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Mendoza, Neuquén, Rio Negro y
Chubut febrero 2008 |
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Participantes: Alan Schell y Fernando
Reboredo |
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Salimos a eso
de las 19 de la ciudad de Buenos Aires, por General Paz
hasta Gaona. Allí tomamos Gaona hacia el lado de Luján,
y avanzamos por la ruta 7. Con noche cerrada, paramos en
un grupo de eucaliptos cerca de Vedia (Santa Fe),
armamos la carpa, y comemos las empanadas que Alan había
traído, junto con uno de los vinos de la bodega
ambulante. Es el tercer viaje que hago con Alan, así que
nos conocemos bien en cuanto a nuestros gustos,
preferencias y caprichos. Sea lo que sea lo que se coma,
el vino tiene que ser de aceptable a bueno. Ese capricho
lo compartimos. La noche transcurre sin novedades, y
temprano, por la mañana, seguimos por la ruta 7. Rufino,
Laboulaye, Vicuna Mackenna. Bastante tránsito.
Ya en San
Luis nos recibe la autopista. No hay peajes aún, está
muy bien, es cómoda. Bien por la provincia de San Luis.
Con Alan, sin embargo, extrañamos los paisajes de
nuestros viajes al sur. |
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En Mendoza, vuelve todo a la normalidad. Paramos en
La Paz a |
Alan en la Ruta 40 |
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comprar víveres y cargar gas. Alan se aburre. |
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Pasamos a
vuelo de pájaro por la ciudad de Mendoza y tomamos
la 40 hacia el sur, y doblamos a la izquierda por la
provincial 82 hasta Poterillos. Allí acampamos en el
camping del ACA. Mucha gente acampando (es febrero).
A la
mañana siguiente vemos donde estamos. Rodeados de
cerritos, muy cerca del embalse Potrerillos. Un
lugar discretamente lindo.
Desde allí tomamos el ripio que nos permite
acercarnos al centro de deportes invernales de
Vallecitos. La mañana se presenta nublada, y no
alcanzamos a ver los cerros de Vallecitos.
Una pena. Los caracoles nos dejan prontamente en el
último de los refugios, desde donde comenzamos a
subir hasta Las Veguitas, bajo una capa de nubes que
en Las Veguitas está sobre nosotros. No obstante,
seguimos subiendo por los filitos que rodean Las
Veguitas a fin de cami-
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Raúl en Caverna de
las Brujas |
nar un poco
y patear piedras. Hace frío, y la
humedad es intensa. |
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Pero el lugar es hermoso.
Una hora más tarde comenzamos a descender, y
ya en el auto desandamos el caracol y
volvemos a la ruta 40, para seguir rumbo al
sur, en dirección a Tunuyán y Pareditas.
Queríamos visitar alguna bodega, pero están
todas cerradas (es domingo). En Pareditas,
la prfegunta: ¿Seguimos por ripio por la 40
o tomamos el cómodo asfalto de la 143 hasta
San Rafael? Gana esta última postura, y
luego de visitar San Rafael, zona de
chacras, vamos por la 144 para retomar la
40hacia El Sosneado. Una buena parte de la
40 está en refacción, y vamos por la
banquina. Se ve el Cerro Diamante, de 2354
metros, y allá a lo lejos el Maipo (5323).
La cordillera está algo tapada de nubes. Se
hace de noche, y llegamos a Malargüe.
Acampamos en el camping municipal de
Malargüe. Mediocre, y con mucha gente, pero
muy barato. |
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Raúl disfruta del Río
Traful |
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Al día siguiente seguimos por la 40 y tomamos el
desvío de ripio hacia la Caverna de Las Brujas.
Equipados con casco y linterna, nos introducimos
en esta cueva maravillosa y estremecedora. La
guía nos explica la historia, las leyendas, la
morfología y el génesis de esta maravilla, que
recorremos en un descenso de aproximadamente una
hora y media, en el que más de una vez tuvimos
que reptar por minúsculos pasadizos, no aptos
para claustrofóbicos. En determinado momento, la
guía nos hace apagar la luz de las linternas,
para experimentar la obscuridad total…
Estalactitas, estalagmitas, cortinas como de
alabastro: un lugar inolvidable. Salimos a la
luz y nos cuesta acostumbrarnos nuevamente al
sol y al calor de la superficie de la tierra.
