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Copahue, Pehuenia, Bariloche, Ruta 25, abril de 2005

 

Participantes: Alan Schell, Juani Tomaselli, Mauro Pompili y Andrés Rodríguez

 

Salimos de Buenos Aires por la ruta 3. Eran los primeros días de abril, y agonizaba el papa Juan Pablo. El primer día pasamos la noche en un bosquecito al lado de una estación de servicio cercana al Río Colorado. La policía de Río Negro nos paró y nos tuvo un rato porque no les convencía una de mis patentes, que les parecía falsificada. Aclarado el tema, seguimos viaje. Paramos un rato en Coele Choel, llegándonos hasta la isla. Alan comenzó a coleccionar su herbario personal. Más tarde hicimos otro alto en Villa Regina, en donde subimos a la barda para ver la ciudad desde lo alto. El día avanzaba, por lo que seguimos viaje por la ruta 22, pasando por Neuquén en donde hicimos un desvío hacia el Lago Pellegrini. Luego avanzamos hacia Zapala pasando por Cutral Co, donde nos enteramos de la muerte del Papa. Hicimos noche junto al río Agrio, en Las Lajas, ayudados por un paisano que nos guió al lugar de acampe libre, junto al río, haciéndonos seguirlo desde su F100. Cenamos un guiso de churrasquitos.

Alan en la estación de Villa Regina

Villa Regina desde la Barda

Estación de Villa Regina

A la mañana siguiente seguimos hacia Caviahue. En el Cajón del Hualcupén paramos para visitar a algunas familias de puesteros a lasque les dejamos algunas bolsas con ropa y comida. Entramos en el caserío pidiendo permiso. A un matrimonio joven, con muchos hijos, les preguntamos si no se ofendían si les dejábamos algo de ayuda, a lo que el hombre me contestó: "¡qué nos vamos a ofender, si nosotros somos pobrísimos!". Sin palabras. Hablamos mucho, con Alan, de esta realidad de pobreza del sur. Y de la manera de ayudar.

Llegados a Caviahue, Alan se encontró con una persona que tenía que darle un CD con fotos. Mientras, yo cargué nafta y recorrí un poco. Más tarde avanzamos hacia Copahue, nos aseguramos una casilla rodante para pasar la noche, y nos fuimos luego hacia "Las Maquinitas", donde cientos de fumarolas y pequeños geisers hablan de la enorme energía geotérmica presente en el lugar. Después nos llegamos hasta el Salto del Agrio, una hermosa cascada que hace este río que nace del lago del cráter del volcán Copahue. Luego de recorrer sin prisa el lugar, trepando hasta la naciente de la cascada, anduvimos por los ripios un rato largo, parando en cuanto puente encontrábamos, para volver, al atardecer, a Copahue, donde luego de un rato

Salto del Agrio

 de Internet hicimos un puchero para cenar.

Riscos Bayos

Lagunas Las Mellizas

Frío y agua subiendo al Copahue

Humo en el cráter

saliendo del auto, paseando entre araucarias centenarias.

Bajando a Caviahue

Viento patagónico

Basaltos en la Pehuenia

Cráter del Volcán Batea Mahuida

Al día siguiente, con cielo cubierto, viento y frío, empezamos a subir el volcán Copahue. La aproximación, comenzando en la estación geotérmica de las lagunas Mellizas, es hermosa. Un terreno netamente volcánico, con lava, escoriales y detritus.

Llegamos a la cumbre para no ver nada, porque las nubes nos habían alcanzado, el cráter estaba bastante activo respirándose un nauseabundo olor a azufre, y el viento soplaba con furia. Bajamos despacio, bajo una leve lluvia, y llegamos al auto contentos de haber podido trepara  este maravilloso volcán.

A la noche, mientras dormíamos, cayó una fuerte nevada que nos sorprendió a la mañana siguiente con Copahue enteramente cubierta de un manto blanco. Desarmamos todo y comenzamos a desandar camino hacia abajo (Copahue está a 2000 metros sobre el nivel del mar). La nevada nos acompañó hasta Caviahue. Tomamos luego la ruta a Pino Hachado, y paramos en un mirador natural al costado de la ruta, en donde desde unos roquedales se contempla una hermosa panorámica del Valle, allá a nuestros pies, mucho más abajo. El viento nos volaba. Seguimos, entrando en la hermosa Pehuenia en donde, al subir con el camino, volvió a alcanzarnos otra tupida nevada que disfrutamos

Luego seguimos viaje hasta Villa Pehuenia, en donde subimos al volcán Batea Mahuida, con muchísimo viento. Muy lindas vistas desde arriba, aunque el día no ayudara. Más tarde, y luego de recorrer la Villa y de buscar infructuosamente un lugar para acampar, seguimos hasta Aluminé, en donde además de cargar nafta conseguimos el camping municipal, en donde acampamos gratuitamente, al costado del río Aluminé. Cenamos unos ricos fideos con tuco acompañados por un buen vino tinto.

