Es, por lo tanto, una espiritualidad de Comunión (koinonía). Conviene aquí citar nuevamente al P. Czulak, SAC: “La espiritualidad de koinonia y comunión es por excelencia la espiritualidad de la UAC. Su fundamento es el dinamismo de la vida Trinitaria de Dios. Contiene una dimensión vertical y una horizontal. Sus pilares de perseverancia en la enseñanza de los Apóstoles, de comunidad, de la fracción del pan y de la oración (cf. Hch 2,42), se inscriben naturalmente en esa espiritualidad e indican el camino en la búsqueda de la identidad de nuestras comunidades, para que, como dijo el P. Fritz Kretz en la Asamblea General de la SAC de 2004, la tradición palotina no sea “conservar cenizas, sino «reencender la llama»[36]”.

 

Espiritualidad de los grupos apostólicos

 

Muchas veces encontramos, en la Iglesia, una cierta tensión entre “vida apostólica” y vida espiritual”. Esta tensión es improcedente, ya que no hay apostolado que no se base en una auténtica vida espiritual. La vida de piedad, la oración y los sacramentos hacen posible y fecundan todo verdadero apostolado, ya que el apostolado no es otra cosa que llevar a los hombres y las mujeres a un encuentro profundo con Dios, por Cristo en el Espíritu Santo. La fuente, el origen y el maestro de todo apostolado de los miembros de la Unión es Jesucristo, Apóstol del Eterno Padre[37]. El envío apostólico, al decir del P. Czulak, pasa por el camino pascual.

Pero también, a la inversa, toda espiritualidad auténtica está llamada a convertirse en apostolado, al menos como apostolado de oración. La Hna. Alicja Majgier CSAC, hace un paralelo entre la espiritualidad de Cenáculo, centrada en María, y la necesidad del envío y la misión, con estas palabras: “Dios, en su gran fantasía, quiso que también nosotros participemos en las obras de la salvación del mundo. El nos  dice a cada uno: “Conozco tus obras. Yo puse delante de ti una puerta abierta, que nadie puede cerrar” (Ap.3, 8). La historia de los primeros discípulos, encerrados por miedo de los judíos, nos hace ver el gran poder de la oración y de la presencia de la Madre de Jesús. Nadie puede cerrar las puertas del  Cenáculo de la Iglesia del nuevo milenio. Nos podemos quedar en su interior,  pero con esperanza, debemos sobrepasar el umbral  e ir al mundo que espera nuestra llegada. No nos dejemos vencer por la tentación del Tabor:” Maestro, que bueno es estar aquí; hagamos tres tiendas” (Mc 9,5). Cuando sobrevengan el desanimo y la tentación de permanecer cerrados en el Cenáculo, recordemos que  “Dios no nos dio un espíritu de timidez, sino de fortaleza, de amor y de sabiduría” (2tim.1, 7).

También el recordado papa Juan Pablo II nos habla de la fuerza transformadora del Espíritu en el Cenáculo de Pentecostés, que lleva a los discípulos (y hoy nos lleva a nosotros) al anuncio del Evangelio: “Quienes esperaban con María en el Cenáculo de Jerusalén el día de Pentecostés, han experimentado ya aquellos "nuevos tiempos". Bajo el soplo del Espíritu de la verdad deben salir del Cenáculo para dar, junto con este Espíritu, testimonio de Cristo crucificado y resucitado (cf. Jn 15, 26-27)”[38].

 

Espiritualidad de Cenáculo

 

Los Cenáculos son, en el ámbito de la oración compartida, lugar de la espera confiada en la acción del Espíritu, lugar de intimidad con María, lugar de preparación para el envío y la misión, lugar de discernimiento compartido sobre los acontecimientos y los signos de los tiempos, lugar de aprendizaje de los discípulos a los pies del maestro. El estatuto General de la UAC así lo manifiesta en el artículo 17: En comu­nión con María, Reina de los Apósto­les, los miembros de la Unión se comprometen a preparar el camino de Cristo en el corazón de los hombres. Con ella se unen en oraci­ón, como­ en el Cenáculo, para pedir la fuerza del Espíritu San­to (cf. Hch 1, 13s)[39] que continuamente los hace capaces de reci­bir y dar el amor que renueva todas las cosas (cf. Sal 104, 30)[40]”.

