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El
pibe desaprobó cuatro materias en febrero. Y con ello, como es
natural, se vio obligado a repetir 4to año. Como cualquier hijo
de vecino. Pero la cosa es que el pibe no era cualquier hijo de
vecino, porque era hijo de ¡un juez!, Don Héctor Leguizamón
Pondal, que presentó una acción de amparo ante la justicia y
pidió la nulidad de uno de los cuatro exámenes desaprobados (el
de Lengua y Literatura) porque consideraba que la reprobación no
había sido justa. Vaya uno a saber. Puede que sí, puede que no.
Yo no lo sé, porque yo no estaba allí. Pero el juez Leguizamón
Pondal tampoco estaba allí. Se guió por lo que le dijo el chico.
Claro que los padres siempre les creen a los hijos, no hay por
qué dudar de lo que los chicos digan. Menos aún cuando son
adolescentes.
La
cosa es que el colegio (Fundación Educativa Wooodville, de San
Carlos de Bariloche), rechazó el pedido de nulidad del examen, por
considerar que estaba bien tomado y bien calificado. Pero el que
no rechazó la acción de amparo fue otro juez, Don Carlos Cuéllar,
que dictaminó que el menor debía ser promovido a 5to año hasta que
se decidiera en firme sobre el pedido de nulidad. Así, el pibe,
con cuatro materias, pasó a quinto.
Claro: la rectora del colegio renunció a su cargo. Un gesto de
dignidad.
Mientras tanto, en el colegio Woodville había un problema:
suponiendo que el examen cuestionado fuese declarado nulo por la
justicia, el Ministerio, o quien fuese; se le tomara de vuelta y
lo aprobase, el pibe seguía teniendo tres materias desaprobadas. Y
con tres desaprobadas (ninguna de las cuales había sido impugnada
por ningún juez) también repetía.
Por
tanto, Don Leguizamón Pondal accedió a cambiar al chico a otro
colegio en donde las cuentas daban: dos materias desaprobadas, una
en veremos y la otra que en el Wodville era extracurricular y en
el nuevo colegio no existía. Así que todos contentos. Menos la
rectora, que está buscando otro trabajo, en donde pueda trabajar
como docente sin que interfiera la justicia, o el partido
peronista, o la Asociación de Panaderos y Confiteros.
Lástima el precedente. Porque ahora va a ser difícil determinar
que un chico repite. Al menos va a ser difícil darle la vacante
del chico repitente a otro que quiera entrar en su lugar, porque
si la justicia decide que el chico no debe repetir, alguien se va
a tener que sentar en el suelo. O puede venir la Inspectora y
retar al colegio porque se tiene un curso excedido.
Qué
se yo: si yo fuera juez, y tuviera un hijo que desaprueba cuatro
materias, no presentaría un recurso de amparo para que me lo
promuevan a través de la justicia. Primero, porque si mi hijo
llegó a febrero teniendo que dar cuatro materias, quizá tenga que
aprender a estudiar más. Segundo, porque repetir no es una cosa
terrible. A muchos les hace bien. Tercero, porque hay cosas mucho
más importantes de las que se tiene que ocupar la justicia, y que
a veces esperan años (como los ajustes jubilatorios de personas
que los merecen, mucho más que este chico un cuatro, y quizá se
mueran sin recibirlos, porque la justicia, tan expeditiva en este
caso, es exasperantemente lenta en otros). Y por último, por una
cuestión de ética. Con todo respeto, juez Leguizamón Pondal, y
desde mi lugar de educador de muchos años: queda muy mal, y se
presta a lecturas que quizá no sean justas, el hecho de que usted,
que es juez y camarista, pida un recurso de amparo para amparar a
un hijo suyo, y que el recurso salga de inmediato. Hubiera sido
mucho más formativo, de su parte (me parece) que hubiese tratado
de resolver el tema de otra manera. Porque (recuerde) su hijo
desaprobó cuatro, no tres. Y con tres desaprobadas, también
repite.
Raúl Llusá |