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Extraído de
un prospecto sin fecha de la Dirección de Parques Nacionales
La exploración de la zona cordillerana de los lagos que
corresponden hoy al Parque Nacional Nahuel Huapi, está
vinculada con las primeras expediciones al Río de la Plata.
Sebastián Gaboto, el primero en llegar al «mar dulce» después
de su infortunado descubridor, le dio nombre de Río de Solis
y, atraído por el relato de minas y riquezas, de ciudades de
oro e imperios de plata que le contaron los náufragos que
hallara de su predecesor, dejó de lado las capitulaciones que
le obligaban a seguir en procura de un paso a las Molucas y se
dedicó a buscar esos reinos dorados, avanzando él mismo hacia
el Norte del Paraná y enviando a sus capitanes hacia el Oeste
y al Sur, con idéntico afán.
El Capitán Francisco César fue destacado por Gaboto en 1559
desde el Fuerte de Sancti Spititus, con otros quince (15)
hombres «para que fuesen tierra adentro a descubrir las minas
de plata y otras riquezas que hay en aquella tierra»...Solo
seis o siete regresaron al cabo de 40 o 50 días, contando
maravillas de la «Provincia de César». Los ocho restantes
fueron tragados por la Pampa infinita y solitaria. Internado
César en Los Andes, habíase granjeado la simpatía de un
cacique, de quien recibió ricos presentes en oro y plata y la
información de que «muy lejos, a orillas de un gran lago,
próximo a la cordillera, existía una ciudad habitada por
gigantes rubios, de vida regalada y licenciosa, que guardaban
entre sus muros riquezas de incalculable valor». Así nació la
leyenda de «La Ciudad de los Césares» o de «La conquista de
los Césares» que atrajo hacia aquel lago grande (Nahuel Huapi)
la curiosidad científica o la ambición de exploradores y
conquistadores. A la expedición del Capitán don Francisco de
Villagra, en 1553, corresponde el titulo histórico de haber
sido la primera empresa militar destacada para llegar al lago
grande y verificar la existencia del reinado de Arauco. Pero,
no bien cruzó la cordillera tropezó con la tenaz resistencia
de los indios y debió regresar a Chile (Valdivia) al no poder
franquear el actual río Collón Curá.
Sobre el descubrimiento de este gran lago, se ha tenido por
ahora por auténtica información errónea. Dice al respecto el
escritor Gregorio Alvarez en su obra «Donde estuvo el Paraíso»
(Pag. 29):
«Consideramos que aun es tiempo de enmendar el yerro, y más si
con la verdad histórica se repara una injusticia y se devuelve
al César lo que es del César.
«En tal virtud, aunque hayan transcurrido más de tres siglos,
es nuestro deber rectificar la versión que atribuye a don
Diego Flores de León la paternidad del descubrimiento, siendo
que en realidad lo llevo a cabo el Capitán.
«A Diego Flores de León le cupo el honor de relatar
oficialmente los detalles de la empresa. De allí nació el
error centenario.
«El Capitán Juan Fernández, al frente de 46 hombres, llegó en
1621 al lago Nahuel Huapi (posiblemente al paraje denominado
hoy Puerto Blest) y lo navegó recorriendo sus alrededores. De
regreso a Chile, con la magnifica impresión de los
maravillosos parajes desvirtuó el infundio dorado de la Ciudad
de los Césares y al informar sobre el estado primitivo y
salvaje de los naturales de la región, suscito las misiones
jesuíticas que siguieron a su expedición».
En 1645, llega al Nahuel Huapi Fray Diego de Rosales. Le sigue
en 1670 el padre Nicolás Mascardi, quien funda en la orilla
boreal la misión jesuítica del Nahuel Huapi, consistente en
una capilla y un rancho miserable. El padre Mascardi fue
asesinado en forma alevosa y cruel por los salvajes en 1673.
En 1702 es enviado a las misiones el padre Felipe van der
Meeren, llamado vulgarmente «de la Laguna» por traducción de
su apellido flamenco. Los indios que conoció recordaban
todavía la doctrina de Mascardi. Regresó a Chile y en 1704
volvió al Nahuel Huapi, fundando otra misión, en la margen
norte del lago (sobre la actual Península Huemul). Los
indígenas aceptaban su enseñanza moral, pero los hechiceros,
viendo disminuir su influencia, agregan su nombre a la lista
de mártires encabezada por Mascardi. El cacique Teliuca recibe
al padre van der Meeren y le brinda un vaso de chicha
envenenada. Incautamente bebe éste, muriendo en Ruca Choroi,
el 29 de octubre de 1707.
