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Informe sobre Hantavirus

Enero de 2011

Por Raúl F. Llusá
Florecimiento de la caña coligüe       El Oligoryzomis Longicaudatus

ADVERTENCIA

La información contenida en este trabajo es orientativa y fue recopilada para ser evaluada por aquellos que desarrollan actividades deportivas o de vida al aire libre en lugares en donde existe, en mayor o menor medida, población habitual o extraordinaria de roedores que pudieran estar infectados con el Virus Hanta. Ha sido extraída de las fuentes que se consignan al final del documento.

El autor de este informe no se responsabiliza por las expresiones de los profesionales citados ni por las consecuencias que se desprendan de las actividades que realice el eventual lector en zonas afectadas por el Hantavirus. La información no debe  ser usada para diagnóstico o tratamiento de cualquier enfermedad. Ante cualquier duda consulte a un profesional de la salud. 

1. Presentación

En la primavera de 2010 comenzó en el Parque Nacional Nahuel Huapi un proceso de floración masiva de la Caña Coligüe (Chusquea Culeou), fenómeno que no se registraba en esta latitud desde 1938/1939. Son aproximadamente entre 300.000 y 400.000 hectáreas las que están afectadas por la floración. Es sabido que cuando esto sucede, la oferta de semilla, que sirve de alimento para varias especies animales, motiva la proliferación de roedores, entre ellos el Oligoryzomis Longicaudatus (ratón colilargo), que es vector del virus Hanta. Por lo mismo, ha comenzado una oportuna tarea de concientización de la población respecto de los cuidados y precauciones que hay que desarrollar para evitar posibles casos de contagio de esta enfermedad, cuyas complicaciones pueden llegar a ocasionar la muerte.

Debido a que las zonas de aproximación a las montañas del Parque Nahuel Huapi, y en general todas las sendas y picadas, atraviesan densos coliguales, en muchas personas relacionadas con las actividades de excursionismo, camping, trekking y montañismo ha surgido una explicable inquietud respecto de los riesgos que pueden sobrevenir a quienes transiten por el Parque en esta época de floración y muy probable aumento de la población de colilargos.

Es por ello que hemos hecho esta investigación (que es actualización de otra anterior, publicada en noviembre de 1996), en la seguridad de que podrá servir para concentrar las informaciones y los consejos de prevención que ofrecen las autoridades a fin de minimizar las posibilidades de sufrir el contagio de la enfermedad del Hantavirus realizando este tipo de actividades.

Para brindar una acabada comprensión del tema que nos ocupa, ofreceremos a continuación un serie de datos relativos a la caña coligüe, su proceso de floración, el ratón colilargo (reservorio del virus), el virus y la enfermedad que produce en los humanos, la situación actual y la proyección posible de los hechos en el Parque Nahuel Huapi, para concluir con las recomendaciones de prevención tanto generales como específicas para las actividades deportivas y de esparcimiento al aire libre.

2. La caña Coligüe (Chusquea culeou)

La caña colihue (Chusquea culeou) es una gramínea arbustiva perenne, que pertence a la subfamilia botánica de las bambuáceas (bambusoideae), de las cuales existen unas mil especies distribuidas en todo el mundo.

El género Chusquea está ampliamente extendido en América Central y Sudamérica, donde crece especialmente en las zonas húmedas de los bosques templados del sur de Chile y el sudoeste de Argentina. En la zona austral de nuestro país se identificaron tres especies pertenecientes al género: Chusquea culeou; Chusquea argentina; Chusquea montana y una subespecie, la Chusquea culeou longiramea. Las cuatro especies o subespecies están presentes en el Parque Nacional Nahuel Huapi y también en el Parque Nacional Lanín. Describiremos a continuación la especie Chusquea culeou, que es la que se encuentra en proceso de floración en el PNNH.

De las cuatro especies de Chusquea mencionadas, sólo la Chusquea culeou está ampliamente distribuida entre los 35º  y los 47º de latitud Sur, ocupando una estrecha franja a lo largo de la Cordillera de los Andes, en las provincias de Neuquén, Río Negro y norte de Chubut, desarrollándose en zonas húmedas, con precipitaciones de entre 600 y 4000 mm anuales, y entre los 700 y 1450 mts sobre el nivel del mar. Forma poblaciones puras en zonas abiertas sin bosque o constituye el sotobosque denso del bosque de Nothofagus dombeyi (coihue). Sus hojas son lanceoladas y cubiertas de pelos, poseyendo una pequeña espina en la punta. Las flores son similares a las de los pastos (pequeñas y organizadas en inflorescencia con forma de espiga de color castaño) y cada espiga genera numerosas semillas pequeñas. Sus cañas son rectas, de unos cuatro y hasta seis metros de altura en los ejemplares adultos, y fueron utilizadas por las poblaciones originarias para construir el asta de sus lanzas y los mapuche las siguen usando para hacer el instrumento musical llamado trutruca. Una de las particularidades de esta Chusquea es su tronco leñoso, con madera sólida, lo que la diferencia de la gran mayoría de las Bambusoideae, que son huecas.  

Florecimiento y semillación de la caña coligüe

A diferencia de la mayoría de sus parientes los pastos, la caña coligüe puede vivir muchos años. Esta especie  posee una estrategia reproductiva muy particular, que incide directamente en el problema que tratamos en este trabajo. Se reproduce de dos maneras diferentes: de forma vegetativa o mediante ciclos de floración cuya periodicidad no está demasiado bien determinada, aunque entre ciclo y ciclo hay siempre varias décadas. La reproducción vegetativa es, en realidad, un proceso por el cual la planta se va desarrollando a través de la división de los rizomas subterráneos  que producen nuevos tallos, con idéntica estructura genética que la de la planta origen. Pero sólo la reproducción sexuada, que se realiza a través del florecimiento de la caña (con esparcimiento del polen a través del viento), da lugar a nuevos ejemplares genéticamente adaptados a las condiciones mudables del medio.

Si bien algunas varas o matorrales de cañas coligüe florecen casi todos los años (aunque originando frecuentemente flores estériles que no  producen semillas, y sólo muy pocas dan flores fértiles que generan granos), lo particular y sorprendente de esta especie es que florece masiva y simultáneamente en toda una región de decenas y hasta cientos de miles de hectáreas.

Semillación y surgimiento de la nueva generación

La floración da lugar, posteriormente, a una semillación también masiva. Cada vara florecida fértil produce una enorme cantidad de semillas. Estas, como ya hemos dicho, poseen una genética distinta y adaptada a los cambios del medio. La caña libera al suelo la semilla a fines de verano y comienzos del otoño, siendo esparcida por el viento o dispersada por aves y roedores, germinando en la primavera siguiente. Las semillas fértiles producen así un proceso de renovación de la población, que irá creciendo en varios años hasta alcanzar la talla adulta (4 a 6 metros). Se supone que la nueva generación requerirá unos quince años para regenerar la cobertura de cañas que había antes de la floración. Como resultado del avance de la nueva cañada, es de esperar que muchas sendas y picadas se cierren, si no son convenientemente mantenidas. No obstante, no todas las semillas crecerán. Muchas serán alimento de aves, monitos de monte y roedores.

Muerte de la antigua generación de cañas

Luego de la floración las cañas de la anterior generación mueren, aunque permanecerán secas y en pie durante un período de entre 10 y 15 años, ya que su tallo leñoso se descompone lentamente. Habrá que acostumbrarse, por lo mismo, a una vista distinta del bosque siempreverde del PNNH en los años venideros. Ahora veremos, por cerca de 15 años, profundos manchones amarillos en el sotobosque. Por idéntica razón, muchas zonas se volverán impenetrables. A esto hay que sumar un dato muy importante: aumentará dramáticamente el riesgo de devastadores incendios forestales, ya que cualquier pequeño foco encuentra en este colchón combustible, seco y denso, un medio de propagación casi explosivo y prácticamente imposible de extinguir (por la intensidad del fuego de superficie y su rápida expansión), por lo que durante todo este tiempo será necesario extremar al máximo las precauciones y ejercer un férreo rol de control de las actividades humanas, para evitar incendios forestales que pueden destruir en pocos días cientos de miles de hectáreas de bosques[1].