El Cenáculo es pues un ámbito privilegiado para vivir la espiritualidad que hace posible la vida cristiana y la misión. Un autor palotino lo expresaba con estas palabras: “Como personas necesitamos tales lugares dónde el espíritu se hace concreto, se hace carne, se hace vida. Necesitamos lugares para la inspiración, la animación, la memoria, la identidad. El Cenáculo es así lugar de oración, lugar de vida compartida, lugar de la eficacia apostólica, lugar de la identificación, lugar en el que nos sentimos «en casa», lugar en donde experimentamos la llamada común a la Misión”.

 

Los Cenáculos y el discipulado

 

Los Cenáculos son también un ámbito que facilita y promueve el discipulado, a los pies del Maestro, escuchando su Palabra y siguiendo su ejemplo. No hay discipulado, en efecto, sin seguimiento de las huellas de Jesús. El Estatuto General lo manifiesta en el artículo 16: “La espiritualidad específica de la Unión es el seguimiento de Cristo, Apóstol del eterno Padre. En la fe y en la caridad, los miembros de la Unión se proponen permanecer unidos a Cristo cruci­ficado, resucitado y presente entre ellos (cf. Mt 18, 20), se empeñan en imi­tar su amor al Padre y a todos los hom­bres y desean realizar plenamente su estilo de vida y de apostolado[41]”.

Por lo mismo, tanto la oración comunitaria como la formación, en el ámbito de los Cenáculos, han de posibilitar esta actitud de discipulado que es propia de la condición del cristiano.

 

El Espíritu Santo en la espiritualidad de Cenáculo

 

La espiritualidad de Cenáculo es también profundamente pneumática. Para Jesús, el estar juntos y en oración es condición para recibir el Espíritu Santo. Él es, como dice el Papa Benedicto XVI, el verdadero protagonista de la Iglesia y de su actuar en el mundo[42]. El Espíritu Santo estuvo y está presente a lo largo de la Historia de la Salvación, y particularmente en los misterios de la vida, pasión y Resurrección del Señor. El está vivo y vivificante en la Iglesia, como lo dijo en su omento el Card. Eduardo Pironio: “El gran acontecimiento salvífico (el misterio de la Encarnación redentora culminado en Pentecostés) se operó gracias a la acción fecunda del Espíritu Santo. Así también ahora. Hay que dejarse conducir por él, quien nos descubre el paso del Señor por la historia, quien descifra adentro de los signos de los tiempos, quien nos llama a la autenticidad del cambio en la conversión[43].”

Los Cenáculos de vida apostólica pretenden conmemorar, celebrar y actualizar el misterio de Pentecostés en cada pequeña comunidad establecida como Cenáculo. En ellos se invoca, con la intercesión de María, la presencia operante del Espíritu, que levanta y fortalece para la misión. Nos vuelve a iluminar el Cardenal Pironio: “No es una casualidad que el gran comienzo de la evangelización tuviera lugar la mañana de Pentecostés, bajo el soplo del Espíritu. Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: El es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación. Pero se puede decir igualmente que El es el término de la evangelización: solamente El suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana. A través de El, la evangelización penetra en los corazones, ya que El es quien hace discernir los signos de los tiempos - signos de Dios - que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia[44].”

 

Con María en el Cenáculo

 

La Patrona de la Unión es María, Reina de los Apóstoles.

Ella, que cooperó de modo tan especial en la misión salvífica de su Hijo,

es modelo eminente de celo apostólico para todos los miembros de la Unión.

Preámbulo del Estatuto de la Unión del Apostolado Católico, punto “k”

 

“Como quiera que plugo a Dios no manifestar solemnemente el sacramento de la salvación humana antes de derramar el Espíritu prometido por Cristo, vemos a los Apóstoles antes del día de Pentecostés "perseverar unánimemente en la oración con las mujeres, y María la Madre de Jesús y los hermanos de Este" (Act., 1,14); y a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación[45]”. Con estas palabras, el Concilio Vaticano II señala el particularísimo rol de María en el hecho fundacional de la Iglesia.