Ahora es Alan quien maneja, por una destruida
ruta 40 cuyo asfalto prácticamente ha
desaparecido. Siempre hacia el sur, paramos un
rato en el cañón del río Grande, enmarcado entre
basaltos volcánicos. La Payunia se abre a
nuestra izquierda, y allá, a lo lejos, pero
majestuoso y alto, el volcán Payún, de 3838 mts.
En Barrancas entramos, tras atravesar el río
Barrancas, en Neuquén, y allí la ruta 40 cambia
por completo. Asfalto impecable a lo largo de
toda la provincia. Luego de sufrir un amplio
interrogatorio del aburrido gendarme, paramos en
la estación de servicio de Barrancas a comer
unos sándwiches acompañados por varias gallinas
y cabras que allí viven. Luego seguimos, siempre
con Alan al volante, hacia Chos Malal, con el
hermoso Volcán Tromen (4114) a nuestra derecha.
Llegamos a Chos Malal con amenaza de tormena
eléctrica. Hacemos las consabidas compras,
cargamos nafta (ya no hay gas en la ruta).
Bastante complicado el tema de la nafta también:
no hay nafta en varias estaciones de servicio.
Seguimos hacia el sur tratando de escapar de la
tormenta en ciernes, y a mitad de camino entre
Chos Malal y Las Lajas paramos a hacer la cena
(Fideos con un muy buen tuco) pero no armamos la
carpa: sucede que atrás nuestro, sobre Chos
Malal, la tormenta estalla en todo su esplendor.
Y delante nuestro, sobre Las Lajas, otra
tormenta nos espera. Sobre nuestras cabezas,
cielo estrellado. No sabemos qué hacer… por de
pronto, comemos y disfrutamos del doble
espectáculo de las tormentas en el crepúsculo y
el comienzo de la noche.
Ahora no hay dudas: la tormenta de Chos Malal
avanza hacia nosotros, mientras que la de Las
Lajas parece correrse hacia el este. Nos
decidimos a seguir hacia Las Lajas, y así lo
hacemos. Este tramo manejé yo.
Al llegar a Las Lajas busco el lugar en donde
acampamos en diciembre, sobre la ruta 21 que va
a Loncopué y Caviahue-Copahue y a unos 3 km de
Las Lajas con dirección a Copahue, junto a un
riacho cuyo nombre no recuerdo. Encontramos en
seguida el lugar, armamos la carpa y a dormir.
La tormenta brilla por su ausencia, así que
dormimos sin sobresaltos.
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Al día siguiente desarmamos la carpa, desayunamos y
mientras dejamos el lugar de pernocte para ir hacia
Las Lajas de nuevo, cometo el peor error del viaje:
olvido mi bolsito con plata, documentos y teléfono
sobre el techo del auto. Lógicamente, poco después
se cae. Cuando estoy en la estación de servicio de
Las Lajas me doy cuenta de lo que había pasado, y
mientras Alan, que no sabe lo que sucedió, se lava
los dientes, salgo disparado hacia el lugar del
pernocte. No encuentro allí nada. Le pregunto a un
paisano que espera el colectivo en dirección a
Copahue si ha visto o sabe algo, y me contesta que
no. Avanzo despacio con el auto nuevamente hacia Las
Lajas, mirando al costado del camino. ¡Ahí está!
Paro, y estaba todo… menos lo de valor. Alguien
encontró el bolsito, se quedó con la plata, el
celular, un pen drive, la linterna y qué se yo que
pavadas más, y tiró el bolsito al costado del
camino. Al menos dejó los documentos.