Periodicidad del fenómeno

No se conoce con precisión la periodicidad del ciclo de floración para esta especie. Antiguamente se creía que la vida de cada generación, desde su nacimiento hasta la nueva floración, era de entre 15 y 20 años. Otras opiniones indicaban una cadencia de entre 35 y 40 años. La experiencia nos indica que no es así, o que al menos los ciclos no son homogéneos, pudiendo haber períodos más cortos o más largos según las condiciones que influyan en cada generación de cañas. Los testimonios de antiguos pobladores de la zona nos permiten reconstruir algunos de los anteriores episodios, que en el caso del Parque Nahuel Huapi se remontan a 72 años atrás:

  • 1938: floración masiva en la zona del río Manso Inferior (y en el Lago Huechulaufquen, del Parque Nacional Lanín)

  • 1939: floración masiva en Península Llao Llao

  • 1940: floración masiva en Villa la Angostura (y Lago Futalaufquen, del Parque Los Alerces)

  • 1942: floración masiva en Lago Rivadavia, del Parque Los Alerces

  • 2001: floración masiva en el Parque Nacional Lanín

Este último evento, por lo reciente, constituye una fuente de información que debemos tener muy en cuenta. Sucedió en la temporada 2000/2001, afectando al Parque Nacional Lanín y la zona noroeste del Parque Nahuel Huapi, en una extensión de unas 200.000 ha. En la floración Lanín, solo el 60 % de las semillas fueron fértiles: 140.000 ha sobre el total, mientras que otras 60.000 hs produjeron semilla vana, no apta para alimento de la fauna[2].

Un proceso que dispara una serie de cambios en el ecosistema

El de la floración de la caña coligüe constituye un movimiento cíclico y natural de mucha incidencia en el ecosistema, en el que produce importantes modificaciones, tanto en la propia especie (que cambia genéticamente), como en el bosque, en donde tiene lugar una recolonización de sitios  y el surgimiento de una nueva generación de plantas que muchas veces conquistan nuevos espacios. Sucede que nuestros bosques andino-patagónicos, con mucha sombra, necesitan de grandes disturbios para renovarse: son necesarios procesos de apertura de bosque a través de incendios, caída de árboles, aludes u otros fenómenos que posibilitan la entrada del sol y el crecimiento de las plántulas.

En el caso de la floración de la caña coligüe, la muerte de gran parte del sotobosque produce cambios en luz, humedad, nutrientes, entre otros factores, dándose las condiciones para el crecimiento de una nueva generación de árboles y arbustos. Es también una condición de facilitación de colonización de nuevas especies animales y vegetales, tanto nativas como exóticas, lo que podría favorecer la invasión de especies exóticas. Por otro lado, al morir la caña, fuente de alimentación de ganado de pobladores especialmente en invierno, se incrementa la presión sobre otras especies del bosque como fuente alternativa de alimento. Amplios sectores del bosque nativo, por otro lado, se vuelven accesibles a ganado, ciervos, jabalíes, etc., con lo que incrementa la posibilidad de disturbios en áreas antes inaccesibles. Además, dado que hay una gran oferta de alimento por las semillas disponibles, aumentan temporariamente las poblaciones de los animales granívoros u omnímodos que se alimentan de la semilla de la caña y pueden responder rápidamente, que como se dijo más arriba son el chucao (ave típica de los cañaverales), el monito del monte (pequeño marsupial arborícola), la paloma araucana, comesebo, cabecita negra y distinto tipo de roedores, junto con sus predadores naturales. Estos cambios, cuando se producen en zonas  pobladas o de concurrencia temporal de personas, pueden generar el incremento de ciertos riesgos (incendios forestales y hantavirus), si no se trabaja de forma clara  e integral sobre medidas preventivas.

[1] Por otra parte, los fenómenos climáticos El Niño-La Niña son grandes reguladores de la ocurrencia del fuego, pues alternan periodos húmedos y frescos (El Niño) con otros cálidos y secos (“La Niña”). La combinación de combustible-clima seco-intervención humana incrementa el riesgo de ocurrencia de incendios forestales severos, lo cual debe ser tenido muy en cuenta.

[2] Hay que destacar que en el año que duró este proceso sólo se registraron, en la zona afectada, 12 casos de Hantavirus. En Chile se produjo, en la primera parte de los años 90, una floración masiva de la caña quila (Chusquea quila) produciéndose entonces un considerable aumento de la población del ratón colilargo común. Sostuvo por aquellos años el ya fallecido naturalista Oliver Pearson que un investigador amigo suyo atrapó 1500 ejemplares de colilargo en una sola noche. “En Bariloche –aseguró entonces- si hay una floración del coligual es posible que haya una cantidad enorme de ratones”.

Colilargo muerto   Detalle de la flor de la caña Coligüe

3. El roedor Olygoryzomys longicaudatus, vector del Hantavirus

Hablaremos en este apartado del ratón silvestre que puede ser portador del Hantavirus. Digamos, para comenzar, que existen dos grupos de roedores: los sinantrópicos (que viven en donde hay actividad humana) y los silvestres. El ratón sinantrópico más común es el mus musculatus, o ratón doméstico, que suele establecer sus cuevas en casas, sótanos, galpones, etc. En el caso de los roedores silvestres, es el ser humano el que se acerca a sus hábitats. Todos los roedores (silvestres o sinantrópicos) transmiten distinto tipo de enfermedades.

Roedores silvestres del Parque Nahuel Huapi

En el Parque Nacional Nahuel Huapi hay 17 especies distintas de roedores, que lograron diversificar su alimentación, constituyéndose en grandes colonizadores de distinto tipo de sitios. Se los encuentra en el bosque húmedo, el ecotono, los cañaverales, etc. Las subespecies silvestres más significativas del Parque son el Oligoryzomys longicaudatus, el Abrothrix olivaceus y el Abrothrix longipilis.

Oligoryzomis longicaudatus

En este trabajo, sin embargo, nos interesa estudiar a la primera de estas tres subespecies, el Oligoryzomis longicaudatus, un roedor silvestre sigmodontino[1]  que abunda en esta región, dado que el Virus Hanta "Andes", la cepa que se encuentra en la zona andino-patagónica, es transmitido principalmente[2] por este ratón, también conocido como “ratón colilargo", “lauchita de cola larga”, “lauchita de los espinos”, “pericote coludo”, “pericote chileno de cola larga”, “colilargo andino-patagónico”, “wasana” en yamana o yagán, “lauchita arrocera”, “lauchita saltadora”, “springmouse” y “colilargo austral”.

Según los investigadores, este ratón vive a lo largo de la cordillera andina desde hace miles de años, desde el norte del Perú hasta Tierra del Fuego, en zona de bosques de cierta humedad y alimentándose de semillas y frutos propios de los pastizales.

Descripción de la subespecie

El colilargo posee cuerpo y cabeza relativamente cortos (unos 9/10 cm), sobresaliendo destacadamente la cola de unos 12 cm aproximadamente (un tercio más larga que el cuerpo).  La cola es marcadamente bicolor, gris en la parte superior o dorsal y blanca en la inferior o ventral. Este micromamífero posee orejas pequeñas, recubiertas de pelitos de color ocre, y patas traseras largas, pies también largos y estrechos con cinco dedos de gran longitud. Los ejemplares de esta subespecie  se caracterizan  por su pelaje más lanoso, tupido y obscuro que los de las subespecies más septentrionales, siendo pardo obscuro en la zona dorsal  y con vientre un poco agrisado. En cuanto al potencial de sus sentidos, se destaca el de la vista (posee ojos grandes). El olfato y el oído, en cambio, sólo alcanzan mediano desarrollo. En los pastizales se traslada a grandes saltos, por lo que los colonos alemanes del sur de Chile  la llaman “springmaus”, es decir “laucha saltadora”. Esta capacidad queda reflejada en sus largas patas y pies traseros. Confiada en esto, no busca refugio ante la presencia de un enemigo sino que huye a los saltos. Sin embargo, es muy difícil que cruce un terreno descampado, y se sienten desprotegidas en el césped. Esto hace que sea conveniente tener el césped corto alrededor de los domicilios, ya que necesitan que la vegetación alcance los 10 o 15 cm  de altura para que les dé cobertura. Por otro lado, la cola larga actuaría como un verdadero balancín cuando la subespecie  trepa a los árboles y arbustos. Su alimentación es fundamentalmente herbívora, abarcando principalmente granos, semillas de gramíneas y frutos, por lo que se lo encuentra cerca de las rosas mosquetas, el calafate, el michay, las moras y otras frutas finas, aunque más al sur, al escasear las gramíneas, la subespecie se torna omnívora incluyendo una buena proporción de insectos, anélidos y otros invertebrados. Sus hábitos son predominantemente nocturnos (salvo en épocas de ratada en las cuales suele vérselo también de día). Es muy buen trepador y rara vez se lo encuentra en bosques densamente poblados. Este roedor puede cavar hasta 1,20 mts; caer desde 3 mts de altura sin sufrir daños; trepar a 90º; saltar en alto hasta 90 cm y en largo hasta 3 mts; nadar hasta 1000 mts y roer una gran cantidad de materiales. En épocas normales recorren normalmente hasta 100 metros[1], aunque en períodos de ratada llegan hasta 800 metros de sus nidadas. Sus principales predadores son el lechuzón campestre, el búho (Strix Rufipes), aguiluchos, águilas y otras aves rapaces, zorros, hurones, gatos silvestres y pumas, que constituyen su control biológico natural.

