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Historia del Parque Nacional Nahuel Huapi: cuarta parte

El Club Andino Bariloche

 

Extraído del anuario 1982 del Club Andino Bariloche

 

 

Nos encontramos que, corriendo el año 1931, la cita es para el martes 13 de agosto. Emilio E. Frey (ingeniero, que había servido con el perito Moreno en la misión demarcadora de límites internacionales), Juan Javier Neumeyer (médico, recientemente establecido en Bariloche), Otto Meiling (fuerte deportista) y Reynaldo Knapp (empresario de transportes) deciden formar un club, y podemos leer en el libro de Actas número 1, en los primeros artículos del «Estatuto del Club Andino Bariloche»: «Artículo 1º: Queda constituido el Club Andino Bariloche; Artículo 2º: Los objetivos principales que sostiene el club son: excursiones en la región andina con carácter de exploraciones y deportivas (alpinismo, ski, etc.); Artículo 3º: Los objetivos secundarios son: estudiar proyectos turísticos dentro del parque nacional del sud (caminos, sendas, refugios, etc.), popularizar las excursiones y deportes de invierno». Si bien estos objetivos alcanzarían en sucesivas modificaciones estatutarias redacciones más amplias y más pormenorizadas de las misiones e ideales del club, puede afirmarse con absoluta certeza que la concepción de los cuatro funda-dores nunca fue desvirtuada, antes bien afirmada y enriquecida por una verdadera pléyade de nuevos adeptos a la actividad de montaña. En cincuenta años de vida institucional (1) se acerca a 10.000 el número de personas que se han asociado al club y en el momento actual registra 4.204 socios. Con estas cifras a la vista podemos decir que las ideas de Frey, Neumeyer, Meiling y Knapp han sido ampliamente compartidas y que el magnetismo de la montaña, que ellos sintieron, pudo, merced a la iniciativa, irradiarse en plenitud.

 

Los años primeros

 

Si nos situamos cincuenta años atrás, cuando la villa de Bariloche tenía unos 3.000 habitantes, debemos sorprendernos por el gran dinamismo del C.A.B. que finaliza su primer ejercicio con 118 socios y ha realizado un total de cuarenta excursiones, once de ellas con esquís, incluida la exploración del valle del Turbio que descubrió el río de ese nombre.

Leemos en la primera memoria anual: «Queda incrustado ya en el ambiente de la mayoría de los socios el amor al andinismo y a los deportes de invierno». Al cerrarse el segundo ejercicio del club ya poseía dos refugios de montaña; uno en el Cerro Otto, totalmente de madera en el estilo «block-house», construido por los socios Meiling y Tutzauer y que sólo erogó a la entidad «la módica suma de $ 9 moneda nacional» y el otro en el Cerro López que es «una pieza de piedra natural de 4 x 6 metros, piso de tierra apisonada, techo de tejuelas a dos aguas», según aclara la descripción en la memoria del segundo ejercicio. En 1934 la sección Correntoso del C.A.B., que impulsan los hermanos Meier, construye un refugio en el Cerro Dormilón que se inaugura el 25 de mayo de ese año. Es admirable ver el espíritu deportivo de esta gente que debía cruzar el lago y subir toda una montaña para esquiar. Ese mismo año de 1934 se lograba la proeza, que por lo ansiada constituía una gran recompensa al esfuerzo, la primera ascensión al pico principal del Cerro Tronador, realizada por Germán Claussen el 29 de enero. Pocos días después, puede decirse, nacía la Comisión de Auxilio del C.A.B. con la misión que realizan socios de la entidad en procurar de ubicar a los alpinistas italianos que desaparecieron cuando intentaban el ascenso del Tronador. Mencionamos estos hechos: «el amor al andinismo y los deportes de invierno» y la construcción de refugios, porque serán después la piedra angular sobre los que se edificará la gran institución de hoy. Es en los años ’30 cuando se sientan las bases de la organización del C.A.B.

A su primer presidente, el doctor Juan Javier Neumeyer -quien ejerce el cargo por espacio de seis años- lo sucede el ingeniero Emilio E. Frey, quien habrá de desempeñarlo durante 23 años, realizando una entrega notable y es el pilar sobre el que se edifica la institución. Pero estos hombres no están solos: el incontenible vigor de Otto Meiling; la perseverancia de Francisco Sanjuan; el trabajo tenaz de Heriberto Tutzauer, y Reynaldo Knapp; la administración exacta de Godofredo Kaltschmidt y Carlos Tribelhorn y la consecuencia de un creciente número de socios signan esta etapa. Cuando promediaba la década, con motivo del quinto ejercicio, podemos leer en el informe anual: «Hace cinco años nació el Club Andino Bariloche, bautizado así por sus cuatro padrinos. La vitalidad del recién nacido parecía algo dudosa en vista de que el alpinismo todavía no estaba de moda en el lago Nahuel Huapi. Pero las ambiciones del club se amoldaban al ambiente: no exigía ni calidades alpinistas para sus socios ni rutas difíciles para sus ascensiones. Tenaz y fiel a sus ideas primitivas el C.A.B. sigue su rumbo, ni triste por sus defectos, ni orgulloso por sus éxitos y encuentra la simpatía de algunos deportistas de buena clase y muchos admiradores de la región».