La obra evangelizadora del Padre Laguna fue continuada por los
Padres Guillelmo, Miguel Hoyo, Gaspar López y nuevamente
Guillelmo que en su segundo viaje llega a Nahuel Huapí en
1714. En esta ocasión se entera de la existencia del paso
secreto de los Vuriloches. Lo busca y al hallarlo, provoca la
desconfianza en los indios que, temerosos de que por este
camino lleguen los blancos, lo matan en los toldos del Cacique
Manquinul, el 19 de marzo de 1716, mediante la misma
estratagema del vaso de chicha envenenada.
La muerte del Padre Elguea, que lo reemplazo en su arriesgada
misión, fue sangrienta. En aras de la fe cayó atravesado por
innumerables lanzazos el 14 de noviembre de 1717. De esta
matanza se libraron solamente los niños y del saqueo
únicamente la imagen de la Virgen de Concepción, que,
rescatada posteriormente por el Padre Jasper, se venera
actualmente en la Catedral de Concepción.
El ciclo de las misiones jesuíticas la Nahuel Huapi se cierra
con la muerte del Padre Elguea a quien habían precedido en el
martirologio los Padres Mascardi, Laguna y Guillelmo. En 1791
se encomienda al Padre Menéndez la búsqueda de la misión del
Nahuel Huapi.
Vicente Perez Rosales descubre en 1855 el paso que hoy lleva
su nombre. Al año siguiente los doctores Fonck y Hess llegan
al lago Nahuel Huapi y lo navegan hasta detenerse en la
península de San Pedro.
Guillermo Cox va más adelante en 1862. En una canoa construida
al efecto navega totalmente el lago, siempre desde el oeste y
penetra el río Limay, donde los rápidos vencen a la
embarcación, salvándose a nado el explorador y sus
acompañantes. En su diario recuerda que los indios conservaban
la tradición de haber visto cristianos frente al lago.
Fue el gran patriota argentino doctor Francisco P. Moreno, el
primer hombre blanco que llego al Nahuel Huapi desde el
atlántico (22 de enero de 1876) y el primero que hizo reflejar
la bandera argentina en las aguas del gran lago. Lo acompaño,
como asistente, en ese primer viaje, Manuel Silva.
Cuatro años más tarde (1880), igualmente en enero, vuelve el
doctor Moreno a la región. Descubre las curiosas cuevas
pintadas de Cerro de los Leones (costa del río Ñirihuau) y
explora la costa sur del lago, penetrando en el brazo Blest.
Durante este viaje bautiza con el nombre de Cerro Vicente
López y Planes la enorme cumbre próxima a los lagos Perito
Moreno (Este y Oeste) en homenaje al autor del Himno Patrio.
Mientras realizaba esta exploración, el Dr. Moreno observó los
indicios del antiguo camino del de los Vuriloches, reabierto
mucho antes por el padre Guillelmo. Con clara visión,
consideró que este camino le permitiría pasar a Chile
(principal objetivo de su viaje) burlando la vigilancia de los
caciques que sólo le habían acordado licencia para recorrer
las proximidades del lago, sin atravesar la cordillera.
El doctor Francisco P. Moreno hubiera realizado su proyecto de
no haber mediado las noticias que llegaron al cacique Valentín
Saihueque sobre el apresamiento de 68 indios. Saihueque,
llamado «Gobernador de Las Manzanas», se sintió afectado por
esta medida y lo tomo en calidad de rehén. Quería que Moreno
intercediera ante el Gobierno Nacional en favor de los indios
apresados.