Difusión en los ambientes naturales

Se trata, según Mann (1978) de una especie que ocupa ambientes muy variados debido a su amplia distribución. Texera (1973) considera a esta especie colonizadora típica de la comunidad del bosque matorral. Se los encuentra tanto en el suelo como debajo de árboles y arbustos o bien en las ramas de éstos donde construye sus nidos en los huecos naturales, tejiéndolos con briznas de paja. A veces aprovecha nidos abandonados de aves para nidificar.  En la zona andino-patagónica la rosa mosqueta, especie exótica introducida en la región cordillerana de la Argentina, y otros arbustos con semillas y frutos, como la retama, son algunos de sus lugares preferidos para anidar. La maleza arbustiva le ofrece protección contra sus predadores naturales. También puede invadir (especialmente en época de escasez de alimentos) locales deshabitados o el peridomicilio humano, donde hay maleza o acopio de granos.

Teniendo en cuenta las comunidades vegetales que sirven al roedor como alimento, el límite máximo del hábitat natural de esta subespecie es la zona de transición entre el coihue (Nothophagus Dombeyi) y la Lenga (Nothophagus Pumilio), esto es: unos 1200 metros snm, según el naturalista Miguel Christie. No se la encuentra fácilmente en la zona arbustiva de la lenga achaparrada, propia de los faldeos altos (1600-1800 metros snm) salvo que cuenten con oferta alimenticia derivada de la acción humana (refugios de montaña, actividades deportivas, etc). Tanto el ratón colilargo como el ratón oliváceo habitan casi todos los ambientes de caña coligue, a la que trepan para buscar semilla o bien la colectan del suelo, en la caída. Los colilargos constituyen un 10% de la población total de roedores de la zona andino-patagónica[2]

Longevidad, eventos reproductivos y mortandad invernal

El Longicaudatus vive aproximadamente un año[3], con entre uno y dos eventos reproductivos por año, aunque con clima favorable puede llegar a tener hasta tres, con tres a cinco crías por camada y tras un período de gestación de 29 días. En general, su periodo reproductivo se limita a la primavera y parte del verano. Sólo excepcionalmente la actividad reproductiva se extiende a estas dos estaciones (por ejemplo en años muy cálidos, o cuando hay abundancia de alimentos) pudiendo dar hasta diez crías por camada. De esta forma, el número de ejemplares aumenta hasta el otoño, cuando la población es casi cinco veces más alta que en primavera. Cuando las variables de clima y alimento son normales, se produce una gran mortalidad invernal de colilargos.

No todos los colilargos están infectados por el virus Hanta. Aproximadamente entre un 1 y un 6% de estos ratones son portadores asintomáticos del cifra que puede variar en distintas latitudes y por distintas causas[4]. El virus no los afecta, pero durante el resto de su vida, luego de haber adquirido la infección, eliminan unidades de virus a través de la aerosolización de la saliva, la orina y la materia fecal. La vía de circulación del virus Hanta entre los roedores no se conoce en forma clara, aunque se sospecha una transmisión horizontal, mediante mordeduras y contacto directo con mucosas en encuentros agresivos de machos grandes y pesados.

Colilargos y ratada

De las 17 especies de ratones que habitan el bosque andino patagónico, la semilla de la caña coligüe constituye alimento de cinco, entre ellas del Oligoryzomys longicaudatus, y el ratón oliváceo (Abrothrix olivaceus) que es omnívoro. Sus poblaciones normales fluctúan mucho según el alimento disponible y el clima.

Cuando se producen condiciones ecológicas positivas (benignidad del clima, aumento de la disponibilidad alimentaria) tienen lugar explosiones poblacionales llamadas ratadas, que incrementan notoriamente la población de roedores, ya que estas subespecies responden rápidamente a la gran oferta de alimento y al clima benévolo. La semillación del ciprés es una condición  facilitadora del aumento de población de ratones, pero es fundamentalmente cada evento de floración masiva de la caña coligüe (que se verifica en períodos de entre cuarenta y setenta años, como ya dijimos), la que produce ratadas muy notorias, ya que a las inmigraciones desde lugares de mayor escasez hay que sumar la bonanza reproductiva, produciéndose más crías por camada y más camadas por año. En estos casos se eleva la densidad poblacional de colilargos del guarismo normal (10 a 100 individuos por hectárea) a unos 1000 a 1500 ejemplares por hectárea. Esta superpoblación genera entre los ratones estrés por aglomeración y competencia por el alimento, lo que los vuelve más agresivos, generándose muchas peleas con heridas por mordeduras, con lo que se incrementa el contagio interespecífico del virus Hanta. Esto explica la correlación significativa en el índice de abundancia y el número de animales positivos detectados, pudiendo crecer la proporción de seropositividad desdde un 5 o 6% hasta el 10% de los individuos. La gran densidad poblacional los lleva también a recorrer mayores distancias para buscar comida, más espacio vital o hembras. En esta migración muchos mueren ahogados al intentar cruzar corrientes de agua caudalosas (en la ratada del Parque Lanín, del año 2000, se encontraban cada mañana cerca de 800 ejemplares muertos por esta circunstancia). Es preciso, en estos casos, prestar atención a la posible contaminación del agua.

La ratada provoca otros comportamientos anómalos en la especie, como movimientos en masa, actividad diurna, dispersión de los animales hacia los Centros Urbanos contiguos al bosque, ingreso a domicilios, etc.  Digamos, para finalizar, que las “ratadas” pueden ocurrir en sitios puntuales y en áreas pequeñas (y este tipo de eventos no es infrecuente), o bien pueden ocurrir a escala regional, lo que constituye un hecho extraordinario y más disperso en el tiempo.

4. El Hantavirus

Nos toca hablar ahora del virus que transmiten los colilargos infectados, y la enfermedad que provoca. Se trata de un virus de la familia Bunyaviridae, relacionado siempre con roedores. Todos los demás géneros de esta familia (el Bunyavirus, el Phlebovirus, el Nairovirus y el Tospovirus) son transmitidos por mosquitos, moscas y otros artrópodos. En el caso del Hantavirus solo se transmite por aerosolización de los detritus de los roedores que los portan sin sufrir consecuencias (son portadores asintomáticos).

Distinto tipo de roedores transmiten el hantavirus en las diferentes áreas geográficas del mundo, y todos deben ser considerados potencialmente peligrosos. Cada cepa de virus Hanta es vehiculizada por una especie distinta de roedor. Los roedores que son vectores del virus Hanta están presentes en muchas regiones del país, pero son críticas algunas áreas rurales o ciertas áreas de la cordillera andino patagónica. En distintos lugares del país hay otro tipo de lauchas rurales que portan cepas del virus Hanta diferentes de la cepa “Andes”, que es la propia de la zona Andina, como por ejemplo la cepa “Lechiguana” de Entre Ríos y  una cepa que, tentativamente, se denominó “Pergamino”, por la zona en que se la tipificó. En el mundo, se conocen las cepas “Hantaan”, “Puumala”, “Seúl”, y “Sin nombre”, aparecida en la epidemia de Nueva México, y parecida a la cepa “Andes”, según manifestó la viróloga Nora López, del Instituto Malbrán de Buenos Aires[5]. La cepa Seúl, curiosamente, es una cepa ciudadana, que se descubrió en la ciudad homónima. Estas variedades enferman con síndrome renal y fiebre hemorrágica.