El medido optimismo y el firme propósito de esta declaración trasunta va perfilando lo que será la filosofía del club. Es precisamente la actividad del C.A.B. la que promueve interesantes adelantos en las pistas del Cerro Otto por los años 1936 y 1937, según nos cuenta don Francisco Sanjuán en su reseña de los primeros 25 años de vida de la entidad. El club es fiel a sus objetivos y desarrolla paralelamente las actividades andinísticas y el esquí.

El 28 de febrero de 1938 se inaugura el Refugio del Cerro Tronador. Este fue un esfuerzo realmente notable que puso la montaña por excelencia de nuestra región, al alcance de los montañistas. Al finalizar la década, la creciente actividad del esquí se va trasladando al Cerro Catedral a favor de las obras que realiza la entonces Dirección de Parques Nacionales.

El 28 de agosto de 1938 se realiza por primera vez en el Catedral una competición de «bajada». Camilo Pefaure emplea 8’27'’1/5 para cubrir el trayecto desde el punto donde ahora está el Refugio Lynch hasta el valle donde hoy está la estación inferior de la aerosilla.

La exploración de las montañas de la región ha sido intensa en los años 30. Ascensiones a los Cerros Bonete, López (picos y torres), Crespo y Puntiagudo se señalan entre las «primeras» de importancia y son, sin duda alguna, hitos en el andinismo regional. Una excursión a los hielos patagónicos, al oeste del Lago San Martín, realizada en el verano 1932/33 marca el naciente interés del C.A.B. por esa región a la que sus expediciones habrían de volver reiteradamente. La primera incursión a que nos referimos fue cumplida por Federico Reichert, A. Donath, Ilse von Retzell y Juan Javier Neumeyer.

 

Dr. Juan Javier Neumeyer

 

El promotor del Club Andino Bariloche, era oriundo de la Provincia de Santa Fe (nació el 13 de marzo de 1897). Cursó sus estudios de medicina en Suiza y Alemania y aprendió en los Alpes las técnicas de esquí y escalada. A fines de 1929 vino a Bariloche buscando un clima parecido al de los Alpes. Se radicó en la pequeña aldea, trabajando en el Hospital Regional y en su consultorio privado dedicando prácticamente todo su tiempo libre a la montaña.

Le gustaron las cumbres y rutas difíciles, sin embargo recorría también con mucha dedicación los rincones apartados, los valles retirados y cerros poco conocidos. Transmitiendo sus experiencias a otros amantes de la montaña «el doctor» -como lo llamaron en el club- redactaba informes de sus andanzas en castellano y alemán, colaborando en varias subcomisiones del club y ofició toda su vida como miembro de la comisión directiva de la institución.

Fué el primer presidente del C.A.B., conservando tal cargo por el espacio de seis años. Muy meritoria fue su participación en la organización y en las salidas de la Comisión de Auxilio.

 

Reinaldo Knapp

 

Nació en Inglaterra, pero casi toda su vida transcurrió en la Argentina. Era un empresario que se ocupaba de transportes y turismo. Se relacionó con el doctor Neumeyer cuando este último este se radicó en Bariloche y juntos subieron varios cerros. Además Knapp se ocupó de la construcción de huellas y picadas en la zona.

Su pasión era también la aviación y su prematura muerte en 1958 se debió a un accidente en la práctica de tal deporte.

 

Emilio E. Frey

 

Nacido el 10 de febrero de 1872 en Baradero, provincia de Buenos Aires, llegó por primera vez a lo que hoy es Bariloche, en 1895, antes de ser construido el primer rancho de Wiederhold.

De padre suizo, terminó sus estudios secundarios y universitarios en Suiza. De vuelta a Argentina, fue contratado por Francisco P. Moreno para colaborar en las expediciones patagónicas. Trabajando en el Museo de La Plata, con la Comisión de Límites y con la Comisión de Bailley Willis, Frey recorrió y exploró toda nuestra región y se radicó en el pueblo de San Carlos de Bariloche.

Era jefe de la Oficina de Tierras, primer intendente del Parque Nahuel Huapi y también intendente del pueblo. Sus últimos treinta años (falleció a la edad de 92 años, en 1964) los dedicó enteramente al C.A.B. desempeñándose como presidente activo y siempre presente en la exploración de varias zonas del parque, en la construcción de refugios, en vasta correspondencia y en los trabajos menudos de un pujante club.

 

Otto Meiling

 

Fallecido hace pocos años,  el 14 de febrero de 1981 subió con otros dos andinistas la cumbre principal del Tronador. Meiling, oriundo de Baviera, Alemania, se radicó en Buenos Aires a principios de los años 20 y llegó a Bariloche en el verano 1929/30 camino a Chile. Sin embargo, se quedó para siempre en Bariloche.

Un apasionado deportista que hacía gimnasia en el Turnverein alemán de la Capital Federal se ha convertido en andinista ferviente, trabajando por muchos años como instructor de esquí y guía de alta montaña. Subió muchas cumbres no conquistadas por el hombre y trazó rutas en hielo y roca. Ya en edad avanzada se desempeñaba por varios años como jefe-guía del Grupo Juvenil de Montaña del C.A.B.