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Carta del P. Freeman a los miembros de la UAC

[1]Roma, 28 de diciembre de 2003

Fiesta de la Sagrada Familia

 

A todos los Miembros de la Unión del Apostolado Católico

 

Queridos hermanos en Cristo,

            En el evangelio de San Juan oímos a Jesús que le dice a los Apóstoles: “Éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado.… . No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros” (Jn 15: 12, 16-17). Estas mismas palabras se dirigieron a los cuarenta miembros de la Unión del Apostolado Católico, en representación de diez países, el 14 de noviembre, cuando durante una ferviente celebración de la Palabra, hemos recibido el decreto de erección de la Unión del Apostolado Católico como asociación pública internacional de fieles, de derecho pontificio y con personería jurídica. El decreto, del pasado 28 de octubre, también aprobó el Estatuto General ad experimentum por cinco años.

 

            El espíritu de las palabras de Jesús indica el modo en el que tenemos que acoger el reconocimiento oficial de parte de la Iglesia de hoy de la gracia otorgada a San Vicente en 1835. Aquel carisma es nuestro, hoy más que nunca. Nuestro para encarnarlo, promoverlo y fortalecerlo con nueva vida. Aquel don dará fruto y le pediremos al Padre las gracias especiales que necesitamos. Ésta es una ocasión de alegría que exige la ferviente gratitud de cada miembro y cada comunidad. “Es un hito en el camino palotino.” “La Sede Apostólica certifica la autenticidad eclesial de una agregación de fieles que tiene como objeto la santificación de los propios miembros y la edificación de la Iglesia” dijo el arzobispo Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para Laicos.

La Santa Sede quiso expresar, con el decreto,  «una nueva manifestación de confianza respecto a la Unión del Apostolado Católico, que pueda al mismo tiempo ser un incentivo para vuestro compromiso eclesial hacia el futuro». De ese modo, le ha confiado a la Unión del Apostolado Católico la importante tarea de darle vida a los artículos del estatuto.

Ahora nosotros iniciamos un período oficial de experimentación. Tenemos cinco años para reflexionar sobre el Estatuto General a la luz de nuestra experiencia de crecimiento, para sugerir cambios que darán eficacia a la Unión “comunión de fieles que, según el carisma de S. Vicente Pallotti, promueven la corresponsabilidad de todos los bautizados por reavivar la fe y reencender la caridad en la Iglesia y en el mundo y llevar todos a la unidad en Cristo” (Estatuto, Art. 1). Tal reflexión requiere una mayor implicancia de parte de todos los miembros y una mayor disposición a compartir experiencias, tanto de las más antiguas como de las más recientes. En todos los niveles necesitaremos encontrar el modo de recoger sus frutos.

            Dado que el espíritu de Jesús, Apóstol del eterno Padre, es un componente necesario de nuestra espiritualidad, la formación que se requiere para ser miembro de la Unión tendrá una gran importancia durante los próximos cinco años. La reflexión y la valoración del modo en que se propone vivir según la visión de San Vicente, requieren que los miembros sean auténticos seguidores de Jesucristo tal como lo expresa el carisma de San Vicente Pallotti. La misma atención requieren nuestras líneas directrices de formación, que se aprobarán y publicarán en enero de 2004, y el manual de formación “Llamados por el nombre”.

            El mismo Estatuto General contiene algunos cambios respecto al que aprobó publicó el Consejo de Coordinación General, en diciembre de 1999. La mayoría de los cambios se deben a la necesidad de que el estatuto esté de acuerdo con el Derecho Canónico actual, como condición de parte de la Iglesia para el reconocimiento de la Unión como asociación pública de fieles.

            En los próximos años nos espera mucho trabajo con gran alegría y esperanza. La cita del evangelio de Juan es parte del discurso de Jesús sobre la vid y los sarmientos. En los días y en los meses que vendrán, estaremos empeñados en podar, aumentar e injertar los sarmientos para que la vid produzca mucho fruto. Así nuestra Unión se verá reforzada y nuestras actividades apostólicas serán más eficaces. Rogamos al Dios de la viña que mande más obreros en la viña. Imploramos la guía de San Vicente para realizar su visión en la Iglesia del tercer milenio. Confiando en la fidelidad del Padre, en la presencia de Jesús entre nosotros y en la guía del Espíritu, afrontaremos juntos con entusiasmo el desafío de estos años, porque estamos llamados a ser una communio, o sea muchos miembros unidos en el único espíritu evangélico y apostólico de Jesucristo tal como San Vicente Pallotti lo ha presentado, y que hoy necesitan la Iglesia y el mundo.

            En los próximos meses el Consejo de Coordinación General se abocará a ver cómo realizar esa experiencia de modo que sea lo más eficaz y de mayor ayuda. Iremos adelante implicando en el proceso a todos los miembros de la Unión e informando a todos miembros sobre el desarrollo del trabajo.

            Desde ya les agradezco la colaboración que indudablemente todos van a dar. Lo importante es empezar orando por una fidelidad más intensa al carisma de nuestro Fundador. Le pedimos a Maria, Reina de los Apóstoles, que interceda ante su Hijo por nosotros, para que seamos fieles administradores de los dones recibidos y para que nuestros esfuerzos por la gloria de Dios y el bien de la Iglesia, produzcan mucho fruto y que ese fruto permanezca.

Fraternalmente en Cristo,

 

 

 

Séamus Freeman, SAC

Presidente del Consejo de Coordinación General

 

 

Hna. Sara Castagna, CSAC

Secretaria General