La partícula viral es esférica, de un tamaño de 80 a 120 nm (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro). El genoma del virus estudiado por Brian Hjelle de la Escuela de Medicina de Nueva México.

La enfermedad es conocida en Oriente desde principios de siglo, pero en occidente se identificó a los hantavirus sólo a partir de la década de 1950. Lleva este nombre porque el virus fue tipificado hace años, en la guerra de Corea, en el río Hantaan. Aquí, entre las tropas norteamericanas y de las Naciones Unidas, apareció un brote de 5000 casos de apariencia clínica similar con el HPS, pero con la diferencia que en esa oportunidad la enfermedad progresaba con hemorragias (gastrointestinal y subconjuntival), y se agregaba además falla renal aguda. Unos 300 soldados fallecieron, siendo shock o hemorragia la causa de muerte. Por este motivo se la denominó entonces fiebre hemorrágica de Korea (HFRS).Se encontró además que la epidemia estaba asociada a la exposición previa de los enfermos a roedores, identificándose al agente como Hantavirus o virus de Hantaan.

Si bien la definición del Síndrome reconoce su existencia desde la comunicación del 14 de mayo de 1993, cuando se notifica al Departamento de Salud de Nueva México (EEUU) de la muerte de 3 pacientes con patología pulmonar sin diagnóstico etiológico, en una región de EEUU conocida como "Four Corners", lugar donde se unen las fronteras de los cuatro estados de Utah, Arizona, Nueva México y Colorado, ya existían en ese momento sospechas de la presencia de cuadros clínicos de parecida evolución. La enfermedad, con un alto índice de mortalidad en el grupo inicial (80 %), fue denominada como Síndrome de distrés respiratorio de etiología inexplicada (UARDS).

En la Argentina los primeros casos registrados se produjeron hacia 1987, y desde entonces se han confirmado distintos  reportes de enfermos en diferentes zonas del país, siendo recordado el brote de fines de 1996 en el área de El Bolsón, y Bariloche, con unos nueve casos.  

La enfermedad provocada por el virus Hanta

El virus hanta de la cepa Andes (que presenta en Sudamérica cinco diferentes linajes genéticos) provoca en el ser humano el Síndrome Pulmonar por Hantavirus (SPH), una enfermedad infecciosa de curso agudo, habitualmente grave, cuyo índice de mortalidad llega hasta aproximadamente un 50% de los casos. Es también conocido como Síndrome cardio-pulmonar por Hantavirus, debido al compromiso de corazón y pulmones observado en algunos pacientes.

El período de incubación de la enfermedad puede llegar a 40 días, según muchos investigadores, y entre los 7 y 21 días según el Dr. Daniel Stamboulián, infectólogo de reconocido prestigio en nuestro medio. El cuadro sintomatológico inicial es el de una gripe, que puede durar varios días, con fiebre, fatiga, cefalea y mialgias, dolores musculares (principalmente en muslos, caderas, espalda y hombros), tos, cansancio y vómitos. No hay medicación que mejore este estado. Estos síntomas son universales, es decir, todos los pacientes los presentan. Esta fase dura 3 a 4 días (rango 1 a 12 días). La etapa siguiente, alrededor de una semana o dos después, es la fase cardiopulmonar, de instalación súbita y precedida por dificultad para respirar y tos. En este momento el paciente debe ser derivado a terapia intensiva y ser asistido con un respirador, porque corre el peligro de morir. Lo alarmante es que en pocas horas se desarrolla una insuficiencia respiratoria con inundación de los alvéolos por plasma con el consecuente edema pulmonar; los pacientes no logran por lo tanto oxigenar la sangre y requieren de oxígeno suplementario y ventilación mecánica.

Entre el 50 y el 60% desarrollan un shock de origen cardíaco, lo que representa un factor de mal pronóstico. El edema pulmonar es una alteración funcional transitoria que dura 48 a 72 horas posterior a lo cual la función pulmonar se recupera rápidamente. El shock cardiogénico es de difícil manejo y representa la principal causa de muerte de los afectados, de acuerdo a la susceptibilidad del huésped, y en relación con su sistema inmunológico. La doctora Marcela Ferres, infectóloga de Red Salud de la Universidad de Chile, afirmó que el 95% de las muertes por Hanta ocurre en las primeras 48 horas de evolución del virus.

Aquellos pacientes que sobreviven a la fase más aguda, inician la resolución del cuadro con un importante aumento en la diuresis (fase diurética). La duración promedio de la estada en cuidados intensivos es de 5 días y de hospitalización es 10 días.

Si bien es aún desconocido el por qué algunos infectados evolucionan en forma tan severa y otros en condiciones similares desarrollan una enfermedad más leve, se piensa que es un factor de susceptibilidad genética que condiciona estas diferencias. Según el catedrático Dr. Horacio López, especialista en enfermedades infecciosas, “Una persona puede tener Hantavirus, y debido a las defensas de su organismo, puede sólo manifestársele como una gripe fuerte. La posibilidad de contagio depende por un lado de la cantidad de virus a la que se expone el paciente, la cantidad que ingresa en el organismo, y por el otro, de la mayor o menor fortaleza de su sistema inmune. Esto es característico de todas las enfermedades virósicas cuyo grado de peligrosidad radica en las defensas que presenta el infectado”.

Por lo general, la enfermedad afecta a los adultos jóvenes y trabajadores rurales. Los pocos casos reconocidos en el mundo en niños menores de 14 años fueron leves con síntomas similares a los de un cuadro gripal. Todos evolucionaron favorablemente sin necesitar tratamiento. En estos niños se llegó al diagnóstico al estudiarlos por haber estado en contacto con algún enfermo y no porque el cuadro clínico hiciera sospechar la enfermedad. Aún no está claro por qué mecanismo los niños son más resistentes a la infección por hantavirus.

Frente a síntomas como los descriptos, es fundamental la consulta médica temprana, especialmente si quien los padece ha realizado, en los últimos 15 o 20 días, actividades de riesgo, que se describen en el título siguiente.

Formas de contagio

Si bien el Hantavirus tiene una alta infectividad (habiéndose dado el caso de visitantes de laboratorios que contrajeron la afección luego de estar unos minutos en el ambiente donde se encontraban ratones infectados en estudio); en nuestro país, en situaciones normales, la posibilidad de contraer el virus Hanta es baja, y se encuentra dentro de los parámetros mundiales[6]

Las poblaciones más expuestas o lábiles a contraer el Hantavirus, según Steve Simpson, especialista en Hantavirus de la Universidad  de Nuevo México, son los individuos de uno u otro sexo, de entre 11 y 69 años, y el promedio va entre los 30 y los 40 años.

El roedor infectado convive con el virus sin enfermarse, como hemos dicho,  y lo elimina en la orina, las heces y la saliva. La vía de contagio más frecuente del roedor al humano es a través de partículas aerosolizadas  (los aerosoles son partículas de polvo o microgotas de agua en suspensión) cuando el ser humano inhala vapores o polvo contaminados con unidades de virus vivas. El virus es ínfimo, y está presente en las excreciones del ratón: materia fecal, orina, saliva, sangre, líquidos corporales. De allí pasa al aire al secarse las excretas, y se adhiere por gravedad a motas de polvo y a gotas de humedad, al ser mucho más pequeño que estas. El contagio por vía aerosólica se produce con mayor frecuencia en lugares cerrados y húmedos con presencia reciente de roedores, donde el virus puede tener una sobrevida, dependiendo de las condiciones de humedad del medio, de entre horas y pocos días. Resulta  más difícil (aunque no imposible) el contagio por esta vía en lugares abiertos y expuestos al viento, que dispersa los aerosoles contaminados, y al sol y los rayos ultravioletas, que los matan. Al aire libre, el virus solo sobrevive pocas horas, aunque se desconoce el tiempo exacto.  También se puede producir el contagio al tomar contacto con ratones infectados, vivos o muertos, o con sus secreciones a través de llevarse la mano a la boca, la nariz, los ojos (contagio por vía conjuntival) o heridas; al ingerir agua o alimentos contaminados o al tomar contacto con elementos también contaminados que no hayan sido convenientemente desinfectados (herramientas, utensilios de cocina o camping, ropa, mobiliario), o por mordedura de un ratón infectado. La vía conjuntival es también apta, al llevar a los ojos manos o elementos contaminados.