En el Cenáculo de Pentecostés, la Madre del Señor, unida a los Apóstoles en la oración, espera la venida del Espíritu Santo. La presencia y el rol de María en la difusión del Evangelio muestran su condición de Reina de los Apóstoles. [46]

María está íntimamente presente en la vida y el ministerio del Señor. El P. Florian Rodero, SAC, cita a Cromacio de Aquileya que, comentando Hechos 1, 14, dice: “La Iglesia se reunió en la habitación del piso superior de la casa, juntamente con María, la Madre de Jesús y juntamente con sus hermanos. Por esto mismo, no se puede considerar a la Iglesia como tal si no está presente María, Madre del Señor, juntamente con sus hermanos” [47]

El papa Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris Mater, señala la íntima correspondencia entre el papel de María en el nacimiento del Señor y el nacimiento de la Iglesia: “En la economía de la gracia, actuada bajo la acción del Espíritu Santo, se da la particular correspondencia entre el momento de la encarnación del Verbo y el del nacimiento de la Iglesia. La persona que une estos dos momentos es María: María en Nazaret y María en el cenáculo de Jerusalén. En ambos casos su presencia discreta, pero esencial, indica el camino del nacimiento del Espíritu"[48]. Así, el Espíritu Santo que cubrió con su sombra a María es el mismo espíritu Santo que cubrió con su sombra a la naciente Iglesia de Pentecostés, y que cubre con su sombra a la Iglesia de todos los tiempos.

San Lucas no duda en mencionar y resaltar la presencia de María en el Cenáculo de Pentecostés, quedando los demás en el anonimato. María vuelve a aparecer así (Juan nos la había presentado al pie de la Cruz) cuando la Iglesia comienza su misión apostólica, impulsada por el dinamismo de la presencia del Espíritu. En palabras del P. Rodero:  “Así como María abrió las puertas a la nueva historia de la salvación al adherirse con su libre y total sí al plan del Padre, debía estar presente cuando esta historia se hace cuerpo con el nacimiento «oficial» de la Iglesia”.

Para el P. Rodero la presencia de María en el Cenáculo tiene que ver con su maternidad espiritual: “La Iglesia era aún tierna, infante, y para esos momentos la presencia de la madre era indispensable. La Iglesia naciente en Pentecostés se plasma en la comunión por el Espíritu de todos los primeros miembros, entre los cuales se encuentra María. Pero no como un miembro más, porque sería superfluo que san Lucas enfatizara la comparecencia de la madre de Jesús, si no hubiera otra intención que la de verificar un simple hecho histórico. Si Jesús antes de su muerte había entregado a María como madre a Juan, -en el cual se encontraban representados todos los discípulos actuales y futuros- la presencia de la madre en la primera comunidad cristiana era algo tan sencillamente natural como naturalmente necesario. Es la presencia de la maternidad espiritual. Ya no podía dar de nuevo a la luz a su Hijo; pero presenciaba activamente el nacimiento nuevo de Cristo en el parto de la Iglesia. Podría afirmarse que por la fuerza del Espíritu Santo que ya habitaba en María, toda la futura Iglesia está en manos de María. La presencia de María en Pentecostés garantiza la nueva efusión del Espíritu Santo que «crea» la Iglesia del futuro.”

María está en el Cenáculo como apóstol en medio de los apóstoles. Más aún: como Reina de los Apóstoles. Lo dice San Vicente Pallotti: “Miren, hermanos queridísimos, a nuestra inmaculada Madre María, que sin predicar, no sólo tiene el mérito común a los apóstoles, sino que de los mismos apóstoles es Reina. Así la saluda la Iglesia de Jesucristo: Reina de los Apóstoles. Porque, en cuanto ha podido, en su condición y circunstancia, ha cooperado para la propagación de la fe. Como también en esto ha obrado con tal perfección que ha superado ampliamente a los apóstoles, de forma tal que Dios, que mira las disposiciones del corazón de sus criaturas, la ha ensalzado a la dignidad y a la gloria de Reina de los Apóstoles, porque la ha reconocido digna”[49].

Sigamos nuevamente al P. Florian Rodero, SAC: “María en Pentecostés es, a su vez, en medio de los Apóstoles, un apóstol. Esto no quiere decir que la venida del Espíritu Santo en Pentecostés haya otorgado a María una nueva misión. María ya había recibido, por la misma fuerza del Espíritu Santo, su misión esencial: la maternidad divina, y esa misión ya entrañaba la de evangelizar, la de entregar a Cristo, que, en definitiva, es la misión fundamental y característica de un apóstol. Por otra parte, María era el «sagrario del Espíritu Santo»[50] y esa presencia del Espíritu en ella superaba cualquier otra presencia del mismo Espíritu Santo en los demás discípulos. Severo de Antioquia, al comentar el pasaje de Hechos 1,14, dice de María que era apóstol: «Este es un justo título que supera a todos los Apóstoles, porque desde el principio es incluida entre los mismos apóstoles, según se lee en el libro de los Hechos»[51]. María ha predicado como los Apóstoles, pero de forma silenciosa, «mediante su parto singular y extraordinario y por eso mismo, lleno de consecuencias por medio de la concepción sin igual. Todo esto ha hecho de María la madre y la raíz de la predicación evangélica»[52].

