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Introducción
Debido a la importancia del
tema, y a la riqueza de determinado material con el que
contamos, hemos querido presentar aquí algunos textos
extraídos directamente de otras fuentes, y que publicamos
prácticamente sin modificaciones.
Hay una historia
prehispánica de la zona del Parque Nacional Nahuel Huapi,
asociada a la Nación Mapuche que allí vivió, luchó y amó,
Hay una historia hispánica,
asociada a las expediciones exploradoras y a las
incursiones esclavistas, y al avance de los misioneros
cristianos.
Hay una historia de la
resistencia mapuche, brava y altiva, que culmina al perder
la tierra en manos de la gente de Buenos Aires.
Hay una historia de la
colonización blanca, con el aporte de aquellos intrépidos
pioneros que fueron dejando su vida, sus sueños y sus
esfuerzos para darle una nueva fisonomía a aquellos hasta
entonces lejanos parajes.
Y hay una historia del
Parque Nacional, y del Montañismo en el Parque, ligada al
Club Andino Bariloche, a sus fundadores y sus montañistas,
sus refugios de montaña y sus trabajos exploratorios y
deportivos.
Presentamos entonces, a
continuación, diversos aportes que nos permitirán hacernos
a una idea de lo que fue la historia de esta zona, en la
cual nosotros también, hoy, seguimos construyendo
historia.
LA HISTORIA DE
VALENTIN SAIHUEQUE
La tierra del Neuquén
Neuquén es un topónimo cuyo
significado equivale a «tener fuerza». La tierra del
Neuquén refiere al río Neuquén, que es «el que tiene
fuerza, el impetuoso, el caudaloso». A la tierra del
Neuquén los mapuches la llamaban «Pehuén Mapu», o Pehuenia
en su versión castellanizada. La tierra del Pehuén. Moreno
recogió el antiguo apelativo indígena para esta tierra: el
Comoé, que significa algo así como «lugar donde hay agua
para todos». Es la tierra de los mapuches, raza indígena
que moraba en los parajes en donde eran más fáciles las
condiciones de vida: en la faja boscosa y en los macizos
precordilleranos. En el siglo XIX los mapuches estaban
divididos en tres etnías: los «picunches» o gente del
norte; los «pehuenches» o indios de los pinares, y los «huilliches»
o gente del sur, que en a fines del siglo pasado
respondían a dos grandes caciques: Purrán y Saihueque.
La historia posthispánica de la nación mapuche
En 1552 llega, mandado por
Valdivia, desde Santiago de Chile, el capitán don Jerónimo
de Alderete a la tierra del Neuquén. Es el primer europeo
que llega a esta tierra. El objetivo era plantar un puesto
de avanzada para las posteriores exploraciones hacia el
atlántico. Alderete habría trabado relación con los
habitantes del Comoé. Lo siguieron Francisco de Villagra,
Pedro de Leiva, Juan Fernández y Diego Flores de León.
También desde el atlántico se animaron algunos, pero sin
éxito. Las distancias son enormes, los peligros, muchos.
Luego de las expediciones exploradoras habrán de llegar
las expediciones esclavistas. Desde Chile vienen a buscar
mano de obra. El comandante Alonso de Córdoba efectuó
treinta redadas en cinco años. Al Gobernador Henríquez le
tocaron «800» piezas de beneficio. En 1627 el Sargento
Mayor Juan Fernández entró al Neuquén con 200 hombres,
llevando esclavos a 130 indios y quitándoles caballos,
además de matar a los indios que no pudo dominar. En 1649
es el Capitán Luis Ponce de León quien penetra en el
Neuquén levantando 300 indios. Los mapuches reaccionaron
con algunos ataques a poblaciones chilenas, lo que motivó
la acción de expediciones punitivas. Los indios no tienen
derecho ni a defenderse ni a protestar. Cuando las
represalias de los indios se volvían peligrosas, se acudía
a la acción de la Iglesia. Uno de los sacerdotes que
contribuyó a esta pacificación fue el Padre Diego de
Rosales. En 1650, la acción pacificadora del padre Rosales
consigue la liberación de los indios capturados, que lleva
personalmente a su lugar de origen. Pero las malocas
esclavistas continúan, y así se produce un gran
levantamiento indio en 1655 en el que 400 casas de
Concepción fueron destruídas. Esto hace que la corona
española se alarme y se devuelvan indios esclavizados.