Investigaciones epidemiológicas han ligado además la exposición humana al virus con actividades al aire libre, como el trabajo agrícola y forestal, el camping e incluso los ejercicios militares y aquellas en ambientes cerrados, como invasión de roedores a las casas. Todas las actividades descritas ocurren durante los meses de primavera y verano de forma que es esperable una mayor ocurrencia de casos humanos en este período del año.

Muchos de los enfermos registrados contrajeron la enfermedad en trabajos de desmalezamiento sin protección en las vías respiratorias, cuando las motoguadañas u otros elementos de desmalezamiento producen una fuerte concentración de polvo y partículas vegetales que pudieran estar infectadas y que son respiradas por los trabajadores. También hay consignados casos de contagio de personas dedicadas a la limpieza de áreas infectadas por roedores, al barrer pisos o sacudir alfombras que tengan presencia de secreciones de roedores infectados.

Como hemos dicho, el virus no sobrevive demasiado tiempo en contacto con el medio ambiente, fuera del roedor hospedador, pero deben evitarse, sin embargo, los lugares cerrados en donde pueda haber roedores, como chozas abandonadas, refugios precarios; leñeras cerradas y similares, que no hayan sido previamente desinfectadas.  “Se desconoce -dijo la viróloga Nora López, del Instituto Malbrán de Buenos Aires- cuánto debe durar el contacto con el virus para producir el contagio. Según investigaciones realizadas con la cepa Hantaan, en habitaciones deliberadamente preparadas con ratas portadoras, bastaron cinco minutos de exposición para que las personas resultaran seropositivas”[7]. “Nuestra experiencia    -manifestaron Brian Hjelle y Steve Simpson, especialistas norteamericanos que visitaron nuestro país para estudiar el brote de Hantavirus del 96- dice que en la mayoría de los casos que hemos documentado, el brote se produjo en gente que estuvo sacudiendo alfombras, o barriendo y levantando polvo en lugares donde había excrementos y que no estaban ventilados[8].

El comportamiento descrito para la especie del roedor reservorio Oligoryzomis longicaudatus, al desaparecer sus poblaciones de las zonas boscosas a fines del invierno (agosto-septiembre) por falta de alimento (semillas) y su desplazamiento a sitios abiertos o a casas y graneros, resulta de importancia epidemiológica.

Una explicación alternativa al mayor número de casos en el verano-primavera podría ser la hipótesis que se ha postulado en que el virus se activaría en el roedor frente a amplias oscilaciones térmicas que ocurren en los ambientes abiertos, con mayor exposición al virus, durante ese período del año[9].

Aunque es en nuestro país donde se comunicaron los primeros casos de transmisión de este virus de persona a persona, esta forma de contagio es una situación en estudio y excepcional, de acuerdo con la información y experiencia internacional. 

Como dato positivo, tenemos que recordar que solo un 10% (aproximadamente) de la población de ratones colilargos está infectada. Se trata además de un virus muy lábil, sensible a los rayos solares y que muere con el empleo de lavandina, detergente o desinfectantes del hogar.

Resumen de las formas más probables de contagio:

  1. Por respiración de aire con polvillo al que se hayan adherido unidades de virus vivas.
  2. Por mordedura del ratón.
  3. Por llevarse las manos contaminadas por excretas de ratón a los ojos, boca o nariz.
  4. Por ingerir comida o frutos contaminados con secreciones del ratón (esta vía es más difícil, pero no improbable)

5. Vacunación y tratamiento

Se sabe que, si el paciente es precozmente diagnosticado e internado rápidamente en una unidad de cuidados intensivos, con ventilación asistida temprana, tiene mayores posibilidades de recuperarse. Es fundamental en el tratamiento inmediato, evitar episodios de hipoxia, incluso en el traslado a los cuidados intensivos. Por eso es muy importante que las personas que tuvieron contacto con roedores y presentan síntomas de fiebre, dolores musculares y disturbios respiratorios, consulten inmediatamente al médico. Igualmente, las personas que estuvieron en contacto con pacientes infectados, deben procurar inmediatamente asistencia médica. No existen hasta el momento vacunación ni tratamiento específico para el mal. El bajo número de casos dificulta el desarrollo de una vacuna, y hace poco atractiva la inversión en investigación por parte de los laboratorios. El descubridor del Hantavirus, Clarence Peters, sostuvo que se necesitará mucho tiempo para desarrollar una vacuna que sirva para atender a los pacientes infectados del mal. En los Estados Unidos existe una droga que aparentemente reduce las posibilidades de muerte en los infectados, aunque tiene efectos colaterales indeseables, según fuentes médicas. Esta droga, llamada Ribavirina, se ha empleado en ese país para las enfermedades producidas por virus Hanta y la fiebre Lassa, ambas transmitidas por roedores, pero médicos argentinos han dicho que este medicamento no es específico para el Hantavirus, aunque ayude un poco. Según el infectólogo Daniel Stamboulian, la droga, suministrada en dosis altas, ha demostrado su utilidad para la forma renal de la enfermedad, pero en el síndrome pulmonar, su rol no está absolutamente demostrado. El Dr. Clarence Peters la ha desaconsejado para la cepa Andes del virus, que es la variedad que afecta nuestra zona. Tiene además el inconveniente del precio, ya que la dosis cuesta unos 500 dólares. Para Peters, las defensas de cada paciente son mucho más importantes, hasta el momento, que los antibióticos.

6. La situación actual en el Parque Nahuel Huapi

La situación concreta que enfrentamos en este tiempo, relacionada con la floración de la caña coligüe en el Parque Nahuel Huapi (que afecta entre 300.000 y 400.000 hectáreas pobladas de caña) y el esperable aumento en la población de roedores portadores del virus, es extraordinaria y se superará al cabo de uno o dos años, de acuerdo a lo que suceda en el desarrollo de aquél fenómeno. La presencia endémica de oligoryzomis, en cambio, es y será una realidad permanente en la zona cordillerana.  Respecto de la crisis actual, el único curso de acción posible consiste en extremar las precauciones y las medidas de protección que mencionaremos en los títulos siguientes. Sobre la floración de la caña, huelga decir que nada podemos hacer. Es un proceso natural y necesario, que será por otra parte estudiado a fin de intentar establecer las variables que inciden en la periodicidad del fenómeno. Por otro lado, no hay ninguna manera de contener la invasión de roedores (la «ratada») y la intensidad del aumento de la población hace inefectiva cualquier iniciativa tendiente a la captura masiva. La erradicación total de la subespecie portadora, en esta circunstancia o en las épocas normales, es imposible no sólo por la dificultad material que existe para hacerlo, sino además por las consecuencias que podría tener para el ecosistema, y porque cuando se la ataca masivamente, tiende a multiplicar su actividad reproductiva para conservar la población. Lo que sí podemos y debemos intentar es alejar al oligorizomis longicaudatus de las áreas de movimiento del hombre, y evitar el contacto con el roedor, sus nidos y sus excretas, incorporando costumbres firmes de higiene ambiental.

Escenario posible para el PNNH y zona de influencia según los especialistas de la Administración de Parques Nacionales

En base a la experiencia vivida en el Parque Nacional Lanín, podemos plantear un escenario para la región del Parque Nacional Nahuel Huapi, aunque es importante tener en cuenta que no necesariamente los eventos y sus magnitudes tienen que ocurrir de forma igual a la que ocurrieron el en PN Lanín, pues son regiones diferentes, por lo que las predicciones aquí planteadas son especulativas.