María es también, en el Cenáculo, maestra de oración. La vida de María fue toda ella una vida de oración confiada al Padre. Pero ahora, en el Cenáculo, ora al Padre y al Hijo, Hijo Eterno del Padre e Hijo suyo. María ora por toda la comunidad, reza por la venida del Espíritu Santo. Lo atestigua el papa León XIII: “La súplica de la Virgen tuvo ciertamente gran peso en la venida del Paráclito sobre los apóstoles reunidos[53]”. Y lo confirma Pío XII, con estas palabras: “Ella fue la que, por medio de sus eficacísimas súplicas, consiguió que el Espíritu del divino Redentor, otorgado ya en la cruz, se comunicara en prodigiosos dones a la Iglesia, recién nacida el día de Pentecostés[54]”.

La Hna. Marivone Basso, CSAC, dice al respecto de la presencia de María en el Cenáculo: En el Cenáculo la Esposa del Espíritu Santo pide que  él santifique a los Apóstoles y los fortalezca para que den testimonio hasta los cofines de la tierra. María, Reina de los Apóstoles, permanece en el Cenáculo de su Hijo para implorar el don del Espíritu Santo para la Iglesia de todos  los siglos, ayudándola a ver los pobres y a transmitir al mundo una nueva fantasía de la divina misericordia. Al contemplar el camino de Maria, la Esposa del Espíritu Santo, podemos también nosotros inspirarnos en el Cenáculo  para hacer de la Unión del Apostolado Católico, con la fuerza y  el amor del Espíritu Santo, un vivo organismo que actúe “según el Espíritu” para que éste descienda sobre la Iglesia”.

Todas estas razones nos muestran la importancia que la figura de María tiene en la Espiritualidad de Cenáculo. Por lo mismo, los Cenáculos palotinos están invitados a contemplar a la Madre de Jesús y Reina de los Apóstoles, para rezar con ella y a través de ella pidiendo la efusión del Espíritu; para meditar en su vida y “dejarse enseñar” por ella, que conoció mejor que nadie a su Hijo, con quien convivió por más de 30 años. Elevando el corazón a María lo elevamos a Cristo, y por su intercesión renovamos el misterio de Pentecostés, renovamos la efusión del Espíritu.

San Vicente Pallotti tuvo muy en cuenta, en sus meditaciones frecuentes sobre el Cenáculo de Pentecostés, todas estas cosas. Así lo hace presente la Hna. Alicja Maigier, CSAC, con cuyas palabras terminamos este capítulo: “San Vicente Pallotti sabía que, en todas nuestras comunidades debemos como María hacer el mismo camino: del miedo al coraje, de la tristeza a la alegría, de la autosuficiencia a la creatividad comunitaria, del autoencierro a la proclamación del Evangelio con la fuerza del Espíritu. Al invitarnos al Cenáculo para orar con Maria, Pallotti quiere que este momento sea también un momento para tener un diálogo con Maria y para contemplar su vida. Quiere que nos volvamos hacia Maria como nuestra amada Madre: de nuestras familias, comunidades o sociedad en las cuales vivimos. El quiere que confiemos a ella nuestra falta de alegría y nuestras dificultades, y le confiemos también las obras que estamos haciendo en nombre de su Hijo. Junto con Maria podremos mirar para el futuro e invocar el Espíritu Santo e invitarlo a venir a nuestros corazones. Debemos entrar en el Cenáculo para unirnos en la oración con la Madre de Jesús y con  sus hermanos y para abrirnos a la plenitud del don divino. Maria es la portadora de la alegría y ella sabe a quien le falta y puede decir a su Hijo: “Ellos no tienen más vino” (Jn.2, 3).

 

El Cenáculo y la Eucaristía

 

“El Cenáculo habla de la prioridad de la gracia.

La gracia del Cenáculo es la Eucaristía”.