Pero en 1666 vuelven a las andadas. El gobernador Verdugo
autoriza al Capitán Diego de Villaroel a internarse en el
Comoé a traer esclavos. La cosa sigue así, durante varios
años, hasta que los Pehuenches, en 1784, firman un trato
con los hispanochilenos, para que estos los ayuden en su
lucha contra los huilliches. A los chilenos les interesa
dividir a las indiadas.
El avance de la cruz
Hemos mencionado ya los esfuerzos pacificadores y
reintegristas del padre Diego de Rosales. Los primeros
religiosos evangelizantes parecen haber sido mercedarios y
franciscanos, y después vendrían los Jesuitas. El padre
Rosales era jesuita. Nicolás Mascardi, su continuador en
la obra defensiva del indio, afirmó la presencia católica
estableciendo una misión en el brazo Huemul del Nahuel
Huapi. Tras estas huellas siguieron el Padre José de
Zúñiga, que habría establecido una misión en Ruca Choroi,
el P. Laguna (Van deer Meeren), el P. Manuel Hoyo, el P.
Juan José Guillelmo y el P. Elguea, todos los cuales
restauraron, una y otra vez, la misión de Mascardi, pese a
las dificultades y al martirio. A fines del siglo XVIII el
franciscano Francisco Menéndez hace cuatro viajes al
Neuquén, donde entremezcla sus labores misioneras con la
búsqueda de la ciudad de los Césares.
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Estos
denodados misioneros fueron beatíficos. Caminaron,
cabalgaron y navegaron por todo el triángulo.
Predicaron el amor evangélico, convirtieron,
bautizaron y casaron. Vivieron y murieron por la fé,
flechados o envenenados. Pero sin quererlo debilitaron
otras creencias. Y por las mismas puertas que ellos
abrieron entraron hombres sin Dios y sin corazón. |
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Valentín Saihueque
Saihueque habría nacido por 1835. Su nombre significa
«Dueño de los lanares». Su padre fué el gran Lonco Chocorí,
de ascendencia araucana, y su madre una tehuelche: Aóni
Kenk o Günuna Küne. Desde su nacimiento, Saihueque recibe
la influencia cristiana. Chocorí le había dicho que «la
ropa que lo envolvió en su nacimiento eran ropas
cristianas». Chocorí fué muerto durante la campaña de
Rosas en 1833, por el Coronel Francisco Sosa, apodado
«Pancho el Ñato». Antes de morir, había recomendado a su
hijo que «jamás peleara contra los cristianos». Muerto
Chocorí, Saihueque accederá muy joven a cacicazgo. de su
padre hereda el mando sobre un extenso territorio. Su
título era «Gobierno de las Manzanas», porque era así como
se titulaban sus antepasados, de quienes él había heredado
el cacicazgo. La juventud de Saihueque fué tiempo de
viajes, recorriendo el país de las Manzanas.
George Chaworth Musters
Musters era un marino inglés que, en 1869, pasó desde las
Islas Malvinas a Punta Arenas y, con una partida de
tehuelches encabezada por el cacique Casimiro, cruzó la
Patagonia hasta alcanzar los toldos de Foyel, en las
cercanías del Limay. Alcanzó el afecto de los indios, que
le nombraron cacique. Musters quiso conocer a Saihueque,
en el País de las Manznas. Y lo hace, convirtiéndose en el
primer europeo que visita al cacique en sus tolderías de
Caleufu. En su libro «Viaje entre los patagones», Musters
nos deja una cantidad de datos que nos ayudan a conocer a
Valentín Saihueque. En esa época, 1870, Saihueque
gobernaba a 40.000 almas con iun ejército de 5000 lanzas.
Los indios salineros y otros pampas lo respetaban, y con
el norte neuquino, federado por Purrán, mantenía una
prudente vinculación. Según Musters, entre araucanos,
tehuelches y manzaneros, los más civilizados son éstos
últimos. La gente de Saihueque. Que resultan, para él, los
más aguerridos y temibles.
Para
Musters, «La autoridad de Cheoeque se extiende al norte
hasta Mendoza, sobre centenares de indios que residen en
tolderías fijas, unos cuantos en el valle próximo a las
Manzanas, pero la mayor parte más al norte, cerca de los
bosques de araucarias». Dentro de su jurisdicción, la
palabra de Saihueque es ley.