El florecimiento comenzó en la primavera de 2010 y los granos fueron madurando desde entonces. Entre febrero y marzo de 2011 comenzarán a caer las semillas, hasta abril. Es esperable que las poblaciones de ratones (en particular el ratón colilargo) respondan a esta circunstancia, aumentando significativamente hacia fines del verano y otoño (la “ratada”); la cantidad de ratones sería alta hasta la primavera de 2011 (esperándose el pico para el mes de mayo) con los consiguientes riesgos sanitarios mencionados previamente. El colapso de las poblaciones empieza aun antes de que se acaben las semillas, con lo cual la cantidad de ratones al verano próximo (Diciembre 2011- Marzo 2012) sería más baja de lo normal y a partir de allí comenzaría a recuperarse. La muerte de las cañas que florecieron comenzará a notarse en el verano (Enero-Marzo de 2011) y será muy visible en el verano siguiente (Diciembre de 2011- Marzo de 2012), permaneciendo así entre 10 y 15 años más, lo que aumentará significativamente los riesgos de incendios forestales, pues además la región estaría entrando en un periodo climático “La Niña” (cálido y seco). Las semillas producidas originarán la nueva generación de cañas, que comenzará a crecer en la primavera de 2011, iniciándose así un nuevo ciclo para la especie.

Resumen del posible desarrollo de los hechos:

  • Primavera 2010: comienzo de la floración masiva en el Parque Nacional Nahuel Huapi
  • Enero 2011: comienzo de la madurez de la semilla.
  • Otoño 2011: caída masiva de la semilla, muerte masiva del coligual actual, invasión masiva de ratones (ratada).
  • Primavera de 2011: nacimiento de las plántulas del nuevo coligual. Comienzo de la repoblación (ciclo largo).
  • Verano 2011/2012: no podemos prever demasiado, pero es posible una población remanente de ratones, si el invierno no fue duro provocando la muerte de gran cantidad de ellos.

7. La prevención

Luego de todo lo dicho, que nos permitió comprender de forma más acabada lo que es la enfermedad, el virus que la provoca, las costumbres del roedor reservorio y la situación particular que atravesamos por la floración masiva de la caña coligüe, llega el momento de abordar lo más importante de este trabajo, que consiste en intentar hacer un compendio de las medidas a tomar en aras a la prevención.

Si bien la posibilidad de contraer enfermedad por hantavirus no es alta cuando se toman los recaudos necesarios, frente a la actual emergencia debemos extremar las precauciones reaprendiendo a convivir con una situación que permanecerá en el tiempo, aunque muy mitigada cuando culmine el proceso de la floración del coligual. Para lograr resultados preventivos adecuados, es la población humana la que debe desarrollar costumbres de higiene ambiental. La precaución central consiste en evitar la convivencia del hombre con el roedor, y evitar el contacto con los mismos y sus secreciones.  Sin embargo, es preciso conocer las medidas de seguridad convenientes y las que no lo son, ya que muchas actitudes de prevención que se toman apresuradamente pueden resultar contraproducentes. Por ejemplo, el desmalezamiento indiscriminado de rosa mosqueta y retama, vegetales propios de la vera de los caminos, quita, en épocas normales (no tanto en esta situación de florecimiento del coligual) el hábitat y la fuente de alimentos al roedor, que se vería obligado a acercarse a las viviendas humanas en busca de comida. Por ello, es preciso asesorarse bien antes de proceder a una maniobra de este tipo. Por otra parte, la utilización también indiscriminada de venenos rodenticidas puede afectar la fauna predadora del ratón, que se envenena accidentalmente, por lo que es preferible la caza con tramperas golpeadoras.

Sabemos que los lugares más propensos a la infección son los ambientes que han permanecido cerrados o sin ventilación durante tiempo prolongado, o los matorrales donde existe un entorno favorable para el anidamiento de roedores. Por ello, estamos en condiciones de establecer que son tareas potencialmente riesgosas.

  • Los trabajos de desmalezamiento en zonas afectadas por la presencia del roedor: El trabajo de desmalezamiento, especialmente cuando implica la remoción de la flora que habitualmente sirve de hábitat al colilargo (rosa mosqueta, retama, caña coligüe y en menor medida los del género Berberis -calafate, etc.) enfrenta al operador al riesgo de tomar contacto con la dispersión de nidos contaminados o excretas del roedor.

  • La ocupación o limpieza de lugares cerrados que pudieran estar contaminados con excretas del roedor: granjas, galpones, leñeras; depósito de mercaderías; despensas, etc.

  • Ocupación de áreas infestadas por roedores, o casas con población de roedores en áreas circundantes.

  • Trabajos de cualquier tipo en lugares cerrados que contengan elementos que atraigan a los roedores: depósitos de granos, nueces, frutas secas, semillas.

  • Sembrado o cosecha en campos con presencia de ratones infectados.
     

Consejos generales para la prevención

  1. Digamos una vez más que el virus no tiene mucho tiempo de sobrevida fuera del hospedador, excepto en lugares cerrados y con alto tenor de humedad donde puede vivir horas y hasta días. No obstante, se elimina fácilmente con agentes desinfectantes tales como la lavandina o el amonio cuaternario (amoníaco), aunque la mayoría de los investigadores coinciden al decir que el desinfectante más efectivo es la iodopovidona (Pervinox).
  1. Por lo mismo, previo a ingresar a una cabaña o casa que ha estado deshabitada o cerrada desde hace mucho tiempo, hay que dejar abiertas las ventanas y puertas por lo menos media hora, y luego proceder a una limpieza cuidadosa echando cloro o lavandina al 10%  en el piso. Pase un trapo de piso embebido en agua, detergente y lavandina al 10% en todas las superficies por las que pudieran haber merodeado ratones. Las tareas de limpieza de estos lugares deben ser hechas con trapos y secador, nunca con escoba (que aerosolizaría el polvo quizá contaminado) y mediante el empleo de guantes de goma, zapatos y medias, gorro y anteojos, y un barbijo o pañuelo para nariz y boca. Si la contaminación es muy importante use botas de goma, máscaras de filtro HEPA y báñese luego de la tarea, limpiando luego todas las ropas y los elementos usados en la tarea.
  1. Elimine la presencia de escombros, leña, ramas, vehículos abandonados, neumáticos usados y todo lo que pueda ser utilizado como guarida por los roedores de la vecindad de su domicilio.
  1. Evite dejar elementos abandonados en depósitos o galpones, que los roedores puedan utilizar como refugio, como ser sillones, placares, tachos, etc. 
  1. Coloque la madera y troncos de árboles cortados a una distancia mayor de 30 metros de la casa habitación. La leña debe estar estibada a unos 30 cm del suelo. Para el manejo de leña es imprescindible usar guantes.
  1. Mantenga permanente y estrictamente las medidas de higiene normales de una vivienda: evite la acumulación de basura; elimine los restos de alimentos, de lavado de la vajilla de cocina y mesa, o de limpieza de pisos, mesas y enseres. Los desperdicios deben eliminarse en bolsas plásticas y depositarse en tachos especiales, con tapa a prueba de perros y roedores.  
  1. Guarde la comida, incluso la de sus mascotas, en recipientes de metal o plástico grueso con tapas bien ajustadas.
  1. Lave los platos y utensilios de cocina inmediatamente después de usarlos.
  1. Mantenga el área libre de roedores a través de la higiene y la desratización frecuentes. 
  1. En zonas donde se hayan detectado roedores o sus excretas, se deberán colocar tramperas en toda el área hasta que desaparezcan. No se deben tocar los roedores atrapados sin antes rociar al animal muerto (o sus nidos) con lavandina al 10%, esperando por lo menos 30 minutos. Luego se deberá retirar la trampera con guantes y se colocará en doble bolsa de residuos (una dentro de la otra) bien cerradas. Posteriormente se incinerará o se enterrará a por lo menos 45-60 cm de profundidad.   
  1. Si tiene la certeza (por presencia de excretas o mordeduras) de que los ratones han merodeado comida, rocíe la misma con lavandina al 10% y descártela en doble bolsa de plástico, quemándola o enterrándola para prevenir el cirujeo.
  1. Selle con cemento cualquier abertura de su casa de más de cinco centímetros de diámetro que pudiera permitir el ingreso de roedores.
  1. Levante cimientos de cemento en la construcción de galpones o graneros.
  1. Selle y desratice los galpones.
  1. Corte el pasto y arbustos densos en un perímetro de 30 metros de la casa. Esta tarea debe realizarse luego de tapar todos los agujeros de ingreso de roedores a la casa ya que al alterar su hábitat este animal podría intentar buscar refugio en la vivienda  del hombre. En zonas endémicas este desmalezado debe realizarse luego de las tareas de desratización.
  1. En los trabajos de desmalezamiento y limpieza de terrenos use guantes, barbijo y protección en los ojos.
  1. No deje la comida de las mascotas en sus recipientes y al alcance de los ratones.
  1. Fortalezca el hábito de lavarse muy bien las manos antes y después de realizar cualquier tarea, por inofensiva que parezca.
  1. Tenga especial cuidado en la puesta en marcha de aparatos de aire acondicionado cuyos filtros o conductos puedan haber tenido contacto con polvo contaminado, roedores o excretas de los mismos.
  1. La misma precaución deberá considerarse con el uso de ventiladores, evitando ponerlos en marcha antes de haber tomado todos los cuidados razonables.
  1. Recuerde informar a las autoridades de salud sobre el incremento anormal de la población de roedores.
  1. En el caso de que se soliciten los servicios de una empresa de control de plagas, que ésta esté debidamente habilitada y con un profesional como responsable técnico.
  1. Considerando las características del virus Andes (el que provocó la epidemia en la región de El Bolsón), se aconseja que los profesionales y familiares que atiendan pacientes de Síndrome Pulmonar por Hantavirus, observen las medidas internacionales de bioseguridad, usando mascarillas, barbijos, guantes quirúrgicos y camisolines.

