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"Quizá este
mundo es el infierno de otro planeta."
Aldous Huxley
(1894-1963), crítico y novelista británico
Ha muerto Pinochet.
Su muerte conmovió a no pocas
personas en Chile y en el mundo. Conmovió hacia el territorio de
la alegría a todos aquellos que se vieron afectados por su
actuación pública. Y en primer lugar a aquellos a los que
persiguió, y a los familiares de los muchos muertos de su era.
Conmovió hacia la tristeza a sus
seguidores, que aún los tiene, muy raleados, por cierto, luego del
descubrimiento de sus cuentas secretas y de su enriquecimiento
ilícito en la función pública.
Conmovió también, como no podía ser
de otra forma, a los que desde lo ideológico necesitan signos.
Para aborrecerlos o para alzarlos como estandarte.
Ojalá Chile deje atrás pronto la
división que el apellido Pinochet significa en su historia. Chile
se lo merece.
La justicia debería seguir
investigando lo que sucedió en aquellos años, porque la Historia
reclama saber la verdad entera.
No para alimentar el odio, sino para
que no se repitan los hechos demasiado dolorosos que signaron una
época.
Pinochet pudo haber tenido –no lo
sé- logros en su gobierno. Pero sus logros se relativizan de
manera definitiva por su origen. En efecto, su gobierno estuvo
signado de dos nulidades insalvables: la primera, la de la sangre.
Ningún gobierno que se establece a sangre y fuego, y se mantiene
en él a sangre y fuego, es legítimo.
La segunda: la de la legalidad.
Pinochet se encaramó en el poder por
la violencia.
Y la violencia solo se justifica, en
última instancia, cuando desde el poder se abroga el Pacto Social.
Cuando un grupo se adueña del poder y se mantiene en él burlando
la legalidad imperante, sin dar posibilidad de renovación
democrática.
El gobierno de Salvador Allende pudo
ser bueno, malo o pésimo. No lo sé ni me corresponde juzgarlo.
Pero no abrogó el Pacto Social ni se volvió totalitario o
ademocrático.
El gobierno de Pinochet, en cambio,
sí lo hizo.
Por lo mismo, integra el abanico de
las noches obscuras de la democracia en nuestro sufrido
continente.
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