Saihueque era rico, tanto en ganado, platería como
metálico. Ellos extraían plata de las minas, la fundían, y
los artesanos la trabajaban. Saihueque se manifestaba
enemigo de Chile, y llama «conciudadanos» a los araucanos
occidentales. Los vínculos entre mapuches y araucanos no
podían negarse. Saihueque entendía que los araucanos eran
más de confiar que chilenos y que los indios de Calfucurá.
estos eran sus vecinos peligrosos. Con Buenos Aires,
Saihueque tenía buenas relaciones. Buenos Aires mandaba
anualmente raciones de caballos y vacunos. Saihueque no
quería poner en peligro estas entregas. El relato de
Musters muestra su aprecio por la vida india. A la vez,
los mapuches apreciaron a este europeo que vivió con ellos
y como ellos.
Avances desde Buenos Aires
Desde el punto de vista militar, importaba a Buenos Aires
que Saihueque no se uniera a Calfucurá y sus indiadas, con
las cuales tenían frecuentes enfrentamientos en la zona
fronteriza. Por eso las remesas de caballos y vacunos.
Tiempo vendrá después de ocuparse de los mapuches. Pero en
1872, aunque los mapuches sentían el derecho que tenían
sobre sus tierras, en Buenos Aires ya se hablaba de otro
derecho. El derecho sobre tierras y gentes que ni siquiera
se conocían. El primer artgentino que llegó a Caleufu y
conoció el País de las Manzanas fué Mariano Bejarano,
oficial del Ejército que en 1872 fué recibido y
homenajeado por Saihueque. Bejarano tenía orden de
establecer la calidad de los campos, la clase y situación
de las aguadas y otros datos de interés para Buenos Aires.
Pero el blanco que mejor conoció a Saihueque fué, sin
duda, Francisco Pascasio Moreno, quien se convirtió en su
amigo y compadre, y mantuvo varios y prolongados
contyactos con los mapuches. En su primer viaje a Las
Manzanas, en 1875, Moreno tiene veintitrés años. «Bién
recibido -dirá Moreno- viví allí aprovechando la noble
hospitalidad del dueño del suelo» «En los centros
civilizados no se conocen o no se quieren reconocer los
instintos generosos del indio. Yo, que he vivido con
ellos,sé que el viajero no necesita armas mientras habite
en el humilde toldo». «Antes de preguntarle quién es y qué
desea, será alimentado, y no se le interrogará hasta que
su apetito se haya saciado». Si bién Moreno quiere
entender y ser amigo de los aborígenes, su adhesión
patriótica va más allá de cualqueir especulación. Y
ambiciona. Conciente o inconcientemente está apoyando los
designios de Buenos Aires.
Roca y el Neuquén
A
fines de 1877 fallece Adolfo Alsina, pacifista y amigo de
educar a los aborígenes. El presidente Avellaneda designa
al general Julio A. Roca, opositor tenaz de las ideas
Alsinistas. Y Roca comienza rápido a pergeñar su plan de
conquista a sangre y fuego. Mientras tanto, y para
recolectar datos para la campaña al desierto, se encarga a
Estanislao Zeballos la confección de un estudio histórico
y antropogeográfico de La Pampa y Patagonia. Es un
estudioso serio y talentoso, gran investigador. Zeballos
hace un estudio y unas recomendaciones llenas de mesura.
Propone soluciones moderadas para aquellos indios del sur,
pacíficos, no mezclados con actos de pillaje ni con
malones. Con una actitud prudente y pacífica que recordaba
a Adolfo Alsina. Que Saihueque no había participado en
correrías lo atestigua el mismo Namuncurá en cartas que
Moreno había podido leer y en las cuales se queja de que
el cacique neuquino nunca le había mandado «ni un solo
indio» para apuntalar las invasiones pampeanas.
Inversamente, Saihueque ha aclarado que si los salineros
intentan entrar en Bahia Blanca o en Patagones, el irá con
sus lanzas a pelearlos hasta Chilué. Pero Roca no piensa
como Zeballos. La solución será otra. En 1878, Moreno ha
dicho, en sus «apuntes sobre las tierras patagónicas»:
«El
territorio del Limay, que conozco, formará algún día la
provincia más rica de la República Argentina... territorio
que hoy habitan, indómitas, las tribus araucanas, y donde
el viajero admira el lago Nahuel Huapi, rodeado de un lado
por grandes bosques de manzanos...la pintoresca sierra de
Tcichiuma, en cuyas inmediaciones tiene sus toldos el
cacique Saihueque».