8. El Hantavirus y las actividades deportivas y de esparcimiento al aire libre

Muchas dudas (y algunos temores) han hecho presa de deportistas, amantes del turismo de aventura, el trekking, el montañismo, mountain-bike, campamentismo y otras actividades al aire libre, frente al riesgo de exponerse al contacto con el virus y subsecuentemente contraer el mal.  Frente a esto, hacemos en primer lugar las siguientes consideraciones:

  1. En épocas normales, y de acuerdo a la información brindada por las autoridades sanitarias del Siprosalud de Chubut, es difícil que haya, en sendas y picadas, una carga viral que pueda contagiar a alguien. Por ello, en el folleto de prevención para evitar el contagio del hantavirus que emanara en 1996, la Administración de Parques Nacionales sostenía que es muy baja la probabilidad de contraer la enfermedad producida por hantavirus cuando se realizan actividades recreativas en zonas agrestes. También por aquellos años las autoridades de la IV Zona Sanitaria de la comarca andina, con el aval de los principales científicos argentinos y extranjeros, sostenían en un comunicado del 22 de noviembre de 1996 que el riesgo de contraer la enfermedad por hantavirus en Bariloche es similar al riesgo de contraer una enfermedad virósica en cualquier ciudad del país y del mundo, y que la actividad turística desarrollada en Bariloche y en sus circuitos turísticos no constituyen una zona de riesgo especial de infección.
  1. El virus no sobrevive demasiado tiempo fuera del organismo del ratón hospedador, pero es además especialmente sensible a los rayos ultravioletas y a la luz solar en general,  frente a la que muere rápidamente.
  1. Los hábitos del colilargo son predominantemente nocturnos, por lo que hay pocas posibilidades de que se tome contacto con virus vivos, en sendas y picadas, en las horas diurnas.
  1. No obstante lo apuntado precedentemente, aún cuando hubiera presencia de excretas contaminadas, al aire libre existe una dispersión debida al viento que dificulta la concentración viral necesaria para el contagio.
  1. Los campings habilitados por Parques Nacionales observan todas las garantías y son controlados periódicamente.
  1. Se ha verificado además que la incidencia de este virus en niños y jóvenes es prácticamente nula (a lo que podemos agregar que esto se debe a que el riesgo de exposición de niños y jóvenes es muy inferior al de los adultos, ya que son los adultos quienes realizan las actividades que pueden entrañar algún riesgo, mientras que los niños y jóvenes, con importante cantidad de tiempo en actividades al aire libre, no están expuestos por las razones antes apuntadas.
  1. El Dr. Clarence Peters, uno de los más importantes especialistas en Hantavirus del mundo, sostuvo hace unos años que los turistas que acampan en lugares recónditos no se exponen a un riesgo importante de contagio, “aunque escarben en cuevas de roedores o estén muy metidos en el monte”[10]. Peters era por entonces Jefe de la Sección Patógenos Especiales del Centro de Control de Enfermedades  de los Estados Unidos (CDC), con sede en la ciudad de Atlanta, y fué uno de los encargados de estudiar el primer brote de la enfermedad que se registró en ese país.

La situación actual, sin embargo, derivada del esperado aumento de la población de colilargos como consecuencia de la floración y semillación de la caña coligue, nos obliga a extremar algunas precauciones de manera especial desde el otoño de 2011. Estas precauciones son las que detallamos a continuación.

9. Precauciones a tomar en actividades de campamento, excursionismo y trekking

  1. Como precaución general, es necesario evitar todo tipo de contacto con roedores silvestres, sus nidos y sus secreciones.
  1. Es preciso acampar en áreas autorizadas. Al elegir el emplazamiento del campamento, preferir sitios alejados de posibles refugios de roedores (matorrales de retama o rosa mosqueta, cañaverales o arbustos tupidos; basurales y pilas de leña). Son recomendables los lugares soleados.
  1. En caso de tener que desmalezar zonas de acampe, debe hacérselo cuando las mismas no están en uso, y se dejarán pasar algunos días (al menos cuatro o cinco) desde el desmalezamiento hasta su utilización.
  1. En la zona en que se instale el Campamento, la basura orgánica será desplazada a un lugar lejano de cocina y despensa, buscándose además su evacuación constante, y evitando el derrame de basura, a fin de no motivar la presencia de roedores merodeando el lugar. Deben utilizarse, para la basura, contenedores cerrados de materiales resistentes (lata o plástico duro) para evitar que los roedores puedan acceder al contenido. El Campamento debe estar permanentemente limpio y ordenado.
  1. Es conveniente disponer la estiba de la comida en recipientes cerrados, resistentes a los roedores y fuera del alcance de éstos. La limpieza del área de cocina y despensa debe ser muy cuidada, y se debe desinfectar diariamente, en horas de la mañana, y antes del comienzo del trabajo, las zonas de mesadas con agua lavandina diluida en agua (en relación 10/90).
  1. Puede ser conveniente colocar tramperas y rodenticidas en el Campamento, más como una precaución para testear la presencia de roedores que por un riesgo real. En caso de capturas, se procederá a dar aviso a las autoridades sanitarias de Bariloche. Se rociarán los roedores muertos, nidos, y todo lo que pudiese haber estado en contacto con los roedores, con un desinfectante a base de agua lavandina o agua clorada.
  1. El agua para consumo y limpieza se guardará en recipientes cerrados.
  1. Los utensilios de cocina, y la vajilla personal, se lavarán inmediatamente después de utilizados, tanto en el Campamento Base como en los campamentos volantes, guardándose de forma que no puedan ser merodeados por roedores. No debe quedar, durante la noche especialmente, comida en platos u ollas, o agua en recipientes que puedan ser accedidos por roedores.
  1. En los campamentos volantes, la basura orgánica se evacuará, enterrará o quemará, evitando absolutamente su venteo o dispersión entre las plantas, ya que esto constituye un motivo de acercamiento de roedores.
  1. Los alimentos para los campamentos volantes deben ser guardados en recipientes herméticos tipo Tapper-ware. El pan se guardará, en los pernoctes, dentro de carpas cerradas.
  1. Se evitarán los lugares de campamento volante con presencia de basurales cercanos, o pilas de leña, en donde los roedores pueden haber creado un hábitat por la presencia frecuente de comida.
  1. Es menester usar carpas con piso, cierre total. y sin agujeros. Las carpas se armarán en lugares limpios, con pasto corto y libres de matorrales o pastizales, y se mantendrán permanentemente cerradas salvo para su aireado.
  1. Evitar dormir fuera de las carpas, o sobre la tierra o pasto.
  1. Evitar tirarse al suelo en zonas de pastizales altos.
  1. No entrar a las carpas con calzado puesto, que puede introducir tierra contaminada dentro de las carpas.
  1. Dejar limpios los lugares de acampe utilizados. Evacuar la basura.
  1. Caminar por sendas habilitadas y abiertas, evitando internarse en cañaverales o zonas de vegetación cerrada.
  1. Deben tomarse precauciones al usar refugios sin encargado, como el “Papá Manuel” de la laguna Ilón; el «Velco» del Valle del Ñirihuau, el «Rancho Chileno» yendo al refugio Tronador; el «Petricek» en la picada eslovena del Catedral,  y el “Villa Horrible” del Valle del Ñireco. En general, se desestimará usar cabañas o cualquier tipo de construcción que se encuentre abandonada.
  1. En cuanto a la vestimenta, se desaconseja el uso de ojotas, sandalias u otros calzados abiertos, por la posibilidad de que zonas lastimadas del pié entren en contacto con excretas de roedores. Usar botas de trekking, borceguíes o, en general, calzado cerrado. Son muy recomendables los pantalones largos y camisa de manga larga, al caminar entre cañaverales, matorrales, pastizales o picadas muy cerradas.
  1. Evitar ingerir frutos silvestres (Berberis en general: sauco, calafate, etc; frutillas y otros), salvo que hayan sido conveniente y cuidadosamente lavados, y no introducir en la boca pastos, ramas o vegetales, ya que pueden estar contaminados por excretas del ratón con unidades vivas del virus.
  1. Cuando se desconfíe de la calidad del agua para beber, lavar la vajilla o lavarse cara, manos y dientes, se la clorinará con dos gotas de lavandina por litro, dejándola descansar media hora, o simplemente se la hervirá. Esto es especialmente aconsejable en aguas de lagunas con poca oxigenación (vg: Laguna Ilón).
  1. No molestar a los predadores naturales de los roedores: aves rapaces en general, lechuzones, lechuzas, chimangos, zorros, hurones y pumas.
  1. Realizar una frecuente limpieza de ropa, calzado y elementos de pernocte, limpieza que debe ser total al final de su actividad.