A la mañana siguiente seguimos hacia el Río Malleo, pasando por Pilo Lil, donde se hacían los campamentos misioneros del IVP en la década del 70. En Malleo decidimos cancelar nuestra intención de subir al Lanín, que estaba enteramente cubierto de nubes, con muchísimo viento. Luego de descansar un largo rato en el hermoso Malleo, seguimos hacia Junín, San Martín de los Andes y el Camino de los 7 Lagos, bajo una lluvia impiadosa. Gran parte del camino de 7 lagos tuvimos que hacerlo a muy baja velocidad, por la lluvia, los menucos (baches tapados con agua) y el mal estado general del ripio. Llegamos a Villa Angostura con lluvia torrencial. Desde allí hablé con Milena Arko, en Bariloche, que nos esperó con una habitación calefaccionada. Seguimos entonces a Bariloche con tiempo bastante feo, cargamos gas, hicimos compras y luego de cenar unos churraquitos a la cacerola nos fuimos a descansar.

Por la mañana arrancamos hacia Pampa Linda, parando varias veces para disfrutar elpasiaje. El día estaba un poco mejor, pero había nubes que desfilaban en dirección oeste-este. Llegados a Pampa Linda, Alan pudo ver bastante tapado el volcán Tronador. Seguimos con el auto hasta el Ventisquero Negro, donde nos quedamos un rato, cada uno recorriendo a su gusto. Más tarde avanzamos hacia el fondo del camino, dejando el auto en la Hosteria de Jerman y caminamos por el bosque nevado hasta la Garganta del Diablo.

Retornando a Pampa Linda, visitamos el Saltillo de las Nalcas, e hicimos luego tiempo para el horario del camino. A las 17.00 comenzamos a bajar y acampamos en Los Baqueanos, donde pasamos la noche acompañados por una jauría de hambrientos perritos.

A la mañana temprano

partimos hacia el Valle del Chalhuaco. Dejamos el auto junto al refugio neumeyer, y subimos primero a la Laguna Verde y al Mirador del Pedregoso. De regreso en la laguna, almorzamos. Por la tarde, subimos a la cumbre del Cerro Chalhuaco con mucho viento. Al caer la tarde bajamos al refugio y a Bariloche, a lo de Milena.

Por la mañana recorrimos la zona de Villa Tacul, y al mediodía Alan tomó un micro que lo llevaría de vuelta a la rutina. Esa tarde pasé a buscar a Juani Tomaselli, mi ahijado, y acampamos en Los Baqueanos. Al día siguiente  llegaron Mauro Pompili y Andrés Rodríguez, y los fuimos a buscar a la Terminal. Con ellos y Juani, rumbeamos para el sur, por la ruta 258-40. Entramos por el Río Villegas recorriendo el cajón hasta el Paso del Manso, un lugar impresionante aunque alejado. El río es allí hermosísimo, en medio de un centenario bosque de coihues. Más tarde desandamos el camino y llegamos a El Bolsón, donde acampamos en la Fábrica de Cerveza.

Allí descubrí que, como el año anterior, se me había rajado el tanque de Nafta. Menudo problema. Juré que al regreso le podría

Noche en Aluminé

la defensa de chapa, cosa que efectivamente hice, luego de

Hacia la Garganta del Diablo

Bosque nevado en Bariloche

 

cambiar el viejo tanque ya demasiado reparado. Averigué por un reparador de tanques, y dí con un tal López que me dió turno para la mañana siguiente. De modo que al otro día llevé a los chicos un trecho por el camino de autos del Piltriquitrón, y yo dediqué el día a arreglar el tanque, descansar y, confieso, aburrirme un rato pensando que los otros estaban trepando ese hermoso cerro. A la noche los fuía  buscar. Llegaron entrada la noche. Cansados pero alegres, y cargados de fotos y filmaciones.

 
   

 

Alan en el Salto del Agrio

Alan en al casa de Otto

 
 

Al día siguiente lo llevamos a Juani a Bariloche, disfrutando del hermoso camino, y luego de las despedidas del caso, volvemos a desandar la ruta, parando en algunos lugares para tomar fotografías y ver cosas interesantes. Esta vez pasamos de largo por El Bolsón, y seguimos hacia Epuyén, donde entramos a ver el hermoso Lago. No hay tiempo que perder, sin embargo, ya que eldía envejecía. Seguimos hacia Cholila, caída la tarde, en donde conseguimos un hermoso lugar para acampar en el Lago Pellegrini. Cenamos unos fideos con salsa de panceta, y dormimos plácidamente. La mañana nos despertó con dos novedades: una fuerte niebla, que le daba al lugar una característica especial, y mi auto que se negaba a arrancar pese a todos los ruegos, maldiciones y camarucos que hice para cambiar la situación. Debimos esperar que saliese el sol y calentara el block, que estaba muy frío. Pudimos arrancarlo, y partir, recién a las 10 de la mañana. No obstante, el lugar era hermoso y ameritaba nuestra estancia allí. Otro inconveniente: no pudimos cargar nafta en Cholila, por un problema técnico en la estación de servicio. la cosa era entonces llegar hasta Esquel. Decido tomar el camino más directo, descartando la idea de llegar a tarvés del parque Los Alerces. No había posibilidad de llegar con la poca nafta que