La campaña al desierto
La
campaña comienza en abril de 1879. Los pehuenches y
piucunches reunidos bajo Purrán celebran un auca trahún en
Ranquilón. Deciden esperar al enemigo al margen inferior
del río Neuquén, mientras piden ayuda a Saihueque. La ley
947 del Congreso prohibe al ejército cruzar el río Neuquén
y penetrar en el suelo neuquino abajeño, guardándose de
ejecutar ningún acto de hostilidad con estos indios (los
de Saihueque). No obstante, una vez acampado el ejército
en Curre Leuvu, el Teniente Coronel Napoleón Uriburu, a
cargo de la Cuarta División, convoca a Consejo d e Guerra
en donde sus oficiales lo respaldan en su desición de
desobedecer y atravesar el río atacando a las indiadas que
están en la otra parte. Uriburu, entonces, desobedece, y
traba combate con los mapuches, con lo que comienzan las
guerras del Neuquén. Inexplicablemente, el autor de la
orden desobedecida, Roca, va a felicitar a su desobediente
subordinado, convalidando la invasión.
Mientras tanto, en 1879, Moreno decide hacer un segundo
viaje a Las Manzanas, habiendo ya culminado los actos de
Uriburu en el Neuqén. Un viaje, en estas circunstancias,
es una locura. Pero Moreno parte de igual forma. En enero
de 1880, un piquete manzanero lo toma prisionero junto al
lago Gutierrez. Saihueque, presionado por sus caciques y
capitanejos, tiene que mostrarse duro con Moreno. Piensa
que es un enviado de Buenos Aires, de Roca. Y Roca les ha
declarado la guerra. El consejo de caciques pide la muerte
de Moreno, pero éste consigue escapar el 11 de febrero de
1880, salvando la vida. Después, Moreno aseverará: «Jamás,
libre o prisionero, Saihueque permitió que se me tocara».
«Saihueque fue en 1880 un leal enemigo, y juzgo al indio
puro con el criterio del indio. Defendía su patria. Se
creía dueño de su tierra por derecho divino».
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Por esa época, Roca ha nombrado a Saihueque Gobernador
de las Manzanas, explicando al Congreso que lo hace
para que transmita a las poblaciones indias de por
allí las órdenes de Buenos Aires. Pero Saihueque ya
sabe a qué atenerse frente a Buenos Aires. Saihueque
no quería creer en la guerra, confiaba en la paz.
Manda un emisario a Uriburu para instarlo a mantener
la paz. Pero Uriburu, claro está, no contesta. En
enero de 1880 Purrán es detenido y conducido a Martín
García. En marzo de 1881 el general Conrrado Villegas
comienza la Campaña del Nahuel Huapi, por orden del
ministro Victorica. La ley 947 yace en el olvido. Uno
de los objetivos principales de la campaña es batir a
las indiadas de Saihueque, que al participar de la
guerra en favor de sus hermanos, se ha vuelto indigno
de confianza.Esta campaña de Villegas hace que se
lleven a Patagones unos 300 indios en lastimoso
estado. El P. Fagnano, que había acompañado en el
largo viaje a estos indios, no puede hacer nada frente
a las terminantes órdenes de Buenos Aires. |
Entre ellas, sacar los niños de las madres, para
entregarlos a pobladores de las ciudades que atravesaban.
Los gritos de pequeños y de las madres son desgarradores.
Una india, tomando a su bebé, lo estrella contra la pared
de un templo, gritando: «tomen también a éste, asesinos».
Mientras tanto, en 1882, el Comoé sigue siendo mapuche.
Aunque el genocidio continúa, el dominio aún no ha
llegado. En noviembre de 1882 el teniente Coronel Rosario
Suárez recibe la misión de aniquilar a Saihueque, pero aún
cuando lo persiguió hasta Chubut, a 125 leguas del Nahuel
Huapi, el cacique logra esquivarlo. En su informe de mayo
de 1883, Villegas informa: Al sur del río Limay, y en lo
que propiamente se puede llamar la Patagonia, queda del
salvaje los restos de la tribu del Cacique Saihueque,
huyendo pobre, miserable y sin prestigio». El 23 de
Febrero de 1884 se ha entregado Namuncurá en Fortín
Pulmarí. Baigorrita, Luciano y Quinchau han muerto. Se
acerca el fin. Nahuepan ha sido fusilado. Pincén, Purrán y
Cayul están presos Pero Saihueque aún no se ha entregado.