Conclusión

Las actividades de campamentismo, senderismo, trekking o montañismo exponen a quienes las practican a atravesar zonas en las que puede haber concentración de roedores algunos de los cuales pueden estar infectados por hantavirus. Por lo mismo, se deben extremar las precauciones para evitar el contacto (directo o aerosólico) con secreciones de ratones. En épocas normales no hay, a partir de lo investigado, especiales razones que hagan a la actividad de campamentismo y vida al aire libre una actividad de riesgo, en la medida en que se tomen las precauciones que se indican más arriba. Felizmente, en todos estos años, no existen reportes de contagio de mochileros, montañistas o excursionistas. La situación actual, como lo hemos dicho, es diferente, y hace recomendable una prevención más cuidada. Por todo lo expuesto, se recomienda realizar campamentismo, senderismo, trekking o  deportes de montaña tomando todas las precauciones señaladas y las que pudieran determinar las autoridades nacionales, provinciales, municipales, sanitarias o de Parques Nacionales.

Trabajo de recopilación realizado por el Prof.  Raúl Francisco LLusá 

Fuentes y Referencias

  • Sage, R.D. 2003. A Preliminary Report About The Effects Of The 2000 Flowering of Caña Colihue Bamboo on Rodents in Parque Nacional Lanin. Informe a la APN.
  • Sage, R. D., O. P. Pearson, J. Sanguinetti, and A. K. Pearson. 2007. Ratada 2001: a rodent outbreak following the flowering of bamboo (Chusquea culeou) in southwestern Argentina. Pp. 177–224 En: The quintessential naturalist: honoring the life and legacy of Oliver P. Pearson (D. A. Kelt, E. P. Lessa, J. Salazar-Bravo, and J. L. Patton, eds.). University of California Publications in Zoology 134. 
  • Sanguinetti, J. y L. García. 2001. Floración masiva de Chusquea culeou en el Parque Nacional Lanín. Eventuales consecuencias ecológicas, su vinculación con las actividades humanas, y necesidades de Manejo y Monitoreo. Informe a la APN.
  • Dra. Marcela ferré, infectóloga de Red Salud de la Universidad de Chile, en http://www.redsaluduc.cl/link.cgi/Destacados/3701
  • Informe sobre Floración de la caña Coligüe de Administración de Parques Nacionales – Delegación regional Patagonia – Octubre de 2010
  • Informe del Sr. Martín García Casabal

·  Roberto Murúa B, Maritza Navarrete C, Rodrigo Cádiz S, Rodolfo Figueroa M, Paula Padula, Luis Zaro C, Rita Mansilla G, Luz González L, Andrés Muñoz-Pedreros. En: Revista médica de Chile  v.131 n.2 Santiago feb. 2003 versión impresa ISSN 0034-9887 http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0034-98872003000200006&script=sci_arttext

  • Informe del Sr. Rodolfo Maino, Miembro Fundador de la Sociedad Argentina de Genética Médica, ex presidente de la Sociedad de Medicina Interna de Buenos Aires, en la Revista Digital de la SMIBA, http://www.smiba.org.ar/revista/smiba_01/hanta.htm
  • Informe de Martin Garcia Casabal - Le 7837652
  • Referencia De la Dirección General de defensa Civil de la Provincia de Buenos Aires, Dpto. Instrucción Técnica de Prevención – Dirección de Educación Civil . Fuente: Informe Dr. Diego Painceira, HANTAVIRUS: Ecosistema enfermo.
  • Provincia de Río Negro, Secretaría de estado de Salud; Ministerio de Salud y desarrollo social; Consejo Provincial de Salud Pública; Dirección de salud ambiental: Normas operativas para la prevención del Hantavirus, en http://www.saludambiental.gov.ar/HANTAVIRUS/hantanormas.htm

 

[1] Para el infectólogo Daniel Stamboulián, en declaraciones hechas al Diario Clarín el 26-11-96, el radio de movilización normal es de 300 mts.

[2] De acuerdo con un extenso estudio realizado en febrero de 1972 por Julio Contreras  -biólogo de la Fundación Bariloche- en la estación biológica de la Isla Victoria (P.N. Nahuel Huapi) se conoció que el roedor colilargo es un colonizador exclusivo de la mayoría de los ambientes disponibles en esta isla. Por las condiciones particulares del lugar, el roedor se ha desarrollado allí sin dificultad y con condiciones favorables con la sola amenaza de algunos predadores como el búho pequeño o lechuzón, y tres especies de comadrejas.

[3] Dos años, según el naturalista Miguel Christie, ya que es capturada por sus predadores naturales.

[4] Estos guarismos  se incrementan en épocas de ratada, ya que la superpoblación de individuos provoca un mayor stress y frecuentes peleas con heridas, lo que favorece el contagio interespecífico.

[5] La Nación, 19-11-96

[6] (Dra. Delia Enría, directora del Instituto de Investigación de Enfermedades Virales Dr. Julio Maiztegui de Pergamino, La Nación, 21-11-96)

[7] (La Nación, 19-11-96)

[8] (Clarín, 26-11-96)

[9] (Hjelle B. Hantavirus en roedores: Infección aguda, persistencia y reactivación. II Reunión Internacional: Hantavirus, Ecología y Enfermedad. Valdivia, Chile, Marzo, 2001).

[10] (Clarín, 2-12-96).


 

[1] Roedores que generalmente se conocen como ratones de campo, de los cuales se han descripto hasta el presente 84 géneros y unas 400 especies.

[2] Estudios de laboratorio han confirmado que en algunas especies de roedores sinantrópicos hay presencia de hantavirus, como en el  Rattus norvegicus. Estudios publicados en Revista médica de Chile,  v. 131 nº 2, Santiago de Chile,  Febrero de 2003, nos dicen que, aunque en muy menor medida que el Longicaudatus, el Abrothrix longipilis  tambien puede ser vector y de hecho se han realizado capturas de individuos infectados. El ratón doméstico (Mus musculus) no está involucrado en la transmisión del virus.