P. Casimiro Czulak, SAC

 

La espiritualidad del cenáculo no estaría ciertamente completa si no estuviese abierta a la celebración de la Eucaristía. Es imprescindible que los miembros de un Cenáculo compartan frecuentemente el alimento espiritual del cristiano, la fuerza para el camino, el Sacramento de la Presencia viva y operante de Jesús. El hecho de celebrar juntos la Eucaristía los confirmará en el camino elegido y les otorgará las gracias sobrenaturales que les posibilitarán la perseverancia en la caridad. Culminamos este extenso compartir del pensamiento de tantos cristianos sobre la espiritualidad de Cenáculo con las palabras del P. Czulak, que una vez más nos iluminan y orientan: “La luz intensa del Cenáculo es la Eucaristía, tan importante para la Iglesia universal como para nuestra iglesia local: para nuestra “pequeña comunidad” de la Pía Unión de San Vicente Pallotti. Es la fuente y la culminación de la vida, de la misión de la Iglesia y de “nuestro modo de ser Iglesia”. Ahí aprendemos a estar en relación con el Crucificado y Resucitado, con Dios y con las personas. “La celebración de la Eucaristía que fuente y culminación de la Iglesia, es también el punto central de nuestro día. La participación en el sacrificio eucarístico… debería renovar nuestra coexistencia y hacerla aun más fraterna. La ley de la SAC aconseja a todos a que “celebren y participen en la Santa Misa todos los días” (nros. 45 y 249). El sacramento de la reconciliación al que se nos invita a renovar frecuentemente, también es don del Cenáculo. Estos dones salen al encuentro de nuestra condición humana”[55].

 

Conclusión: es momento de poner en marcha esta idea, que irá perfeccionándose con el correr del tiempo.

 

Hemos hecho un largo recorrido sobre las posibilidades que se abren a la UAC, a sus miembros, colaboradores y simpatizantes, con los Cenáculos de Vida Apostólica. Es de esperar ahora que surjan, vitales, espontáneos y entusiasmados, muchos Cenáculos en nuestras comunidades. Serán, con toda seguridad, llamas vivas para iluminar y encender al mundo y a la Iglesia. Serán mesas compartidas en el afecto y la fe, donde cada uno se ocupa de los demás, donde se comparte la oración y se revisa la vida, donde sus miembros se animan mutuamente en su propio camino cristiano y sus experiencias apostólicas, donde se crece y se permanece, donde se construye Iglesia, donde se celebra la Eucaristía.

Pedimos a Dios, por medio de la intercesión poderosa de María, reina de los Apóstoles, y de San Vicente Pallotti, nuestro fundador, que permita que sin prisa pero de manera firme vaya esta idea “prendiendo” en la tierra fértil de nuestras comunidades, y pronto podamos experimentar sus frutos para la mayor gloria de Dios, Amén.

 

Algunas plegarias para rezar en el Cenáculo

 

Oración a la Reina de los Apóstoles

 

Inmaculada Madre de Dios,

Reina de los Apóstoles:

por el mandamiento del amor que nos dio el Señor

tenemos que trabajar por la salvación de todos

tanto como por la nuestra.
Pero te confieso, Madre,

que por mis pecados

no soy digno de recibir la gracia de Dios

que me permita trabajar con éxito y constancia

en su obra de salvación.

Solo tú me la puedes conseguir,

por la misericordia de Dios

y por los méritos infinitos de Jesús.

Por eso nos unimos a tí, y a los coros celestiales

y a todos los santos de la Iglesia,

y ofrecemos en todo momento, ahora y siempre,

los méritos de Jesucristo,

dando gracias como si ya nos hubieses conseguido

el don de Dios

como lo imploraste para los apóstoles.

Y así, confiados en tu intercesión poderosa,

ofrecemos todo lo que recibimos

para la gloria infinita de Dios,

para nuestra salvación

y la de todo el mundo.

Talentos, potencias, conocimientos,

bienes temporales, salud,

la vocación con que Dios nos llama,

y también las enfermedades

y todas las dificultades de la vida

y todo don natural y sobrenatural.

Con esto, queremos usar todos los medios

para difundir la fe

y reencender la caridad.

Y aún cuando no podamos hacer otra cosa

no dejaremos de orar incesantemente,

todo para que cuanto antes

haya un solo rebaño y un solo pastor.

Así, querida Madre,

esperamos llegar a gozar contigo

de los frutos del apostolado de Jesucristo

por toda la eternidad,

Amén.

 

Oración de los seguidores de San Vicente Pallotti

 

Señor y Padre nuestro:

En toda la historia del mundo

has llamado a hombres y mujeres

que continuaran la obra de Jesús:

salvar a la humanidad

y construír la Iglesia.

Creemos que San Vicente Pallotti

es uno de estos hombres

llenos de tu Gracia y de tu Espíritu Santo,

y te pedimos que aumentes en nosotros

el amor por su obra y sus ideales.

