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Esperé que bajara un poco la polvareda, pero tenía ganas de tener
una palabra respecto de esto. Palabra que admito puede estar
equivocada, o ser incompleta. Pero es mi forma de ver y la
expongo. Nadie se enoje.
Se
han dicho muchas cosas respecto del rescate de los 33:
Que
si aparecieron vivos en el refugio, no había más remedio que
sacarlos, costase lo que costase. Puede ser.
Que
esto le sirve a Piñeira. Puede ser.
Que
ha habido mucho aprovechamiento de la cosa. Que se montó un
reality show, y todo estaba pensado para emocionar. Es verdad.
Escuché: “fue por conveniencia”, “no podían hacer otra cosa”, “fue
por esto”, “fue por lo otro”.
Yo no
tengo la certeza de las motivaciones que motorizaron el rescate,
porque las conciencias de las personas son territorio sagrado en
el que creo que nadie puede meterse para ver las intenciones.
Pero
todas estas cosas, y otras, no nos pueden llevar a minimizar que
hubo un esfuerzo enorme para salvar a 33 personas. Que se articuló
un enorme operativo de ingeniería para salvar la vida de 33
personas. Personas humildes. Insignificantes para el sistema. Como
yo. O como quizá vos que leés esto.
Entonces, ha habido algo que no es frecuente: la vida humana fue
puesta en su lugar. En el lugar que debe tener.
No me
interesan las motivaciones. No soy quien para juzgar el fuero
interno. Yo juzgo lo que veo. Y lo que veo es que los sacaron. A
todo coste.
El
hombre, y la vida, ocuparon su verdadero lugar, en un mundo donde
la vida no vale nada, donde está amenazada desde muchos costados,
en donde se niega el derecho a nacer al conceder el derecho a
abortar; en donde los tobas, los wichis, los pobres en general, no
cuentan; en donde millones se mueren de hambre frente a la
indiferencia de la sociedad opulenta.
Pero
la vida humana, toda vida humana, constituye un valor supremo. Le
pese a quien le pese.
Hemos
visto durante el rescate la expresión de alegría extrema de
padres, hijos, mujeres y hermanos de los mineros. ¿No vale esa
alegría los millones que se gastaron? ¿No justifica, el salvar una
vida, la inversión de tiempo, esfuerzo, pensamiento y dinero? Por
lo general esas cosas (tiempo, esfuerzo, pensamiento y dinero), se
ponen al servicio de la muerte. Ejemplos sobran.
Por
eso estoy convencido de que aquí hubo humanismo, y del verdadero.
Me enorgullece como ser humano todo lo que se hizo para rescatar a
los 33. Más allá, insisto, del show montado. Perdonemos el show
(si es que somos quienes para perdonar algo) por la alegría de
cada minero, de cada familiar, e incluso de cada uno de los que
hicieron posible el rescate.
Fue
un accidente que termina bien. Ojalá no vuelva a suceder. Ojalá
que todo el mundo haga lo que tiene que hacer en cualquier
actividad, para que no haya accidentes de ninguna naturaleza. Pero
por desgracia, los seguirá habiendo.
Y es
de esperar que cuando ello suceda, la respuesta sea la que se dio
en este episodio: agotar todos los recursos para encontrarlos, y
luego hacer todo lo necesario para traerlos de vuelta.
Porque la vida humana, insisto, es un valor supremo. Toda vida
humana. En cualquier momento de su desarrollo.
La
madre roca dejó hacer, para que estos hombres volvieran a ver al
padre cielo.
Dios
sea loado.
Raúl Llusá |