Como el doctor Moreno había sellado vínculos de «compadre» con
el cacique, en su viaje anterior, no podía éste tomarlo
prisionero directamente. Pero en la mentalidad infantil del
indio se gesta un grotesco (SIC) ardid. Chucaimán, hijo del
cacique Molfinquéu (pedernal sangriento) transmite al doctor
Moreno la invitación que el jefe indio le hace, para visitarlo
en sus tolderias de Caleufu. Esta invitación es categórica. La
apoyaban 65 guerreros. El doctor Moreno recibe esta
«invitación» en el paraje conocido actualmente como Playa
Bonita. Regresaba al al campamento después de haber
descubierto y bautizado el Lago Gutiérrez, rindiendo homenaje
a su ilustre amigo y profesor, el doctor Juan María Gutiérrez
entonces rector de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Acompañado por dos soldados, el entrerriano Melgarejo, y el
belga Van Titter, y no teniendo otra alternativa, retornan con
la indiada. En las tolderias de Caleufu el Dr. Moreno es
condenado a muerte, pero logra escaparse en una balsa, en la
oscuridad de la noche, por el río Collón Curá y Limay, hasta
los primeros fortines de Río Negro.
Después sigue a Patagones y comunica a los representantes de
gobierno que la indiada prepara un malón. En Buenos Aires
insiste en la urgente necesidad de tomar medidas, pero no se
le cree. Se dice que «son cosas de muchacho asustado». Hasta
que pocos días después se produce un malón que cuesta muchas
vidas.
El general Conrado Villegas da la batida final a los indios y
llega al pasaje sobre el río Limay. En las faldas del cerro
que bautiza con el nombre de Carmen (en homenaje a la Virgen y
a su esposa ), enarbola la bandera argentina y da cumplimiento
así a la misión encomendada por Julio A. Roca (3 de abril de
1881) en la primera expedición al desierto.
El 10 de octubre de 1883 emprende su expedición fluvial al
lago Nahuel Huapi el teniente de la armada D. Eduardo O'Connor,
acompañado por el alférez Santiago Albarracín, el subteniente
Federico E. Erdman, el guardiamarina León Zorrilla y el señor
Elías E. Romero.
El 12 de diciembre esta singular expedición pasa ante el
histórico Cerro Carmen y poco después la lancha surca las
aguas del gran lago. Por el éxito logrado O'Connor agrega la
palabra Victoria a su embarcación. Y es en homenaje a esa
proeza que la antigua motonave que aún cumple servicios en el
lago Nahuel Huapi lleva el nombre de Modesta Victoria.
Desde 1895 hasta 1903, la comisión de límites con Chile, bajo
la superintendencia del Perito Dr. Francisco P. Moreno,
explora la Cordillera desde el sur de Mendoza hasta Tierra del
Fuego. La Sección Nahuel Huapi es objeto de importantes
exploraciones que el Dr. Moreno confío al ingeniero don Emilio
Frey, quien más tarde seria el primer intendente del Parque
Nacional Nahuel Huapi.
Las primeras fundaciones estuvieron a cargo, naturalmente
(SIC), del Ejercito Nacional que extendía sus guarniciones por
esta zona de frontera. Choele Choel, General Roca, Las Lajas,
San Martín de los Andes, otros pueblos jalonan la ruta de las
sucesivas expediciones.
El de San Carlos de Bariloche surgió de un decreto del 3 de
mayo de 1902, por el cual se reservaban 400 hectáreas sobre el
sector sudoeste del lago Nahuel Huapi. El ingeniero Lucero
hizo el primer relevo de las poblaciones existentes y el
entonces Mayor Fosbery, después general, marcó en el terreno
un numero reducido de manzanas, abarcando las poblaciones
determinadas por Lucero. Sobre este trazado levantáronse
algunos edificios.
Ensanches parciales realizo el Señor Primo Capraro, precursor
y constructor más adelante; siendo administrador de la Colonia
Nahuel Huapi el Señor H. Giovanelli, proyectò un plano basado
en el trazado del Mayor Fosbery y cuya ubicación correspondían
a los Lotes 114 y 115 de la citada Colonia. Realizó la mensura
el ingeniero Elíseo Schieroni, designado por el Decreto del 24
de octubre de 1905 y aprobado por decreto el 7 de septiembre
de 1909. De la mensura practicada resultan un total de 91
manzanas, 78 regulares de 100 x 100. y el resto irregulares.
En cuanto a la creación del Parque Nahuel Huapi y de todos los
Parque Nacionales argentinos, surge de un gesto de aquel que
primero había llegado al «lago grande» desde el Atlántico: el
Dr. Francisco P. Moreno, quien después de sus trabajos como
perito en la cuestión de límites con Chile, que valieran a la
Argentina la reivindicación de miles de kilómetros cuadrados,
dona a la Nación, tres leguas cuadradas que constituyen el
núcleo primitivo del actual Parque Nacional Nahuel Huapi.
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