Que busquemos la salvación de todos

y la Unidad de la Iglesia,

que podamos reencender la fé

y renovar el amor en el mundo.

Que trabajemos para despertar en todos

el compromiso apostólico,

y que nos volvamos a los pobres

de todo corazón.

Que sepamos ser Iglesia

unidos a Jesucristo,

transformados por el Espíritu Santo

y unidos a María,

Reina de los Apóstoles.

Danos, Padre,

el amor de San Vicente Pallotti por la Iglesia

y la humanidad.

Amor que ni la muerte podía enfriar.

Amén.

 

Oración por la UAC

 

Señor Jesucristo,

que prometiste a tus apóstoles

permanecer en tu Iglesia

hasta el fin de los siglos;

te pedimos que,

por intercesión de tu madre Santísima,

María, Reina de los Apóstoles

y Madre del Amor Divino,

y de San Vicente Pallotti,

nuestro fundador,

bendigas y acompañes

a la Unión del Apostolado Católico

y el trabajo de todos sus miembros,

para que en la más plena unidad

y urgidos por tu amor

podamos ser tus apóstoles

y servidores de nuestros hermanos,

Amén.

 

Oración del Cenáculo

 

Ven, Señor Jesús

a nuestros corazones tibios y cansados

y renovalos con el fuego de tu Espíritu

para que podamos ser fermento

de tu amor en el mundo.

Queremos trabajar

en la nueva evangelización

con fuerzas y talentos que nos faltan.

Pero sabemos que vos nos llamás

aún pese a nuestras limitaciones.

Por eso,

contá con nuestros brazos

y nuestra voluntad

para edificar la Iglesia

en nuestro Cenáculo…,

en nuestra Comunidad…

y en todo lugar;

para la construcción de un mundo

más fraterno y más humano.

Por la intercesión de San Vicente Pallotti

y con la ayuda poderosa de María,

Madre de Jesús y Reina de los Apóstoles,

Amén

 

Oración a San Vicente Pallotti

 

San Vicente Pallotti,

tu vida ha estado marcada por Dios,

el Amor Infinito.

Te has puesto enteramente a su servicio.

Has estado a disposición

de quienes buscaban consuelo y consejo,

de los enfermos y de los sanos,

de los jóvenes y de los adultos,

de los pobres y de los ricos,

de los hombres de cada grado,

estado y condición.

Todos eran importantes para ti,

a todos querías entusiasmarlos

por el reino de Dios,

a todos les querías recordar

su tarea de apóstol,

de todos reclamabas

su disposición al apostolado.

A ti, San Vicente Pallotti,

te llamo,

te pido tu intercesión.

Ayudame a que pida

lo que realmente necesito,

lo que en verdad preciso,

lo que sirve para mi salvación

y para la gloria de Dios.

Tu has recibido de Dios

tantas gracias y dones...

Siempre le agradecías por ellos

antes de recibirlos,

como si tu oración

ya hubiera sido escuchada.

San Vicente Pallotti,

se mi ayuda en la oración,

y llévala ante mi Padre-Dios,

a quien la dirijo por medio del Señor Jesús:

En especial pido hoy por ..............

Señor Jesucristo,

no me dejes sin tu ayuda.

Bendíceme,

y bendice a todos

por quienes hoy particularmente te pido.

A ti la accion de gracias y el honor,

hoy y siempre, por toda la eternidad.

Amén

 

Oración de Vicente Pallotti al Espíritu Santo

 

¡Espíritu Santo!

Por los méritos infinitos

de nuestro Señor Jesucristo,

enciende en todos los corazones

tu ardiente caridad

que todo lo puede,

para que en la humanidad

haya un solo rebaño y un solo pastor,

y todos puedan cantar en el cielo

tus divinas misericordias.

Amén

 

Danos tu Espíritu

 

Danos tu Espíritu,

Señor de la Vida.

El Espíritu

que nos llena el corazón

para seguir tus pasos

y vivir el evangelio.

El Espíritu que guió tu camino,

desde la concepción,

llenando la vida de María,

tu madre y madre nuestra.

El Espíritu que acompañó

tu crecimiento

en estatura, gracia y sabiduría,

en los años sencillos de Nazaret.

El Espíritu que te orientó

hacia el desierto

para meditar el llamado

y salir a la predicación.

El Espíritu que te daba fuerzas,

aliento y ánimo

para anunciar el Reino

y construirlo

con gestos de vida solidaria.

El Espíritu que te enseñó

a descubrir a Dios

en los pobres y sencillos,

y alabar al Padre,

como María en el Magnificat.