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Alan almuerza en el paso de
las nubes |
¡Pero
no! No debo disculparlo, salvo que haya sido un
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pobre. Dificulto en realidad que haya sido un
pobre, ya que |
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tuvo
que ser alguien que se movilizaba en auto. Era simplemente uno
de esos que son ladrones si la oportunidad se les presenta, como
en este caso.
En fin: me jodo por tonto, vuelvo a buscar a Alan, de mal humor,
cargamos nafta, desactivo desde un teléfono público el celular y
seguimos para Zapala siempre por la 40. En Zapala cargamos gas,
y hacemos el hermoso camino de Zapala a La Rinconada (por la 40)
donde hay que tener muchísimo cuidado por la cantidad de ganado
suelto de todo tipo. En La Rinconada tomamos 234 hasta Junín de
los Andes donde paramos a cargar nafta y comprar cosas para
comer.
Nuevamente en la ruta, ahora manejo yo. Terminó el turno de
Alan. Paramos en la condorera de la 234 que tiene un puesto de
avistaje: no hay ni un solo Cóndor. Tomamos la 40 en dirección
SE pasando por el hermoso Valle del Collón Cura, sin olvidar
reirnos del minúsculo cerrito Piñón. Cuando la 40 se junta con
la 237, en el embalse Collón Cura, torcemos al SO. La ruta desde
allí sigue siendo 40 (antes era 237 hasta Bariloche). Embalse
Alicura, caracoles para un lado y para otro. El paisaje se pone
lindo en este camino hermosísimo que constituye la entrada a
Bariloche. Paramos en Confluencia, donde a causa del intenso
calor me pongo una malla y me tiro al río Traful, donde me quedo
nadando un rato. Alan mira y saca fotos.
Luego retomamos el camino, y atravesando el hermoso Valle
Encantado, y previa parada en el Anfiteatro, llegamos a
Bariloche. Cargamos gas, y luego de hacer las compras
pertinentes para la cena, vamos a Los Baqueanos, donde
acampamos.
A la mañana siguiente voy a Bariloche a comprar un nuevo
celular. A la hora y media ya tengo mi línea habilitada
nuevamente. Retorno a Los Baqueanos y luego de buscar a Alan,
que había hecho una mañana de playa en el lago, avanzamos hacia
Pampa Linda por el camino de siempre. El día está hermoso, y
llegamos al mediodía a Pampa Linda, luego de parar un rato en
los Rápidos del Manso para ver el nuevo puente, y los pilotes
del viejo, aquél que al romperse en marzo de 2007 me dejara
varado, junto a Tute Allende, del lado de Pampa Linda por muchas
horas.
En Pampa Linda almorzamos, armamos el equipo, y luego de
encontrarme con Nacho Hostnik y Mauro Fernández, y de conversar
un rato sobre montañas y asados, empezamos a caminar con Alan
hacia el paso de las Nubes, cargados con las pesadas mochilas.
El calor se deja sentir, y hay tábanos en bastante abundancia.
Nos refrescamos en el río Castaño Overa, y seguimos la marcha. A
la altura del Km. 9 los tábanos se han puesto densos, y Alan
conoce realmente lo que ellos significan (en sus anteriores
incursiones a Bariloche, no había tábanos).
Cruzamos el arroyo Alerce con el agua hasta las rodillas, y
atravesamos luego el muy anegado mallín, en un cruce que nos
obligó a un baño de agua cristalina, del otro lado, para
sacarnos el barro pringoso.
Seguimos avanzando hacia el paso, al que arribamos cuando ya la
tarde caía, luego de unas cuatro horas y pico de marcha desde
Pampa Linda. En el paso había una familia acampando, aunque no
nos dimos bola. Armamos la carpa, preparo la cena, y bajo un
cielo estrellado disfrutamos del momento. Luego, a dormir. |
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A
la mañana siguiente comenzamos desarmando el campamento y
desayunando. Desestimamos la posibilidad de intentar el
Constitución, fundamentalmente por cansancio mío. De modo que
vamos al Circo de las Cascadas, donde nos quedamos un largo rato
admirando este paisaje volcánico bellísimo, visitados
continuamente por los cóndores que tienen por allí sus
condoreras.
