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El tema de los manteros de la calle Florida
es un tema complejo, en el sentido de que tiene varios costados,
varias cosas a tener en cuenta.
En primer término tenemos la composición de
ese colectivo. Hay algunos de sus miembros que son realmente
personas necesitadas, excluidas del sistema, y que han encontrado
en este tipo de comercio informal y no registrado ni tributalizado
una forma de subsistir. A ellos hay que agregarle otros que se
sumaron no por necesidad sino como una forma de trabajo que tiene
la ventaja (en este caso específico) de exponer la mercancía en la
arteria de más alto tránsito de Buenos Aires sin pago de
impuestos, alquiler de local, controles, pago de servicios, etc.
con lo que se obtienen muy buenos márgenes de ganancia.
En el otro costado están los comerciantes
“formales” que sí pagan impuestos (aunque a veces se olviden de
hacer una que otra boleta), que sí pagan luz y esas cosas, y que
se sienten perjudicados por la proliferación del comercio
informal.
Siempre he dicho y seguiré sosteniendo que la
necesidad está en primer término frente a toda otra consideración.
Quien se muere de hambre en un mundo que debe contener a todos,
adquiere el derecho incluso a salirse de la normatividad. Esto es
malo, pero más malo es que haya gente que se muera de hambre.
Pero en ese caso a mí, caminante casual, no
me pareció ver que todos los manteros sean personas con necesidad,
como en el caso de Constitución. Debe haberlos, no lo dudo. Pero
me pareció (insisto: me pareció) descubrir más vivillos que
necesitados. Vivillos que en su momento (y varias veces) corrieron
a los inspectores municipales que iban enviados por sus jefes, y
que si eran atrapados se iban a comer una molida a palos. Vivillos
que en oportunidades dejaban apenas pasillos para que la gente
circule.
Y creo que los vivillos deben aceptar las
reglas de juego.
A ver: dejemos algo en claro. No estoy
tomando postura política. A mí Macri me importa menos que un higo
seco. Salvo en Boca: en Boca lo banco a muerte. Peor en la
política no es mi estilo. Me parece demasiado de derecha, como me
parecen demasiado de izquierda los neomontoneros. Así que no estoy
defendiendo a Macri que con la guita que tiene no necesita que lo
defienda yo, un poligrillo, y que, poligrillo o no, no va a gastar
su (subjetivamente considerado) valioso tiempo en defenderlo.
Acá de lo que se trata es de analizar con el
mayor sentido común posible un problema que afecta a un colectivo
determinado (los manteros); a otro colectivo (los comerciantes) y
a la comunidad en general, porque la ley es de la comunidad, y la
ley marca una cosa y acá se hace otra.
Es decir: si el gobierno de la ciudad quiere
sacar a los manteros es porque lo dice la ley. Si la ley es mala,
hay que cambiarla. Pero mientras tanto hay que cumplirla.
Yo, humildemente, estudiaría la ley, para
preservar, por un lado, un espacio para el comercio informal de
los indigentes, pero para sacar a los vivos que no quieren
tributar, que quieren que la carga pública la pague el otro, y que
se ubican en los mejores lugares para ofrecer las cosas que
ofrecen.
Si usted no piensa así, no se ofenda ni me
insulte. Proponga su pensamiento distinto, que si es bueno tenga
la seguridad que lo haré mío.
Raúl Llusá |