El Espíritu que te alentó en tu hora

y que pusiste en las manos del Padre,

como signo definitivo de tu entrega.     

Señor, danos tu Espíritu.

Nos has prometido un compañero,

un guía, un defensor, un maestro.

Envía tu Espíritu

a nuestras comunidades.

Lo esperamos con ansías,

lo buscamos con alegría,

queremos llenarnos

de su pasión por la Vida.

Renueva nuestra esperanza,

ayúdanos a caminar en los conflictos,

enséñanos la fidelidad al Evangelio

en estos tiempos difíciles.

Queremos construir el Reino,

ofrecer al mundo

los frutos de tu presencia.

Dios de la Vida,

danos tu Espíritu,

para que nos haga nuevos,

para que nos impulse a la misión,

para que seamos testigos,

hermanos y mensajeros.

Para que vivamos

en el Espíritu de Jesús

y él nos muestre

las huellas del Reino

en la sociedad que vivimos.

Amén

 

Oración al Espíritu Santo

 

Espíritu Santo,

Amor del Padre y del Hijo,

inspírame siempre

lo que debo pensar,

lo que debo decir,

lo que debo callar,

lo que debo actuar,

lo que debo hacer

para tu Gloria,

el bién de los hombres

y mi propia santificación.

Amén.


[1] Llamo “identidad apostólica de la UAC” al conjunto de características que definen nuestro particular estilo de apostolado y nuestra práctica pastoral y que en apretada síntesis puede resumirse en promoción del apostolado de todos; servicio a  la unidad de la Iglesia, promoción de la corresponsabilidad de todos en la vida y la misión de la Iglesia, espíritu de fraternidad y apertura y algunas más que desarrollo en otro trabajo en preparación.

[2] “Un cenáculo es un grupo fraterno que se propone vivir la espiritualidad palotina, compartir la formación de sus miembros y actuar apostólicamente en el lugar en que está” (CoNarCo, Carta de invitación, 11/10/2008).

[3] Imaginen por caso un colegio, en donde la formación de Cenáculos integrados por grupos de docentes, o de catequistas, o de miembros del equipo de pastoral, permite una vivencia espiritual que resulta difícil de lograr en una comunidad numerosa.

[4] “Los cenáculos se constituyen de manera espontánea y natural en los propios ámbitos en que se desempeñan sus miembros: parroquias, capillas, colegios, empresas, sindicatos, reparticiones públicas, etc. En cualquiera de estas realidades puede haber más de un cenáculo, y los miembros de cada cenáculo se pueden dedicar a las mismas o a distintas actividades apostólicas”. (CoNarCo, Carta de invitación, 11/10/2008).

[5] Mateo, Marcos y Lucas son llamados “Evangelios sinópticos” porque puede hacerse con ellos una sinopsis poniéndolos en columnas paralelas, con lo que se observan numerosas semejanzas y algunas significativas diferencias que son debidas a las distintas intenciones teológicas de los autores.

[6] Los textos se toman de la Biblia de Jerusalén, Desclee de Brouwer, Bilbao,  1975.

[7] El Evangelio según Marcos fue escrito hacia el año 70 de nuestra era, mientras que el Evangelio según Lucas y los Hechos de los Apóstoles hay que datarlo en fecha posterior, entre el 70 y el 80. El Evangelio según Mateo sería el último de los sinópticos en ser escrito, hacia el año 80. El Evangelio de Juan se compuso entre el año 97 y el 104.

[8] Para el distinguido escriturista Luis Rivas, lo del "lugar alto" es parte de un  midrash que coloca Lucas (un midrash es la relectura y reescritura de una parte de la Biblia hecha en un nuevo contexto).  Pentecostés es la fiesta judía de la donación de la Ley: Moisés y las doce tribus están en un lugar alto, donde con fuego y ruido se da la Ley, y por medio de la alianza se forma el pueblo de Israel; en los Hechos, los discípulos con todas las naciones del mundo (partos, medos, elamitas...) están en un lugar alto donde con fuego y ruido se da el Espíritu (no la ley), y se forma el nuevo pueblo de Dios, que abarca todas las naciones (todos entienden el mismo mensaje, aunque hablen lenguas diferentes).