Al
mediodía bajamos, y luego de almorzar frugalmente, comenzamos el
descenso hacia Pampa Linda, repitiendo las hazañas de la
víspera. El mallín se nos antoja aún más mojado que ayer.
Llegamos a Los Baqueanos cansados pero contentos, armamos la
carpa y luego de cenar copiosamente (y de beber de manera
proporcional) nos vamos a dormir.A
la mañana siguiente Alan se va a su casa, porque tiene que
volver a trabajar, y yo me voy a Huenei Ruca, a comenzar unos
días de vacaciones totales. |
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Nico, Raúl, Martín y Matías |
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Sin el más mínimo atisbo de caminatas o esfuerzos físicos. Allí me
encuentro con José Luis Luccisano, Edgardo Pérez, Matías Etulain,
Nico Williams y Martín Dasnoy, además, lógicamente, de Maguila,
Paloma, Betty y los chicos.
Cena, guitarreada y dormir en el Refugio.
El 9: descanso total. Armo la carpa y duermo en carpa. Playa,
amigos, y por la noche asado.
El 10 llega Fernando Reboredo, para hacer su cuarto viaje conmigo,
con lo que alcanza la marca de Seba Victoriano. Mientras se va para
Laguna Negra (sí, ese mismo día; no se bancó ni un rato en
Campamento Base), con Matu Etulain disfrutamos de la Fiesta del
Curanto y de la música de Marité Berbel.
Por la noche Fer se retrasa, y salgo a buscarlo por la picada a
Laguna Negra. Lo encuentro cerca de la bajada al Rancho Pirulo.
Volvemos y cenamos con Matu unos bifes rápidos con papas con
cáscara.
El 11 me ocupo del arreglo del tanque de nafta, comemos una pizza en
el centro y luego unos helados de Jauja; y por la noche hacemos un
asado con los chicos y unos que ellos habían conocido el Jakob.
El 12 vamos al Valle del Chalhuaco, y subimos a la Laguna Verde
(cerrada para restaurar el suelo; se ve desde arriba) y luego al
mirador del Pedregoso, donde almorzamos. Descendemos, y luego a la
cumbre del Cerro Chalhuaco, con bastante viento. Como siempre, una
magnífica experiencia. Cena en pizzas truchas con los demás:
milangas con papas fritas y huevos fritos.
El 13 y el 14 nos tomamos vacaciones luego de tanto esfuerzo.
Anduvimos con el auto por ahí, fuimos hasta la estación Perito
Moreno donde asistimos al paso del viejo tren a vapor que hace la
vuelta turística desde Bariloche a Perito Moreno. A la noche del 14
vamos a pizzas
El 15 termina nuestra estada en Bariloche. Saludamos a todos, y
vamos por la 40 hasta Esquel, pasando por el mirador de los lagos
Steffen y Martin, El Bolsón (donde almorzamos sándwiches de Lever
con cerveza) y Lago Epuyén. En Esquel intentamos ir para Los Alerces
a fin de dormir en el Río Arrayanes, pero el camino está cortado sin
que exista indicación alguna de ello. Hay que hacer un gran rodeo
por Trevelin, para entrar al Parque. Ya es demasiado tarde, de modo
que, con bronca infinita por el maltrato de la gente de vialidad, o
de quien puta fuera, nos volvemos a Esquel y paramos en un camping
donde cenamos y dormimos plácidamente luego de una opípara cena
(guiso de cordero patagónico, que Fer exigía por haber comido Matías
Allende lo mismo en el viaje del año pasado).
Al día siguiente vamos al Parque Los Alerces por la 259 hasta
Trevelin, y luego la 71. Fuimos a pasar en el parque parte del día,
visitando Villa Futalaufquen, el mirador del Cerro Alto el Petiso, y
el río Arrayanes. Comemos a la orilla del Lago Futalaufuqen. El día
está raro: por momentos nublado, por momentos soleado.