 

teníamos. Puedo asegurar que llegamos con el olor a la primera estación

Juani y Mauro en la pasarela del Río Villegas

 

de servicio de Esquel. Pasado el susto, recorrimos Esquel y seguimos viaje hacia el Parque Los Alerces, recorriendo la cabecera del Lago Futalaufquen, para ir luego a la casa del Poblador Rosales, a quien le traía yo, desde Buenos Aires, un bombeador eléctrico de agua que le mandaban. Rosales vive en un lugar impresionante, sobre el faldeo de un cerro, con una vista única del Lago Futalaufquen y el Glaciar del Torrecillas. Tomamos unos mates y charlamos un rato. Como rechazamos su insistente invitación a quedaros allí para pasar la noche, nos despedimos con promesas de reencuentro, y nosotros seguimos hacia el río Arrayanes, en donde queríamos pernoctar con nuestras carpas. Una vez más, el hombre propuso y Dios dispuso, ya que comenzó a llover, así que luego de recorrer la costa del Río, volvimos a Esquel donde acampamos en el camping al que voy siempre, cerca del Regimiento de Ejército. Como nos sobraba tiempo, recorrimos Esquel nuevamente y nos llegamos a la Estación, donde sacamos fotos y consultamos la historia de la "Trochita". Averiguamos la hora de salida del tren, al día siguiente, y fuimos a procurarnos la cena.

Al siguiente día, para variar, el auto no arrancó. Lo sacamos a la calle

El Río Villegas

 

y llamé al Automóvil Club, que me remolcó hasta un taller de electricidad del automóvil que me reparó el desperfecto a cambio de $ 100.

Los chicos, mientras tanto, fueron a ver salir a la Trochita, y a sacar montañas de fotos. Yo me quedé con el consuelo de escuchar los pitazos de la vieja locomotora, que se escuchan a lo largo y a lo ancho de Esquel.

Superado el inconveniente, y ya dueños de un considerable atraso, reiniciamos el viaje hacia Tecka, y tomamos la ruta 25 (ver la descripción haciendo click aquí). Disfrutamos mucho, como siempre, de esta ruta. Paramos varias veces para gozar de la estepa. Llegamos a Los Altares, donde Rosario nos quiso vender, como de costumbre, las puntas de flecha que hace el papá. Más tarde recorrimos Las Plumas, y buscamos un lugar para acampar ya que la noche se nos venía encima. Como nada nos convenció, luego de intentar mil variantes, salimos de Las Plumas y unos dos km después, en dirección a Trelew, una huellita que se abría hacia nuestra izquierda nos invitaba a la exploración. Por allí nos metimos, y encontramos no mucho después un sitiuo digno donde

La pasarela.                      Mauro en paso León

divisorio entre el Cerro Meta y el Cº Ventana, y subimos al largo filo del

acampamos cuando ya caía la tarde, e hicimos unos chorizos a la pomarola que merecen estar en el libro Guiness por lo ricos, acompañados de vino tinto, y con tragos un poco más fuertes antes y después de cenar. Fue una velada hermosa, con cantos y charla abundante. Al día siguiente seguimos hacia el este, parando un rato largo en Florentino Ameghino para disfrutar del dique, el pueblito y un paseo por los filos que rodean el pueblo. De paso, yo intenté encontrar el ocular de mi filmadora que había perdido el año anterior, cuando pasamos por allí con Alan. Resultado negativo. Luego recorrimos Gaiman y seguimos hacia Puerto Madryn, que visitamos también. El viaje a Sierra Grande fue monótono, pero digno de hacerse. Recorrida por Sierra, y luego tomamos la ruta 5 para ir hacia Sierra de Paileman. Imposible: el ripio está en pésimo estado, y debemos avanzar tan lentamente que decidimos volver a la ruta 3 y seguir viaje por esta. Pernoctamos en un cámping de Las Grutas, donde cenamos como siempre (mucho y rico).

Al día siguiente un policía caminero nos desaconsejó tomar la Ruta Provincial 1 porque (nos dijo) estaba peor aún que la 5. Concilio mediante, resolvimos seguir hasta Sierra de la Ventana.

Llegamos a la tardecita, y disfrutamos del cámping Asmara ya

El Río Manso, internándose en la Cordillera

que el Campamento Base estaba cerrado. Recorrimos un poco, cada cual a su ritmo, y mientras e hacía la comida yo me encargué de depredar las nueces caídas de un nogal de por allí. Riquísimas.

Por la mañana iniciamos el viaje de retorno, contentos pero con pena por las cosas que no habíamos podido hacer. Ya habrá oportunidad.

Llegamos por la tarde a Turdera, y nos despedimos con alegría por haber disftutado de unos días espléndidos de montaña, rutas argentinas y amistad.

Raúl Llusá

                                 Cumbre del Piltri

Los chicos en la cumbre delPiltri

Cena en Cholila

Niebla en el Lago Pellegrini, de Cholila

El cámping de Cholila

La Trochita

Acampando en la estepa cerca de Las Plumas

El sol se pone en la estepa

Los chicos en el Embalse Florentino Ameghino