Y con él, resiste, simbólicamente, toda la nación mapuche.
pero el ejército mapuche está desintegrado. Saihueque lo
sabe, y comienza a pensar en cómo salvar a su gente.
Mientras, el general Wintter ha dispuesto una salida del
Teniente Coronel Lasciar que, con un contingente del
sargento Mayor Miguel Vidal y una tercera columna,
convergirán en abanico hacia Chubut para encerrar a
Saihueque. A los doce días de iniciar el avance, Vidal da
con Saihueque y lo intima a rendirse, pero éste le
manifestó que había prometido al general Wintter que se
presentaría en el lago Nahuel Huapi, lugar a donde se
dirigía. Así, el 1 de enero de 1885 el cacique Valentín
Saihueque se presenta en Junín de los Andes al teniente
coronel Nadal, con 700 indios de lanza y 2500 de chusma.
Wintter escribe al general Viejobueno, jefe del estado
Mayor del Ejército: «El cacique Saihueque, cacique
eminentemente prestigioso por su poder entre todas las
tribus que tenían su asiento entre el río Collón Curá y el
río Deseado acaba de efectuar su presentación voluntaria,
y con él también los caciques de orden inferior, Inacayal
y otros, incluso el rebelde y obstinado Foyel». Todo ha
concluído. El 21 de enero La Prensa publica un artículo en
primera plana, titulado: «El último indio, el Cacique
Saihueque». Va a decir, entre otras cosas: «Saihueque, el
temible cacique, pesadilla del malogrado general Villegas,
el guerrero infatigable de los indios que trepaba por los
desfiladeros andinos como ardilla y blandía su enorme
lanza cual frágil caña, va a cambiar por fin de aspecto y
muy pronto lo tendremos como Ceitebayo, de bastón y
levita, mereciendo los honores del que lealmente se
entrega al adversario pudiendo aún resistir». No será así.
Los indios son trasladados a Patagones. Muchos de ellos
serán separados de sus familias. Tras la derrota, la
indignidad.
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En un reportaje, de camino a Buenos Aires, Saihueque
dice encontrarse muy contento y satisfecho de haberse
entregado al gobierno, y expresó vehementes deseos de
conocer la capital de la república y de visitar a su
amigo, el Presidente Roca. (Saihueque no hablaba
castellano, el reportaje se hizo con intérprete). La
actitud de Saihueque nos revela a un diplomático. En
Buenos Aires, Saihueque visita a Moreno, a quien pide
que interceda ante el gobierno para que les asignen
tierras. Moreno les pide que esperen al regreso de
Roca, que está de viaje. ¿Para qué Roca había
trasladado a los indios a Buenos Aires? Para despoblar
Neuquén de indios. Muchos fueron mandados a los
ingenios norteños. Otros entraron a servir como
domésticos, muchas veces maltratados y reducidos a
servidumbre, entre las familias aristocráticas de
Buenos Aires. Un grueso se reinstaló en el Comoé,
menos de la quinta parte de la población del 79. Y la
Pehuenia quedó casi vacía, como quería Roca.
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Saihueque |
Roca
recibe a Saihueque en la casa de gobierno, y se muestra
propicio a su pedido de cesión de tierras para fundar una
colonia agrícola y pastoril. Además, un hijo de Saihuque
estudiará en uno de los colegios de Buenos Aires. Después
de una estancia en Buenos Aires, y luego de separar a
muchas familias y de reubicar a otras, Saihueque y su
gente es redespachada al sur. Permanecerán largo tiempo,
reunidos con su tribu, en Chinchinales, a la espera de las
tierras prometidas por el Gobierno. Como las tierras
tardan. Saihueque pide a Moreno que interceda. Moreno lo
hace, con éxito, y en 1895 el gobierno firma la cesión de
unas tierras en el Chubut. No lo ubicaron en el Comoé.
¿Venganza? ¿Desprecio? ¿Desarraigo? Las tierras
definitivas de la tribu, dado que las recibidas eran
prácticamente pedregales, serán entregadas por ley de
1899, en Genua, tierras fértiles. Allí, en Genua, falleció
Saihueque el 8 de octubre de 1903. Contaba más de setenta
años. Unos setenta y cinco.
Bibliografía: Curruhuinca-Roux, Saihueque, el último
cacique, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986
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