Al regreso pasamos por Trevelin, y luego de repostar nafta en Esquel,
tomamos la ruta 40 hacia el sur, hasta Tecka, donde tomamos la 62
que se convierte más adelante, al Este, en la ruta 25. En Tecka
paramos para visitar el monumento a Inacayal, cuyos restos descansan
allí, en su tierra, la tierra de sus ancestros y de su pueblo, por
feliz iniciativa de la gente de Tecka, que lo repatrió en el año
1994. |
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Seguimos por esta maravillosa ruta (ver descripción en esta
misma página) y paramos unos kilómetros más allá de Los Altares,
en un monte de sauces que está al costado del camino muy cerca
del Río Chubut. Allí cenamos rico, y dormimos plácidamente.
Al
día siguiente partimos temprano en dirección a Trelew. Antes
pasamos por el dique Florentino Ameghino, donde almorzamos.
Recorrimos un tramo de la ruta que sale desde Ameghino hacia
Comodoro (la ruta 31) y me prometo a mí mismo que algún día la
haré. Un detalle: veo a uno de los sobrevivientes de la tragedia
de 2001, hoy ya un chico como de 19 años. Está junto al
monumento a sus compañeros muertos, allí donde estaba el viejo
puente colgante que cedió aquél infausto día. Causa una
sensación muy fuerte ver la cara del chico, seriamente
meditabundo, recordando, seguramente, tantos rostros que ya no
están. |
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Fer en la orilla del Río Arrayanes |
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Seguimos viaje, y recorremos la galesa Gaiman, Trelew (donde
repostamos gas), y ya por la querida ruta 3 Puerto Madryn
(infernal de gente, tránsito a paso de hombre, huyo
despavorido, luego de bajar con Fer a la playa), Sierra
Grande y Las Grutas. En las grutas acampamos en un camping
que no recuerdo si era el municipal o de algún gremio. Feo,
sucio, con gente de poco nivel cultural (y respeto por los
otros acampantes). Cocino y nos vamos a dormir rápido.
Al día siguiente vamos a San Antonio oeste, y luego de
cargar gas, tomamos la hermosa ruta 1 (ver descripción).
Paramos en Punta Mejillón, comimos en caleta de los Loros,
paramos en Bahía Creek, en las dunas (jugamos un rato a
estar en el desierto); en los cangrejales de Bajada Echandi,
en el faro-baliza abandonado (a donde, por supuesto,
subimos, como es costumbre) y en la Lobería de Punta
Bermeja.
Luego de pasar por Viedma-Patagones (paramos a conocer la
catedral de Viedma) bajamos por la ruta 3 hasta Buratovich.
No están ni Federico ni Emilio Pérez, nuestros amigos (que
se encuentran estudiando en Mendoza y Córdoba
respectivamente), pero pasamos por el frente de su casa. No
bajé porque estaba todo apagado, (ya era crepúsculo). Luego
de mostrarle Burato a Fer, seguimos viaje hasta Km 711. Está
todo muy mojado: ha llovido a cántaros. Nos cuesta encontrar
un lugar seco para armar la carpa. La tormenta merodea por
allí. Vamos a comer al restaurante, y nos damos un atracón
de milanesas, papas fritas y huevos fritos. A la noche, la
tormenta se descarga sobre nosotros, pero no le hacemos
caso.
El 19 vamos desde Km 711 a Adrogué, haciendo, por supuesto,
el desvío del camino del sesquicentenario para evitar Bahía
Blanca. Resisto a la tentación de ir por Ventana: tengo
ganas de llegar.
Fin del viaje, el auto se comportó magníficamente (salvo el
tanque de nafta), buenos compañeros de viaje, buena comida,
muy bien la carpa nueva (Doite), muchos reencuentros allá en
Colonia Suiza (todos con gente amiga). En fin: un viaje muy
bueno, como siempre. Damos gracias a Dios por haber llegado
con felicidad.
Y a preparar el próximo viaje.
Raúl Llusá |
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