 

[9] CVII, Const. Dogm. Lumen Gentium, 59,1

[10] Cf. OOCC III, 97-98

[11] CVII, Const. Dogm. Lumen gentium, 4

[12] Apostolicam Actuositatem,  4

[13] Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 75, 3

[14] S. Vicente Pallotti, OOCC X

[15] Del comentario del P. Raniero Cantalamessa al evangelio de la Solemnidad de la venida del Espíritu Santo, 2 de junio de 2006

[16] P. Casimiro Czulak, SAC, Jornada de Retiro del Congreso de Superiores Mayores, 2006.

 

[17] Todos estos textos han sido tomados del comentario al cuadro de la Reina de los Apóstoles del P. Angel Fernández de Aranguiz,SAC,  en “María en los Institutos Religiosos”; Claretiana, Madrid, 1988

[18]   Cf. At 1, 13-14 y OOCC X, pp. 86 y 87.

[19]   Cf. Sal 104, 30; OOCC I, pp. 90 y 95; II, pp. 163-164; III, pp. 97 y 98 y IV, pp. 22 y 43 y LG 59.

[20] Benedicto XVI, Homilía de Pentecostés de 2006

[21] P. Rodolfo Cappalozza, SAC

[22] Cf. San Vicente Pallotti, Escritos seleccionados, editados por Bruno Bayer y Josef Zweifel, Zamora, 1988, Pags. 127-128

 [23]  cf. XVII Asamblea general de la SAC (1992): En la Unión para Evangelizar (Documento Final), n. 16; cf. OOCC I, pp. 1- 6; Preámbulo “c, “e”-”g” y LG nn. 7 y 13.

 [24] cf. OOCC IV, pp. 124, 131, 137, 144, 321, 326-327 y 349 y V, pp. 236-237; LG n. 12 y AA n. 3.

 [25] cf. Jn 10, 16; OOCC IV, pp. 1 y 2, 168; Preámbulo ”b” y “c” y AA n. 1-2.

[26]   cf. OOCC IV, pp. 334 y 345; Preámbulo “d” y AA nn. 23 y 27.

[27] Integrantes ligados por el compromiso formal contemplado por cada una de estas realidades. No abarca a los colaboradores de las mismas, o a quienes están haciendo su período introductorio.

[28] Cf. Estatuto General de la UAC, Nº 27

[29] Cf. Estatuto General de la UAC, Nº 73

[30] Cf. Estatuto General de la UAC Nº 74, 75 y 76

[31] OOCC X, 196-199

[32]   OOCC III 137 y 138: “Unión”, en el original: “pía Sociedad”.

[33]   OOCC I 106

[34]   cf. Preámbulo “a”, “b” y “ f”.

[35]   cf. Hch 1, 13-14; OOCC II, p. 290; III, pp. 135-136, 142-143 y 151-154 y IV, pp. 110, 131-132, 171-176, 414 y 415 y Preámbulo “c”.

[36] P. Casimiro Czulak, SAC, Jornada de Retiro del Congreso de Superiores Mayores, 2006.

[37] Cf. Estatuto General de la UAC, Nº 2

[38] Juan Pablo II, 22 de mayo de 1988, en la solemnidad de Pentecostés

[39]   cf. At 1, 13-14 y OOCC X, pp. 86 y 87.

[40]   cf. Sal 104, 30; OOCC I, pp. 90 y 95; II, pp. 163-164; III, pp. 97 y 98 y IV, pp. 22 y 43 y LG 59.

[41]   cf. OOCC III, pp. 34-39, 142 y 143 y IV, pp. 126-129; Preámbulo “j” y AA nn. 1-3.

[42] Benedicto XVI, Homilía de Pentecostés, 2006

[43] Card. Eduardo Pironio, en L’Osservattore Romano, Año VII, Nº 35, 29-8-76

[44] Pablo Vi, Evangelii Nuntiandi, 75, 8

[45] Const. Dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II

[46] Memoria y Profecía de la Unión del Apostolado Católico, Roma, 1993, 17,5

[47] Cromacio de Aquileya, Sermón 30

[48] Redemptoris Mater, 42

[49] Vicente Pallotti, Escrtitos Seleccionados, editados por Bruno Bayer y Josef Zweifel, Zamora, 1988, Pag. 79.

[50] Lumen Gentium, 53

[51] Severo de Antioquia, Homilía XIV en recuerdo de la santa Madre de Dios

[52] Severo de Antioquia, Homilía XIV en recuerdo de la santa Madre de Dios

[53] León XIII, Divinum illud, 9 de mayo de 1897

[54] Pío XII, Mystici corporis, 29 de junio de 1943

[55] P. Casimiro Czulak, SAC, Jornada de Retiro del Congreso de Superiores Mayores, 2006.